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Miércoles, 16 de Agosto de 2017


Monseñor Romero, el arzobispo que desafió al Imperio.- VIVO

Monseñor Romero, el arzobispo que desafió al Imperio

 

El propio arzobispo de San Salvador de 1995 a 2008, el español Fernando Sáenz Lacalle, miembro del Opus Dei y general de brigada de la Fuerza Armada de El Salvador, puso todos los obstáculos posibles para que no fuera elevado a los altares.

Juan José Tamayo 15/08/2017

Hoy, 15 de agosto de 2017, se celebra el centenario del nacimiento de Óscar A. Romero, arzobispo de San Salvador (El Salvador), asesinado por un francotirador a la órdenes del Mayor Roberto D’ Abuisson el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia, en la colonia Miramonte.

Durante las tres décadas que siguieron a su asesinato en los sectores eclesiásticos y políticos salvadoreños se tendió un velo de silencio sobre su figura y se olvidó el legado profético de su cristianismo liberador y de su compromiso con las mayorías populares. Durante ese tiempo Romero vivió en una especie de clandestinidad eclesiástica, un arrinconamiento por parte de la mayoría de los obispos y buena parte del clero del país y un olvido en las altas instancias vaticanas. El propio arzobispo de San Salvador de 1995 a 2008, el español Fernando Sáenz Lacalle, miembro del Opus Dei y general de brigada de la Fuerza Armada de El Salvador, puso todos los obstáculos posibles para que no fuera elevado a los altares.

Pronunciar el nombre de Romero estaba vetado en muchos de esos sectores. Pocos eran los movimientos y las personas que se declaraban seguidores suyos en El Salvador. Hubo, sin embargo, honrosas y muy significativas excepciones. Por ejemplo, el arzobispo auxiliar de San Salvador Rosa Chavez, a quien el papa Francisco acaba de nombrar cardenal; la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas; los teólogos Jon Sobrino e Ignacio Ellacuría –asesinado en 1989-; la Fundación Monseñor Romero; el Comité de Solidaridad Monseñor Romero y pocos más.

Juan Pablo II (1979-2005) y Benedicto XVI (2005-2013) contribuyeron en buena medida con sus recelos a esa marginación. Hubo que esperar al papa Francisco para que se le devolviera el reconocimiento que merecía como mártir por la justicia y testigo del Evangelio. Tras su beatificación, Romero está hoy en boca de todos y es objeto de culto popular. Pero creo que se está desenfocando su verdadera personalidad. La imagen que se está difundiendo es la de un obispo piadoso, devoto de la Virgen, milagrero, fiel a Roma.

Urge recuperar su figura profética y liberadora, su teología de la liberación, su dimensión política subversiva, su permanente desafío al Gobierno de la Nación, al que acusa de represión sangrienta y aun mortal y de estar haciendo gran mal al país; a la oligarquía, a la que acusa de poseer la tierra que es de todos y de asesinar a campesinos, estudiantes, obreros, maestros, etc.; al Ejército y a los cuerpos de seguridad, a quienes responsabiliza e sembrar la muerte y el aniquilamiento; al Mayor D’ Abuisson, al que califica de falaz, mentiroso y deformador de la realidad.

Romero osó desafiar también al Imperio. Sí, al imperio norteamericano. Y lo hizo a través de una carta dirigida al presidente de EE UU Jimmy Carter el 17 de febrero de 1980, cuando tuvo noticia de que iba a enviar ayuda económica y militar a la Junta de Gobierno de su país. Esa ayuda, le decía a Carter, lejos de “favorecer una mayor justicia y paz en El Salvador agudiza sin duda la injusticia y la represión contra el pueblo organizado que muchas veces ha estado luchando por que se respeten sus derechos humanos más fundamentales”.

En la carta acusaba a la Junta de Gobierno, a la Fuerza Armada y a los cuerpos de seguridad salvadoreños de haber recurrido solo a la violencia represiva produciendo un saldo de muertos y heridos mucho mayor que los regímenes militares pasados. Por eso pedía a Carter que no permitiera dicha ayuda militar y le exigía que no interviniera directa o indirectamente con presiones militares, económicas, diplomáticas, etcétera, en determinar el destino del pueblo salvadoreño. La carta fue calificada de “devastadora” por un miembro del Gobierno norteamericano.

Los múltiples desafíos a los que sometió Romero a influyentes actores políticos y militares tanto nacionales como internacionales desembocaron en su asesinato, que bien puede calificarse de crónica de una muerte anunciada. Su autoridad moral tanto en El Salvador como a nivel mundial desafiaba la alianza Gobierno-Ejército-Oligarquía-Estados Unidos. Si a esto sumamos la poca estima en que era tenido en el Vaticano y en la jerarquía de su país, la sentencia estaba dictada: “Romero es reo de muerte”. Su recuerdo en efemérides tan significativa como el centenario de su natalicio es un verdadero ejercicio de memoria histórica ante tan injusto olvido.

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”, Universidad Carlos III de Madrid, y director y coautor de San Romero de América, mártir por la justicia (Tirant lo Blanch, Valencia, 2015)

Publicado en El País





Si me hubieran escuchado.- Lekue

Sarcástico, cruel que ahora se le encomiende la labor de los intelectuales como si fuese su idiosincrasia...

Siempre he dicho, escrito, desde que estaba dentro, que el nivel intelectual es paupérrimo. Una vez que sales, respiras, lees y ves lo que hay fuera, lo corroboras.

