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 Tus escritos: Mi historia como numerario del Opus Dei en México.- Gibson

010. Testimonios
gibson :

Mi historia como numerario del Opus Dei en México
Gibson,
2 de julio de 2010

 

Aborrecía desde niño a los numerarios, dese primero de primaria estuve en una escuela de la obra en Guadalajara. Mi Papá y Mamá eran y son aún supernumerarios, fui de las primeras generaciones de esta honorable institución (que recientemente fue calificada como una de las peores académicamente en México, pero ya se reformó).

Me parecían jóvenes semi-afeminados, generalmente usaban lentes y continuamente sonreían a todo niño y señor que se les cruzara por el camino.

Obviamente como estudiante de esa escuela tenía la obligación de charlar con un "preceptor", cosa que odiaba, desde los 6 años de edad, porque siempre solían escarbar temas incómodos para mí en aquel entonces, como asuntos de la pre-sexualidad que ahora que lo pienso, eran excesivos y, de alguna manera, enfermizos para ser dirigidos a alguien de esa edad; quizá motivados por esa extraña compulsión por escudriñar hasta el último milímetro de sus almas y de las que les son encomendadas. Por una obsesión de autoanalizar lo negativo que después, cuando fui numerario, me hizo pasar por severas crisis de conciencia, y de las que ellos me dijeron se llamaba: "conciencia escrupulosa"...



Pero como no lo había de ser con todos los exámenes uno al medio día y otro en la noche, charlas y confesiones, así como lecturas redundantes en la naturaleza pecadora del hombre o "caída" de la humanidad desde el pecado original, o las múltiples ocasiones de pecado en las que estaba inmerso al ver la tv o el periódico, o si vi o no vi a una niña, me provocó o no un movimiento carnal. (Tenía ¡¡16 años!!,  casi todo me provocaba movimientos carnales!, era hombre y me atraían las mujeres, (¿¿qué raro no??)

Volviendo al hilo de la historia, me pasé eludiéndolos, incluso perteneciendo al club juvenil "Granpin" que me atraía por las excursiones a Tapalapa y a Mazamitla, y por las clases de modelismo del "Pato".

Todo esto hasta segundo de secundaria, año en que mi mejor amigo, que aún estimo mucho, y que nunca fue de la Obra, me invitó a una meditación a "Américas". Cuando llegué, todos los miembros numerarios de esa residencia, mayores que yo como por 10 años en términos generales, me recibían con increíbles risas, palmadas, y alegría y por algún extraño motivo, todos estaban interesados en oírme platicar alguna historia o tocar guitarra y cantar que es mi pasión y mi vida, cosa que a esa edad, no le sucedía a un adolescente; generalmente no recibes mucha atención de tus cuates en tus historias, ¡tenía 16!.

Empecé a entusiasmarme mucho con el catecismo que íbamos a impartir a niños muy pobres del cerro del cuatro. Quizá porque tenía facilidad para enseñar a los chavitos y con un sentido de liderazgo que tengo desde que nací, decidí tomármelo en serio y empezar a invitar a amigos de mi salón. Recuerdo que, realmente lo que me gustaba en el fondo de mi alma, era poder guiar y enseñar el catolicismo a la gente pobre, como entendía hacía Jesucristo durante su vida, cuando los domingos oía en el evangelio durante la misa algún pasaje en mi parroquia normalita de Guadalajara.

De repente, incitado por lo que ya conocemos como “provocar la crisis vocacional", empezaron estos amables e interesantes jóvenes a enredarme en el tema de ¿por qué si ya descubrí que puedo darme a la gente pobre y dedicar tiempo propio a la evangelización un día, no hacerlo para siempre?. La idea me inundó de miedo por meses (dos, para ser exacto), porque siempre me imaginé casado, y exitoso en una profesión. Me encantaban las mujeres (en el buen sentido), me atraían mucho y tenía una sed enorme de ser un triunfador profesional tanto en lo académico como en lo artístico.

Yo tenía habilidades de magnetizar y atraer amigos, era presidente de mi salón para entonces y dicha idea me parecía como dejar mis anhelos y sueños, por un "mejor" y más "santo" ideal, entregar mi vida a Dios. Lo que a los 16 años no entendí, fue que esta idea era una falacia. Que entregarse a Dios no es igual a entregarse al Opus Dei; que en aquel momento me había podido entregar a Dios exactamente donde estaba y con todos mis anhelos y sueños de igual manera sin necesidad de hacerme numerario del Opus Dei.

