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100. Aspectos sociológicos
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Opus Dei, La Obra de Dios, la parte del diablo

 

Centre de Formation et de Perfectionnament de Journalistes

Magazine Mythes & Secrets Février 2005

Autores: Guillaume Barou y Xavier Monnier.

El texto original en francés, en formato PDF

Traducido por Sonsoles y Claire Fischer

 

Organización secreta y poderosa para Dan Brown, el Opus Dei se parece en Francia a una comunidad religiosa con costumbres peculiares y una influencia limitada.

 

Un discreto rótulo emerge en la bruma que cubre Couvrelles: “Escuela hotelera de Dosnon”. En el castillo de este pueblecito de l’ Aisne, alrededor de 15 jovencitas preparan un CAP de hostelería. No hay un solo bar o café a menos de 15 Km.: un caserón retirado ideal para concentrarse. Y habitantes poco curiosos. “ Es un sitio de curas, no nos mezclamos” suelta una lugareña. La escuela hotelera dispones en efecto de una capellanía, la única en Francia llevada por el Opus Dei, el movimiento católico tan controvertido fundado en 1928 por  José María Escriva, un sacerdote español (ver nota posterior).

 

Legalmente el establecimiento no es una escuela confesional, “algunas alumnas y profesores no son católicos o no practican” asegura Claire de Segonzac, la directora. “El Opus Dei no tiene aquí más que un lugar residual”, se acelera a añadir. Un lugar que se limita a las cruces en las clases y los dormitorios de las internas, a los retratos de San José María Escriva de Balaguer en el oratorio y a ciertas recomendaciones al equipo de profesores:” No criticar la Iglesia, el Papa o el Opus Dei durante las clases. O explicar cuando se estudia a Voltaire o Rousseau, que ellos criticaban a la Iglesia sin conocerla de verdad” explica Claire de Segonzac. “La coherencia del proyecto pedagógico de la escuela” está asegurada por la directora y la secretaria, casualmente numerarias de la Obra como sus predecesoras...



Un movimiento revolucionario

 

El edificio está alquilado a una sociedad inmobiliaria, la Sociedad anónima de inversiones para el desarrollo cultural (Saidec), cuyos estatutos fueron registrados al principio de los años 60. El 13 de marzo de 1964, compra a la familia Dupisson el castillo Luis XIII de Couvrelles por 555 000 francos.

Entre los miembros fundadores están Agustín Romero, domiciliado en el número 6 de la calle Dufrenoy en Paris y François Gondrand. Todavía accionariado de la entidad, éste último vive a partir de entonces en la dirección del señor Romero: Un edificio privado del distrito 16. Una pequeña placa dorada sobre el timbre precisa: “Prelatura del Opus Dei”.

 

Es allí, en un salón espacioso, donde el antiguo portavoz de la Obra recibe a los periodistas y responde a sus preguntas. No, la Saidec no es verdaderamente una sociedad del Opus Dei. “ Es una sociedad inmobiliaria que remunera a sus accionistas como cualquier sociedad”. Argumenta el señor Gondrand. Además un “comisario de cuentas internas”, miembro de la prelatura, vela por su buena salud financiera.  Además él vigila la buena gestión de las cuentas de la sociedad universitaria y técnica (Acut), que gestiona la Escuela de Dosnon y uno de los numerosos centros del movimiento en Francia: el centro Garnelles.

 

Este último se encuentra en la calle Jean Nicot en el distrito 7 de París. El rito allí es inmutable: Piadosamente arrodillados, pantalones de pinzas y jersey de lana sobre una camisa, rezan en silencio. Son una treintena de estudiantes y jóvenes profesionales que dos veces por semana se dedican a esta “meditación espiritual” dirigida por un sacerdote del Opus Dei.

 

Al fin del acto, se divierten delante de unas cervezas antes de la cena todos juntos a las 8 en punto. Siguen “el Camino” trazado por Escriva y sus enseñanzas: un catolicismo integrista, fiel “al 100%” a la fe y a la moral dictadas por el Vaticano “desde el  pecado original hasta las costumbres actuales”, precisa Arnaud Gency, director del centro y director de la oficina de prensa del Opus en Francia.

