Gracias a Dios, ¡nos fuimos!
Opus Dei: ¿un CAMINO a ninguna parte?

Creencias y controversias sobre la canonización de Monseñor Escrivá
El Opus Dei.
Creencias y controversias sobre la canonización de Monseñor Escrivá
Autora: María Angustias Moreno
Índice
Prólogo e introducción
1. ¿Eclesialidad?
2. Intransigencia, coacción, desvergüeza, ¿santas?
3. Hay que agotar la verdad
4. Proceso de beatificación
5. Un escándalo
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EL OPUS DEI. Creencias y controversias
sobre la canonización de Monseñor Escrivá

María Angustias Moreno

CAPÍTULO 4. PROCESO DE BEATIFICACIÓN (ALGUNOS DATOS)

Decía el canon 2050 del antiguo Código de Derecho Canónico que "la fama de santidad debe ser espontánea, "no procurada por arte o diligencia humana", proveniente de personas graves y honestas". Esta legislación ha sido sustituida por otra que omite dichas alusiones. Y dice el Papa Juan Pablo II en la introducción al apéndice 1 del actual Código de Derecho Canónico sobre la Causa de los Santos, que "debido a experiencias recientes se ha visto oportuno revisar esta forma de procedimientos "para simplificar las normas, salvaguardando naturalmente -añade- la solidez de la investigación". Lo cual podría suponer que, como dice el canon 21 del vigente Código de Derecho Canónico, según los casos, "las leyes posteriores se han de comparar y en la medida de lo posible conciliar con las anteriores". Se ha de seguir contando por tanto, parece lógico, con que la fama de santidad nunca sea procurada por ningún arte o diligencia distinto del de su propia espontaneidad.

Con fecha 12-5-81 se iniciaba en Roma, por ser ésta la diócesis en la que había muerto Mons. Escrivá y en la Basílica de Letrán, sede del Vicario del Papa en la misma, Cardo Poletti, el proceso de beatificación del fundador del Opus Dei.

El tribunal quedó constituido bajo la presidencia de Mons. Costalunga (Subsecretario para la Congregación de Obispos y Juez eclesiástico).

Una vez iniciado el proceso y en esas mismas fechas, se publica desde Roma un Edicto del Card. Poletti, referido al mismo, en el que se dice que, como Vicario del Papa para la diócesis de la ciudad citada, "ordena" que se envíen al tribunal correspondiente todos los escritos atribuidos a Mons. Escrivá, "recordando además a todos y cada uno de los fieles, eclesiásticos, clérigos o "laicos", que el Código de Derecho Canónico "impone la obligación de darnos noticias" de todo aquello que pueda brindamos argumentos contra la fama de santidad del mismo siervo de Dios". Obligación ésta a la que en el nuevo Código de Derecho Canónico (de 1983), apéndice 1, ya no se alude. Parece ser que gracias a los buenos oficios de los miembros de la Obra en los trabajos de dicho Código.

El 18-5-81, sólo cinco días después de iniciado el proceso, se traslada el mismo a Madrid, alegando razones de que, aunque Mons. Escrivá hubiera muerto en Roma (ciudad en la que residía desde 1946) era en España donde más tiempo había vivido. Para lo que se constituye nuevamente el tribunal correspondiente, sin que en este caso fuese elegido, como es norma, por el propio Obispo de la ciudad en cuestión, sino que llegó determinado desde Roma, actuando el Cardenal Tarancón sólo como delegado; esta vez había sido nombrado como Presidente un agustino recoleto de unos ochenta años, que no siempre se había mostrado favorable a la Obra, pero que ahora, instalado en Madrid por los miembros de la Institución, y gracias a las muchas atenciones que éstos suelen dispensar a quienes les interesan, va comprendiendo... que la Obra no era sólo lo que él conocía, lo cual le lleva a actuar con otra "confianza". [Anteriormente y durante unos 10 años, este agustino había sido fiscal en la Congregación para la Causa de los Santos en Roma, oficio que ya había dejado lógicamente por la edad; experto no obstante, precisamente por ello, en el conocimiento de toda clase de entresijos dignos de tener en cuenta para dichas causas].

