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Escrivá, los santos, la Iglesia... y el pastor protestante

GREGORY P., 19 de mayo de 2004

 

Contestación a Alejandro Díaz pastor protestante

Aunque no soy nadie, y creo que te van a dar mejores respuestas otros participantes de esta página, quiero responder a las preguntas que haces, entiendo que con buena fe:

1.- No es cierto que se entre en conflicto con la Iglesia si se niega que un canonizado es santo. Los únicos dogmas que forman parte de la fe de los católicos son los que así han sido definidos por la Iglesia, como el de la Santísima Trinidad, el de la Comunión de los Santos, el Perdón de los pecados, la Vida Eterna. Muchos están en el Credo. Pero ninguna canonización concreta se ha presentado como dogma de fe, excepto, quizá, la de la Virgen María, y la de San José. Pero no estoy seguro.

Por otro lado, la Iglesia jamás impone el culto a todos los santos. Uno no peca por no tenerle ninguna devoción a san Martín de Porres, por ejemplo.

2.- Otra cosa es insultar a los santos, que el catecismo dice que puede ser una blasfemia. Pero sólo el insulto, no informar sobre los defectos que tuviera.

Algunos libros incluidos entre los libros silenciados de la página están escritos por exmiembros que conocieron y convivieron con Escrivá, y que han relatado sus defectos. Eso no es ningún tipo de blasfemia, sino un servicio a la causa de la verdad.

Fíjese si no es blasfemia, que en el Evangelio se recuerdan los graves pecados de los apóstoles, y no pasa nada. Se habla de la traición de Pedro, al negar tres veces al Señor. O de la vida pecadora de santa María Magdalena y de San Mateo, antes de ser perdonados por Jesús. No pasa nada, porque ya dijo el Maestro que el Justo peca siete veces al día.

Sin embargo, en las biografías de Escrivá no aparecen sus defectos, que tuvo que tener, ni sus pecados, que evidentemente tuvo. Y cuando aparecen, se justifican. Si Urbano reconoce que se enfadaba a veces, lo solapa con la excusa de que no podía soportar que no tratasen bien al Señor, o de que las cosas se hicieran sin perfección, porque todo debía hacerse correctamente, para dar gloria a Dios. Sin embargo, ex - numerarias auxiliares han contado que gritaba como un poseso cuando le llegaba el olor de la cocina, y que obligaba a las sirvientas a cerrar las ventanas, aunque se ahogasen de calor. Y que mandó repetir hasta siete veces la fritura de un huevo, hasta que quedase como le gustaba. Y eso es un defecto, ¿o no?.

Los testimonios de esta página sobre los defectos de Escrivá no hacen otra cosa que completar un cuadro, en el que han sido eliminados, de forma vergonzosa, las sombras. Y si alguien explica cosas falsas, esa persona, y no los demás, tendrá que dar cuenta de sus mentiras.

3.- Por otro lado, no todas las personas que escriben en esta página niegan la santidad de Monseñor Escrivá. Yo, por ejemplo, no tengo ni remota idea de si el fundador del Opus Dei goza de la visión divina, aunque, particularmente, no me extrañaría, ni me escandalizaría. Todo lo contrario. Está de acuerdo con la misericordia de Dios, y de su Madre, de la que era gran devoto.

También creo que mi abuela, que no fue a Misa casi nunca, también está en el cielo. Y no me extrañaría que Judas Iscariote, si se arrepintió en el último momento de su vida. O Pilatos. ¿Qué se yo?

Dios es misericordioso, y perdona nuestros pecados, por muchos que sean. Vino a la tierra a salvarnos, y no a condenarnos. Si Escrivá se equivocó tanto, como para que la Obra que él fundó nos hiciera daño a tantos, es posible que la misericordia del Señor se lo hiciera ver en esos segundos que dura la agonía. Si se arrepintió, se confesó antes de morir de todos los pecados que recordara, y ha recibido miles, quizá millones, de sufragios, hombre, es muy posible que esté en el cielo. Si no, Dios no sería Misericordioso.

4.- Otra cosa es que Escrivá sea un ejemplo para la cristiandad, porque ese es el motivo esgrimido por la Iglesia para elevar a algunos fieles difuntos a los altares. Quizá Escrivá no sea un ejemplo en sí mismo, sino en el conjunto en el que se inserta. Me explicaré.

La santificación de Escrivá se produce en un pontificado en el que se han elevado a los altares a muchos santos, tantos como en toda la historia de la Iglesia. Esta nueva política papal sugiere y enseña a los católicos que la santidad no es un "estado excepcional" en la vida de los cristianos, sino que es una aspiración de todos los fieles. Y por eso es normal que muchas personas puedan ser canonizadas, aunque su vida no haya sido excepcional. Pienso en Federico Ozanam, un santo casi desconocido, o en Josefina Baquita, beatificada con Escrivá y canonizada antes.

Desde esa perspectiva, creo que Escrivá puede ser un ejemplo de cómo una persona con los evidentes defectos de Escrivá, tan controvertida en vida, con tantos enemigos, puede ser elevado a los altares, igual que Teresa de Calcuta, una santa ensalzada hasta por los enemigos de la Iglesia. ¿Por qué no?

A mí no me escandalizaría que el pobre Jesús Gil y Gil haya sido acogido por Nuestro Señor en su seno. ¿Y me va a escandalizar que lo haya sido Escrivá?

