Gracias a Dios, ¡nos fuimos!
OPUS DEI: ¿un CAMINO a ninguna parte?

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¿EL 'BUEN' PASTOR?

NACHO FERNANDEZ, ex agregado, 34 años en la obra

-El " Buen Pastor" (4-5-2004)
-La madre de sangre (6-5-2004)
-La sangría de los agregados (20-5-2004)
-No hay quien lo entienda (23-5-2004)
-Desaparecer de las publicaciones internas (26-5-2004)
-El truco (30-5-2004)
-El Opus destapa gays (31-5-2004)
-Estar dentro con el corazón fuera (1-6-2004)
-Automóvil para todos (4-6-2004)
-La guillotina (5-6-2004)
-Más, más dinero (7-6-2004)
-La pobreza del Mercedes (9-6-2004)
-Arrodillados ante el papel (10-6-2004)
-Resistirse a la reforma litúrgica (13-6-2004)
-El sacerdote misógino (15-6-2004)
-Una vieja aspiración (15-6-2004)
-Hacerte mayor (17-6-2004)
-La suerte de tener a tu madre (18-6-2004)
-Más sobre la Iglesia (19-6-2004)
-Una historia inventada (21-6-2004)
-Una casa que no es tu casa (22-6-2004)
-La toalla (23-6-2004)
-Vaya cara (25-6-2004)
-Calzador de dinosaurio (27-6-2004)
-Flores de plástico para Isidoro (28-6-2004)
-El "ejemplo" de un mayor (29-6-2004)
-El cadenal Herrera no autorizaba al Opus en Málaga (2-7-2004)
-El informe de los obispos (5-7-2004)
-Un pisito para perseverar (7-7-2004)
-¡Oh tío Santiago! (9-7-2004)
-Hinchar el pecho (11-7-2004)
-Los ricos accionistas (13-7-2004)
-Usar y tirar (16-7-2004)
-Los ojos de los directores (18-7-2004)
-Quiero ser monseñor (20-7-2004)
-Dulcísimo precepto (22-7-2004)
-Duces y cilicio (24-7-2004)
-El opus pierde 500 al año por fallecimiento (25-7-2004)
-Los catecismos agotados (3-8-2004)
-El hermano extraño (6-8-2004)
-El santo polivalente (9-8-2004)
-Miedo a los directores (16-8-2004)
-Las sombras dolientes (20-8-2004)
-Atraer a los populares (25-8-2004)
-Vocación de segunda (27-8-2004)
-El corazón y la cabeza (29-8-2004)
-Las velas de Torreciudad (1-9-2004)
-El control anual de la mente (3-9-2004)
-Un efímero cumpleaños a los 40 (10-9-2004)
-Como las bolas de jugar (19-9-2004)
-Supuestos pecadores graves (29-9-2004)
-El gheto de los agregados viudos (4-10-2004)
-La travesía del desierto (13-10-2004)
-El beso (17-10-2004)
-Medallero (22-10-2004)
-Malas notas (27-10-2004)
-Intención sine die (29-10-2004)
-Por sus estampas los conoceréis (1-11-2004)
-Paralelismos (5-11-2004)
-El ombligo del mundo (14-11-2004)
-El magnetofón del florero (19-11-2004)
-Irse sin nada (26-11-2004)
-El misterio de la embarazada (5-12-2004) Fin del escrito

 


MAS, MAS DINERO

El ansia de dinero que existe en la obra es inmensa. El fundador decía que se gasta lo que se deba aunque se deba lo que se gaste. Y eso es totalmente cierto. Que se lo digan a los administradores de las delegaciones de la obra. Suelen durar casi menos que un caramelo en la puerta de un colegio. Debe ser muy duro ocupar este puesto. Por experiencia sé que es uno de los que menos duran, pues deben coordinar, junto a otros cargos colegiados, la parte económica de todos los centros de una circunscripción o zona por ellos fijada.

Numerarios y agregados debíamos (yo ya no soy del opus) entregar totalmente nuestros sueldos cuando cobramos en nuestras empresas a final de mes. Debemos rellenar las llamadas hojas de la 'cuenta de gastos', donde aparecen todos los gastos ordinarios y las correspondientes cantidades que se nos han entregado para nuestras necesidades. No sé en numerarios, pero en agregados, se sacaba una cantidad para atender las necesidades de nuestras viviendas. Incluso se nos daba una charla en la que invariablemente se afirmaba que, si teníamos una necesidad o queríamos arreglar nuestra vivienda, la obra atendía a nuestra necesidad.

Esas buenas palabras en las que se indicaba que la obra atendía a nuestra necesidad en mi caso fueron nada más que eso, palabras. O lo que es lo mismo bla bla bla. Nunca pude atender a posibles obras en el domicilio de mis padres. Evito decir casa para que no se confunda con las palabras de la obra "es de casa" o "murió en casa", ésta última una frase que cada vez se aplicará menos, puesto que la "sangría" sigue. Eso sí, la edad media de los del opus cada día es mayor. Mi madre era viuda y pasamos juntos 19 años, antes de morir ella a los 85 años.

¿Qué necesidades tenía Nacho? Con la pensión de una viuda, que siempre ha trabajado en el domicilio familiar, no se podía atender a casi nada. Ella aprovechaba para escaparse a un bingo y charlas con las amigas. Yo la ayudaba. En algún momento un responsable de la obra me llegó a echar en cara de que como mi madre iba al bingo.... Claro ella tenía suerte y por eso podía hacerlo más a menudo. Pero en el opus se metían hasta en tu vida familiar. Mis necesidades eran cambiar las tuberías del agua, pues la casa ya tenía más de 30 años y había que reponerlas; pintar las paredes; cambiar la cocina, etc, etc. NUnca me ayudaron y eso que lo pedí.

Pero claro, estaba Nacho que tenía un buen sueldo. Nunca se me dijo no a las propuestas. Solo se respondía con frases equivalentes a las siguientes: "Has llegado tarde, plantéalo al año que viene"; "en estos momentos estamos por una mala situación, ya te diré"; "la obra es pobre y no tiene medios", etc. Otros de la obra que me he encontrado por la calle y les he contado el caso me han dicho que a ellos no les ha sucedido. ¡Qué casualidad! Solo a mi me ha sucedido. Seguro que hay más casos.

Uno de los momentos más duros que tuve que vivir se produjo cuando expuse en la charla fraterna que me hacía falta más dinero para poder sacar adelante mi vivienda. El celador o director espiritual sacó una hoja de papel y me empezó a preguntar las cosas más íntimas: cuánto pagábamos a la señora que ayudaba a mi madre en el domicilio; cuántas propiedades tenía mi madre; cuánto costaban los gastos generales del piso; cuánto podían costar las reposiciones de las cosas; cuánto pagábamos al portero; cuánto cobraba mi madre de pensión de viudedad. Dejó caer que mi madre iba al bingo. Pasmaos.!!!!!!

El celador empezó a hacer números, y al final llegó a la conclusión de que se me daba más dinero del que me correspondía. Os aclaro que lo que yo entregaba en el centro mensualmente era una cantidad grande, pero se me regateaba hasta lo más mínimo. Había que vivir el espíritu de pobreza, se nos decía. Que yo sepa, los padres no tienen por qué vivir la pobreza del opus de sus hijos, como los hijos no deben vivir la pobreza del opus de sus padres. Esto no se tiene en cuenta por parte de los directores. A ello se unía la falta de cariño hacia mis padres, a los que visitaron solo dos veces en los casi 34 años que estuve en la obra.

Por si faltaba poco, periódicamente se hacían campañas para recaudar fondos para la universidad de Navarra, tal colegio que se va a construir o para hacer un regalo al padre con motivo de su x aniversario o de su visita a España. Estuve en la segunda reunión de "amigos" de la universidad de Navarra en 1967 y os puedo decir que se hicieron muchos regalos al padre. Esto se repitió con los llamados "dos meses de catequesis" de 1972 . No sé dónde fueron a parar tantos regalos. Supongo que los distribuiría entre casas de la obra. Siempre más, más dinero. Había que pedir mucho para atender a las necesidades.

