Gracias a Dios, ¡nos fuimos!
Opus Dei: ¿un CAMINO a ninguna parte?

El mundo secreto del Opus Dei

Autor: Michael Walsh
Indice del libro:
I. En busca del Opus
II. Los orígenes del Opus
III. Los años de expansión
IV. Un cambio de estatuto
V. Las constituciones de 1982
VI. El espíritu del Opus
VII. Política y negocios
VIII. Catolicismo sectario
IX. La apoteosis del fundador
X. Comentario del autor sobre la bibliografía
XI. La estructura oculta (Por Santiago Aroca)
Fin del libro
 
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EL MUNDO SECRETO DEL OPUS DEI. Michael Walsh

Addenda a la edición española: LA ESTRUCTURA OCULTA DEL OPUS DEI EN ESPAÑA

por Santiago Aroca

A las 5.30 horas de la mañana de cada día, Tomás Gutiérrez de la Calzada se abotona una impecablemente limpia sotana. Es Tomás un hombre muy preocupado por la limpieza, le disgusta encontrar una mota de polvo en su camino matutino .hacia el salón donde se hace servir el desayuno, siempre frugal e interrumpido por las campanadas de las seis, cuando llega la primera misa.

Entra en su despacho a las siete en punto de la mañana y no saldrá de allí hasta bien entrada la noche, una rutina que sólo se interrumpe cuando sus secretarios le organizan algún viaje para visitar una casa de la Obra, algo que en su fuero interno disgusta a Tomás Gutiérrez de la Calzada, aunque entienda la imperiosa necesidad de mantener frecuentes contactos con "los hijos", sobre todo en los últimos años cuando se prodigan los ataques de los enemigos de la santa institución.

La vida de Tomás Gutiérrez de la Calzada transcurre con pocos sobresaltos desde que en una fría mañana otoñal de 1982 llegara la orden de Roma: había sido designado "Consiliario" del Opus Dei en España. Ese día, Tomás Gutiérrez de la Calzada, sucesor en el cargo de Florencio Sánchez Bella, hermano de aquel famoso ministro franquista que impuso el cierre del diario "Madrid", pasó a regir en España los destinos del Opus Dei.

Es Tomás Gutiérrez un hombre afable, gran conversador y convencido de que está al frente del grupo de hombres más selectos y disciplinados de España. Ese hombre, que el 10 de marzo de 1989 cumplió 60 años, ha realizado una larga carrera para abrirse camino en la vida.

Nacido en Valladolid, hijo de un modesto agricultor perdió a su madre, Visitación, a muy temprana edad. Internado en un colegio religioso, Tomás Gutiérrez de la Calzada siempre ha desarrollado su vida entre sotanas, con la excepción del breve período de tiempo que pasó en Fuentelarreina (Zamora), para cumplir el servicio militar y de donde salió con la estrella de alférez.

Licenciado en Derecho, nunca ejerció la abogacía y sólo utilizó los conocimientos adquiridos en la Universidad de Valladolid para avanzar por el campo del Derecho Canónico, lo que le acabó convirtiendo en director del Colegio Romano del Opus. Allí, en contacto directo con las altas jerarquías de la Obra, se dio a conocer como buen organizador, un eficaz burócrata que desprecia la publicidad y admira el trabajo callado. "¡Siempre el espectáculo! Me pides fotografías, gráficos, estadísticas", escribió Josemaría Escrivá de Balaguer en Camino, en una sentencia que parece estar grabada en lo más hondo del alma de Tomás Gutiérrez de la Calzada. Este hombre que desde muy joven ofició de monaguillo en el colegio de Valladolid, ha dirigido en la década de los 80 un ejército invisible, formado por los 12.000 miembros de la Obra en España.

El cuartel general de este ejército, el lugar donde vive Tomás Gutiérrez de la Calzada, está emplazado en la madrileña calle de Diego de León, número 14. Allí, asentado en un solar con forma de triángulo de 972,58 metros, se levanta un edificio con diez plantas y 7.967 metros cuadrados construidos, desde donde se dirige toda la estructura de la Obra. El proyecto fue realizado en 1964 por los arquitectos Jesús Alberto Cajigal y Javier Cotelo, con un coste declarado de 20.651.648 pesetas.

Tras los compactos muros de hormigón, el cuartel general tiene dos puntos neurálgicos, el más importante está en el segundo sótano, a quince o veinte metros bajo el nivel de la calle. Se trata de la cripta donde están guardados los restos mortales de los padres de Josemaría Escrivá de Balaguer, de José y Dolores, una mujer incorporada a la historia de la Obra como la inventora de los "crispillos", unos dulces a base de azúcar y espinacas que los miembros de la institución toman en ocasiones especiales.