5.- Lo que le pasa a la gente de la Obra es que veneran a "su santo" como si fuera el más grande de los nacidos de mujer, o casi. Así, Genoveva, en un escrito del otro día, reprochaba a muchos santos su escasa cosecha de milagros, frente a los cientos de su fundador, en tan pocos años de "trabajo".

Por eso, se ofenden tanto cuando algunos de los ex, en esta página, critican sus actuaciones terrenales, o su actuación en el tiempo, que es el Opus Dei.

Y se olvidan de que los santos tuvieron muchos defectos, y de que los buenos discípulos que escribieron sus biografías después de que murieran no se recataron en explicarlos, para que así se viera que Dios había transformado sus flaquezas humanas en fortaleza divina. Así, el ejemplo ya citado de Pedro, pero también el de Pablo (perseguidor de los cristianos), el de Agustín (gran pecador antes de su conversión), etc, etc.

Porque la Iglesia eleva a los santos a los altares para ensalzar las maravillas del Señor, que perdona a sus hijos, pecadores, y los eleva a su derecha, aún sin merecerlo. Los santos no son semi-dioses, señor Díaz, ni tampoco lo es Escrivá, aunque haya sido canonizado. Hasta un prominente miembro de la Obra, Jesús Urteaga, escribió un libro que se llamaba "Los defectos de los Santos". Sí, de los santos.

Por eso, como los "fieles" de la prelatura no han cumplido con esa obligación, la cumplimos nosotros. Y sin cobrar ni un duro.

6.- Luego pone el ejemplo del matrimonio, que no porque muchas personas se separen se pueda decir que el matrimonio sea una trampa o un montaje.

Ese ejemplo, como usted sabe, es un poco tramposillo. Porque cada hombre se casa con cada mujer y se separa, siendo cosas distintas el matrimonio y las personas que se casan, por lo que los defectos de los primeros no se transmiten a la segunda.

Sin embargo, en nuestro caso, todos nos hemos casado con la misma persona, y todos hemos salido defraudados. ¿Qué pensaría usted de una feligresa que se casa con cincuenta personas, y que los cincuenta se divorcian de ella, y echan pestes? Hombre, algún defecto tendrá, ¿no? Aunque haga muchos milagros, oiga.

7.- Luego dice que si atacamos a la Obra, atacamos a la Iglesia, porque es una parte intrínseca de la misma.

No es cierto. La obra es una prelatura personal, una parte de la Iglesia, una sección, o secta (en sentido estricto, no peyorativo). Es un instrumento que emplean algunos fieles, dentro de la Iglesia, para vivir su compromiso cristiano. Pero no es una parte "intrínseca". Puede desaparecer, si dejan de haber miembros en sus filas. Puede ser disuelta, como lo han sido algunas órdenes religiosas. Puede escindirse. Y puede ser criticada, como todas las instituciones, cuando personas libres ven defectos en las mismas.

Pero no sólo se puede criticar a la Obra. También se puede criticar a la Iglesia, cuando hay cosas que no se hacen bien. No se olvide que, cuando ustedes, los protestantes, se separaron de la Iglesia, dando un portazo, por los evidentes abusos que criticaron Lutero, Calvino, y otros, otras personas, dentro de la Iglesia, como Teresa de Jesús, Paulo III, etc, criticaron los mismos excesos que a ustedes los llevaron a dar un portazo y largarse, y reformaron las instituciones, obligando, al final, a la convocatoria del Concilio de Trento, creo.

Es bueno seguir el ejemplo de los primeros cristianos. Cuando Pedro vino a Antioquía, en presencia de Pablo, comía con los gentiles. Luego, cuando llegaron algunos de los de Santiago, que debían ser la monda, se apartaba, porque les tenía bastante miedo. Y Pablo, el que había llegado al colegio apostólico como un abortivo, el perseguidor de los cristianos, el último de Filipinas, le pegó una bronca de espanto al Papa. Y Pedro cambió. Y Pablo no se conformó con eso, sino que está escrito con todo lujo de detalles en Gálatas, 2, por los siglos de los siglos.

Así se comportaron los cristianos. Y así lo hacemos nosotros

8.- Me hace gracia que diga que a lo mejor le estamos haciendo el juego al enemigo. No lo sé, reverendo. Yo no me he ido de la Iglesia Católica, pese a haber sido lastimado por una de sus prelaturas. A lo mejor el juego lo hizo el fundador de su Iglesia separada, vaya usted a saber. Pero tampoco estoy seguro. Ese juicio se lo dejaremos a Dios, ¿le parece?.

9.- Termino. Para decirle que no creo que sea usted pastor protestante. Si usted fuera quien dice ser, habría informado de su pertenencia a la Iglesia Evangélica, a la Luterana, a la Episcopaliana. Lo de "pastor protestante" me recuerda al relato de Escrivá sobre un alto cargo de la Curia romana que le hizo la vida imposible. Cuando hablaba de este hombre maldito (que no se quién es), siempre acababa diciendo "Aquel hombre abjuró de su fe, se casó, y ahora es pastor protestante".

Creo que se le ha visto mucho el plumero, señor Díaz. Y si me equivoco, ruego me diga el nombre de su Iglesia, y el lugar donde se encuentra su misión. Y que acepte mis humildes disculpas por este último apunte.

 

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