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 Recortes de prensa: Me cuidé de no escribir con odio. F. Quiroz.- Luis Felipe

010. Testimonios
Luis felipe :

Hola a tod@as: Aqui les envio el link de un articulo publicado en la revista colombiana, Cambio. En el articulo, el escritor colombiano da una pinceladas de su pasada experiencia en el Opus, la cual le sirvio para publicar su novela "Justos por pecadores".

 

Luis Felipe

 

 

Fuente: Cambio, Colombia

 

'Me cuidé de no escribir con odio': Fernando Quiroz

 

 

 

Foto: Felipe Tamayo / Cambio

 

CAMBIO: ¿Su novela Justos por pecadores es una forma de catarsis de sus años en el Opus Dei?

FERNANDO QUIROZ: Sí. Siempre tuve claro que algún día debía escribir sobre mi paso por el Opus Dei. Era el tema. Pero tuve que esperar más de 20 años para hacerlo...



¿Aguardaba cierta madurez como escritor antes de medírsele a contarlo?

Más que nada me cuidé de no escribir con rencor ni con odio, porque entonces habría escrito un panfleto. Y yo no quería escribir un panfleto sino una novela. Curado de los males -hasta donde uno cree que está curado de los males del Opus Dei-, cuando estuve seguro de que podía mirar los toros desde la barrera, decidí que ahora sí iba a escribir.

Es decir, ¿cuando se sintió en paz consigo mismo?

Sí. Aunque hace muchos años me siento en paz conmigo, es un proceso muy largo y muy difícil porque lo peor no son las heridas que deja el cilicio. Las peores son las que quedan en la cabeza: la culpa, la amenaza del infierno. Que a uno le hablen de esto fuera de contexto suena divertido, pero no lo es cuando a uno lo han trabajado sistemáticamente para eso desde la adolescencia. Superar esas heridas es muy doloroso.

El tema de la novela es la determinación del protagonista de salirse del Opus Dei, pero no reniega de la religión católica. ¿No siente ninguna molestia con la Iglesia?

Ninguna. Yo vengo de una familia profundamente católica y aunque no soy practicante y soy absolutamente liberal, no tengo líos con las religiones. Creo que muchas de ellas se las inventaron como un ejercicio de dominación, pero no tengo lío. Con el Opus Dei sí, porque le hace un daño tremendo al catolicismo.

¿Por qué terminó metido en el Opus Dei y cómo fue su proceso de deserción?

Ingresé a los 15 o 16 años, cuando estudiaba en el colegio Los Cerros, de Bogotá. Me invitaron primero a partidos de fútbol, a excursiones... Luego empecé a recibir todo lo demás en pequeñas dosis: las mortificaciones, los sacrificios, las prohibiciones. Es un lavado de cerebro perfectamente calculado. Si quería ser miembro numerario, como era mi deseo, debía renunciar a las mujeres y, por supuesto, al sexo. Yo renuncié a ambos y, según ellos, la mejor forma de luchar contra las tentaciones de la carne era el cilicio, que era necesario usar dos horas diarias.

Un día conocí a una niña de mi edad y me sentí tan culpable de haber hablado con ella y de haberle pedido el teléfono, que le conté a mi confesor. Me trató como si la hubiera violado. Entonces me pareció que había equivocado mi camino y que a lo que debía renunciar era al Opus Dei.

¿Tuvo algún obstáculo para renunciar?

Cuando empecé a dudar, un tipo me encerró en un cuarto y me dijo: "fíjate en fulanito de tal, que se salió, le dio cáncer y ahora su familia sufre mucho". Aberrante, ¿no? Me incomodé tanto que terminaron expulsándome, por una razón: me había convertido en un mal ejemplo para los demás. Eso sí, me advirtieron: "Acuérdate de que nuestro padre (Escrivá de Balaguer) no da ni cinco centavos por aquellos que renuncian a su obra".

¿El uso del cilicio era para alcanzar la santidad por medio del dolor?

No. A uno le decían que era una manera de mortificarse por los pecados de la humanidad, pero estoy convencido de que era, simplemente, un inhibidor sexual. Es una mortificación como el ayuno del viernes santo. Solo que el cilicio es algo que se practica no el viernes santo sino todos los días por dos horas. ¿Y por qué se practicaba? Lo dicen cuando uno ya está sometido: para redimir al mundo de los pecados del hombre. Pero en realidad uno descubre que todo eso lo hicieron para reemplazar el deseo sexual.

Al renunciar, a usted se le debieron desbaratar todas las creencias. Si todo eso resultó mentira, ¿cuál es la verdad?

Yo no busco dejar mensajes con mis novelas y en esta ocasión, menos. No me interesa dejar moralejas pero creo que todo está resumido en el epígrafe: "Para entrar en el cielo no es preciso morir".

Ahora que ha logrado una catarsis con esta novela, ¿puede que cambie en adelante su manera de escribir?

Solo en un aspecto: en que me interesa mucho más la introspección. Como este fue un ejercicio duro de introspección, aspiro en adelante a sentar a mis personajes en el diván durante un tiempo más largo.

¿Ha sido la novela más difícil?

Todo lo contrario: ha sido la más fácil, supongo que porque la historia estaba armadísima en la cabeza. La llevaba cocinando 20 años.

¿QUIÉN ES FERNANDO QUIROZ?

Autor de la  novela Justos por pecadores, segundo lugar del Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica.

Nacimiento:  Bogotá, 1964
Estudios: Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de La Sabana, en Bogotá.
Cargos: editor cultural de Semana y El Tiempo. Ha estado vinculado a Gatopardo, Soho y CAMBIO, donde es columnista.  Publicaciones: El reino que estaba para mí, Conversaciones con Álvaro Mutis (1993), En esas andaba cuando la vi (2002), Esto huele mal (2006) y Justos por pecadores (2008).
Pasatiempos: La gastronomía.




Publicado el Viernes, 06 junio 2008



 
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