Cada vez que había campañas para recaudar fondos para una posible obra corporativa o centro de San Rafael, uno de los primeros puntos de mira eran nuestros padres y nuestras familias de sangre. Como para pedirle a mi madre que se desprendiera de sus ahorros en bolsa para satisfacer las ansias de dinero del opus. Se lo insinué alguna vez, pero ella nunca se prestó a eso. Hay que saber que en la obra se nos pedían cantidades muy altas y, en algunos casos, tuvimos que recortar nuestro tiempo de trabajo para intentar dar un "sablazo" a algún familiar o amigo nuestro. Incluso se nos llegó a decir en alguna de las campañas que no interesaban cantidades pequeñas, aunque fueran en miles de pesetas, pues las personas a que nos acercábamos tenían que ser generosas. Si una de las personas abordadas entregaba una elevada suma, inmediatamente se le hacía cooperador del opus dei. Para hacernos picar se nos decía que fulanito había entregado una cantidad muy importante. Es como el efecto del escaparate de las tiendas de lujo. Cuanto más bonitas estén, mas ansias te quedan de entrar a obtener eso. Los que nunca alcanzamos esos "generosos" nos considerábamos unos inútiles.

Recuerdo que una vez en un colegio que es obra corporativa en Madrid se invitaba a los padres a participar en la adquisición de un sagrario que se procuraba estuviera hecho con materiales de lujo, como oro o piedras preciosas. El enfocar la generosidad en la construcción del sagrario llevó a que fueran más las cantidades que se recaudaron que la que realmente costó. El resto sirvió para decorar con mármol el resto del oratorio. El sagrario tenía un atractivo que se reflejó en la generosidad. Una experiencia parecida es la que se contaba en algunas tertulias, en que se llegó a decir que los alumnos del Colegio Romano de la Santa Cruz se llegaron a "comer varios pianos" con el dinero recaudado con una campaña entre padres de los alumnos para dotar de este instrumento musical al Colegio Romano.

Las ansias de dinero de algunos no conocen límites. Existe un numerario en Madrid que está especializado en sacar dinero a viudas y personas que viven solas. Un amigo periodista me ha comentado que en Galicia existen casos parecidos: especialistas en obtener herencias. Cuando murió de repente uno de los supernumerarios del grupo que atendía, que tenía 82 años, ese "buscador" apareció en escena. Estaba en mi centro. Me preguntó quiénes eran las hermanas del fallecido. Se las señalé. No es broma, se fue inmediatamente como una flecha a hablar con ellas. Se da la circunstancia de que el supernumerario vivía en un piso de propiedad en una importante calle de Madrid. Al cabo del tiempo, un día me encontré por la calle al "buscador de herencias" y no me dijo nada después de aquella pregunta sobre las hermanas. Al poco rato, se produjo la casualidad de que estuve con una de ellas que me insinuó que alguna petición había existido.

Un agregado mayor de Madrid, que era hijo único, decidió dejar todos los bienes de su familia a la obra, incluido el domicilio familiar. Ahora vive en una residencia de agregados. Anda que cómo le entre la crisis de abandonar el opus... menuda se va a armar. No tengo noticias de que quiera dejarlo. Si me entero ya os lo comunicaré. A otro, le han pedido la herencia familiar y el ha decidido irse. Con tanto dinero, sí se pueden hacer obras corporativas. Que se lo digan a los "sableados" de los que he hablado.

Ya os lo he contado en otra ocasión. Ya sabeis que yo fui de los favorecidos a los que les tocó el segundo premio de la lotería de Navidad de España, al salir de la obra. La mano delante y la otra detrás en mí tuvo la suerte de que el dinero que había entregado a mis padres para pagarles el alojamiento y mantenimiento fue invertido en acciones de una compañía y con ello me pude comprar un piso en La Manga del Mar Menor (Murcia, España), en el que pienso pasar temporadas el día que me jubile en mi profesión. De momento, allí paso las vacaciones de verano y voy en otras épocas. Menos mal que salí de la obra. Si no, no me toca.


LA POBREZA DEL MERCEDES

Recientemente he leído en una página web que el fundador de un grupo religioso, no de origen español, acostumbra a ir en un coche (carro en América) de lujo cuando se desplaza dentro de cada país. Incluso tiene vehículos aparcados en los garajes de sus residencias, por si tal dignatario viene. Ha aconsejado a sus seguidores que le traten con un nombre con fuerte significación de otro idioma. Así es muy original.

El caso es calcado a otro fundador que firmaba 'Mariano' al principio de una publicación interna de la prelatura, o 'Josemaría'. Pues bien conocí a este fundador que usaba esos dos nombres, aunque para la posteridad se ha quedado con el de 'Josemaría', nombre único en la Iglesia Católica, para distinguirse de los demás. Por cierto, cuando todavía me encontraba dentro de la obra, se nos dio la indicación de que aconsejáramos a los supernumerarios y a las personas cercanas al opus que pusieran a sus hijos el nombre de 'Josemaría'. Así, poco a poco, se iba abriendo camino en la Iglesia. Si alguna vez oís hablar de un niño que se llama 'Josemaría' no será muy difícil saber de qué pie cojean sus padres o sus abuelos. Puede que en los colegios de Fomento de Centros de Enseñanza o en las obras corporativas de la prelatura sí sea frecuente.

Uno de los sitios en que conocí a 'Josemaría' fue en el colegio mayor Moncloa de Madrid en 1972, durante los denominados dentro del opus 'dos meses de catequesis' por España, que dió lugar a números extraordinarios de publicaciones internas para dar a conocer el mensaje del fundador. Sin embargo, lo que más se me quedó grabado fue su llegada a la citada residencia universitaria. Apareció allí en un coche marca 'Mercedes' de color vino de Burdeos, conducido por uno de los directores de la comisión (gobierno regional de varones) de España.

Aquello me llamó la atención. Ha pasado el tiempo y todavía lo tengo grabado en mi mente. Un 'Mercedes'. Pregunté a mis directores inmediatos sobre el origen de aquel lujo del fundador y se me respondió que había sido prestado por un cooperador. Miraba para mis adentros y me preguntaba si aquello era normal. No me lo pareció. Claro, había que callar. Llevaba siete años y por entonces estaba intentando hacer la 'fidelidad', la incorporación definitiva dentro de la obra.

Si ahora es raro que una persona posea un automóvil marca 'Mercedes', imaginaos entonces. Los coches habituales de la población eran los 'Seat 600', 'Seat 500', 'Seat 850', 'Renault Gordini', 'Renault Dauphine' y algunos otros que entran dentro de la denominación 'utilitarios'. Vamos, los de la gente sencilla o de la clase media que les cuesta salir adelante. Dentro de la obra, si deseabas tener un automóvil debías justificar que era necesario para tu profesión y que no chocaba con el nivel de tus compañeros y amigos. Todo muy claro.

Lo que no estaba tan claro es la utilización del 'Mercedes' por el fundador. No era un signo de pobreza. Todavía ahora, el otro día iba en un taxi y le pregunté al conductor qué le parecía el 'Mercedes' que iba delante. Me hizo ver que eso era para los ricos. En definitiva, un artículo de lujo. Sin embargo, 'Josemaría' llevaba su 'Mercedes'. ¿Sería para vestir más el puesto? En torno a esos años había conseguido el título de 'Marqués de Peralta'. Los marqueses que no están arruinados sí van en 'Mercedes'. Claro, como 'Josemaría era marqués ... se lo podía permitir.

Años antes, entre 1966 y 1971', yo pertenecí al centro de agregados jóvenes denominado 'Recoletos 5', que se distinguía del 'Recoletos 17', que eran agregados mayores. Yo iba allí a estudiar cada día. Si llegabas pronto, debías encender la calefacción individual. Periódicamente traían sacos de carbón para alimentar la caldera. Como no había dinero, encendíamos fuerte la caldera individual durante dos horas y así se mantenía el calor durante todo el día. Sin embargo, 'Josemaría poco después iba en coche 'Mercedes'. Era un ejemplo a seguir. Es una broma.

Los numerarios que nos atendían, Paco, Carlos y Oscar, vivían en una residencia en la calle Gurtubay, 5 en el barrio de Salamanca, por entonces uno de los de más alto nivel económico de Madrid. En algún momento, vivieron en Tajamar, una zona humilde. 'Recoletos,5 'era un centro sin residencia de numerarios. El oratorio solo se utilizaba los días de fiesta de la obra o de retiro y no tenía sagrario con el Santísimo de forma permanente. El cuadro que coronaba el oratorio era una reproducción de la Santísima Trinidad de Velázquez, que había sido pintado por Luis, un agregado que estudiaba por entonces la carrera de Bellas Artes. Todo era sencillo, menos el recuerdo del fundador en su 'Mercedes'.