En las cercanías de la cripta, se encuentra la capilla en la que cada mañana del año, a las seis en punto, Tomás Gutiérrez de la Calzada dice misa para los varones que con él comparten el privilegio de vivir en el cuartel general de la Obra.

El segundo punto importante del edificio está en la cuarta planta, donde Tomás Gutiérrez de la Calzada tiene su oficina de "Consiliario" y está la sala de reuniones, en la que tres veces por semana, a las ocho de la mañana, celebra sus encuentros el gobierno en la sombra de la Obra, la Comisión Regional para España.

Suele llegar el Consiliario a la sala de reuniones tras leer la correspondencia importante, sobre todo la que de Roma le trae en mano el enlace -"misus" en el lenguaje oficial- Ramón Herrando. Gusta el Consiliario de concentrarse en la lectura de las misivas, especialmente cuando la valija contiene la revista "Romana", una publicación de unas 200 páginas, impresas en un papel amarillento y redactada en latín. Es "Romana" una especie de "Quién es quién" en la Obra, con detallada explicación de las altas y bajas y un minucioso detalle de quiénes han ascendido a responsabilidades importantes o en qué naciones se van a desarrollar campañas especiales para contrarrestar la siempre presente difamación del enemigo.

Tiene la sala de reuniones un escaso mobiliario y entre las sillas, siempre perfectamente alineadas en torno a una gran mesa, destaca la ciclópea presencia de una caja fuerte empotrada en la pared, donde se guardan las actas de las reuniones de Comisión Regional y una copia de todas las comunicaciones intercentros.

El máximo organismo de dirección del Opus en España ha sufrido muy pocos cambios durante la década de los 80. En torno a la mesa circular, con un rosario y un vaso de agua al alcance de la mano, se sientan los destacados miembros de la Comisión Regional, de izquierda a derecha de Tomás Gutiérrez la Calzada por orden de importancia.

A la derecha de Tomás Gutiérrez de la Calzada ocupa asiento el segundo hombre en importancia: José Luis Añón, formalmente el "sacerdote secretario". En realidad, se trata de una especie de vicepresidente de la Obra, un término que quizá no se usa para resaltar el carácter fuertemente caudillista de la organización, pues en el Opus sólo hay un responsable, Alvaro del Portillo, en Roma, que delega autoridad en los "consiliarios " regionales.

La principal función de José Luis Añón es servir de enlace con la jerarquía de la Iglesia Católica, para informar de las actividades de la Obra. No es ésta una tarea fácil, pues, con frecuencia, los obispos quieren saber más de lo que el Opus considera conveniente contar y se originan roces.

Paralelamente, José Luis Añón es el único miembro de la dirección de la Obra autorizado a tener un contacto permanente con el otro sexo, en su calidad de responsable de la sección femenina de la institución. En España está compuesta por unas 1.500 damas, con funciones auxiliares respecto a los varones, pues, en la práctica, se dedican a limpiar y cocinar en las residencias. Como quiera que en el Opus la convivencia entre los sexos está estrictamente diferenciada, hasta el punto de que el cuartel general de Diego de León cuenta con una entrada para varones y otra para mujeres, José Luis Añón tiene a veces ingrata tarea de velar por la separación y fortalecer la militancia religiosa de las señoras.

En atención a su importancia, el siguiente cargo es el Director Espiritual, también desempeñado por un sacerdote, Juan Vera Campos. Su tarea es la de velar por la pureza de la doctrina y en esta función es asistido por el valioso Departamento de Estudios Bibliográficos, a cuyo frente está el ex magistrado y profesor de la Universidad de Navarra Carmelo de Diego.

Función múltiple la de este organismo, porque por una parte reescribe constantemente la historia de la Obra y por otra guía el espíritu intelectual de los miembros. En su primera faceta ha de revisar los textos de la Obra para evitar que aparezcan referencias a un gran número de ex directivos, que abandonaron la institución y no escatiman sus críticas. Miguel Fisac, Antonio Pérez Tenesa, Alberto Moncada o Raimundo Pániker, sólo por citar a un reducido grupo de los que entregaron sus entusiasmos y salieron esquilmados.