 

Ninguna casa sin dueño

 

Sus miembros buscan” la santificación por el trabajo”, una visión realmente revolucionaria en la Iglesia católica, se entusiasma el portavoz. El movimiento fue el primero en abrir las vías de santidad a los que no son religiosos pues el mensaje de la Obra se dirige esencialmente a los laicos (98% de los miembros).

 

Son casi 2000 en Francia, sobre todo de las clases acomodadas. Numerarios o supernumerarios (ver vocabulario) las dos categorías resultan de un “único fenómeno vocacional” según sus constituciones.

Todos disponen de un “plan de vida”, un director espiritual les ayuda a respetar ese balizamiento destinado a acercarles a Dios. Después del trabajo, el empleo del tiempo de los miembros está destinado a tareas diversas, rezos continuos y ritos. Todas las semanas confesión con un sacerdote de la prelatura preferentemente, “orientación espiritual” cada 15 días con uno de los directores. Todo está balizado, previsto, dirigido. “hace falta mucha obediencia al  director y mucha docilidad a la gracia” martilleaba Escriva.

Nada de casas sin dueño. Cuando yo me voy  3 días, voy a ver al  director del centro como iría a ver a mi padre o a mi madre” confía, como una evidencia, Xavier, un elegante numerario de 51 años. “Si quiero hacer un gasto extraordinario- como un traje o zapatos-  lo consulto” añade. Si él se comporta de forma inadecuada, recibirá la “corrección fraterna” una franca invitación a reencontrar el camino verdadero, realizada por sus hermanos. “El fundador quería que el cristianismo impregne de tal forma la vida de los miembros que eso modifica las relaciones humanas” insiste François Gondrand.

Para recristianizar la sociedad, los miembros se dedican al “apostolado por irradiación”, según la bonita frase de Arnaud Gency. Se trata de llevar por la intimidad “con amistad y confidencia” detalla Xavier, familia, amigos o compañeros de trabajo a acercarse al cristianismo, a plantearse formar parte del Opus Dei, una evangelización intensa que el numerario no duda en llamar proselitismo: “si tengo 5 amigos yo tengo una preocupación apostólica por todos ellos”.

 

Bendito sea el dolor

 

En esta vida dedicada a Cristo y a la alabanza de San José María, se debe hacer hueco a la mortificación “No hay virtud sin mortificación” proclamaba Escriva. En el  Código Da Vinci de Dan Brown, Silas, numerario y monje albino, se flagela la espalda hasta que su sangre ensucia el suelo. Si el personaje es grotesco (no hay monjes en el Opus Dei) estas prácticas no son invenciones.

Algunos miembros llevan ocasionalmente cilicio, una cincha de cuero adornado por trozos de metal cortante, de la manera del Opus Dei: en el muslo. Otros pueden usar la tradicional disciplina, una especie de cuerda con la cual se golpean la espalda. La mayor parte de las penitencias del Opus son menos extremas: no ponerse azúcar en el café, una silla menos cómoda, un día sin fumar…”bendito sea el dolor” enseñaba Josemaría Escriva. Pero “no hagas penitencia por encima de lo que te permita tu director” añadía.

Los centros ocupan un lugar esencial en la propagación de la palabra opusiana. Lugar de vida de los numerarios, estos edificios privados están en barrios acomodados. Garnelles en Paris en el quaie d’Orsay, Castelviel en Marsella próximo a la calle Paradis. Una pompa que no emociona apenas a los miembros. Que hay más normal que “tener ganas de estar a gusto en su propia casa” sonríe Stéphanie, chispeante supernumeraria de 28 años.

Y recibir bien: charlas, retiros, meditaciones y cenas son organizadas allí por los miembros de la prelatura. También numerosas actividades menos litúrgicas: residencias de estudiantes, retiros espirituales, encuentros deportivos, centros de tiempo libre y campamentos de vacaciones para los más jóvenes, pero ninguna acción caritativa se ha puesto en marcha:”es humano no valorar lo que cuesta poco. Por eso yo te aconsejo el apostolado de no dar” predicaba el fundador. Se pone el acento en la formación, el aprendizaje, el trabajo santificante. Estas actividades necesitan financiación que el Opus Dei, asociación de culto no puede tener.