Ese es uno de los recuerdos que me han quedado de 'Josemaría'. Se nos contaba que vivía muy bien la pobreza y disponía de una sola sotana remendada. Sí vivía muy bien la pobreza, pero había solicitado y obtenido el título nobiliario de 'Marqués de Peralta' , que costó dinero y luego cedió a su hermano, y cuando se desplazaba a España a algún sitio a "hacer correrías apostólicas", se servía de un coche de marca 'Mercedes'. Aclaro para todos que la Iglesia ha sentenciado que vivía las virtudes en grado heroico.

No me extraña que después de lo que he contado los dirigentes de los 'Legionarios de Cristo', a cuyo fundador aludo, y los del Opus se tengan entre sí celos e incluso éstos últimos hayan leído una nota, aclarando que de éstos ya no se puede hablar y les ha dado una denominación, parecida a la que internamente se emplea con la Compañía de Jesús de la que se dice que son "los de siempre". Otro día aclararé este punto.


ARRODILLADOS ANTE EL PAPEL

Algunas veces, se suele comentar en charlas de centros de personas veteranas en la obra que una vez el fundador, Josemaría, llamó la atención a los directores de la Comisión (organismo que rige el gobierno del opus) en España por el hecho de no haberle hecho caso en unas notas que les había enviado desde el Consejo General (Gobierno central en todo el mundo) de la obra. Esto hizo, así se cuenta, que el entonces presidente general (eran los años cincuenta o principios de los sesenta) se desplazara especialmente desde Roma para llamarles la atención.

Al llegar a España --así nos trasmitieron los directores a los agregados-- Escrivá, 'el padre' en el argot de la obra, les dijo que siempre que recibieran un escrito de gobierno suyo desde Roma leyeran de rodillas el papel, pues era voluntad de Dios, transmitida a través de quien el Todopoderoso había querido que fundase el opus dei. Hasta ahí queda el hecho. Es el pensamiento habitual que siempre viví en esta institución , aunque nunca se me pidió que leyera de rodillas un escrito del Padre que transmitía a otros de la obra.

Pocas veces un papel ha tenido un destino más noble: ser el emisario de la voluntad de Dios. Lo que me parece pasarse es llegar hasta el extremo de ponerse de rodillas porque lo decía "el padre". No se si alguna vez se ha llevado a efecto esta determinación, pero no cabe duda que fue una humillación, aunque luego dijeran que era "la voluntad de Dios" y que "hay que tener visión sobrenatural". En estos momentos que hace ya cinco años que abandoné la prelatura no me gustaría que me lo hubieran dicho.

Aquellos años, los finales de los cincuenta fueron fuertes. Abandonaron el opus algunos altos cargos de la obra en España, que cuando la canonización de Josemaría no quisieron hablar, aunque se reprodujeron en los periódicos algunos testimonios antiguos suyos. Eso les honra. No quisieron meter el dedo en la herida. Después me he enterado de algunos de sus nombres, pero como ellos no quisieron hablar, yo tampoco voy a revelar sus nombres.

Se observará la costumbre de Escrivá de utilizar la rodilla para los que tenía delante. En vida, cuando alguien del opus se le acercaba estaba previsto que hincara la rodilla para saludarle. Qué fuerte. Yo nunca lo hice, pues no estuve cerca del fundador. ¿Qué hubiera pasado si alguien se hubiera resistido? No lo sé. Seguramente, una bronca descomunal. Lo que es más grave es que esta misma costumbre continuó durante el tiempo en que Álvaro del Portillo estuvo al frente del opus y ahora con Javier Echebarría. Afortunadamente me he ido. ¿Cómo consentíamos eso? ¿Cómo Josemaría, del que dice la Iglesia que vivió las virtudes en grado heroico, permitió eso y se lo ha transmitido a sus sucesores?.

El Papa, sea el que sea, ya ha dejado de utilizar símbolos de la antigüedad. Ya no va en silla sostenida con los hombros de otras personas.. Es normal que vaya en un automóvil especial, en el 'papamovil', para saludar a la multitud que viene a verle. Lo que no es normal es que Escrivá, Portillo y Echebarría hayan utilizado un sistema que, en mi opinión, solo es propio de un Sucesor de San Pedro. Por mi trabajo de informador religioso y cultural no he visto a ningún alto responsable religioso, y conozco muchos,al que sus fieles le saluden con el sistema de hincar la rodilla. Se trata de sencillez, no de complicación, como hacen los del opus, que ya no saben cómo distinguirse de los demás.

Para que no me digan los "puristas" del opus que ante los reyes algunas damas hacen un ligero movimiento, les recuerdo que los reyes son señores temporales. Según sus teorías, el opus es una institución religiosa de la Iglesia Católica y, por lo tanto, no se pueden utilizar argumentos temporales. Mientras tanto solo me arrodillaré ante el Santísimo o si se me cae un papel y tengo que recogerlo.


RESISTIRSE A LA REFORMA LITÚRGICA

Escribí la carta al fundador del opus el 19 de marzo de 1965 en un piso de la calle General Oraa, 5 de Madrid (dependía del centro de estudios, que se encontraba entonces en Castellana, 50, mientras terminaban las obras de consolidación en Diego de León 14, hoy sede de la comisión regional o gobierno de la prelatura en España y del Colegio Mayor Montalbán, centro de estudios de la delegación de Madrid Este). Tenía yo entonces 20 años recién cumplidos. Quedaba poco para que terminara el Concilio Vaticano II y, aunque era joven, sí pude observar cómo se vivió este acontecimiento dentro de la institución fundada por Josemaría, que se consideraba un instrumento inepto de Dios.

En general puedo decir que la obra se ha resistido como gato panza arriba a la reforma litúrgica trazada como consecuencia del Concilio Vaticano II. En primer lugar, una vez terminó la reunión de los obispos de todo el mundo y se publicaron los documentos, se nos dijo que la obra se había adelantado en muchos años a lo tratado por el Concilio sobre la participación de los laicos dentro de la Iglesia Católica. Por aquel entonces era frecuente que nos pidieran dentro de la obra que rezáramos especialmente tal día, porque se iba a tratar de algo muy importante para la vida del entonces instituto secular, aunque al fundador no le gustaba esta clasificación desde hacía algunos años, en que otros se habían apuntado a ese tranvía o barca, como le gustaba decir a Josemaría.

Un acto que parecía prometer se produjo en la Universidad de Navarra, cuando el fundador ofició una misa para la segunda reunión de amigos de esta universidad obra corporativa del opus. La misa fue con altar cara al pueblo, cosa que les costó mucho vivir años más tarde, cuando en muchas iglesias y templos, los que éramos agregados, sabíamos lo que era eso. Se hicieron distintos intentos como colocar una especie de atril de metal para leer la Epístola y el Evangelio, pero el resto del tiempo el sacerdote permanecía de espaldas al pueblo. Solo cuando había una celebración pública o era un templo público regentado por sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz se aparentaba que eso se vivía en el opus.

Mientras tanto nos iban llegando noticias del fundador, en las que se nos hablaba de que lloraba por ver cómo se estaba aplicando la reforma litúrgica. En pequeños grupos se nos señalaba que el disgusto de Josemaría (el padre) era especialmente intenso contra monseñor Annibale Bugnini, por concentrar el ataque en alguien. Yo ya había comenzado a tener trato con todos los obispos españoles, debido a mi condición de informador religioso (hoy lo comparto con la información cultural en todos los campos). Esto provocó dentro de la obra un apoyo a su fundador y que los socios (entonces se nos llamaba así) expresaran su desacuerdo en conversaciones con los amigos o con otros fieles diocesanos. Este eclesiástico luego fue enviado como nuncio a Irán y estaba allí cuando se produjo el derrocamiento del Sha Reza Pahlevi.

Recuerdo que en publicaciones de la obra han salido palabras del fundador -hoy no tengo acceso a ellas, puesto que la dejé en octubre de 1998 y no pertenezco oficialmente a la prelatura desde el 20 de enero de 2000- en las que se indicaba que Josemaría, hoy canonizado por la Iglesia Católica, había recibido un permiso de alguien cercano a monseñor Bugnini, que le autorizó a seguir celebrado la misa de San Pío V. Eso sí, los custodes o acompañantes del padre, don Alvaro y Don Javier, ya oficiaban la misa del Concilio Vaticano II. Con el tiempo se ha visto, que había cuatro cánones para poder utilizar, pero en los templos y parroquias se utilizaba solo el más breve, que no incluye peticiones de los fieles, y en la obra, el que las incluye. Por entonces se nos hizo llegar a todos los centros una carta del fundador que, a diferencia de otras que quedaban en el despacho de dirección, la famosa carta de Josemaría sobre las tres campanadas, en la que mostraba su desacuerdo con la situación de la Iglesia. Pablo VI había recibido una vez al fundador y ya en mucho tiempo no volvió a celebrar una reunión de este tipo. Antes de eso, había bendecido el llamado Centro ELIS de Roma, que fue aprovechado por la prensa afín al opus con la famosa frase del Santo padre '"Tutto qua é Opus Dei". Un grupo de agregados de Madrid, y supongo que algunos numerarios, viajaron a Roma para participar de aquel acto.