La noticia en los periódicos fue breve y poco ilustrativa, lo que me impidió conocer a tiempo quién era el nuevo Presidente del tribunal de España, por lo que me dirigí a Mons. Tarancón, según cuento en el documento que con fecha 20-3-85, acompañado de Acta Notarial de fecha 1-4-85, envié a la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos por los motivos que en él explico.

Tribunal Eclesiástico
Sevilla

En la ciudada de Sevilla, a día uno de abril de mil novecientos ochenta y cinco, ante mí, JOSÉ VICENTE CORONA CORNEJO, Notario de esta Curia, especialmente comisiondo parar este acto por orden del Excmo. Sr. Arzobispo; ante el Ilmo. Sr. Vicario Judicial del Arzobispado; en la Sala de Audiencias del Tribunal Metropolitano.-

Siendo las trece horas del mediodía, comparece ante mí la Srta. María Angustias Moreno Cereijo, con Documento Nacional n° 28.207.551.-

Lo hace manifestando su deseo de entregar al infrascrito un documento que quiere hacer llegar a la S.C. para las Causas de los Santos, de Roma, según instrucciones que dice haber recibido de la misma Ciudad.

Efectivamente, entrega un sobre, que, abierto y comprobado ante mí, contiene diversos escritos dirigidos a la citada S.C., en todos los cuales yo rubrico y sello con el de este Tribunal, admitiéndolo en el sobre, que cierro y sello, comprometiéndome a enviarlo oficialmente a la citada S.C.- Conmigo firma igualmente la interesada.

A petición de la misma Srta., se le entrega un ejemplar fotocopiado de la documentación entregada, y de este acto, igualmente rubricados de mi firma y sello.

De todo lo cual, yo el infrascrito Notario, con el V° B° del Ilmo. Sr. Vicario Judicial, doy fe.-

CUMPLIMIENTO.- Con la misma fecha, envío a la S.C. para las Causas de los Santos el sobre y la copia legalizada de este Acta. Fecha ut supra. Doy fe.

Se adjuntará carta oficial de envío certificado.

Sevilla, 20 de Marzo de 1985
EXMO. SR. PREFECTO DE LA CONGREGACIÓN DE LA CAUSA DE LOS SANTOS
ROMA

Exmo. Sr.:

Al hacerse pública la iniciación del proceso de beatificación de Mons. Escrivá de Balaguer, me dirigí al Sr. Cardenal don Vicente Enrique y Tarancón, Arzobispo de Madrid-alcalá, en cuya diócesis funcionaba el Tribunal, mostrando mi deseo de declarar ante el mismo, por estar convencida de que, habiendo pertenecido al Opus Dei como numeraria, e incluso como titular de cargos de confianza, podía aportar datos que consideraba importantes. Acompañaba dos libros que había publicado sobre el Opus Dei, que, al reflejar experiencias personales y mi reflexión sobre las mismas, podían hacer pensar que mi testimonio tendría suficiente importancia como para ser examinado, independientemente de lo que luego se decidiera sobre su valor intrínseco. A mi carta, que llevaba fecha del 15 octubre de 1981, respondió al Sr. Cardenal el día 1 de noviembre que mi petición no era la única que había recibido, sino que había otras varias; que él no intervenía personalmente, ya que actuaba un Juez-Delegado y que procuraría que llegase mi testimonio al Tribunal.