También de este departamento sale una semana tras otra una nota, que encabezada con la frase "de lectura obligatoria en todos los centros" indica las películas, libros, revistas y espectáculos teatrales a los que pueden o no tener acceso los miembros. Como es sabido, los afiliados a la Obra tienen un margen de entretenimiento intelectual un tanto estrecho, no sólo porque los censores aplican criterios morales estrictos, .sino porque éstos suelen proceder siguiendo una famosa máxima de Josemaría Escrivá de Balaguer, quien dejó bien clara la necesidad de "cuidar la vista, la revista y la entrevista". Lo que es interpretado como necesaria prohibición de todo aquello que haga dudar de la fe.

En este sentido, los listados emitidos por la censura parten del principio de que no todos los socios tienen la misma fortaleza espiritual, por eso advierte que la lectura de algunos textos puede ser autorizada a los directivos de la Obra, en ese caso junto al título aparecen dos círculos; tres significa que en ningún caso puede leerse.

En torno a la mesa en la sala de reuniones se sientan otras tres personas con curiosos títulos, los vocales de San Miguel, San Gabriel y San Rafael. Puestos éstos ocupados por Miguel Angel Montijano, Alejandro Cantero y Rafael Solís, respectivamente.

El primero de ellos es un cordobés de cincuenta años, licenciado en Ciencias Físicas, que se ocupa del cuidado espiritual de la crema de la organización: los "numerarios". El segundo, Cantero, un gallego nacido en Lugo y licenciado en medicina, se encarga de la dirección de los "supernumerarios". Mientras que el último, el también cordobés Rafael Solís, se ocupa de organizar la captación, de atraer a sangre nueva para que la organización no muera.

Y no sólo es necesario atraer más miembros, también la fe necesita de ingentes recursos. En esa mesa circular la persona sentada a más distancia de Tomás Gutiérrez de la Calzada es quizá la que más poder material tiene de todas las allí reunidas, se trata de Francisco Montuenga Aguayo, el administrador general del patrimonio de la Obra.

Nacido en Barcelona en 1924, hijo de unos humildes emigrantes, Francisco Montuenga se incorporó a la Obra en los años sesenta. Economista de profesión, se incorporó al proyecto de la Universidad de Navarra -el centro modélico de la Obra- como asesor financiero, pronto se convirtió en administrador general de la universidad y de allí saltó a gerente de todos los bienes de la Obra en España.

Suelen alegar los más fieles seguidores de la Obra que la Institución es pobre, carente de bienes. Lo primero es incorrecto mientras que lo segundo es absolutamente cierto.

Eso no quiere decir que Montuenga carezca de trabajo, todo lo contrario. Su principal tarea es, precisamente, disimular los bienes de la Obra.

El Opus Dei, con su propio nombre, no posee nada, ni un teléfono en todo el planeta. Aparentemente, ni la sede central de Diego de León, ni el centro de peregrinación de Torreciudad (Huesca), pertenecen al Opus Dei, sino a un confuso entramado de sociedades anónimas.

El esquema lo inventó el propio Escrivá de Balaguer, cuando poco después de crear el Opus Dei en 1928 puso en pie la "Academia D y A", siglas que aparentemente significaban "Derecho y Arquitectura", las carreras favoritas del "fundador" pero que en el lenguaje secreto de la Obra significaban "Dios y Audacia".

A finales de los 80, el entramado financiero de la Obra alcanzaba a unas 1.500 empresas y sociedades, la mayor parte de ellas ignorantes de que sus beneficios sirven para fortalecer el Opus Dei.

El diseño perfilado por Francisco Montuenga a lo largo de los años podría ser representado como un conjunto de pirámides, cuyos vértices no se tocan e irradian poder hacia la base. Así, buena parte del patrimonio inmobiliario de la Obra en Madrid, valorado por expertos en 1989 en unos 30 mil millones de pesetas, es manejado por la "Compañía Mercantil Inmobiliaria Moncloa, S. A.", propietaria, por ejemplo, del cuartel general de Diego de León y cuyos accionistas son personas desconocidas y sin cargos en la dirección de la Institución. Además sería erróneo ligar los dirigentes de la Obra a la propiedad del edificio en Diego de León, porque pueden alegar con razón, que el inmueble está arrendado por otra sociedad "Colegio Mayor de la Moncloa, S. A.", y que, al fin y al cabo ellos son fieles empleados de esta institución académica, en cargados sólo de orientar a jóvenes estudiantes.

En la práctica, las cosas son diferentes: la inmobiliaria y el colegio universitario son lo mismo, Opus Dei. Se trata de una ficción jurídica que les permite efectuar discursos sobre el ascetismo de la Institución. Al fin y al cabo pueden argumentar que su pobreza es tal que sólo son inquilinos temporales de un grupo de edificios.