Cuando en las iglesias de la calle se había comenzado a rezar la misa en lengua vernácula, dentro de la obra se seguía empleando el latín, lengua que no estaba prohibida en la reforma litúrgica, pero que se aconsejaba abrir las celebraciones religiosas a las lenguas propias de los países o territorios. Mientras tanto, cuando ibas a un retiro o a una misa en un curso de retiro o convivencia --esas son las oportunidades que teníamos los agregados de ver cómo se vivía la reforma litúrgica en el opus-- te dabas cuenta que las misas eran diferentes dentro y fuera de esa institución religiosa a la que nos habíamos incorporado por medio de una carta al padre.

Vayamos por partes. Cuando en iglesias públicas ya se rezaba toda la misa en lengua del país, en la obra se seguía empleando el latín, por lo que los participantes de tales misas debían emplear el misal para seguir la ceremonia. En la calle ya no se usaba el misal, pues se entendía todo. Sin embargo, se aconsejaba a los "socios" de la obra que llevaran sus misales. Así se hacían notar. Para mí era una falta de naturalidad, ya que si se hablaba de que no podíamos distinguirnos de los demás fieles de la Iglesia, nos hacíamos notar. También se produjo otro hecho de llamar la atención: se había autorizado que las mujeres no llevaran velo, mantillla o sombrero dentro de la Iglesia. Sin embargo, en un determinado momento, las mujeres de la obra aparecían en las iglesias con velo y con misal. "Muy bueno", diría un castizo. Una vez más, se distinguían los de la obra de los demás. Si quereis descubrir un sacerdote de la obra (incluidos los diocesanos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz) fijaros en los dedos de sus manos antes y después de la consagración de la misa. Una vez que se han pronunciado las palabras de la consagración, observaréis que quedan unidos los dedos que han sostenido la ostia, aunque puede que se haya suprimido últimamente. Esto fue establecido por el fundador con el fin de que no se pierda nada del cuerpo de Cristo. Ellos presumen de detalle de finura.

Los sacerdotes de las misas que se celebraban en las parroquias empezaron a quitarse el manípulo. Los de la obra tardaron en hacerlo. Los sacerdotes de las misas de las parroquias públicas dejaron de utilizar la campanilla. En la obra se siguió utilizando hasta muy tarde. En muchas iglesias públicas, no se hacía lavatorio de manos. Los de la obra, sí. Cuando en las iglesias públicas la celebración de toda la misa era en la lengua del país, en los centros de la obra solo se utilizaba la lengua propia en la Epístola y el Evangelio. Por supuesto que en los centros de la obra no había preces de los fieles, pero sí cuando ibas a oír misa en el exterior. Con el tiempo, se ha sustituido por una parte de las llamadas "preces" que rezan diariamente todos los miembros de la obra, sin utilizar las distintas fórmulas aprobadas por la Iglesia Católica. Al irme de la obra, en octubre de 1998, todavía se rezaban esa parte de las "preces". Eso sí en ceremonias públicas en iglesias como puedan ser la Basílica Pontificia de San Miguel de Madrid, encomendada a los sacerdotes del opus dei, esto se vivía. Sin embargo, en una pared aneja a este templo, en un centro de numerarios que le llaman 'Miranda' (está en la Plaza del Conde de Miranda), si se oficiaba la misa para los numerarios, entonces continuaban con las citadas "preces".

Es frecuente que en las parroquias o templos públicos los fieles que lo deseen puedan leer la Epístola o las preces de los fieles. Conozco muy pocos casos de gente de la obra que seguían esta invitación de la Iglesia. Incluso pasaba que a diario estuvieran un grupo de personas pertenecientes a la obra y que, aún asistiendo todos los días, ninguno de ellos colaboraba con el párroco o con el sacerdote oficiante en esta parte de la misa. Finalmente el celebrante se veía en la obligación de hacerlo él. Algunos de esos asistentes incluso me decían que así eran más laicos y no unos "meapilas", acusación que lanzaban contra otros que deseaban ser fieles a lo establecido por la Santa Sede y los obispos. Algunos sacerdotes agregados y supernumerarios de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz me hacían quejas de este tipo.

Al haber sido autorizados por la Conferencia Episcopal, con la aprobación de la Santa Sede, los fieles de las parroquias de la calle pueden comulgar indistintamente en la mano o en la boca. Sin embargo, a los fieles de la prelatura se aconseja solo comulgar en la boca. En los primeros tiempos, cuando ya losfieles de la calle comulgaban de pié, los del opus lo hacían de rodillas y muchos lo siguen haciendo. Está claro. Como dicen ellos, son iguales a los demás y no se "distinguen" de ellos.

Siempre he oído decir, con palabras del fundador, que el opus dei desea servir a la Iglesia como la Iglesia desea ser servida. He narrado unos hechos. ¿Esta es la forma como la Iglesia desea ser servida? De acuerdo que la Iglesia ha hecho mal al ir perdiendo el uso del latín que es una lengua muerta y que ahora está más que muerta. Pero eso no implica que haya existido un choque entre lo que se vivía dentro y lo que habitualmente experimentábamos agregados y supernumerarios fuera. En algunos momentos, me ha sorprendido la actitud de algunos numerarios del opus que se extrañaban de cosas cuando iban a una misa fuera de su residencia. Muchos de ellos me manifestaron que se "quedaban" con la misa que tenían dentro del centro, en el caso de que tuvieran que elegir.

Todos estos casos han hecho que en algunos centros eclesiásticos se haya hablado del opus como una "iglesia paralela". Con hechos como los que acabamos de describir, se puede llegar a esa conclusión. No hace falta tener muchas luces. Eso sí, los del opus dicen que ellos son los que realmente interpretan el espíritu del Concilio Vaticano II y no los demás, a los que acusan de no cumplir con las normas de la Iglesia. De acuerdo que existen algunos sacerdotes que se saltan las normas, pero unos pocos casos no pueden dar lugar la interpretación de que una mayoría no las cumplen. Como esto ya se hace largo, otro día continuaré con la "magnífica" unión que existe entre los fieles de la prelatura y el resto de la Iglesia.


EL SACERDOTE MISÓGINO


Existe en España un sacerdote numerario del opus cuyo nombre omito, que, casi desde que fue ordenado presbítero, se ha negado a predicar o confesar a las mujeres de la obra o a otras mujeres. Lo malo de todo es que hasta los directores le han permitido esta actitud, con lo que, cuando los restantes fieles de la prelatura se enteran, hacen comentarios entre sí, por lo extraña que es esta situación. En algún momento y en conversaciones privadas con personas mayores dentro de la obra ha llegado a reconocer esa situación.

Médico de profesión, parece como si nunca hubiera tratado con mujeres o ellas sean algo malo. No conozco ni una sola vez en que haya dicho que ha ido a un centro a predicar a "nuestras hermanas", como se dice dentro de la obra. Eso sí se dedicaba a tratar toreros, mientras ignoraba a las mujeres de la obra. Atendió en sus últimos momentos del matador Antonio Bienvenida, que era de la obra. Claro que también existen sacerdotes que se encuentran en el otro extremo: siempre han predicado a mujeres y echan en falta confesar y tratar con hombres. En este último caso no cabe decir que exista misoginia.

Tal sacerdote sigue la actitud de algunos de la obra que solo saben hablar mal de las mujeres y nunca se dirigen a ellas o a sus subordinadas les hacen la vida imposible para que su "coto" de trabajo no cuente con tentaciones de la carne. Sé del caso de un numerario que, siguiendo esta práctica, al final consigue que todas se alejen, con lo que se presenta más cómoda la situación para hacer apostolado y atraer posibles vocaciones de hombres a la obra.