Esperaba yo ser citada, por consiguiente, al Tribunal mismo, para hacer una declaración formal, pero pasó un año sin tener noticia alguna. Mi sorpresa fue grande cuando recibí una carta del Vicepostulados de la Causa, don Benito Badrinas, de 11 de noviembre de 1982, diciendo que desearía "hablar unos minutos" conmigo "sobre un asunto relacionado con la instrucción del Proceso" en presencia de uno de los oficiales del Tribunal. Se trataba, según se veía, no de declarar ante el Tribunal, sino ante el Vicepostulador, cosa que no me pareció regular, y el dictamen de algunos canonistas me ha confirmado en aquel juicio. Por eso volví a dirigirme al Sr. Cardenal Arzobispo de Madrid, en carta 12 de diciembre solicitando ser citada por el Tribunal mismo, carta a la que no tuve respuesta.

Pero el 25 de junio de 1984 se me ofreció, inesperadamente, una ocasión de hablar con Don Ricardo Quintana, de quien sabía que intervenía en la Causa, y le mostré mi extrañeza por no haber sido citada. Me contestó que se me había citado dos veces y que yo no había querido acudir. Le respondí, y estoy dispuesta a ratificarlo bajo fé y juramento, que yo no había sido citaada o recibido citación alguna para declarar ante el Tribunal, sino unicamente una carta del Viceportulador para hablar conmigo, según queda dicho. Pero añadió que si tenía algo que alegar o reclamar debía dirigirme a la Congregación de las Causas de los Santos. Así lo hago ahora en ésta carta, a la que acompaño fotocopia de las otras aquí citadas.

Escribo esta carta porque me considero moral y jurídicamente obligada a manifestar cosas que estimo de importancia en la referida Causa. Pido formalmente, en consecuencia, ser oida en forma jurídica en la Causa.

A la vez qye paso a citar una relación de personas que estimo importantísimo que también sean oídas, como son:

Fdo. María Angustias Moreno Cereijo.

Causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer.
Sacerdote. Fundador del Opus Dei.
El Vicepostulador

Madríd, 11 de Noviembre de 1982

Srta. María Angustias Moreno
SEVILLA

María Angustias:

Me permito enviarte estas líneas porque me convendría hablar unos minutos contigo sobre un asunto relacionado con la instrucción del Proceso de Mons. Escrivá de Balaguer que tuvo su inicio hace algo más de un año.

Te vería con uno de los oficiales del Tribunal que constituyó el Arzobispado de Madrid. Puede ser en Madrid o en Sevilla, en donde mejor te parezca.

En el caso de que hicieses algún viaje a Madrid, en fecha próxima, te agradecería que me enviases en unas líneas o llamando al 413.83.11 entre las 10 y las 2, que es cuando suelo estar en este teléfono.

Si no fuese así, nosotros -el oficial del Tribunal y yo- iríamos a Sevilla donde tenemos también otro asunto pendiente. En este caso te agradecería que me dijeses en qué fechas te va mejor y dónde te podríamos llamar.

Agradecido por tu atención, te saluda

Benito Badrinas

El Cardenal Arzobispo de Madrid-Alcalá

Madrid 1 de noviembre de 1981

Srta. María Angustias Moreno Cereijo
SEVILLA

Amadísima en Cristo:

He recibido sus dos libros. Uno, ya lo había leído anteriormente.

Efectivamente, yo he abierto ese proceso por mandato de la Santa Sede. Aunque no intervengo personalmente en él -actúa el Juez-Delegado- procuraré que llegue su testimonio al Tribunal.

La iniciación del proceso no condiciona nada. Se explica que se haya hecho, con una rapidez realmente inusitada, por razones que no son al caso. Son varias las peticiones que he recibido de personas que le conocieron personalmente y tuvieron relación con su obra que quieren informar.

Dios proveerá para que todo se haga bien, a pesar de las presiones que pueda haber.

