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 Tus escritos: Los ricos accionistas (Cap.32 de 'El buen pastor').- Nacho

120. Aspectos económicos
Nacho :


LOS RICOS ACCIONISTAS

Cap.32 de 'El buen pastor'
Enviado por Nacho el 13-jul-2004



Se ha repetido muchas veces en estas páginas que cuando te vas de la obra lo haces con una mano delante y otra detrás. Todos los que hemos vivido esa situación sabemos hasta qué extremo esto es cierto. Los que fuimos agregados lo podemos testificar, pero mucho más los numerarios que, en muchos casos, hasta han entregado a la prelatura el dinero, casas y acciones que les habían dejado sus padres. Los que voy a escribir, me ha venido a la mente tras leer el artículo de Luis Vallecas, que, con toda generosidad, dirmó la liquidación de sua acciones, que tenían un valor de 6.000 euros (un millón de las antiguas pesetas)...

Desde que me hice de la obra en 1965 entregué todo el dinero que gané o me dieron mis padres para mis caprichos. Por ello, salí con una mano delante y otra detrás, pero con una diferencia. Mi padre, que era muy listo, observó que no me quedaba nada para mis caprichos. Sospechó que se lo entregaba al opus, como el decía y ahora digo yo. En consecuencia, empezó a cobrarme una cantidad de dinero en concepto de contribuir a los gastos del domicilio familiar y la comida.

Mi padre fijó una cantidad simbólica en concepto de contribuir al sostenimiento de la casa. Lo dije en el centro de la obra y me lo aceptaron. Desde ese momento, mensualmente entregaba ese dinero en mi domicilio. Mi progenitor que era muy listo, decidió voluntariamente invertir a mi nombre ese dinero en acciones de una importante empresa española de telecomunicaciones. Menos mal que no se enteraron en la obra. No lo hubieran permitido.

Cuando salí de la obra en octubre de 1998, una de las primeras cosas que me planteé fue buscar un apartamento en un lugar que me gustara para cuando llegara la jubilación profesional. Así lo hice. Pensé que una localidad de la costa del Mar Mediterráneo podía ser buena y escogí La Manga del Mar Menor. Hice balance del dinero del que disponía de mis padres. Fijé la cantidad y, mira por donde se cumplió el deseo. Tenía vistas al mar, la mayor parte del año gozaba de buena temperatura, debajo existía un garaje para aparcar y, además con ascesor, lo que era muy conveniente para mi madre, que entonces ya contaba 83 años. Lo mejor de todo era que disponía de suficiente dinero.

Todo el dinero que obtuve por el ejercicio de mi profesión periodística había ido a parar a la obra. Claro que tenía la suerte de la vista que tuvo mi padre, al invertirme en una compañía de telecomunicaciones. Fuera de lo que entregaba a mis padres y lo que sacaba para mis gastos corrientes (gasolina de coche, comidas, periódico, ropa y locomoción), no me quedé nada. Calculo que dos terceras partes de mi salario mensual se lo "comía" la prelatura. Ese dinero que entregaba en el centro de la obra se destinaba, en algunos casos, a "empresas de la obra que no tienen beneficios". Así se me indicaba anualmente a la hora de hacer la declaración de la renta de las personas físicas al Estado. Por ello, se me insistiía, no debía figurar en tal declaración.

La sorpresa vino cuando dejé la obra. No debieron enterarse en tales empresas y me citaron a una "reunión de accionistas" en un despacho de abogados --todos pertenecientes al opus, por supuesto-- para hacer balance del año anterior, que siempre resultaba negativo. Pues bien, en el papel de citación para la junta de accionistas se me indicaba que yo disponía de tantas acciones de inmobiliaria tal, y tantas de tal empresa y tantas de una casa de retiros que figuraba con otro nombre. No revelo los nombres, pero tengo guardado tal documento en una caja fuerte.

El valor de todo lo que tenía en acciones era --pasmaos-- 12 millones de las antiguas pesetas, hoy euros. Haced un cálculo si queréis, a 166,366 pesetas cada euro... Era rico, un rico accionista, también en el dinero que había entregado a la obra. ¡Qué iluso! El tiempo me hizo pisar más firme en la tierra. Al cabo de dos años de dejar de ir por el centro de la obra, no me han vuelto a citar a "la junta de accionistas". Eso sí, cuando era de la obra, anualmente se pedía mi firma para que alguien me representara en la "junta de accionistas". De un manera mecánica yo estampaba mi firma en aquel papel que me presentaba uno de los miembros del consejo local del centro. Después, miau, miau, que diría un gato. Cuando firmé la baja definitiva en la obra, el 20 de enero de 2000, el encargado de agregados de la delegación de Madrid Oeste, me anunció que me iba a llamar otro día para que firmara la liquidación de "mis acciones". Cada vez que me llamó posteriormente le salí con evasivas. No me ha vuelto a insistir. ¿Qué hubiera pasado si hubiera reclamado esos 12 millones de pesetas? ¿Me los hubiera dado la obra? Me inclino por decir que no me lo hubieran entregado, alegando miles de motivos, que sabemos que tienen. No he vueto a saber más. Os garantizo que no he vuelto a ser citado a "una junta de accionistas de inmobiliaria.. de X, Y o Z".

Cuando alguien de una congregación religiosa abandona le ayudan para salir adelante, durante un tiempo. No sé de nadie que haya dejado la obra y le hayan ayudado con dinero. Todo lo contrario. Pero el opus no es una congregación religiosa y, en consecuencia, no da dinero a nadie pues es una prelatura. Así sales de la obra con una mano delante y otra detrás. Eso sí, un "amigo" que así se decía me preguntó de dónde había salido mi dinero de la casa de La Manga del Mar Menor. Le respondí lo de mi padre que os he narrado. No me había quedado ningún dinero de la obra. Sin embargo, en los papeles figuraba "12 millones de pesetas". Vamos, "un rico accionista"... de las empresas de... Decid quién es el propietario.

Continuará


Publicado el Martes, 13 julio 2004



 
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