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 Correos: El Director de mi Delegación.- José Antonio

020. Irse de la Obra
Jose_Antonio :

El Director de mi Delegación.

En mi entrada y mi salida del Opus del Señor tuvo cierta participación el Director de mi Delegación (cargo relevante reservado a un sacerdote). Además puedo decir que seguí su ejemplo a la entrada (entusiasmo, alegría, abrazos, etc.) y seguí su ejemplo a la salida (cerrarse al diálogo), como enseguida contaré.

Con motivo de mi petición de admisión en el Opus, y aprovechando que por aquellas fechas vino a mi centro, de visita, el Director de la Delegación, mi director me coaccionó santamente a que fuera a la salita de dirección y, "con espontaneidad", de esa que le sale a uno naturalmente cuando le obligan a ello, le comunicase al citado Director de la Delegación que yo era el último que había pedido la admisión en ese centro y que estaba muy contento.

Yo intenté resistirme argumentando que, lógicamente él ya lo sabría, que aquello era una pérdida de tiempo, que me daba reparo porque yo no lo conocía a ese señor, etc., etc., pero mi resistencia fue inútil. Tuve que claudicar y obedecer.

El Director de la Delegación, exultante de alegría, se abalanzó sobre mí y me abrazó efusivamente, tanto y de tan diversas maneras que casí me tira al suelo. Entretanto no paraba de decir palabras cariñosas entremezcladas con risas de alegría.

Hubo un momento que -no sé cómo pasó- me abrazó por el cuello con uno de sus brazos, por lo que, dado que él era algo más bajo que yo, tuve que agacharme para permitirle que me abrazase a plena satisfacción... y si no me besó en las mejillas poco faltaría... Aquello fue algo verdaderamente impresionante.

Y quedó ese recuerdo en mi memoria y en mi corazón como una referencia de lo mucho que la gente se quería dentro de la Obra.

Por eso, cuando me planteé la idea de irme del Opus, me acordé del Director de la Delegación, y pensé, por una parte, que estaba moralmente obligado a explicarle mi decisión, y por otra, que él comprendería mis excepcionales circunstancias.

Como estábamos a unos 1.000 kilómetros de distancia, según ya conté en otro correo (de 6-1-04), le escribí una carta abriéndole mi corazón y explicándole las razones por las que pensaba dejar la Obra y darle otro rumbo a mi vida...

Él no respondió.

Para mi sorpresa, en su lugar me respondió el vocal de San Miguel, excusando al sacerdote Director de la Delegación que, según me dijo, estaba de viaje.

La verdad es que ésto fue una verdadera sorpresa para mí. ¿Estaba de viaje?... Bueno... podría ser... pero... ¿tan largo era el viaje que no podía responderme a la vuelta del mismo?...

Esperé pacientemente una semana, pensando que cuando volviera del viaje me escribiría... Pero la semana pasó y tampoco me escribió.

Aún así no perdí la esperanza, y esperé su carta otra semana... Pero nada.

Pasadas esas dos semanas me convencí de que no iba a responderme.

Ésta actitud suya consolidó mi desconfianza en la Obra y mi idea de irme. Al mismo tiempo me sirvió de ejemplo como estrategia a seguir: No entrar en diálogo.

Desde luego tuve que hablar y quise explicar la situación al director local y al director de mi centro, porque ellos no querían que me fuera y yo seguía siendo una persona con educación y buenos modales, pero aquello no era diálogo, "ellos" tenían su planteamiento y, por fin, "yo" tenía el mío.

Yo tuve clara conciencia de que rechazar a la Obra no era rechazar a Dios.

En fin, otro día contaré más cosas sobre mi salida.

José Antonio.


Publicado el Lunes, 01 marzo 2004



 
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