Ayer, un compañero que fue supernumerario hace unos pocos años, me comentaba que siempre en la obra había observado una actitud de desprecio o de olvido hacia las mujeres, a las que se asignaba funciones de madres dentro del hogar, sin salir a trabajar a la calle para sostener a los suyos. Eso sí se elogiaba el papel de nuestras madres, mientras a las demás se las tenía por casquivanas, ignorantes, tontas o feas. Como si no pudieran ser tan competentes o más que los hombres.

En la mayoría de los ejemplos que se ponen entre los hombres de la obra, cuando uno deja la prelatura siempre es porque se casa con una mujer fea, que, a la larga, le termina mandando. Este es el caso que se suele contar en algunas convivencias de la zona de Andalucía, donde se explicaba que un supernumerario de la obra fue a visitar Sevilla, ciudad que desconocía. No encontró mejor guía que su cuñada, "que era fea" y le enseñó las zonas bonitas de la ciudad. Con el tiempo, se enamoró de su cuñada y abandonó a su mujer. Como siempre en los ejemplos de los hombres de la obra, una mujer fea había roto un matrimonio y había hecho perder la vocación a uno de la obra. ¡Qué casualidad!

Dentro de la obra se suele decir que "nuestras hermanas" se encuentran a mil kilómetros de distancia. Las mujeres que llevan las administraciones de los centros se dice que son maravillosas. Sin embargo, se les "condena" a un papel que no quieren hacer muchos de los numerarios, que, eso sí, en muchos casos no son capaces de limpiar los pelos de los sumideros de las duchas, una vez que han sido usados por ellos. De ahí que se produzca una actitud de machismo y misoginia. Si hubieran sido los hombres quienes hicieran esas funciones de servicio a las mujeres, veríamos lo que hubiera pasado. Claro, como el opus ha sido fundado así, las que permanecen dentro en muchos casos tienen que servir a los hombres y realizar tareas domésticas.

Una de las cosas que me chocó cuando pertenecía al opus fue que el fundador, Josemaría, decía que tenía hijos e hijas. Era el padre. Pero uno que es padre besa a los hijos y a las hijas, cosa que no se producía en Escrivá, que siempre besaba a los hombres. ¿Por qué esa diferencia de trato? Si se decía 'padre' tenía que admitir que los padres besan lo mismo a los hijos que a las hijas y no se tienen en cuenta consideraciones de la carne o de pecado contra el sexto mandamiento de la Ley de Dios. Francamente no entiendo cómo se pudo producir una situación así.

Desde que escribí la carta de incorporación al opus como agregado, siempre se me dijo que había que cuidar "la vista, la revista y la entrevista". Eso llevaba a no tener relaciones de amistad con mujeres. Una vez me armaron una buena bronca por decir que había viajado solo en un coche con una compañera, que, a su vez, era supernumeraria. En mi caso concreto, que solo tengo un hermano varón, solo podía besar a mi madre, pero no a la hermana de mi madre o a mis tías más lejanas. Esto llevó a que se extrañaran ellas desde el momento en que me hice del entonces instituto secular, pues no las besaba por consejo de los directores de la obra. "Qué raro se ha vuelto", comentaban a mi madre, que a su vez me preguntaba: "¿Qué te pasa?". Yo respondía con evasivas, pues no podía decir que me había hecho del opus dei.

¡Qué alegría en el momento en que salí del opus!. Se me acabaron esos problemas. Ya era uno más, pero habían pasado casi 34 años (estuve en la obra entre los 20 años recién cumplidos y los 53 largos). Poco a poco me voy serenando. Lo importante es disfrutar de la vida sin hacer cosas raras. Nunca fui hombre que le gustaran los papeles asignados. Pienso que ellos y ellas pueden aportar mucho dentro del hogar, y esto deben aprenderlo los numerarios y muchos agregados, aunque estos últimos tienen más experiencia de la vida.


UNA VIEJA ASPIRACIÓN

Cuando ya os había enviado mi artículo para hoy, esta mañana se ha hecho público que la Santa Sede ha nombrado a Jaume Pujol, sacerdote numerario del Opus Dei, como nuevo arzobispo de Tarragona, en lugar de monseñor Lluis Martínez Sistach, que pasa a ser el nuevo arzobispo de Barcelona. Por ello, al saber todos que soy periodista, me permito este breve comentario.

Desde que pité en la obra, oí frecuentemente a los demás de la obra que por qué no se habían realizado nombramientos de sacerdotes de la obra para estar al frente de las distintas diócesis españolas. En la época de Pablo VI, cuando el Sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano era monseñor Giovanni Benelli se atribuía a él la falta de nombramientos en este sentido. Sin embargo, por España pasaron distintos nuncios del Papa y por el Vaticano varios Papas sin que esto se produjera.

Monseñor Benelli luego fue arzobispo de Florencia y llegó al cardenalato. Durante un tiempo de su vida trabajó en la Nunciatura Apostólica de la Santa Sede en Madrid. Eran los tiempos inmediatamente posteriores a que el Nuncio del Papa en España fuera monseñor Ildebrando Antoniutti, que luego llegó al cardenalato, y que tenía como secretario a un sacerdote numerario del Opus Dei, Julio Atienza. Al ser muy estrecha la relación entre Nunciatura y Opus Dei hizo que monseñor Benelli no estuviera muy de acuerdo. Con el tiempo fue adquiriendo peso y dentro de la obra se habló que este sacerdote no quería. Luego se demostró que tuvo mucho peso con el Papa Pablo VI.

Dentro de la obra se hablaba entonces que si no se producían nombramientos de sacerdotes diocesanos pertenecientes a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz era porque monseñor Benelli lo impedía. También se le relacionaba con el hecho de que la intención especial --la solución jurídica de la obra-- no saliera. Por ello, el nombramiento de obispos era una vieja aspiración, pero se prefería que fueran sacerdotes diocesanos a que fueran sacerdotes propiamente de la prelatura, como son numerarios y coadjutores o agregados, pues están ordenados al servicio de la Iglesia, pero principalmente para la atención a los centros e instituciones del Opus Dei. De ahí que haya sido una sorpresa, en cierto modo, el nombramiento para la sede primada de Tarragona, aunque primada también se dice la de Toledo.

Con este nombramiento, en toda España existen dos arzobispos relacionados con el Opus Dei: el actual arzobispo de Burgos, monseñor Gil Hellín, agregado diocesano de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, y ahora monseñor Jaume Pujol, arzobispo de Tarragona, numerario. Por cierto, éste último tiene un hermano sacerdote diocesano de la diócesis de Urgell, Joan, que en su día estuvo al frente del secretariado de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social. No pertenecía a la obra ni a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz ni al Opus Dei.

En su día hubo en España algunos obispos que pertenecieron a la obra, aunque lo dejaron antes de ser ordenados obispos: el hoy arzobispo emérito de Barcelona, cardenal Ricard María Carles (fue el primer sacerdote agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz de Valencia), pero lo dejó y fue nombrado obispo de Tortosa; monseñor José Antonio Infantes Florido, obispo de Córdoba y antes de Canarias, que primero fue seglar numerario y luego agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz; monseñor Manuel Casares Hervás (fallecido), que fue obispo de Almería y que también fue agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz; monseñor Mauro Rubio Repullés, obispo de Salamanca (fallecido) que fue primero numerario, y al dejar la obra se ordenó sacerdote; y monseñor Jesús Domínguez Gómez (fallecido), que fue obispo de Cáceres y antes perteneció a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, aunque por por poco tiempo.


HACERTE MAYOR

Quede claro que el motivo de irte de la obra después de casi 34 años no es uno, son muchos. Yo ya empezaba a hacerme mayor y no acababa de ver claro el trato que iba a tener en el futuro. Deseaba cariño y la mayor parte de las veces no lo encontraba. Eso sí se hablaba y se recomendaba vivir la fraternidad con los demás de lo que llamaban "casa", pero observabas que muchos de ellos habían optado por una amistad con otros y tu te quedabas solo.

En mi caso, se unía la circunstancia de haber sido trasladado obligatoriamente a otro centro, pues el que teníamos, en la calle General Yagüe 5 de Madrid (nosotros estábamos en el piso quinto letra K y existía uno de numerarios jóvenes en el tercero letra E) se cerraba y así se el opus se ahorraba 200.000 pesetas mensuales de alquiler. Fue en 1996. Éramos quince agregados mayores y profesionales que pasamos a otros centros. Los numerarios del 'consejo local' residían en un piso de la calle Infanta Mercedes. Tuvo un gran impacto en la perseverancia de algunos de nosotros, pues tres decidimos abandonar la obra en el plazo de dos años.