Vivir de "Mundo Cristiano", de los libros de Ayllón y de los muros tomistas es para preadolescentes.

Hablando el otro día con mi legión de ex, nos llamaba la atención cómo en los últimos años llegan al Colegio Romano chavales que tardamos años en plantearles la vocación, porque tenían adaptación curricular en el cole de fomentopus y se les retrasaba la incorporación... Y allí están, los nuevo colegiales romanos.

Lo escribí a Roma y sé que manejan los datos, aquí ya ha salido, para el 2025 menos del 5% serán numerarios, ya han llegado al 15%... Cuando escribí esto la proporción era 7 super, 2 numer y 1 agregado (no llegaba)... lejos de la previsión escrivaniana: 4-2-1.

En conclusión: en el Opus sólo habrá curas y supernumerarios. Si me hubieran escuchado.

Lekue





La santa intransigencia.- Hooper

La santa intransigencia

Mientras siga habiendo tantos en la Iglesia que crean que su intransigencia es una virtud divina, la institución seguirá deslizándose cada vez más hacia la irrelevancia absoluta.

 

Toni Reis y David Harrad, un brasileño de 53 años y un inglés de 59, son homosexuales. Conviven desde hace 27 años en la ciudad de Curitiba (Paraná, Brasil). Son también defensores de la adopción tardía, como una forma de proporcionar una familia a muchos niños y adolescentes que viven en situación de pobreza y carecen de estructuras familiares estables y adecuadas.

Consecuentes con estos principios, adoptaron a tres niños provenientes de una favela de Rio de Janeiro —Alyson, Jéssica y Filipe, que tienen actualmente 16, 14 y 11 años de edad—, no sin ciertas dificultades. La primera adopción —la de Alyson en 2011— se hizo efectiva tras seis años de trámites y espera, mientras que las de Jéssica y Filipe en 2014 fueron más rápidas.

Como católicos creyentes, pidieron en 2014 que sus hijos adoptivos fueran bautizados en la Iglesia católica, lo cual les fue concedido recién este año por Dom José Antonio Peruzzo, arzobispo de Curitiba. El bautismo se efectuó en la Catedral el 23 de abril de 2017.

El 4 de junio de este año Toni y David, junto con sus hijos adoptivos, le enviaron una carta al Papa Francisco, describiendo su situación familiar y relatando su historia. Solicitaban la bendición de Su Santidad como confirmación de acogida y de su fe en la Iglesia Católica.

Sorpresivamente, llegó una carta de la Secretaría de Estado del Vaticano —con fecha de 10 de julio de 2017 y dirigida sólo a Toni—, firmada por Mons Paolo Borgia, asesor de Asuntos Generales, donde decía, entre otras cosas: “El Papa Francisco les desea felicidades, invocando para su familia la abundancia de las gracias divinas, para que vivan constante y fielmente la condición de cristianos, como buenos hijos de Dios y de la Iglesia”. Y, por supuesto, les concedía la ansiada bendición apostólica.

Cuando el 4 de agosto la familia regresó de un largo viaje por Europa y pudo leer la carta, el regocijo fue grande. En entrevista telefónica con Agence France-Presse (AFP), Toni declaró lo siguiente: “No esperábamos una respuesta. Recibir una carta del Vaticano con sello, fotografía autografiada del Papa ¡es la gloria! […] Significa un gran avance en una institución que quemaba a los gays durante la Inquisición y ahora nos manda un oficio felicitando a nuestra familia. Estoy muy feliz, ya me puedo morir tranquilo”.

Sin embargo, lo que sucedió después hizo que la cosa pasara de color rosa a color hormiga. El Vaticano sacó a relucir su proverbial intransigencia —no obstante las palabras de apertura que ha tenido frecuentemente el Papa Francisco— y declaró oficialmente a través de la periodista Paloma García Ovejero, viceportavoz de la sala de prensa vaticana, que “la carta del Papa es una respuesta muy general a una de las miles de cartas que él recibe cada día y no puede responder de forma personalizada. […] Es falso que se trate de una respuesta a la pareja”.

Así que ya saben, estimados lectores católicos, las cartas de respuesta del Vaticano a sus fieles se producen en serie y con un texto estándar, y no constituyen respuesta personalizada a ninguna de las situaciones o inquietudes que ustedes han puesto con mucho esfuerzo y dedicación sobre el papel.

Si bien la respuesta no implicaba necesariamente la aprobación de la unión civil homosexual, un gesto de acogida a posteriori de esta pareja de homosexuales de buena voluntad hubiera sido una buena señal de parte de una Iglesia, que más que creer en el amor del Jesús de los Evangelios, parece hacerse eco de una impresentable enseñanza del fundador del Opus Dei, Escrivá de Balaguer, quien resumía la santidad en tres puntos: “la santa intransigencia, la santa coacción y la santa desvergüenza” (Camino, 387). E intransigente y desvergonzado, por ejemplo, fue el comentario homofóbico que tuiteó el opusdeísta Rafael Rey el 7 de agosto cuando alguien sugirió que él podía ser homosexual: “Jajá! Oe ‘perro’, como tú te autocalificas, pregúntale a tu mamá si soy homosexual. Y dame tu DNI y demuestra que no eres un cobarde!”

Mientras siga habiendo tantos en la Iglesia que crean que su intransigencia es una virtud divina, la institución seguirá deslizándose cada vez más hacia la irrelevancia absoluta.

Martin Scheuch
Publicado en Altavoz





 

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