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 Correos: Respuesta a las preguntas que me plantean.- Javier Canals

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Javier_Canals :

Respuesta a las preguntas que me plantean

Queridos amigos (me permito utilizar este término, ya que lo utilizan los que me responden, y supongo que lo hacen con sinceridad, como yo)

Gracias por publicar mi e-mail. No esperaba tantas y tan profusas respuestas a mi mensaje.

Antes que nada, pues por lo visto no me expresé bien en mi primera carta: no pretendía decir que todas las críticas al Opus Dei en vuestra Web sean globales, o injustas. Ni tampoco enjuiciar (Crítico Constructivo: gracias por hacerme revisar mi carta, que efectivamente podía interpretarse así, y gracias también por el escrito sobre el sigilo y la confianza).

No voy a contestar a todo lo que se me plantea. No porque no tenga nada que decir, sino por falta de tiempo y por los motivos que me han movido a escribiros. No voy a enzarzarme en interminables discusiones sobre puntos de vista, ni hacer exégesis de otros escritos o cartas, ni he venido a presentaros una versión que vosotros llamaríais "oficial", ni a redactar exámenes de conciencia, ni a convenceros de nada, ni a defender el modo de actuar de miembros o directores que no conozco en situaciones que tampoco conozco.

Tampoco voy a entretenerme en elucubraciones intelectuales, pues el tema de que hablamos es serio, incluso grave: tanto por referirse a la Fe como por el hecho de que haya tantas personas que hayan sufrido y sufran (o aunque fuera sólo una).

Lo que quería decir lo dije en mi primer mensaje. Ahora quiero solo agradecer vuestras amables y francas respuestas y contestar a la carta de Aquilina, por ser la más larga y por tratar un tema muy importante (los otros también lo son). Sólo puedo argumentar con mi testimonio, que al parecer es tan diferente de los de otras personas.

Aquilina: gracias por el tono de la carta y por tu paciencia. Conozco tu escrito y los demás de "Libros silenciados": la misma persona que he dio el nombre de esta Web tiene la bondad de pasarme todo lo que encuentra sobre o contra la Obra. Me ha extrañado el argumento "excluyente" que utilizas. Según tú, por estar dentro de la Obra y haber sido "adiestrado" (atribuyo la elección de esta palabra al hecho de que escribes en un idioma que no es tu lengua materna), me falta "capacidad crítica" -que se equipara en tu discurso a "distancia"- para reflexionar o juzgar sobre el espíritu de la institución, o sobre cómo se vive en casos concretos.

Sé que no me lo dices a mí como individuo (desgraciadamente, no nos conocemos), sino en calidad de Numerario que, como tal, vive supuestamente en un mundo virtual, que se rige por una lógica basada en tautologías, en donde todo tiene un orden (criterios), un dinamismo frenético que no deja tiempo para pensar (lucha y metas en todos los campo, con éxitos y fracasos, que se interpretan siempre como éxitos) y una explicación sencilla del mundo (buenos y malos, como en las películas del Oeste, salvo que aquí hay buenos que se vuelven malos y malos que se pueden volver buenos).

Pues no, me parece que no es así.

Yo me hice de la Obra unos días antes de cumplir los 18 años, y el ambiente humano del centro que conocía no me atrajo especialmente (era un club para bachilleres, y casi todos eran más jóvenes que yo). Quiero decir con ello que he ido conociendo el espíritu "de fuera hacia dentro", y he tenido suficientes oportunidades para estudiarlo y reflexionar sobre todos sus aspectos. Además, la vida me ha enseñado a no confiar en esquemas simplistas. He trabajado muchos años en una Comisión, he sido testigo y parte en una campaña mediática alucinante contra la Obra en Alemania (esta sí que era "contra" y no "sobre"), me he visto enfrentado a muchas situaciones imposibles de solucionar mediante la mera aplicación de unas recetas, he tenido que rectificar y que pedir perdón muchas veces, he sufrido con la marcha de personas de la Obra, a los que sigo queriendo mucho, he visto que las cosas no "salen" siempre como lo esperamos, y me siguen temblando las piernas como el primer día cada vez que tengo que escuchar en confidencia (no me ha gustado nunca lo de "hacer la charla") a un padre de familia que me da cien vueltas en calidad humana y sobrenatural, y darle consejos que le ayuden a ser mejor cristiano, mejor esposo y padre y, por tanto, mejor persona en el mundo. Y sé que en esto no soy ninguna excepción en la Obra.

