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020. Irse de la Obra
periferiapuntocom :

World nos transmite el contenido de un artículo de Crónica en consonancia con la mentalidad del año 56, que ciertamente no encaja con la de hoy, por lo que me voy a permitir glosarlo bajo mi punto de vista.

En el citado artículo se dice "El Señor nos ha dado la gracia maravillosa de la vocación –nos la dio de una vez para siempre-" así es, pero a través del Bautismo, el Opus Dei como tal no tiene el poder de concederla; y "nos la confirma cada día" por supuesto, pero a través de la existencia. Creo que todos estamos de acuerdo en que nuestra "correspondencia" a la gracia bautismal se verifica cada vez que decimos sí a Dios, y no solo cuando en un momento concreto hemos decidido seguirle en una institución determinada.

En los párrafos siguientes el texto se refiere a las defecciones, considero muy, muy delicado hablar de "defecciones" solamente cuando es el "llamado" el que se va, y no cuando al "llamado" lo hacen ir. Si la llamada es irrevocable, lo es siempre, y no solo a ratos.

En este punto, me gustaría reflexionar sobre la renovación de los supernumerarios. Partiendo de la base de que la vocación es única, el argumento que hay para la renovación anual de los supernumerarios que no tienen la fidelidad, es el del cambio de circunstancias. Es decir, si a un supernumerario o supernumeraria se le presentasen determinadas circunstancias que no le permitieran vivir su vocación, por caridad se le facilita desvincularse de los compromisos adquiridos con la Obra. Y me pregunto yo ¿por qué no facilitarlo de la misma forma a los numerarios y agregados? También nosotros sufrimos cambios de circunstancias que afectan seriamente a nuestra vida, sin que ello suponga una pérdida de los dones recibidos a través del Bautismo. Si los dones de Dios son irrevocables (Romanos 11:29) la vocación como don de Dios también lo es ¿cómo hacer depender la vocación de las circunstancias?

En la misma línea, pienso que es ir demasiado lejos identificar dejar el Opus Dei con alejarse de Dios. Sobre todo, cuando hay infinidad de casos en los que ha ocurrido lo contrario, es decir que justo el trato con Dios ha mejorado al dejar el Opus Dei.

Como he considerado anteriormente, en el citado artículo se emplean argumentos que están unidos a la mentalidad de una época, como es el que sigue "Desde que el Señor nos llamó, todo lo que no reciba de El su sentido nos queda pequeño, nos resulta ridículamente chato y pobre –mentira, cobardía, podredumbres bienolientes–frente a nuestra vocación. Por eso sentimos tanto que alguien en un momento dado pueda engañarse". Me parece que el mensaje no necesita comentario, se cae por sí mismo.

Todos pasamos por etapas en la vida en las que nos es difícil afrontar la realidad, sea cual sea esta. Y justamente la solución para superar esos momentos no viene de fuera, sino que está dentro de nosotros. Por eso, el planteamiento que se hace en el artículo, no es demasiado acertado, por ejemplo cuando dice "por un ciego ofuscamiento, por no ser a su tiempo dócil ni sincero en manos de quien tiene gracia de Dios para llevarle". La ayuda exterior facilita, pero no suplanta. La sinceridad sola no cura, y menos si quien escucha no lo hace, es decir, solo oye.

Como se puede ver, en el fondo está latiendo una determinada concepción de dirección espiritual, donde la autoridad sobre la conciencia viene de fuera. Tema del que se ha hablado abundantemente, y que motivó la carta del 2011.

No he cerrado las diferentes cuestiones a propio intento, estoy seguro de que la participación de los lectores enriquecerá positivamente la reflexión.


Saludos, y feliz año nuevo.

Periferia


Publicado el Lunes, 08 enero 2018



 
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