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 Correos: Abundando sobre el estatuto de limpieza de sangre.- Dámaso

070. Costumbres y Praxis
Dámaso :

El comentario inicial de Escudo de Roble ha abierto una interesante veta sobre la que probablemente merece la pena profundizar un poco: la vigencia del estatuto de “limpieza de sangre” en el “Opus Iosephimariae Scribae”, "Opus" sin más, en adelante. Según acredita Stoner, en 1941 era un requisito “sine qua non” para la pertenencia a la obra, y actualmente es -al menos-, una información que ha de aportar obligatoriamente el “interesado”.

Como ya dije en mi anterior correo, yo mismo hice esta sorprendente “declaración de limpieza de sangre” previamente a la ceremonia de la oblación. Resulta muy interesante la visión que ofrece Ana Azanza sobre la enorme importancia que conceptos como el de la “limpieza de sangre” han tenido en la configuración del “carisma caído del cielo para la humanidad” que Escriba Albás imprimió al Opus, y también en la conformación de la identidad y los modos de pensar y de ser de los hispanos, no solo de los españoles, como se comprueba en obras producidas desde el “Guzmán de Alfarache” (1599) de Mateo Alemán. Incluso anteriormente, ya señala “El Lazarillo de Tormes” (antes de 1554) cómo su amo el buldero ya se refería burlonamente a los “cristianos viejos” que se quieren salvar “sin poner nada de su hacienda”, como si eso fuera posible… En cualquier caso, no cabe duda que el concepto de “limpieza de sangre” se consolidó en las mentes tras la expulsión de los judíos en 1492: no todos se fueron de la península, quedaron aquí los “conversos” bautizados de modo forzado, cuyas vidas se convirtieron en objeto de la “Inquisitio haereticae pravitatis Sanctum Officium”, la Inquisición, siempre vigilante sobre sus prácticas judaizantes, y sin duda, muy motivada a actuar (no hay que olvidar que se financiaba con el patrimonio arrebatado al hereje perseguido). Lo cierto es que desde esa época el concepto de “limpieza de sangre” llevó ínsitos otros, probablemente a causa de la terrible actividad inquisitorial, como el desprecio por el aprendizaje y la cultura.

La referencia que hace Ana Azanza a la obra de Cervantes es muy acertada, y permite completar la cosmovisión transmitida por don Miguel de Cervantes en otra de sus obras posteriores, un entremés publicado en 1615, “La elección de los alcaldes de Daganzo”; allí uno de los aspirantes al cargo postulaba sus méritos del siguiente modo ante el tribunal, cuando se le preguntaba si sabía leer: “No, por cierto, ni tal se probará que en mi linaje haya personas de tan poco asiento que se pongan a aprender estas quimeras, que llevan a los hombres al brasero (léase “la hoguera”) y a las mujeres a la casa llana (léase “casa de lenocinio”). Leer no sé, más sé otras cosas tales que llevan al leer ventajas muchas (…) Sé de memoria todas cuatro oraciones, y las rezo cada semana cuatro y cinco veces. (…) Con esto y con ser cristiano viejo, me atrevo a ser un senador romano.” 

En fin, de aquellos polvos, estos lodos, mayores si se tiene en cuenta que esa “cosmovisión” que surgió con los estatutos de limpieza de sangre no quedó restringida a España, ya que tras cien años de haberse implantado aquí comenzó a exportarse con semejantes características al Nuevo Continente (vid. por ejemplo, los “Anales de la Inquisición de Lima”, de Ricardo Palma, publicado en 1863). Naturalmente, la “limpieza de sangre” solía acompañarse de otras actitudes morales además de la señalada y no menos importantes, sobre las que quizás me detenga en otro momento, ya que es un tema interesante.

Para finalizar, resulta patente que seguir aplicando actualmente un estatuto de limpieza de sangre (de modo más o menos directo), además de ser profundamente ridículo, supone una crasa infracción de las normas contenidas en multitud de los tratados internacionales (comenzando por el art. 16.1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos) que protegen la igualdad de trato y proscriben cualquier tipo de discriminación, y más si es por causas tan peregrinas como la que se trata. No me cabe la menor duda que los numerosos estrategas de la “Opus Iosephimariae Scribae” habrán previsto las consecuencias que podría tener su probanza en una hipotética causa que se abriera con este motivo.

Dámaso 




Publicado el Lunes, 18 septiembre 2017



 
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