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 Correos: Para María E. - Estrechas para entrar, y ¿¿ muy grandes para salir??.- Gregori P

020. Irse de la Obra
Gregori P. :

Querida María E.

Me he demorado tres días, desde que viera tu mensaje, y ya he visto que te han contestado muchos amigos. Todo está dicho, mucho mejor de lo que pudiera haberlo hecho yo.

Si has decidido marcharte, no te preocupes por las "legalidades". Monseñor Escrivá (me niego a llamarle san Josemaría) decía que la Obra tenía las puertas estrechas para entrar, y muy grandes para salir. Aunque tú y yo hayamos visto lo contrario, el criterio del fundador queda señalado en esta frase. Eso es lo que nos enseñaron. Y es inmoral que a la hora de salir te digan que estás en pecado mortal. ¿No quedamos en que las puertas eran grandes? Pues anda que si llegan a ser estrechas...

No vayas más. Medita con tranquilidad qué quieres hacer tú. Y cuando lo tengas claro, haz lo que te diga tu conciencia. Pero con libertad, sin imposiciones. Lo que ellos quieren es que sigas yendo por el centro, para hacerte la vida imposible, hasta que decidas quedarte. O hasta que llegue el 19 de marzo y puedas marcharte "sin pecado", pero con una depresión del quince, como mucha gente que conozco. ¡Qué espíritu cristiano!

Cuando ingresaste en el Opus no contrajiste la obligación de ir por el centro todos los días, ni unos días determinados. Tampoco la de hacer las normas. Recuerda que no te puedes confesar de no haber hecho la oración, o de no haber rezado las tres avemarías de la noche, pues no constituyen ninguna obligación moral, y no cometerlas no es ni pecado ni falta, a no ser que haya un grave desprecio por las normas, pero entonces no es la omisión la que constituye falta, sino el desprecio. Por lo tanto, dejar de ir por el centro hasta que llegue el 19 de marzo, y no renovar, no puede ser ningún pecado mortal, porque falta el objeto y la gravedad, necesarios para que pueda decirse que un acto constituye pecado mortal.

Otra cosa es que fueras el director del centro, y dejaras desatendidos los medios de formación, con grave perjuicio para algunas personas. Pero así, por las buenas, decir que si dejas de ir al centro cometes pecado mortal, es un despropósito.

Además, las incorporaciones, incluida la fidelidad, no dejan de ser un compromiso entre dos partes, que carecen del carácter de voto perpetuo de Derecho Canónico. Los compromisos, por su propia esencia, y por las explicaciones de monseñor, no te podían retener. La puerta de salida es enorme. Viva la libertad. Bla, bla y más bla. Por ello, cuando uno rompía ese compromiso, no estaba quebrantando un voto. El monseñor decía que no quería votos, ni botas, ni botines, ni botones. Pues aprende a aceptar la libertad que te han conseguido. Lo otro es la ley del embudo: para la Iglesia lo estrecho, y para el monseñor lo ancho.

Cuando yo dejé la obra, me asesoré con uno de mi centro que lo había dejado después de la fidelidad. Si la decisión de marcharme la tomé un viernes, con el amigo en cuestión quedé el lunes siguiente. Éste me dijo que a él le habían puesto muchos problemas, que le habían dicho que si dejaba de ir por el centro cometería pecado mortal, y algunas barbaridades más. También me dijo que le habían exigido que escribiera una carta de dispensa al padre (a don Alvaro).

Por eso, sin dirigirme al director de mi centro, que tan malos rollos me había hecho pasar, llamé directamente al Jefe de los agregados, y quedé con él en un lugar cercano a mi trabajo. Después de saludarle, le di la carta de dimisión, en la que denunciaba el trato humillante que había recibido desde los primeros años de mi entrada, con pelos y señales, y le dije que mi salida no tenía marcha atrás. Que un año antes, cuando le pedí ayuda, podría haberse resuelto el asunto. Pero ahora no.

Quizá por mi convicción, y porque era verdad que él, con sus omisiones, había ayudado a mi salida, no me dijo lo de "estás en pecado mortal". O tal vez le dio miedo. Nunca lo sabré.

Pero me llevé una desilusión. En aquellos momentos, el cuerpo me pedía guerra. Si el director me hubiera dicho que estaba en pecado mortal, habría denunciado el caso al arzobispado. Creo que establecer que, determinada acción, no contenida en los mandamientos, ni en el catecismo de la doctrina cristiana, constituye un pecado mortal, puede ser constitutivo de un cisma. Es, en definitiva, crear mandamientos que jamás ha puesto la Santa Madre Iglesia. Y enseñárselo así a las personas que dependen moralmente del opus, pero jerárquicamente de su obispo, pues eso es lo que pasa con los laicos de la prelatura. Es igual de pernicioso derogar normas eclesiásticas, que imponer otras, a espaldas de la jerarquía. Ambas conductas son constitutivas de cisma.

Es una vergüenza, que moseñor dijera que se pegó cuarenta años para que no hubiera votos, y ahora, cuando te sales, dicen que estás en pecado mortal. Lo dicho: un Escriba, y ochenta mil fariseos...

Acabo. Rezaré mucho por ti, para que te vaya todo bien. Apóyate ahora en El, que nunca falla. Verás como todas tus amigas, de toda la vida, te dan ahora la espalda. Pero sigue adelante. Todo pasará. Y todo será para bien.

Un abrazo,

Gregori P.


Publicado el Lunes, 29 diciembre 2003



 
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