Con afecto,

Vicente Enrique y Tarancón

Con fecha 27-5-85 fui citada al Arzobispado de Sevilla para que el Vicario General de la Diócesis me leyera la contestación a estos documentos. El 30 del mismo mes nos reunimos en el despacho de dicho señor donde él personalmente me leyó una carta dirigida por la Congregación citada al Arzobispo de Sevilla, para que me la transmitiera oralmente, y en la que venía a decir que puesto que ya conocían mis publicaciones y sabían quién era yo, que no necesitaban más declaraciones por mi parte. Entendí que lo que de mí podían conocer en estas esferas no podía ser sino lo que la Obra hubiera querido contar. Me limité a decir al Vicario que difícilmente unas publicaciones dirigidas a toda clase de gente podían incluir lo que debía ser declaración en una causa como esta.

Ni antes ni ahora escribo con carácter de "declaración" sino de simple información. Entendiendo que para declarar formalmente hay que hacerlo ante un Tribunal legítimamente constituido.

A consecuencia de ello me planteé solicitar una entrevista con el propio Arzobispo Mons. Amigo Vallejo, que me recibió a final de agosto del mismo año. Durante toda la visita hubo en la puerta de la sala de audiencias, donde me recibía el Arzobispo, un sacerdote del Opus Dei, que nadie sabía por qué clase de coincidencia tenía que estar allí.

Me habían confirmado que, también en el Vaticano, la negativa a oír mi declaración estaba siendo basada en el desprestigio a mi persona que se hacía circular entre unos y otros. Por lo que mi entrevista con Mons. Amigo tenía como único fin presentarme a él personalmente, para solicitarle que, como mi pastor que era, y dadas las cosas que sobre mi difundía el Opus, fuera él quien, debidamente informado, sobre cuanto creyera conveniente de quién o cómo era yo, asesorándose de personas de su confianza que a la vez me conocieran bien (porque las hay), no sólo de ahora sino desde que era pequeña, pudiera ser él quien informara y aclarara allí donde hiciera falta. Me escuchó y dialogamos cordialmente unos veinte minutos. No he vuelto a saber más de él.

Unos han manifestado su deseo de declarar en el proceso de beatificación de Mons. Escrivá y han sido "desestimados". Y otros ni siquiera lo intentan (aun teniendo muchos motivos para hacerlo) porque saben con lo que se van a encontrar.

Cuentan M.R. y C.T. que cuando también ellas acudieron a otro Obispo de otra ciudad de España para pedirle igualmente que las ayudara, dada la dificultad que tenían para que las citasen a declarar en dicho proceso, cuentan que este Obispo les contestó que para qué querían declarar si estaba claro que era un santo. Según parece que porque así lo entendía él, aunque el proceso aún estuviera en curso... Creo que huelga el comentario.

De la misma manera que resulta alarmante leer, en unas recientes declaraciones del propio Presidente del proceso de Beatificación en Madrid, padre Rafael Pérez, respondiendo a la pregunta de ¿por qué no se escucharon, en dicho proceso, voces disidentes?, que él "escuchó adversarios, minoría ciertamente, pero no a enemigos, que como en tantas otras ocasiones sólo inventan, confunden y oscurecen las causas". Habría que empezar aclarando que es lo que él entiende por enemigo. ¿Quiénes son para él los enemigos?, ¿los no amigos?, ¿los que tienen más que decir de lo que "conviene" que se diga? Si se trata de que todo el que tenga algo que decir, a favor o en contra, que lo diga (como dice el edicto preceptivo para estos casos) ¿qué clase de adversarios son esos a los que no hay por qué oírlos?

De mí se ha dicho que escribo "contra" el Opus: que lo mío es "hostilidad manifiesta". Yo, sin embargo, insisto en que no escribo "contra", sino "sobre". Y no por hostilidad, sino por necesidad de coherencia.

¿Acaso con. todas estas actitudes, por parte de quienes han llevado el proceso adelante, no se está prejuzgando demasiado a las personas?, ¿no se está desacreditando a estos para desmerecer de sus opiniones, sin datos ni veracidad alguna, sin el menor respeto a la dignidad o autenticidad de sus conciencias? ¿Es que acaso, con esta clase de desprecios no están ellos cayendo en la propia materia que pretenden descalificar?