Me estoy refiriendo al "espíritu crítico". Me he planteado y he escuchado muchas veces preguntas, desde dentro y desde fuera de la Obra, del tipo de ¿porqué tiene que ser así?, ¿cómo es posible, en pleno Siglo XXI, que ...? o ¿no ves que es absurdo e ineficiente proceder de ese modo? En mi familia (a pesar de tener tres tíos numerarios/as, uno de ellos falleció en Roma en 1975) me siguen preguntando en ton de guasa, que cuándo pienso "colgar la corbata" (
Edu: no va contigo, pero, si no llevamos hábito, ¿qué se puede "colgar" al irse ...?).

Ante estas preguntas, y una vez superada la reacción espontánea de autodefensa, que incita a llevar la contraria "porque sí", cualquier persona razonable piensa (y/o reza), y saca sus conclusiones. Yo las he sacado, y sigo aquí. No me considero por ello mejor ni peor que otros, pero sí afortunado.

Es evidente que hay cosas en la Obra que van cambiando, y otras que cambiarán. Desde los pantalones de las mujeres, las tarjetas de crédito o leer la epístola en la Misa (no pretendo ofender la inteligencia de ninguno pensando que alguien se puede ir de la Obra para dormir una siesta, o para ponerse pantalones), hasta temas de más peso, como el de la Seguridad Social de los numerarios/as que se dedican a labores internas y temas más profundos relacionados con la formación. Algunos cambios van ligados a la condición de Prelatura, que permite explicar mejor muchos aspectos. Ya no es necesario repetir continuamente que "no somos religiosos", se eliminaron incongruencias como los votos privados, y queda más clara la cooperación de la Obra con el obispo de cada diócesis (sí, ya se leen las cartas pastorales, incluso en las Misas a las que asisten sólo numerarios). No habrá cambios en lo esencial (ya sé, me preguntaréis: ¿quién dice qué es lo esencial?) ni tampoco en la plenitud de la entrega de todos los miembros que, precisamente por tener validez para todos, célibes o casados, intelectuales o no, no se expresa en aspectos o detalles externos, sino en la identificación con Cristo y en el intento de vivir las virtudes. Tampoco cambiará el verdadero afán apostólico: ese "aumentar el tono humano y la temperatura sobrenatural" a nuestro alrededor, aunque no pueda medirse la "eficacia".

No quiero decir con ello que vuestros testimonios serían impensables en la Obra dentro de unos años. En muchos se acusan modos de actuar equivocados por parte de miembros "de a pie" o directores; yo no puedo ni quiero juzgar estos casos sin conocer la situación. Otros imputan ese comportamiento al "sistema" mismo; y aquí difiero, respetando vuestra opinión.

¿Por qué difiere tanto esta visión de la vuestra?

No creo que se deba a la idiosincrasia de la gente de la Obra en Alemania como admite benévolamente Alfredo, aunque sí que es verdad que en este país tuve la suerte de conocer al profesor de filosofía Fernando Inciarte, al ingeniero y sacerdote D. Alfonso Par y al abogado Stephan Puhl (los tres ya fallecidos). Me es difícil imaginar a tres personas de carácter más diferentes que estos tres. Y cada uno de ellos me ha enseñado con su vida y con sus palabras a vivir y a defender la libertad en el Opus Dei, tanto la mía como la de los demás, y a intentar combinar (difícil arte, lo confieso, y sigo sin lograrlo muchas veces), la fidelidad a un mensaje que considero divino -si no, no estaría aquí- con la autonomía intelectual que necesita cualquier ser humano -y sin la que es imposible la entrega por un ideal-, y con una libertad de espíritu en todos los campos de mi actuar, que no excluye asumir voluntariamente criterios de otras personas, anteponiéndolos a los míos, siempre que no se opongan a la Ley de Dios.

Después de esta torpe explicación (soy ingeniero, no filósofo; por suerte, pues según el testimonio de Fede, los filósofos lo tienen crudo en la Obra), pensarás que no tengo remedio y que, en mi caso, además de saltar los fusibles del cerebro, se me han quemado los cables del transformador.