Fue necesario esperar a la década de los 80 para conocer los mecanismos financieros de la Obra, puestos de manifiesto por la constante salida de miembros importantes que han abandonado la Institución. Entre ellos, estaba, con la categoría de "supernumerario", el banquero José María Ruiz-Mateos, quien asegura que el Opus Dei mueve al año, sólo en España, unos 30 mil millones de pesetas. Una parte considerable de este dinero procede de las aportaciones efectuadas por los socios y el resto son los beneficios de operaciones mercantiles o financieras. Además, la Obra realiza colectas especiales para campañas concretas, recibe de forma indirecta subvenciones del Estado y obliga a sus socios "numerarios" a que firmen un testamento dejando sus bienes a la Institución.

"Entregué a la obra unos 3.000 millones de pesetas", asegura José María Ruiz-Mateos, que avala su afirmación con las fotocopias de las transferencias. A través de esos documentos se puede descubrir el procedimiento utilizado por la Obra, que consiste en girar el dinero fuera de España, generalmente a Suiza, donde lo recibe una sociedad fantasma denominada "River-Invest". El dinero queda depositado en la Unión de Bancos Suizos, hasta que el administrador general decide utilizarlo con el mejor fin.

Si los fondos están destinados a inversiones en España, "River-Invest" repatría el dinero en la forma de créditos concedidos a alguna de las sociedades pantalla, como pueden ser "Fomento de Centros de Enseñanza, S. A.", "Estudio General de Navarra, S. A." (propietaria del campus universitario en Pamplona), o "Inmobiliaria Urbana de la Moncloa, S. A.". De allí los fondos pueden ser trasvasados a otras sociedades, dedicadas a satisfacer necesidades de la Obra o bien puras inversiones para obtener beneficios.

En el críptico lenguaje del Opus Dei, las primeras son las llamadas "Obras Corporativas" y Montuenga las tiene subdivididas en tres áreas de actividades: inmobiliarias, editoriales, centros educativos.

Se caracterizan porque la totalidad de las acciones está en manos de socios "numerarios", escogidos entre el grupo de más fieles seguidores de la Institución. Así, por ejemplo, los terrenos sobre los que se asienta Torreciudad pertenecen a un conjunto de inmobiliarias ("Compañía Inmobiliaria La Puntal, S. A.", "Artesona, S. A.", "Inmobiliaria El Poblado del Grado, S. A." y "Compañía Inmobiliaria El Tozal del Grado"), todas ellas coordinadas durante bastante tiempo por Luis Montuenga Aguayo, hermano del administrador general de la Obra.

La enseñanza siempre fue un terreno natural de trabajo para el Opus Dei. Durante las décadas de los 50 y 60, se nutría principalmente de estudiantes universitarios, pero la contestación que siguió en los 70 aconsejó variar la estrategia. La Obra se concentró en colegios para niños, en los que las labores de captación son más fáciles. En 1989, controlaba un total de 29 centros, emplazados en los mayores núcleos urbanos del país. El más famoso de todos ellos, el colegio Retamar en Madrid, reproduce a la perfección el esquema de trabajo empresarial del Opus: el edificio pertenece a una inmobiliaria -"Retamar, S. A."- pero supuestamente está alquilado a una sociedad -"Fomento de la Enseñanza, S. A."- que imparte la docencia.

Por último, en el terreno de las "Obras Corporativas" están las editoriales que como "Scriptor, S. A." controlan las ediciones de Camino, publican semanarios como Telva, Palabra o Mundo Cristiano y editan millones de folletos relatando los milagros de Escrivá de Balaguer, elemento muy importante a la hora de obtener la santificación del fundador.

Junto a estas "Obras Corporativas" están las llamadas "Obras Auxiliares", sociedades donde el Opus coloca sus fondos para obtener beneficios, la difusión de sus principios o la captación de nuevos militantes.

Son las "Obras Auxiliares" las que más quebraderos de cabeza producen a Francisco Montuenga, quien años atrás tomó la decisión de centralizar las inversiones especulativas en la sociedad "Urdefondo, S. A.", una desconocida compañía mercantil presidida por Abelardo Alonso de Porres, ex director general del "Banco Latino" cuando la entidad estaba dentro del grupo "Rumasa", y consejero de "Rialp", la editorial más conocida del Opus.