No obstante, con todos estos presupuestos por parte de quienes han instruido la "causa", el día 9-4-1990 el Vaticano hace público el Decreto de reconocimiento de virtudes heroicas de Mons. Escrivá de Balaguer. Un paso más, importante, en el desarrollo de esta pretendida canonización.

Decreto que viene a ser el resultado de 6.000 folios (preparados y presentados como ya hemos venido viendo por quienes promueven y trabajan el proceso en cuestión) y 92 testigos.

Cuentan estos folios... ¿qué es lo que cuentan? ¿Siguen. los directores de la Obra actuando de acuerdo con el céle bre principio que les inculcara su fundador de que "por el bien de la Obra todo está permitido"? .

Testigos y folios, todos ellos, al margen de publicaciones, solicitudes de declaración, firmas, vivencias personales, etc., que no sean los seleccionados por ellos. Testimonios que lo serían desde la libertad de quienes, al no pertenecer a la Obra (con la experiencia de haber pertenecido) pueden actuar y lo hacen al margen de manipulaciones o mentalizaciones interesadas. Aportaciones llegadas (como las de ellos también) desde toda la geografía universal y desde las más variadas perspectivas, circunstancias, personalidades, etc., generalmente con increíbles coincidencias entre sí, que no han sido admitidas.

Aportaciones independientes, sin ninguna clase de intereses que no sea el de contribuir con la verdad y la justicia. O el de ser consecuentes con un compromiso de fe que, sin preocupación por la Obra (de la que una vez desligados nada les afecta), supone y conlleva la responsabilidad de un deber eclesial. También nosotros, como ellos, somos y seguimos siendo Iglesia. "Sensus fidei" o "sesus fidelium".

Con fecha 7-6-91 el Cardenal Angelo Felici firma el Decreto que da luz verde a la beatificación de Escrivá.

La clave: el "milagro". Un milagro que nace polémico y sigue polémico. Lo cual parece no importarles, pues si ese fallara, comentan a quienes les plantean el problema, tendrían 20 más. Por decir que no quede.

Un milagro que, como tantas otras cosas de las que hace esta institución, resulta y se presenta realmente desconcertante:

Una religiosa, carmelita de la caridad (de las de Vedruna), que al parecer lo que tenía eran unos bultos por distintas partes del cuerpo, que desaparecen de la noche a la mañana. El nombre de la religiosa es Concha Boullon Rubio, prima hermana de los Navarro Rubio, Don Emilio entre otros, sacerdote numerario de la Obra.

Yo no sé que dirá expresamente la ciencia médica, no es mi tema. Lo que sí sé es que yo conozco otro caso muy parecido, en el que los bultos aparecieron y desaparecieron como consecuencia de un enorme estrés; sin que a nadie se le ocurriera identificar semejante proceso con ninguna clase de milagro. Esto sucede en junio del 76. La enferma tenía 70 años. El médico que la atendió, Dr. Wargüemert, declaró en su día que dado el mal estado de la enferma no se realizó biopsia. Viene luego .la curación, y cuenta la religiosa que la cuidaba, M: Pilar Prieto, que unos días después, cuando volvieron al médico, éste sólo le encontró un pequeño resto de los bultos en un pie, del que entonces sí, de ese resto se decidió hacer una biopsia, que arrojó el resultado de un tipo de tumor "no maligno".

A partir de entonces el médico antes mencionado que no es de la Obra se niega a hablar, no quiere saber nada del tema. Entran en acción Ortiz de Landázuri, que luego muere y es sustituido por R. Cortesini, ambos del Opus Dei, con algunos más de dificil identificación.

Unido a todo esto se da el dato curioso de que la Superiora General de la mencionada Carmelita curada, Catalina Serna, desconoce totalmente el tema, hasta que más de 10 años después se entera por la prensa.