Me recordaban muchas frases evangélicas de personas que no quisieron seguir a Jesús, por enterrar muertos o despedirse de sus familias, y me hicieron creer que el no ser numerario era, exacta y matemáticamente igual a decirle a Jesús “no te seguiré”. Qué grave error, qué idea tan perversa ¿no? ¡confundir a un niño con esta falacia!

Y no solo eso, el "espíritu" de la obra dictaba precisamente la idea fundamental, de que todos nos podemos y debemos santificar en nuestro trabajo y con nuestros talentos en medio del mundo y sin dejarlo, ¡¡cosa que yo ya hacía, en ese momento!! y para lo cual no tenía que ser numerario. (Aquí esta lo más grave de todo, cómo distorsionan las ideas y su lingüística empieza a jugar con las mentes brillantes pero ingenuas de adolecentes, incluso contradiciendo la naturaleza propia de su “espíritu”, estos, con buena voluntad, dispuestos a marcar una diferencia, pero engañados y para siempre, (Lean bien), para siempre, dañados)

Dejé todo, novia, amigos, guitarra (es mi vida y mi mayor pasión y tengo una facilidad natural), música, lecturas que amaba, películas que adoraba y me inspiraban la vida.

De repente sin darme cuenta, mi conciencia (16 años recuerden), estaba llena de cargas y sufrimientos: porque ayer no alcancé a rezar el rosario, o porque mi amigo no había ido a la visita a enfermos conmigo, o porque medio volteé a ver a una niña, o porque solo hice media hora y no una hora completa al día de oración… Ya no me preocupaba el dar formación religiosa a los pobres del catecismo. (Inmediatamente pité, no les volvió a interesar que fuera al catecismo, mas que con algún amigo, de preferencia de buen aspecto físico y de dinero y familia conocida en Guadalajara, aunque nunca lo dijeron con esas palabras). Eso era lo que yo respiraba y comía todos los días de manera enferma y redundante; patética.

A los 18 años, en medio de lágrimas de mis papas, hermanos y mías, me fui a vivir a "Américas". Recuerdo que ese mismo día entré a la universidad, no del Opus, por cierto y el Director, JL, de esa residencia, que hasta el momento había sido casi mágico e inspirador en mi vida, (ahora es cura y creo que vive en MTY también enfermo y fanático), cambió de actitud hacia conmigo de manera total, ¿ya no era mi amigo? ¿qué pasaba? Ya no se reía de mis chistes, ya no me hacía platica de la guitarra o de la música o del libro o película, simplemente me exigía traer amigos ricos y de familias bien posicionadas.

Recuerdo que en una de mis primeras tertulias, que ahora llamo junto con algunos cuates ex numerarios "Torturas" porque eso eran... eran enfermas, no podías platicar del clima, ni del fut, ni de un disco o de una banda de rock que te gustaba, tenías a "huevo" como decimos los mexicanos, que hablar de cómo, quién, dónde y cuándo, traerías a gente al centro, a confesión, a círculo, a visitas a enfermos o a pobres, pero ahí les va... los pobres y los enfermos no les interesaban, solo el hecho de que la situación de dicha visita generase un toque en el corazón o en el alma del rico amigo al que llevabas para que se acercara al Opus y pitara, de numerario no de otra cosa. En fin, se me ocurrió mencionar que en la universidad donde estudiaba el primer año de mi carrera había dos salones y que yo estaba en el de gente un poco más humilde pero buena onda y que en el otro había cuates del Instituto de Ciencias y del Cervantes que son dos escuelas de gente "bien" de Guadalajara que no son del Opus, y lean esto… el director del centro me obligó esa noche a cambiarme de salón al día siguiente.

De pronto me di cuenta que no se vivía en el Opus Dei un verdadero espíritu cristiano, porque yo leía el Evangelio sobre Jesús, ayudando a los pobres, desvalidos y pecadores, y repudiando a los fanfarrones fariseos y ricos, ¡¡y aquí era al revés!!

Organicé cuando entré al patético centro de estudios de Guadalajara una labor social padrísima en un pueblo muy pobre de Jalisco, e invité a varios amigos y compañeros, así como empresarios, a construir una Iglesia, ahí, en el cuchitril más pobre que había visto en mi vida, de hecho la gente vivía en cuevas...