Evitar las inversiones erróneas, como ocurrió recientemente en Italia, donde la Obra estaba financiando la compañía química productora del popular anticonceptivo "Lutolo", es una de las consignas fielmente seguidas por "Urdefondo". La otra es rodearse de los inversores más seguros, lo que incluye acercarse lo menos posible a instituciones bancarias ligadas a la Obra, como el "Banco Popular". No en vano esta institución, cuyo consejo de administración está en manos de socios "numerarios", es generosa con la izquierda: cubre en lo posible las deudas del Partido Comunista, incluso administra los descubiertos de "Mundo Obrero", y es muy receptiva a las peticiones de crédito del PSOE.

A pesar de la indudable crisis sufrida en los 80, la Obra ha sido capaz de preservar una extraordinaria red de contactos en las instituciones financieras, que van desde su presencia en dos importantes medios de comunicación relacionados con las finanzas, como el diario "Expansión" y el semanario "Actualidad Económica"; hasta mantener consejeros afines en los Bancos " Bilbao-Vizcaya", "Hispano-Americano", " Confederación Española de las Cajas de Ahorros" y unas 200 sociedades más. Hombres clave de la Obra, como José Maria Aristraín Noam, Emilio Ibarra y Churruca, Alberto Ullastres, Luis María Rodríguez de la Fuente, Aristóbulo de Juan [Ver nota de Aristóbulo de Juan a pie de página] y José Joaquín Sancho Dronda, entre otros ilustres apellidos, fueron capaces de defender los intereses terrenales de la Institución durante la década de los 80.

Controlar un conjunto industrial con tantas ramificaciones resulta difícil y con frecuencia salta el escándalo. Años atrás Gregorio Ortega Pardo, "numerario" de toda confianza, recibió de manos de Rafael Valls el encargo de abrir un Banco y extender las enseñanzas de Escrivá de Balaguer en Lisboa. Durante unos años se dedicó a ambas tareas con esmero, hasta que un buen día se subió a un avión y desapareció en Venezuela con unos 50 millones de pesetas que no eran suyos. Recientemente, otros directivos del Opus han sido señalados como generosos en el gasto de fondos que no les pertenecían, aunque muchos de ellos, como ocurre en el caso del financiero José Víctor de Francisco Gracia, han negado todo de forma rotunda y explicado que son objeto de una campaña de calumnias.

Estos incidentes y el más grave de Ruiz-Mateos han aconsejado reforzar los sistemas de control interno. Desde 1970, todos los socios del Opus en cuyo poder obran acciones compradas con fondos que no son suyos están obligados a firmar una carta de compraventa sin fecha, que entregan al propio Francisco Montuenga. De esta forma nadie se puede arrogar la propiedad de lo que no le pertenece. Claro que este sistema también tiene sus problemas, no sirve para fiscalizar el correcto uso de las ganancias ni evita inversiones arriesgadas. Para lograr esto último, el Opus Dei español busca cada vez más el consejo de expertos financieros, gestores independientes a quienes plantea la simple cuestión de "cómo podemos invertir para ganar mas".

Cubre mucho la Obra su poder financiero no sólo para esconderse de posibles represalias. "Los jesuitas han perdido muchas cosas porque era fácil localizarlas, no cometamos ese error", señaló Escrivá de Balaguer. En realidad no se trata sólo de cubrirse del poder civil, al que al fin y al cabo resulta fácil cortejar como demuestra el "Banco Popular". El principal enemigo de los recursos de la Obra es la estructura de la Iglesia Católica y sus gigantescas necesidades financieras. Ya lo señaló Escrivá al decir: "Las fuerzas que se oponen a nuestro camino están dentro de la iglesia."

Es muy difícil que en su fuero interno los dirigentes del Opus Dei olviden la dramática decisión de la Conferencia Episcopal, que preguntada por el Vaticano sobre la conveniencia de transformar a la Obra en una prelatura contestó negativamente, quizás un poco asustados con las prácticas de fracción organizada dentro de la Iglesia Católica que adopta el Opus Dei.

Con Juan Pablo II las cosas cambiaron en el Vaticano y los clérigos españoles modificaron su actitud. Dos españoles opus-deístas se mueven libremente por los pasillos del poder vaticano, Joaquín Navarro Valls, responsable del departamento de Información, y Eduardo Martínez Somalo, sustituto del Secretario de Estado. En la Conferencia Episcopal española aprendieron la lección, es necesario Ilevarse bien con la Obra, algo que monseñor Suquía ha impuesto en la Iglesia española desde 1985.

