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 Tus escritos: SUPERNUMERARIOS: Vivir en la calle de la amargura (V).- Salypimienta

078. Supernumerarios_as
salypimienta :

SUPERNUMERARIOS: Vivir en la calle de la amargura (V)

 

Esta vez me gustaría hablar sobre los varones supernumerarios. La verdad es que yo no puedo hablar más que de lo que conozco, y en el caso de ellos, de puertas adentro no sé mucho. Sólo lo que se ve por encima.

Es de notarse, que los supernumerarios salvo contadas excepciones, demuestran menos su estado de ‘iluminación’. En general los varones son mucho más discretos para demostrar sus emociones, por lo cual, es muy raro que un supernumerario ande por la vida exultante por su vocación como sí sucede en el caso de las supernumerarias con más facilidad. La mayoría de ellos logran disimular el estado opusino. Los que no, son casos realmente notorios...



Recuerdo en especial a dos. Uno era maestro de un colegio de la Obra. Los niños literalmente le huían, no porque los tratara mal, no porque fuera demasiado estricto, era porque el celo apostólico del buen hombre de verdad era extremo. Cada vez que pescaba a un niño distraído, lo invitaba al Oratorio a hacer la Visita, a rezar el Rosario… o lo que el niño se dejara. Era estricto en cuanto a la urbanidad de la piedad. Por pura casualidad me tocó ver cómo le explicaba a un grupo de niños como de 7 años la manera de hacer una genuflexión, fue ¡impresionante! En vez de decir: doblas la rodilla delante del altar y de inmediato te levantas -así es como yo lo hubiera explicado-, el profesor se tomó varios minutos para dar toda una cátedra explicando que lentamente doblas la rodilla derecha con la espalda bien recta mirando al sagrario y recitas una jaculatoria, cuando tu rodilla llegue al suelo, inclinas con reverencia la cabeza y rezas otra jaculatoria. Te levantas con cuidado recitando otra jaculatoria. Aquí cabe preguntarse varias cosas: ¿Cuánto tiempo le tomará al hombre hacer una genuflexión sencilla?, en general no tardas más que dos o tres segundos en hacerla, a él le debe de tomar por lo menos un minuto, o minuto y medio. Y… ¿sabrá un niño de 7 años lo que es una jaculatoria? Acostumbraba a ser el maestro de ceremonias en las Misas que hacían en el colegio. Recuerdo muy bien que antes de la comunión anunciaba: les recuerdo a las queridas mamás del colegio que para comulgar deben de estar libres de pecado mortal. Si tienen pecados veniales pueden decir una jaculatoria. ¡Es verídico! ¡Me escandalizaba tanto escuchar esto! Todas las veces que lo fui a acusar (sí, también yo fui una chivata, lo reconozco y me avergüenzo de ello) me dijeron que tomarían cartas en el asunto. Nunca me dejaron hacerle una corrección fraterna. Tampoco creo que hayan tomado cartas en el asunto porque nunca dejó de hacerlo.

El otro era el esposo de una supernumeraria amiga. Hasta por su apariencia podía haber pasado por fraile franciscano, de verdad que nada más le faltaba la túnica negra con el cordón. Era calvo y con una barba larga y tupida. Hablaba en un murmullo, siempre lo veías muy recogido, muy en la contemplación. Íbamos a la misma Misa y me impresionaba cuando después de comulgar se hincaba a dar gracias, estoy segura de que levitaba… así se quedaba hasta que terminaba la Misa y un buen rato más, de verdad muy santo el hombre. Lo que no entiendo es cómo se casó, y sobre todo cómo pudo tener 5 hijos. Todavía ella era poco menos mojigata, pero a él no le veías la concupiscencia por ningún lado. A su esposa le hablaba como si se tratara de su empleada. No recuerdo haberlos visto nunca darse una muestra mínima de afecto ni decirse una palabra más o menos cariñosa. Vivíamos muy cerca, y en una ocasión me pidieron que los acercara al taller donde tenían reparando su coche ya que me quedaba de camino. Yo al volante suelo ser bastante mal hablada… y que de repente se me frena en seco el del coche de enfrente y que me sale del fondo del alma gritarle unas palabrotas… ¡no sabes el sermón que me echó el hombre!, además me veía como si yo fuera la encarnación misma de Belcebú. Me disculpé como treinta veces con él. Total, llegué a mi trabajo en una obra corporativa y fui de inmediato en busca del cura, porque traía tal remordimiento de conciencia que no me dejaba en paz. Nunca pensé que ese sacerdote era igual o más mal hablado que yo y se reía a carcajada suelta cuando le conté la historia, que por cierto, me hizo repetirla varias veces. Algo habrá pasado, porque mi directora me hizo una corrección por lo soez de mi lenguaje, y el supernumerario me pidió una disculpa por el sermón. Así de discretos siempre son en la Obra.