Fuimos de verano, un mes, trabajamos de albañiles, conseguí concreto, varilla, ladrillos, maquinaria, con mi papa y otros empresarios, un habitante donó un terreno para la Iglesia y nos pusimos a trabajar… le avanzamos un buen, hasta que el mes se acabó y tuvimos que regresar a Guadalajara y a seguir estudiando. Quizá el templo quedo con un avance del 30%.

Al año siguiente me volvieron a pedir organizar un evento de similar popularidad y obvio... dije: "vamos a terminar la iglesia que empezamos". Me acuerdo que la respuesta del estúpido y enfermo director del centro de estudios de Guadalajara, ya citado "Como el rector de la UP" dijo, no… por ningún motivo…  nosotros no nos interesan las obras de caridad continuadas, solo los medios para atraer vocaciones... ¿¿What??

De pronto yo estaba ya en controversia interna, el Evangelio decía una cosa y aquí se decía otra.... es más, casi no leíamos el Evangelio ni hablábamos de la Iglesia, como sí lo hacíamos de "Nuestro Padre" y sus escritos y su historia. Llegó un momento en que todo mi ser se convirtió en un robot, ¡no podía tener amigos de verdad! Ni adentro porque no había amistades particulares... o sea que no podías platicarle 10 minutos a un cuate numerario de algo chistoso o engancharte un poquito más de lo normal en la plática porque te empezaban a ver como malhechor..., ni afuera porque si no servían para pitar no nos interesaban y si sí servían para pitar pero no pitaban ya tampoco, y si pitaban ya no podíamos ser amigos de ellos porque ya eran “de casa”

Tengo mucho talento natural para tocar música, casi cualquier instrumento, pero especialmente guitarra, amo y vivo la música como pocas personas en el planeta, pero no podía tocar ni oír nada porque en la mañana era "El tiempo de la mañana", tiempo que servía para prepararte para la Santa Misa, en la tarde era "Tiempo de la tarde" que te preparaba para la oración y en la noche era "tiempo de la noche", qué ridículo.

A los 2 años de vivir en el peor campo de concentración nazi de mi vida (Centro de estudios de GDL con JMN como Director), ya no sabía ni para qué existía; no amigos, no amistades particulares, no cine, no leer periódicos, los libros no censurados, no platicar con mujeres, no buscar gente que no tuviera posible perfil de numerario por amistad, no investigación filosófica porque se pone en riesgo la fe, no guitarra, no música, ¡ni siquiera podía tener un CD!

Empecé a desarrollar una patología mental, me deprimí, tenía momentos de ansiedad inimaginables, sudaba como fuente, ¡en frio!, temblaba, no dormía, obviamente ni me levantaba a la oración de la mañana que era a las 5:30 am, ni me importaba, pero mi conciencia ya se había vuelto tan escrupulosa que me sentía eternamente en pecado grave (¡tengo 22 años en ese momento recuerden!) y mientras un joven normal de 22 años está pensando en ir a un restaurant con una niña o echarse unas chelas con los cuates o ver una película, o tocar un rato guitarra, o ensayar con una banda, o leer, yo estaba temblando y llorando porque no podía estudiar, hacer 18 normas al día, recibir charlas de todos los supernumerarios de un centro en GDL, ir a círculo, estudiar para mis exámenes, y encima platicar con el enfermo mental descrito y hacer la charla fraterna y platicarle todas mis penas y recibir un frío... helado, "estas poniendo en riesgo tu vocación, no pienses así"

"Nuestro Padre sufrió mucho....."

De pronto ya no sabía ni lo que era ser católico normal, ni lo que era ir a misa los domingos a una parroquia normal, ni confesarse con un padre de la iglesia "Normal", soy católico ¿no?, no leía La Sagrada Biblia más que los 3 minutos que te piden en las normas diarias, pero eso si... leía Cuadernos  3  4  5  6  7 y  9; Camino, Surco, Forja, El viacrucis de Nuestro padre y llegué al borde de la muerte interior.

Gracias a Dios un resquicio de luz que todavía quedaba en mi, decidió no renovar mi vocación un 19 de marzo, ya que en dos años anteriores lo había externado previo a la fecha, (la inquietud de no renovar), y había pasado por un extenso lavado cerebral de un mes antes para que sí lo hiciera.