 

Testamento y legados

 

Por eso los centros son gestionados por asociaciones de la ley 1901 con nombres neutros (Acut, asociación Touret…), dirigidas por numerarios o supernumerarios. No pueden tener beneficios, pueden adquirir bienes o alquilar edificios. Lo más habitual con sociedades anónimas ligadas a la prelatura, como es el caso de la Saidec. “Esto permite responsabilizar a los miembros. Si una asociación tiene un problema financiero, el Opus no tiene nada que ver con el asunto”  detalla Pascal Crépet, numerario de Catelviel, presidente de la asociación que lleva la gestión.

Este complejo sistema en tres niveles debe proteger a la Obra de posibles malversaciones y dejarla libre de un rumor persistente: el Opus Dei tendría acumulado una fortuna gigantesca.

 

Entre una bocanada de cigarrillo y un trago de Martini, Stéphanie se divierte con esos rumores. La joven profesora de letras prefiere poner el acento en “las personas que trabajan para mejorar la vida de los numerarios que viven en cada centro”.  Las donaciones de numerosos cooperadores permiten  a la prelatura vivir y ejercer su misión de apostolado. La parte más importante viene de los numerarios y supernumerarios que entregan generosamente una parte de su sueldo. “cada uno da lo que quiere, sin ninguna obligación, pero es legítimo hacer un gesto cuando uno se embarca en un proyecto apostólico” justifica Estéphanie. En la práctica, los numerarios entregan la casi totalidad de sus recursos, a menudo su entrega sobrepasa a la muerte. Por vía de los testamentos, los legados a la Obra son numerosos. Es una cuestión de “coherencia”, dice François Gondrand.” Lo que se les manda es despegarse de la vida material, sin tener apego a sus allegados” expone. El todo en “la total libertad” que caracteriza al movimiento. “se les aconseja simplemente a que asociaciones hacer sus donaciones” suelta negligentemente.

Los miembros del Opus Dei, al entrar, lo aceptan libremente: finanzas, apostolado, enseñanza, toda su vida está guiada por la Obra. Nada escapa al bienestar controlado que preside el camino de la santidad.

Guillaume Barou y Xavier Monnier.

 

El Opus Dei en el mundo

 

Lejos de Cristo, lejos del corazón. Tal podría ser la divisa de la Obra fundada por José María Escriva (19002-1975) una tarde de octubre de 1928 en Madrid.

Un mensaje, inspirado por Dios, dirigido especialmente a los laicos a los que el sacerdote español deseaba llevar a la santidad.

Mensaje comprendido ya que el 98% de sus 86 000 miembros son laicos.

Constituido por un prelado, de su propio clero y laicos, el Opus Dei tiene una estructura piramidal. En la cumbre Xavier Echevarria desde 1994, elegido por un colegio de miembros y después nombrado por el Papa. En cada país se designa un vicario regional. En Francia es Mgr de Rochebrune. Para entrar en el movimiento los futuros numerarios o supernumerarios mayores de edad escriben una carta de compromiso al prelado. Cinco años después como mínimo su incorporación será definitiva.

Los numerarios que deseen entrar en el seminario pasarán por el Colegio romano de la Santa Cruz antes de integrar, con sus votos pronunciados, la sociedad sacerdotal de la Santa Cruz.

Presente en los 5 continentes y en más de 80 países, la obra lleva los estigmas de su fundación.

Es en España, su tierra natal, donde sus efectivos son los más importantes con 35 000 miembros (por solo 2 000 en Francia), con cientos de centros, múltiples centros universitarios (MBA de economía en Barcelona, escuela de periodismo) e incluso su propia universidad, la Universidad de Navarra en Pamplona. Una prueba de respeto por “la Obra” a menudo llamada la “santa mafia” y  cuya canonización del fundador, meno de 30 años después de su muerte, ha atizado la polémica.

 

¿El poder infiltrado?