Y tranquilizada la comunidad religiosa, el Opus se volcó sobre los uniformados. Como no podía ser menos en una Institución que alcanzó su máximo esplendor en la España del general Franco, el Opus Dei se apasiona con los uniformes. Incluso hay un grupo de "numerarios" dedicados a cortejar a los militares en activo. En la década de los 80, la Obra tuvo una fecunda relación con el almirante Liberal Lucini, jefe del Estado Mayor de la Defensa. Algo que no resulta extraño dado que la Marina es el sector de las Fuerzas Armadas más susceptible de sucumbir ante los encantos de la Institución.

Carrero Blanco abrió las puertas de la Marina a la Obra y un ministro de Marina, Manuel Baturone Colombo, consolidó el trabajo de penetración, no en vano dos de sus hijos, Adolfo y Luis, abandonaron la carrera militar para consagrarse a las taeas de la Obra.

En el Ejército también han contado con una considerable presencia; dos jefes de Estado Mayor, Alvaro Lacalle Leloup y José María Sáenz de Tejada, eran "supernumerarios" de la Institución. En el amplio círculo de simpatizantes, destacaron Emilio Alonso Manglano, "Juanito" en el argot de los espías que dirige desde su puesto de coordinador general el Centro Superior de Investigación de la Defensa (CESID).

Entre quienes controlan la información reservada, policías y espías, el Opus tuvo una fuerte presencia a principios de los 80 que después ha perdido. Incluso contó con un colaborador en la persona de uno de los directores generales de la Policía en la presente década, Rafael del Río Sendino, lo que les permitió colocar a su gente. En pocos meses coparon la Dirección de la lucha antiterrorista, con el comisario Jesús Martínez Torres, y la muy importante brigada de Interior, una especie de Policía política a cuyo frente se situó Alberto Elías.

La presencia del Opus Dei en la Policía se reveló vital durante la investigación del "asunto "Rumasa", cuando un policía, el inspector Medina, dio con documentos comprometedores, concretamente la donación por parte de José María Ruiz Mateos de 2.000 millones de pesetas al Instituto de Educación e Investigación, una de las sociedades pantalla de la Obra; sus superiores le ordenaron parar la investigación.

Sin duda donde más terreno ha perdido la Obra es en el de la política. Cuando Franco murió, perdieron el gobierno y luego han soltado casi todas las briznas que habían logrado conservar. Tras las elecciones de octubre de 1989, la voz del Opus Dei permanecía representada en la Cámara Baja mediante tres voces, las de los diputados Isabel Tocino (Cantabria), Andrés Ollero (Granada), y Juan Luis de la Vallina (Asturias). Atrás quedaron los tiempos de esplendor, su infiltración en UCD, su presencia en el Partido Democristiano de Oscar Alzaga, su asedio al Partido Liberal, donde contaron con el apoyo del vicepresidente Andrés de la Oliva Santos. Incluso durante un breve período fueron capaces de atraer a personas que hoy se han desplazado al campo socialista, como Manuel de la Rocha, Ludolfo Paramio y Alfonso Lazo, este último diputado por Sevilla y secretario personal del vicepresidente Alfonso Guerra.

Concentrada en preservar su poderío financiero, la Obra rehusó los enfrentamientos con el poder socialista en la década de los 80. Esperar a que cambien las circunstancias para presionar de nuevo, parece ser la consigna que Tomás Gutiérrez de la Calzada ha impuesto entre sus seguidores. Mientras llega ese momento, Tomás Gutiérrez, el "consiliario", se despierta todas las mañanas convencido de que tiene tras sí al mejor ejército de España. Sin duda, cuando se instala en su despacho, para echar un vistazo a los libros de cuentas, también advierte que es el más rico y eso le tranquiliza mucho. Al fin y al cabo, todos recordamos al Buen Samaritano no sólo porque tenía buena voluntad, sino también porque contaba con mucho dinero. Los pobres no pueden hacer obras de caridad.

FIN DEL LIBRO

Nota de Aristóbulo de Juan, posterior a la publicación de este libro: "En este artículo se señala que soy miembro o simpatizante de esa institución. No es la primera vez que esto ocurre, pero nunca me he molestado en desmentirlo, por haber aparecido en boca de personas con poco crédito o a las que cabe suponer intenciones interesadas. Deseo manifestar lo siguiente: 1. No soy del Opus Dei ni lo he sido nunca. En ninguna de las acepciones de la expresión. 2. Tampoco lo son o han sido ninguno de los miembros de mi familia. 3. Tampoco he efectuado aportación alguna a dicha institución."

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