En resumen, quise santificar mi vida en medio del mundo a través de unos talentos (la música y las artes), el liderazgo, la amistad verdadera y Cristiana, la caridad hacia la gente pobre, ser un excelente profesionista, uno ejemplar y ahí estoy a los 22 años, con depresión severa, sin ver a mis padres y hermanos en años, sin amigos, sin ni siquiera saber cómo entrar al cine sin sentir miedo, sin saber cómo voltear a ver a una niña y sonreírle, sin saber trabajar en nada, sin curriculum profesional, sin saber comprar un pantalón sin compañía y asesoramiento, sin haber hecho nada con mi vida en 6 años más que hacerla añicos y dañarla para siempre… para siempre.

Sale de sobra platicar de las correcciones fraternas de que si hiciste mal la genuflexión, o si prendiste las velas del centro hacia afuera o de afuera hacia el centro... de las fotos de la tía Carmen en las mesas de mi casa, pero ninguna foto de mi hermana, Papá o Mamá en mi cuarto, de los 5 días de retiro anual patéticos, de la administración y el desprecio por mujeres del servicio que ni siquiera se les voltea a ver cuando te sirven vino tinto en día del aniversario de Alexia o de la tía Carmen ("Fiesta C"), de los agregados que por el solo hecho de no tener el aspecto físico deseable o venir de familias de escasos recursos, por lo menos en Guadalajara, ni siquiera pisan una residencia de Numerarios, de la robotización de la amistad, del control absoluto de la razón, a través de las censuras de todos y cada uno de los libros que lees, y canciones que oyes, de la privación de la vida cultural (teatros, cines, conciertos, etc.). ¡Lo bueno es que vivimos muy dentro del mundo y nuestras circunstancias permanecen como cualquier cristiano ordinario!

Qué decir de las "hermosas canciones de casa", como si no hubiera el fanatismo necesario, para agregarle una cerecita más al pastel.

De los 30 compañeros del centro de estudios en esa generación inauguradora en Guadalajara yo fui, gracias a Dios el primero en salir, pero después de mi salieron según mis cuentas por lo menos 24 más, hasta la fecha. Solo 6 permanecen, sé que el susodicho anteriormente mencionado en diversos pasajes de mi relato está muy enfermo de depresión, y que casi todos los miembros actuales mayores se les tiene que retirar a centros de descanso donde toman antidepresivos y en algunos casos mueren de depresión, conozco un triste caso de un gran Hombre aquí en Guadalajara que fue expulsado de la Obra por pertenecer a un partido político distinto al tradicional, que murió también muy triste.

Esto es la Obra de Dios señoras y señores.

¿Tiene algo que ver esto con las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo en el Santo Evangelio? No le veo mucha similitud ¿ustedes?

Crueldad, Racismo, Instrumentación de la amistad, des-adherencia a la Iglesia Católica a través de su famoso instrumento canónico “La prelatura Personal”, engaño y perversión a menores de edad con el tema vocacional, ¡nada de caridad! hacia la gente necesitada, cortar absolutas relaciones con los sacerdotes que no son de la obra y evitar confesiones fuera de la misma, ya que “La ropa sucia se lava en casa”… esto es una olla exprés que cocina patologías mentales, depresiones, esquizofrenias, trastornos mentales obsesivos, trastornos bi-polares. Dense algún día una vuelta por Monte Falco (Casa Grande) o por las casas donde viven los mayores… para que vean a los numerarios hechos trizas, estériles, sin personalidad, viviendo y sufriendo con buena intención.

Ahora tengo 37 soy feliz, amo a mi mujer y he tenido muchos éxitos profesionales y también muchos fracasos en varias áreas y aprendizajes tardíos que no viví en su momento y los aprendí con mucho, mucho dolor después... Todavía no sano del todo mi daño y dolor... tengo muchas cosas que reflejan bajo la lupa del sano autoanálisis (No enfermizo escrutinio) que estoy todavía dañado y no procedo como una gente que no vivió lo que yo viví, espero que con la ayuda de Dios y la gente que amo y me ama pueda algún día decir: “Estoy libre de la garra de La Obra de Dios”

Todo empezó cuando un niño de 16 años lleno de ilusiones y buenas intenciones, engañado pensó que para seguir a Jesucristo y sus enseñanzas solo había un camino: siendo numerario del Opus Dei.




Publicado el Viernes, 02 julio 2010



 
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