Mi experiencia en el llamado 'piso K' no había sido del todo satisfactoria. Antes había llegado a aquel centro procedente de otro de Madrid, en la calle Monte Esquinza, que pedí el cambio, pues el director que tenía en la obra era uno de mis jefes dentro de mi trabajo. Un día tuve un problema laboral y discutí con él. Al llegar al centro, observé que esa misma tirantez existía allí. Inmediatamente fui a la delegación y lo conté. El resultado fue un inmediato cambio al 'K', que dependía de Infanta Mercedes (en la obra se le llama Lima, por estar cerca de la plaza del mismo nombre y del estadio Santiago Bernabéu).

Una de las experiencias de 'Lima' (está bien empleada la expresión) se produjo cuando, al igual que había sucedido en Monte Esquinza entré en la sala de estar y me senté. La televisión, cosa rara, estaba encendida. Un sacerdote contemplaba un partido de tenis. Se me ocurrió hacer un comentario y luego otro. El sacerdote, ya mayor, me dijo: "Fuera de aquí". Me resistí, pero me fui. Otro día volvió a suceder lo mismo con el citado sacerdote y también con un partido de tenis. Ese día el clérigo salió y se fue a buscar al director, hoy sacerdote en Chile, que inmediatamente me echó de allí, diciendo que no era mi sitio. Esa escena indica cómo algunos numerarios tratan a los agregados.

Otro día estaba en la sala de cooperadores, donde estaban las publicaciones internas. Otro numerario me echó de allí, asegurando que aquel lugar era de su habitación. Como ya había tenido la experiencia anterior me resistí y dije que no salía, que aquello era de todos los de la obra. En vista de ello no continuó. Eso sí, entre unos y otros hicieron que, a partir de entonces, cuando llegaba a Lima solo visitaba la sala de cooperadores o el oratorio. Si esperaba algo, me quedaba en el hall de entrada. En esa postura me quedé hasta que me fui de la obra. No quería problemas con los numerarios. Cuando escribo esto se me raja el corazón, pero pienso que lo debo decir.

Al llegar a 'Amaniel', otro centro situado en la calle Federico Rubio de Madrid, ya no tenía el buen ambiente del 'K'. Yo antes era el encargado de preparar las meriendas, pues se me da la cocina. Antes elaboraba tartas, pero aquí eso ya no existía. No me encontraba acogido. Para colmo, no me dieron ni las llaves. Mejor, así más tarde no tuve que devolverlas. Conmigo vino Jaime, pintor con un gran prestigio, que luego abandonó la obra, y Eustaquio, catedrático de instituto e ilusionista, que también se fue.

El centro 'Amaniel' no me acogió. Invitaba a la gente a llevarles a casa en mi automóvil, pero nunca lo conseguí. Siempre había un pretexto. A ello se unió lo que describí en el artículo titulado 'La madre de sangre'. No me encontraba acogido. Deseaba también hacer el llamado 'paseo semanal' que deben hacer los de la obra, pero todos encontraban un pretexto para evitarlo. Las puertas se iban cerrando poco a poco. Para colmo, avisé al director que estaba pensando irme, pero no me hizo caso. Ya lo conté anteriormente en "El 'Buen Pastor'".

Una manera de evadirse de mi situación eran las convivencias o cursos anuales de verano. Cuando te vas haciendo mayor el cuerpo empieza a fallar en determinadas cosas. Perdonad que sea tan claro. En el Colegio Mayor Ayete de San Sebastián, donde fui de convivencia en los últimos ocho años, se me asignó una habitación que estaba a unos 20 metros del primer cuarto de baño. Yo tenía 53 años y, por mi edad, me levantaba varias veces en la noche para orinar. ¿Sabéis que dormía poco por la noche, porque me costaba volver a reconciliar el sueño después de haber hecho esa "excursión"?

Durante los años que estuve en la obra, las "suites" con baño incorporado en la habitación solo eran para unos pocos. Yo ya pasaba de los 53 años, pero no había una habitación así para mí. En una situación parecida se encontraba Andrés, un alto cargo de la Xunta de Galicia (gobierno regional), que tenía una edad parecida a la mía y que se fue de la obra poco antes que yo, cuando ya llevaba dentro más de treinta años. He intentado ponerme en contacto con él, pero no lo he conseguido.

Allí en Ayete había otra peculiaridad. Dentro del colegio mayor existe una residencia de numerarios profesores de la Escuela de Ingenieros de San Sebastián, dependiente de la Universidad de Navarra, que atiende la labor de San Gabriel en un ala de la casa. Se nos decía en la obra que todos somos iguales y participamos del mismo puchero. Eso no es cierto. Durante las convivencias, los agregados no podíamos pisar la zona de esos numerarios. Se podía ir en línea recta la piscina, pero aquellos numerarios lo impedían. Si eras numerario de otra ciudad y pasabas por allí, sí podías pasar por su "vivienda", pero no los agregados. Vaya clasismo.

Ante esa prohibición, los agregados teníamos que salir al jardín y casi hacer una ese para poder acceder a la piscina. Y luego decían que en la obra todos eran iguales. Eso sí, se invitaban a las tertulias nuestras gente que venía de fuera y nos hacían propaganda para estudiar en la escuela de ingenieros. Nos habían tomado por tontos. Yo siempre comuniqué mi desacuerdo al director de la convivencia por esos hechos. Incluso hablé con uno de la delegación de Pamplona, pero no me hizo caso.

Llegó el día de abandonar la obra. Lo primero que me planteé buscar un piso para pasar los veranos y para cuando me jubilara. La experiencia de la obra había sido mala. Un agregado no tiene garantizada su atención en una residencia de agregados, como me lo dijeron. Eso se repitió con otros de la obra que han pasado por la misma situación después de muchos años de entrega. Uno de ellos, ya de 60 años, se fue instantáneamente del centro para no volver, ante la respuesta de que "la obra no es una agencia de colocación". Ya sabéis que encontré un piso. Soy feliz. Me he replanteado muchas cosas. Por lo menos vivo de mi sueldo y estoy ahorrando para mi vejez y mi jubilación. Ahora mis nuevos amigos sois vosotros y en especial Félix, uno que forma parte en estas páginas y que recuperé la amistad, al encontrarnos en un vagón de metro después de abandonar los dos. El está solo yo. Yo estoy solo. Son dos soledades juntas, con cada uno en su casa, y una amistad recuperada.


LA SUERTE DE TENER A TU MADRE


Confieso que tuve la suerte de vivir con mi madre hasta que ella tenía casi 86 años (iba a cumplirlos un mes después). Ella fue mi consejera, mi paño de lágrimas y mi todo en el trance de dejar la obra después de casi 34 años, tanto tiempo. Tengo viva en mi mente la imagen de ella, que me dejaba hablar y oía mi conversación, mientras una noche y otra tenía que despachar telefónicamente con distinta gente de la obra, que quería verme o dialogar ante el tiempo que pasaba y yo no aparecía por el centro de la obra. A ello se unían las llamadas al trabajo, cada tarde, lo que hizo que una de mis compañeras me preguntara qué me pasaba. La respondí la verdad y ella se quedó tranquila, a la vez que asentía con mi actitud. "Lo mejor que puedes hacer", comentaba.

En la obra se suele decir que ellos son tu "familia". En mi caso concreto no se notó para nada. O para casi nada. Eso sí no podíamos hablar de nuestros problemas con los que nos trajeron al mundo, que tenían demostrado que nos querían, mientras otros querían quitarles ese papel de amigos, confidentes y, sobre todo, padres. En mi caso solo quedaba mi madre, con la que viví solo con ella durante 19 años, desde que murió mi padre.

Leo testimonios en opuslibros.com de ex numerarios/as que han tenido muy difícil su salida, pues tenían a su lado personas que se autodenominaban "su familia", pero que la abandonaban tan pronto como sabían que se iba a ir de la obra, una traición para ellos, o declaraban su homosexualidad en la dirección espiritual, opción que para la obra parece ser el peor pecado y no merece la pena ni mantener a esas personas, que también requieren un trato de hijos de Dios. Eso sí dicen que el sexto mandamiento de la Ley de Dios es el sexto y, por lo tanto, no está en primer lugar. Pero ellos lo consideran el primero y de ahí que echen de la obra a quien se dice que es homosexual.