Y así, curiosamente así, es como se acepta el tal milagro en la correspondiente Congregación Vaticana, que lo constituirá en prueba definitiva para la beatificación.

Todo ello, como dice K. Woodward, en su libro "La fabricación de los santos", contando con la especial vinculación al Opus del Cardenal Palazzini, prefecto de dicha congregación. Contando con José Luis Gómez Gutiérrez, miembro de la Obra, como relator (estudioso de las causas en la misma congregación). Con una "positio" (o relato definitivo de todo lo referente al personaje que se trata de beatificar), de la que, según dice el mismo autor citado, en razón de una entrevista personal con Eszer (otro de los relatores, en este caso no de la Obra), todo estaba hecho: estaba escrita por el Postulador (de la Obra) junto con cuatro profesores universitarios (también de la Obra) que trabajaron con él; yo -dice Eszer- me limité a corregir repeticiones. En la citada congregación, y según la misma fuente, de los testimonios aportados nadie sabe cuántos pueden ser de miembros de la Obra y cuántos no.

Yo si sé, como conté en mi primer libro, y antes he ido mencionando, cómo se fueron fabricando estos testimonios, en vida todavía de Escrivá; como se nos hacía escribir..., firmar, conseguir firmas, de todo "lo positivo" que se nos fuera ocurriendo, o que convenía que se nos ocurriese.

Y así... así es como todo este proceso irá pasando a la historia, es ya historia, abierta o soterrada, pero historia.

Dicen que hubo un momento en el que los defectos de forma pudieron plantear problemas, pero ¿qué es eso para la capacidad de "soluciones" que la Obra tiene? ¿Qué problema, o que defecto, podrá resistir al "por el bien de la Obra todo está permitido" que les enseñara su fundador? ¡Caiga quien caiga!, ¡pase lo que pase! Yo creo que en este terreno estoy autorizada a hablar con toda la garantía de quien lo hace desde el conocimiento de causa que me da mi propia experiencia, sin ninguna miedo a estar exagerando.

Porque se me ocurrió escribir un libro en el que contaba mi experiencia personal, vivida en la Obra durante catorce años, -"Opus Dei. Anexo a una historia"- como aportación para quienes pudieran necesitar una información más completa, porque el libro no fue del "gusto" de los de la Obra (libro que nunca fue rebatido en su contenido) después de intentar problematizar mi conciencia, y de hacer muy difícil su difusión y venta (a pesar de lo cual aún hoy, después de 12 años, me lo siguen pidiendo), después de todo esto, y en el más puro estilo de la doctrina que esta Obra practica como recibida de su fundador, no encontraron mejor fórmula para defender su prestigio que el de organizar contra mí una importante calumnia para la que desplegaron a un grupo de sus sacerdotes, nada despreciable, entre los que se contaba don Emilio Navarro Rubio, antes mencionado como primo hermano de la religiosa protagonista del milagro con el que se han propuesto llevar a Escrivá a los altares. El Vicepostulador de la Causa, Benito Badrinas, Júan García Llobet, actual vicario delegado de Santiago de Compostela y el propio Tomás Gutiérrez, actual vicario general de la Obra en España, entre otros.

Calumnia que comenté en mi segundo libro ("La otra cara del Opus Dei"). Y ante esto, yo me pregunto:

Si eso fueron capaces de hacer conmigo ¿quién soy yo?, ¿mi opinión? ¡pobre de mí!; si esto fueron capaces de hacer porque mi experiencia no se atenía a los planteamientos que la Obra quería que transcendieran ya entonces (año 1978), ¿qué no serán capaces de hacer para que nada ni nadie obstaculice la canonización que ahora se proponen? ¿Qué no serán capaces de inventar?

Una triste y lamentable historia la mía. No por mí, sino porque vino a demostrar cómo ante el "poder" de la Obra quedan impávidas lo que tal vez deberían haber sido las más altas y cualificadas reacciones.

 

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