Quiero decir que casi todos los supernumerarios que yo conocí son buenísimas personas, son papás muy comprometidos en todo cuanto concierne a sus hijos y muy buenos esposos. Como en todo, habrá sus excepciones, pero la regla general es que son señores encantadores. Hay que reconocer que la Obra forma muy bien a sus miembros, quizá con fines totalmente egoístas, pero finalmente pienso que todos somos personas de bien, y es de justicia reconocer que el Opus Dei pulió muchos de nuestros talentos y con su formación, adquirimos hábitos y habilidades que nos han servido muchísimo en nuestra vida. Como siempre, ya me fui por la tangente. Estaba hablando de los papás encantadores que son la mayoría de los supernumerarios. Me tocó ver muchas veces detalles increíbles que tenían con sus esposas, los vi cambiar pañales, jugar a las muñecas, pasarse horas enteras explicando matemáticas o química a alguno de sus hijos que estaba peleado a muerte con la materia, tratar a sus esposas con todo tipo de delicadezas y ternura y doy fe, de que no todos los hombres del mundo son iguales, y que de esas cualidades de las que hablo, rara vez las vi con personas que no fueran del Opus Dei.

También reconozco que hay uno que otro que ni cómo ayudarlo. Esos sí que se toman al pie de la letra el significado de pater familias al estilo de la Roma antigua. En sus casas no mueven un dedo, sólo saben dar órdenes, los hijos les tienen más miedo que al diablo y la esposa es una víctima de semejante verdugo. A uno de estos, que además se sentía el hijo predilecto del fundador, le escuché decir que ‘nuestropadre’, que además de santo era sabio, había puesto a cada sección una jaculatoria final diferente con el único objeto de que cada quien supiera cuál es su sitio, y así como los varones rezan: Sancta María spes nostra sedes sapientiae, es para hacerles notar que en ellos está la sabiduría y el buen juicio. Las pobres mujeres nos tuvimos que conformar con ser ancilla Domini y yo diría que este tonto era capaz de pensar que también las mujeres éramos esclavas del marido, de los hijos, de la Obra y de todo. No sé el porqué de cada jaculatoria, lo que sí sé es que los comentarios del tipo se granjeaban más enemistades que nada.

Quizá, la mayoría de los supernumerarios (y todos los varones que han pasado por el Opus Dei en general) tienen un dejo machista que se les nota de vez en cuando. Siempre quieren tener la última palabra en todo. También son muy de hablar ex cathedra y en la mayoría de los casos se sienten un poco como el director del consejo local y el director espiritual de la familia, y la verdad es que tan malo no es. Siempre y cuando la mujer esté en sintonía con ellos, no quisiera ver a uno casado con una chica demasiado moderna… sencillamente eso no funcionaría más de unas pocas semanas. Pero hay que recordar que yo hablo desde mi experiencia mexicana. Quizá los supernumerarios suecos o noruegos no son para nada machistas, pero lo que es en los hispanoamericanos, eso es una parte de nuestra idiosincrasia ¿qué le vamos a hacer? Lo bueno es que las mujeres opusinas sabemos lidiar con ese toro como nadie.

Por hoy, aquí lo voy a dejar, pero esto sigue.

Un beso grande a cada uno.

Salypimienta.

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Publicado el Viernes, 09 febrero 2018



 
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