Pero me he desviado del primitivo camino de este artículo. La mayor parte de esos casi 34 años dentro del primero instituto secular, y luego prelatura, fueron de felicidad aunque con algunos intervalos de nubes negras, como todo en la vida. Pero con la experiencia de la madurez dentro, desde hacía diez años yo me estaba planteando la posibilidad de dejar el opus. Ella (mi madre) lo sabía todo. Fue una suerte tenerla conmigo en esas circunstancias.

He hablado con otros que fueron de la obra. A ellos no les fue tan bien. Es el caso de numerarios/as que volvieron a casa después de muchos años y, después de la separación a que se habían visto sometidos, la relación familiar ya no era de la misma manera. El colmo es el caso de esos que, siendo sus padres supernumerarios, no les acogen bien y les consideran como unos traidores, por lo que no pueden vivir en casa de sus progenitores.

Decía el fundador que la obra ayudaba a unir más a los hijos con sus familias. Este caso de numerarios que cito contradice totalmente esa teoría "tan bonita" que difundía Escrivá. Otras frases suyas se pueden comprobar y la solución final es la misma. Se habla en general, lo que en algunos casos es particular. Por eso, más vale no hacer generalizaciones, que luego la vida demuestra que no son ciertas.

Los que son agregados normalmente tienen mucha suerte en este campo. Claro que también puede suceder que papá y mamá también sean de la obra y, por lo tanto, se puede repetir el caso que antes decía de los numerarios. Pero no es lo normal. Lo que sí recuerdo es que algunos años abandonaban a la vez dos hermanos, que estaban en centros diferentes y los dos habían decidido empezar de nuevo e irse. Dos de los primeros casos que conocí fueron los de Lucio, antiguo alumno de Tajamar, que estaba conmigo en el centro 'Recoletos, 5' --han pasado más de treinta años y le recuerdo-- y su hermano que seguía en otro centro del mismo colegio. En el de General Oráa, 5, que fue donde pité, sucedió lo mismo con otros dos hermanos, Javier e Ignacio, pero este último, al cabo del tiempo, después de haber participado en los comienzos de la obra en Málaga.

Ahora me dirijo a los que os estáis planteando abandonar la obra. Salvo excepciones, contad en todo con vuestras familias. Son lo mejor que tenéis y ellos os oyen y desinteresadamente os dan consejos. Quieren lo mejor para vosotros, no los directores de la obra que se dicen tu "familia" y te mandan a un psiquiatra, también de la obra, por supuesto, que os dan unas pastillas y os destrozan el estómago y vuestra vida. Si tenéis dudas, id a un psiquiatra de la Seguridad Social o a uno que no tenga nada que ver con la obra. Ángeles me acuerdo de ti en estos momentos. Tu última carta demuestra esto. Estoy contigo. Ya te conté el caso de ese otro amigo mío que han intentado hacer lo mismo y se ha rebelado. Naturalmente que la médica de la Seguridad Social no encontró los síntomas del psiquiatra de la obra. Para comprobarlo, mi amigo iba acompañado del celador (laico director espiritual suyo), llamado Javier, que no quiso dar su brazo a torcer y al cabo del tiempo le volvió a pedir volver al psiquiatra de la obra.

Los padres son los que primero se dan cuenta "si te falta un tornillo", como dicen aquí en España, o te encuentras en una depresión. En especial las madres tiene un sentido distinto. ¿Qué sabrán los que quieren llevar a otros de la obra a los psiquiatras, mientras ellos no solucionan los problemas de estas personas? Me han dicho que mi colaboración de 'opuslibros' de ayer, 'Hacerse mayores', le ha puesto la piel de gallina a alguno/a. Lo siento, lo único que deseo es abrir los ojos a quien me lea y, si está dudando si entrar, se dé cuenta que lo que describo existe, como lo he podido comprobar en mi vida. Yo les daba todo y pedía un poco de cariño, pero no, casi no me lo daban. Les daba casi todo mi dinero y cuando pedía una cantidad para hacer un arreglo en mi casa, me respondían con evasivas o me echaban en cara que mi madre iba al bingo. Así es como nos quería esa "familia". Vaya ejemplo. Eso sí sus centros estaban decorados a la última de su gusto particular, que normalmente es un poco a la antigua.


MAS SOBRE LA IGLESIA


En mi escrito anterior titulado 'UNA VIEJA ASPIRACIÓN" hablaba de unos datos sobre las relaciones entre el Opus Dei y la jerarquía de la Iglesia Católica en España. Una vez pasados estos días después del nombramiento del primer sacerdote numerario de la obra que llega a estar al frente de una diócesis española (monseñor Jaume Pujol, nuevo arzobispo de Tarragona) estoy en condiciones de decir no solo que influyó monseñor Giovanni Benelli, en la falta de nombramiento como obispos de sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz sino otras instituciones de la Iglesia.

Vayamos por partes. En los últimos años del gobierno del general Franco en España hubo un personaje eclesiástico que tuvo mucha influencia en la Conferencia Episcopal y en el conjunto de la Iglesia. Era el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, más conocido como 'Cardenal Tarancón" (así firmaba). Pues bien, con la llegada del Nuncio del Papa en España, monseñor Luigi Dadaglio, y tras la marcha de monseñor Benelli, las cosas cambiaron en España en cuanto a nombramiento de obispos. Eran los tiempos inmediatamente posteriores a la terminación del Concilio Vaticano II.

Os aclaro que los sacerdotes diocesanos agregados y supernumerarios pertenecientes a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz tienen como superior a su obispo, teniendo su dirección espiritual en la obra. En caso de duda de obediencia deben obedecer a su obispo. Sin embargo, los sacerdotes numerarios y agregados o coadjutores (los que pitaron de agregados y luego se ordenaron en la Prelatura) tienen como superior al obispo prelado, al que se denomina "padre" dentro del Opus Dei.

A partir de un determinado momento, se dijo que los obispos nombrados eran "taranconianos". Muchos de los designados aún quedan. En estos años están dimitiendo con motivo de cumplir los 75 años, edad fijada por el Código de Derecho Canónico para que los obispos pongan su cargo a disposición del Papa, el cual se lo puede aceptar en cualquier momento. El cardenal Carles (antiguo sacerdote perteneciente a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz), hasta ahora arzobispo de Barcelona, ha tardado casi tres años en ser relevado por razón de edad, pero otros obispos llegaron a tardar hasta dos días en que se produjera el cambio. Prefiero no dar nombres.

Para que un sacerdote sea nombrado obispo hace falta el informe confidencial favorable de su obispo. En el caso concreto del cardenal Tarancón y la mayor parte de los obispos de entonces no deseaban que alcanzaran el rango episcopal los sacerdotes numerarios o agregados de la obra (también pertenecen a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz) o los agregados y supernumerarios de la Sociedad de la Santa Cruz. Tal hecho extrañaba dentro de la Obra, cuyos directores no entendían que habiendo nacido el opus en España no contara con obispos en este país. Sin embargo, el cardenal Tarancón fue claro: no quería obispos de la obra.

Por ello, era "una vieja aspiración" de la obra que se nombrara obispos a sus sacerdotes, sobre todo a los diocesanos, ya que tienen una alta representación en la mayor parte de las diócesis españolas. A título de ejemplo os indico que en Madrid existen tres centros de sacerdotes diocesanos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz en las calles Mayor, 81, Lepanto y Luis de Salazar. Incluso en algunos momentos se habló de "obispables" como el sacerdote numerario Gonzalo Lobo (se le presentó como candidato a Sevilla, pero fue retirado tras una filtración periodística) y el agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz Evencio Cófreces, deán de la Catedral de Toledo, fallecido hace un año, a consecuencia de un fallo renal. Este último sacerdote era el que atendía a los de la obra que vivían en la llamada 'Ciudad Imperial' o "de las tres culturas" (judíos, cristianos y musulmanes).

Durante el tiempo que el cardenal Marcelo González Martín estuvo al frente de la diócesis de Toledo, varios de sus sacerdotes fueron nombrados obispos. Entre ellos se encuentran el que fue su vicario general, Rafael Palmero, hoy obispo de Palencia, y Juan García Santa Cruz, que fue vicario, y hoy es obispo de Guadix-Baza. Este último hay que añadirle a los que fueron primero de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, luego lo dejaron y finalmente fueron nombrados obispos. Es el mismo caso de Jaume Camprodón, obispo emérito de Girona, que también perteneció a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y que no figuraba en mi lista anterior.