¿Que se han cometido errores? Sí. ¿Que no se aprende de esos errores? No. Se aprende, aunque estoy de acuerdo contigo en que eso no le sirve de nada a la "víctima".

Precisamente uno de los motivos por los que no quería entrar activamente en esta Web hasta ahora era el carácter de testimonio personal de la mayoría de las narraciones (por cierto,
Cabernet (15-II-2004): en mi ordenador no hay ningún filtro, salvo los antivirus, y cuando le consulté al encargado de la Oficina de Información del Opus Dei si conocía la Web, y qué le parecía mi intención de escribiros, me dijo que hiciera lo que quisiera.). Y temo, como el proverbial elefante en la tienda de porcelana, herir sin querer con mi argumentación a algunos de los firmantes.

Como dije en mi primer mail, estoy seguro de que también yo he cometido "barbaridades" y he herido a otros, tanto de la Obra como a mis amigos, o a mi familia. Pero estoy convencido de que, en esos casos y en los que llegarán, no ha sido por la "maldad" implícita de unos criterios inhumanos, ni por los mecanismos inexorables de un "sistema", sino por mi culpa: casi siempre, por la comodidad de no pensar.

Quiero acabar, y me voy un poco por las ramas para contestar a otros. Gustavo: saludaré a Agustín, que sigue en la Obra y hablando alemán con su acento porteño.

Alfredo: no hay ninguna indicación que prohíba tratar a miembros que han dejado la Obra, ni ir a sus bodas, ni ser amigos suyos de verdad; lo que se recomienda es no dar la impresión de que la vida sigue igual -tú ahí, yo aquí- como si "no hubiera pasado nada": sí ha pasado, y si no, no habría esta Web. Aunque sea repetirse: admito que se hayan podido cometer errores o incluso injusticias, y permitidme que os pida de nuevo perdón en nombre propio a todos los que sufristeis al salir. Por cierto, Alfredo, ya que estamos: me han sorprendido tus respuestas, pero no te preocupes: no voy a preguntarte ¿de qué vas? ni ¿de qué lado estás?, ni nada por el estilo. A tí, y a José Carlos (me llevaré o no bofetadas, pero serán por dar mi opinión, no por la tuya: ¡de compartir, nada!), os recuerdo el lema de los orejas: ¡que cada palo aguante su vela!

Seguiré rezando y, esta vez, me permito enviaros un abrazo.

Javier Canals

Nota: (Amigo, sólo unos comentarios respecto a la web porque al resto ya te contestarán los citados si es que lo consideran oportuno.
a) Das las gracias por publicar tu e-mail. Yo te pregunto: ¿y por qué no habríamos de publicarlo? Nosotros ya des-aprendimos los criterios que nos inculcaron en el Opus. Ahora que hemos regresado al mundo y somos personas e incluso cristianos corrientes, no estamos sometidos a ninguna censura, ni a ninguna consigna, ni a ninguna nota de la delegación, ni a ninguna praxis, ni a ningún "buen espíritu"... Te extraña que lo hayamos publicado porque quizá te has imaginado lo que habría hecho con un email nuestro una web del Opus (opusdei-marca comercial, es decir, las oficiales y las otras, las que dicen "no somos del Opus pero el Opus es lo mejor y aquí podéis leer todos los libros de Monseñor, y sus biografías, y sus milagros, y podéis pedirnos una estampa en 3 dimensiones")
b) Si tú no conoces la existencia de los filtros que las empresas del Opus han puesto en marcha a través de programas "para ayudar a los padres a controlar a sus hijos para que no entren en webs peligrosas" -a nosotros nos habéis calificado como web de violencia/sexo... y que se llaman educanet, canguronet (hay más pero sólo me acuerdo ahora de esas)-, ¿te reenviamos los emails que diariamente recibimos de webs pornográficas para que conozcas esos filtros? Si quieres ser consecuente, tienes que tener datos y si estás dispuesto, nosotros te reenviaremos todo.
c) Nuestro lema es "Gracias a Dios, ¡nos fuimos!". Lo de "que cada palo aguante su vela" es una frase de Escrivá (copiada del argot marinero) que utilizó para que cada uno asumiera sus responsabilidades. Y parafraseándolo, lo utilizamos también nosotros para devolverle/devolveros el mensaje.
Y nada más. Un saludo)



Publicado el Viernes, 16 enero 2004



 
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