 

Una leyenda oculta planea alrededor del Opus Dei: sus miembros fagocitan el poder. Desde que 3 ministros opusianos formaron parte de un gobierno franquista, los azuzadores de ese complot tienen una certeza: La Obra está en todas partes. En Francia, Hervé Gaymard, el actual ministro de economía; Claude Bébéar, el antiguo dueño de Axa o Michel Camdessus, director del Fondo Monetario Internacional de 1987 a 2000, serían los infiltrados de la Obra. Pero la verdad es menos novelada: todos los interesados niegan lo que los datos parecen confirmar.

Una astucia de Arnaud Gency, director del centro Garnelles y de la oficina de prensa del Opus, para eliminar a los candidatos potenciales:”la falta de moralidad en su vida privada”.

 

En el corazón de la polémica

 

“A todo el mundo le gustan los complots” Asegura Dan Brown en su Código Da Vinci ¿y que mejor fuente de fantasmas que el Opus Dei, una organización muy discreta y ritualizada hasta el límite?

Escasamente implantada en Francia, La Obra no goza aquí de gran influencia. Son su funcionamiento y la vida dirigida de sus miembros lo que suscitan preguntas.

El padre Jacques Trouslard, 81 años, paladín de la lucha contra las sectas, enumera las recriminaciones indignadas de los padres de numerarios y de antiguos miembros decepcionados. Los padres afirman que los separan de sus hijos, los antiguos miembros se sienten victimas de manipulación mental. Para sus detractores franceses, el Opus Dei es una secta.

“Se trata de exigencia” corrige François Gondrand, antiguo portavoz de la Obra. “La exigencia da miedo. El compromiso da miedo, nosotros vivimos en una sociedad  demasiado relajada” dice. Para él es este miedo el que lleva a las críticas.

Las quejas de los padres son también totalmente injustificadas, según el abad Le Tourneau, uno de los 25 sacerdotes franceses de la prelatura:” no son los miembros del Opus Dei los que se alejan, sino las familias. O se trata de personas que ya habían cortado los puentes” certifica antes de estigmatizar “lo raro es que familias católicas no acepten la vocación de sus hijos”.

Otro reproche dirigido a la prelatura: el reclutamiento de adolescentes menores de edad.

Legalmente es imposible pues el procedimiento de integración es complejo y duro pero desde los 14 años y medio un joven puede manifestar su interés por la organización y comenzar a participar de sus actividades: ayuda espiritual, retiros, dirección espiritual, deber de apostolado.  Solo los módulos de formación le son prohibidos teóricamente.

No ha habido nunca quejas” en Francia, asegura François Gondrand. Hasta hoy: un procedimiento está en curso, lanzado por una antigua adepta. Ella podría llevar a un proceso histórico que sería el primero del Opus Dei en Francia.

 

Vocabulario 

 

Prelatura personal  Status específico de la Iglesia católica creado por el concilio Vaticano II, solo el Opus se ha beneficiado de ello hasta la actualidad. Una especie de diócesis extraterritorial, la prelatura personal dispone de su clero propio- la sociedad sacerdotal de la Santa Cruz- y puede, de acuerdo con el obispo local implantarse en cualquier lugar. No tiene que rendir cuentas más que al Papa.

 

Numerarios y supernumerarios, miembros del Opus Dei, los primeros viven en los centros de la Obra y se comprometen al celibato, los segundos pueden casarse y vivir de forma independiente. Todos tienen que seguir una formación teológica enfocada a dedicarse al apostolado, a la santificación por el trabajo y a la mortificación.

 

Apostolado, Obra evangélica o proselitismo, el apostolado opusino consiste en por el diálogo amigable e intimo convencer a los cercanos a comprometerse con el cristianismo especialmente en el Opus Dei.

 

Santificación, la acción de llegar a ser santo es primordial, el Opus Dei afirma que todo creyente puede llegar a serlo. El trabajo profesional es para ello el medio privilegiado: se trata de trabajar allí como un buen cristiano sin olvidar el apostolado.

 

Mortificación, acción de privarse de alguna cosa, o de infligirse voluntariamente un dolor para hacer así penitencia y comulgar con el Cristo sufriente. En cada viaje a Francia, José María Escriva, fundador del la Obra, se mortificaba absteniéndose de beber vino. Era también conocido por flagelarse habitualmente con la ayuda de sus disciplinas (especie de látigo)




Publicado el Viernes, 28 octubre 2005



 
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