Actualmente existen candidatos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz que en el futuro podrían ser nombrados obispos: los directores de los secretariados de Misiones y de Medios de Comunicación Social, Anastasio Gil y José María Gil Tamayo, respectivamente; y el vicesecretario de la subcomisión de Familia y Defensa de la Vida, José Miguel Granados. Este último fue chico de San Rafael, sin llegar a pitar, y posteriormente estudió en la facultad de Teología de Pamplona e ingresó en el seminario de Madrid, donde fue ordenado sacerdote.

Existen algunos obispos españoles que son muy simpatizantes de la obra. Es el caso del arzobispo de Valencia, Agustín García Gasco, que tiene como secretario a Antonio Corbi, sacerdote de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, y el obispo de Segorbe-Castellón, Juan Antonio Reig, presidente de la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal. En algunos obispados, existían sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, pero no han perseverado.


LA BURBUJA DE LOS HIJOS


Todos los padres desean para sus hijos lo mejor y facilitan los medios para que el día de mañana sean unos hombres de provecho. "Con lo mal que está el ambiente", algunos matrimonios de supernumerarios, desde la más tierna infancia, envían a sus descendientes a los clubes juveniles de la obra o relacionados con la obra para que reciban el buen alimento de la doctrina que ellos consideran la mejor, la del opus, que se autoproclama seguir fielmente la de la Iglesia.

Pues bien, para mí, que los supernumerarios envíen a sus hijos a los clubes juveniles de la obra lo único que hace es que los menores de edad se vayan convirtiendo poco a poco en una especie de niños burbuja que están "bien alimentados" dentro de la obra, pero que no pueden salir al exterior, porque vienen los virus y las enfermedades y corren el riesgo de contaminarse y tirar por la borda la ilusión de sus padres.

Existen otros medios de "estar en medio del mundo sin ser mundanos" , como le gustaba decir al fundador, sin necesidad de recurrir al consabido club juvenil del opus, donde todo es muy bonito y, cuando se sale a la calle, aquélla teoría que explicaban a los menores se demuestra que es falsa y no pisa la realidad. Así el menor se encuentra desarmado y, por mucha doctrina que haya recibido, si en casa no ha visto el mundo a través de la televisión o no se ha puesto en contacto hijos de familias que pasan dificultades, esas situaciones tan idílicas de los matrimonios de los supernumerarios son solo eso, una fábula o una situación imaginaria que no sabe que la realidad es otra.

No hace mucho, un amigo mío, que había dejado la obra, visitaba la casa de uno de esos matrimonios de supernumerarios con muchos hijos. El mayor interrumpió la conversación para decir, ante aquella persona, que tal día cumplía los catorce años y medio, edad de partida fijada por la obra para incorporarse como aspirantes, y en consecuencia, iba a escribir la carta para en el futuro ser un numerario. Claro, papá y mamá se mostraron muy complacidos de que su niño ya hubiera tomado tal decisión de ser de la obra. ¿Es esa una edad lógica para tomar una decisión tan importante que afecta a su vida?

El matrimonio de supernumerarios al que me refiero ha instalado a sus hijos en "una burbuja". En casa reciben la doctrina cristiana con la palabra y con el ejemplo de sus padres. Cuando terminan las clases del colegio, por supuesto obra corporativa o de Fomento de Centro de Enseñanza, que es prácticamente lo mismo, acuden a un club juvenil del opus. Así se pasan todo el día hablando de lo mismo. Vamos, la cosa más amena que una mente calenturienta se puede imaginar. Si en el colegio hablaban con el sacerdote, que siempre vestía de negro y con alzacuello, luego cuando llegan al club juvenil vuelven a experimentar lo mismo, con sotana y alzazuello. Todo está envuelto en una burbuja. Eso sí, muy cuidada, para que los malos vientos y las tempestades no le afecten.

Por si había poco, dentro del opus se ha inventado una nueva cosa que añadir a la burbuja: lo que en Torreciudad se llaman "Los Tozalitos", una especie de apartamentos donde acuden las familias en verano y que han sido promovidas por los mismos que el santuario de Torreciudad. Muy recomendable. Los niños no padecerán "las enfermedades" de las desnudeces de las playas, ni se dejarán guiar por los malos ejemplos de los jóvenes que acuden cada noche a divertirse y a pasarlo bien. Eso sí van a rezar a la Virgen que apoya la prelatura y así su alma no está contaminada.

Se solía cantar en algunas convivencias de la obra una canción. Yo la oí por primera vez en el Colegio Mayor Moncloa de Madrid. La letra de la melodía decía más o menos: "Cómo está el mundo, señor Macario, como está el mundo qué atrocidad. Con tanto cine, con tanta radio, vamos pa'lante, vamos pa trás". Pues bien, aunque parezca broma, esta es la mentalidad que existe en algunas personas de la obra. Solo saben lamentarse y no saben aprovechar lo bueno que hay en cada situación. El fundador invitó en su homilía de campus de la universidad de Navarra de 1967 a descubrir lo divino que existía en las cosas más sencillas. En estos casos, no se ve que lo vivan los de la obra, y no me refiero a situaciones de pecado.

Desde que me hice de la obra, se me prohibió acudir a las playas, pues te ponías en ocasión de pecado y eso ya era pecado mortal, por lo que tenías que confesarte, se me decía por parte de los directores de la obra. Un día, coincidiendo que estaba en San Sebastián, en el País Vasco, cuando vi delante del Colegio Mayor a un obispo, hombre preclaro de la Iglesia. Como por mi trabajo conozco a muchos personajes eclesiásticos, este no era diferente, y me puse a hablar con él.

Al cabo de pocos días, quedé con el obispo para una excursión o marcha por los montes que rodean la ciudad. Tuvimos oportunidad de hablar largo y tendido. Salió a la conversación el caso de las playas y, claro, le expuse lo que me recomendaban en la obra: no se podía ir a la playa, pues era ocasión de ponerse en riesgo de pecado mortal, si acudíamos teníamos que ir a lugares solitarios. Pues bien, este obispo, cuyo nombre prefiero no decir, pues no le he consultado, se bañaba diariamente en una de las playas principales de San Sebastián, la llamada 'La Concha' (en Argentina suena muy mal este nombre). El no tenía remordimientos de conciencia por ir diariamente a este lugar. Deseo aclarar que él se bañaba a primera hora de la mañana y luego volvía a su casa. Me dejó claro que ir a playas como ésta, donde todo el mundo va con su bañador, no es pecado. ¡Qué diferente en un caso y en el otro!.

Está claro que los supernumerarios que van a "Los Tozalitos" lo hacen en virtud de su libertad y aconsejados por sus directores. Me parece muy bien. Cada uno escoge lo que quiere: monte o playa, acampada o pasear por la ciudad o localidad donde se vive, pues no se ha ahorrado suficiente para viajar a otro sitio. Allá cada uno. La falta de descanso luego repercutirá en lo que ocurra después. Una de las consignas que recibí durante los más de 25 años que fui encargado de grupos de supernumerarios fue que éstos no fueran a las playas. De ahí lo que existe en torno a Torreciudad.

La historia que comencé a contar no ha terminado. Se de varios matrimonios de supernumerarios que, llegados sus hijos a los catorce años y medio, han pitado. Más tarde, cuando pita el cuarto hijo, el primero decide irse de la obra, y cuando lo hace el quinto, se va el segundo y así todos, o casi todos. Al final quedan pocos que continúen en la obra. Se de varios matrimonios que esto les ha sucedido. Claro, al llegar a la universidad, ese burbuja se ha roto. El mundo era diferente a como nos lo presentaban. Había amigos que no creían y, por supuesto, cuando el joven numerario se acercaba a ellos y les invitaba a alguna actividad, el primer día van, pero luego dejan de ir, por entender que les pueden "pescar" y le señalan como "el del opus". Como el niño había vivido en los paraísos de los colegios relacionados con la obra, los clubes juveniles y "Los Tozalitos" no tenía defensas y consideró que lo mejor era vivir la vida de una manera real, no como se la presentaban en el centro, en su colegio o en su familia, donde estaba prohibido encender el televisor.

Si siguen las cosas así como he descrito, una base importante del futuro de la obra se habrá fracasado. Ellos (los del opus) te dicen que tengas más visión sobrenatural. Sinceramente entre lo que pensaba durante los casi 34 años que fui de la obra y ahora, me quedo como soy actualmente. Por lo menos piso la realidad.

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Gracias a Dios, ¡nos fuimos!
OPUS DEI: ¿un CAMINO a ninguna parte?