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A LA OBRA LE PIERDE LA PRAXIS

MELQUI, 3 de mayo de 2004


Yo también hace poco más de un mes que conozco esta página, y la verdad es que no he tenido tiempo de leer todos los escritos e intervenciones.

Sí que he visto algún insulto en algunos mensajes, pero me ha dado la impresión de que no es el tono general de la página. También creo que en algunos casos se confunde la oposición al Opus Dei con la oposición a la Iglesia Católica, e incluso se rechazan enseñanzas que se pretenden como del Opus Dei, cuando realmente es doctrina de la Iglesia. Pero, claro, nadie es perfecto y, por otra parte, no podemos juzgar la situación de cada uno. Unos se han alejado del Opus Dei sin alejarse de la Iglesia Católica, otros se han alejado incluso de la creencia en Dios y otros parece ser que se han incorporado a otra religión o están en un mar de dudas. En esto, como en tantas otras cosas, lo peor que hay, José Luis, es generalizar.

Yo, personalmente, no conocí a san José María Escrivá, porque "pité" en 1976, por lo que no voy a emitir ningún juicio sobre su personalidad, a la cual tú te refieres. Por otra parte, me parece estupendo que sea santo y no se me va a ocurrir imponer yo a una persona los requisitos para entrar en la vida eterna, aparte de porque no estoy capacitado para ello, por si acaso luego a alguien se le ocurre ser igual de exigente conmigo.

Sentado lo anterior, la página me parece interesante, sobre todo por la sensación que tienes de que hay determinadas cuestiones que se repiten en los relatos de todos y en tu propia experiencia. No creo, por eso, que sea inteligente descalificar sin más todo lo que se dice en la página, por considerar que se trata de "desahogos de maripilis desairadas", ya que la gran mayoría de los comentarios pueden resultar muy útiles, tanto para los que se salieron como para los que (ellos o sus hijos) puedan estar cerca de entrar. Incluso podría resultar útil para los que están dentro con capacidades de organización y dirección, siempre que no se desprecie sin más todo lo que se dice "fuera", y se recuerde humildemente que Dios llegó a hablar incluso a través de la burra de Balaam.

Sólo me permito comentar, José Luis, que no parece real la situación idílica que planteas como tu propia experiencia. Es difícil que una persona, después de 10 años de "una entrega total" (como se pide y se vive en el Opus Dei), y más si ha sido absolutamente feliz en esa entrega, al marcharse se quede tan tranquilo y feliz, exactamente igual que si nada hubiese pasado, y todos tan amigos.

Porque claro, la salida de la Institución obedece necesariamente a una causa, y de ahí se siguen unas consecuencias. O bien no se tenía vocación, con lo cual la vida dentro debió ser cuando menos cuesta arriba, y no tan feliz. O bien sí se tenía vocación, pero alguna circunstancia le impide ejercerla (una enfermedad, por ejemplo), con lo cual la vida dentro sí fue feliz, pero la salida supone una renuncia y una cierta sensación de fracaso. O bien uno se creyó que tenía vocación porque se lo dijeron y ahora se siente engañado. O bien simplemente se es infiel a lo que se considera una vocación verdadera, lo cual supone todavía mayor angustia y zozobra. Por lo tanto, si has sido absolutamente feliz dentro durante diez años y ahora lo dejas sin notarlo, y todos tan amigos, pues ¿qué quieres que te diga?, o viviste una entega falsa o te engañas a ti mismo ahora pensando que aquí no ha pasado nada.

Es como cuando leo en la prensa que un matrimonio se ha dejado después de 10 años y que no pasa nada, que siguen tan felices y tan amigos "como antes". Pues yo opino que o bien nunca hubo un matrimonio verdadero o bien se engañan o nos engañan con esa separación tan feliz, porque después de haberte entregado verdadera y totalmente a una persona y de haber compartido todo un proyecto de vida con esa persona, la ruptura tiene que ser necesariamente dolorosa y comporta de algún modo un cierto "fracaso vital". Al menos esa es mi experiencia en las separaciones matrimoniales (soy abogado) y la de mis amigos psicólogos.

Yo creo que la doctrina del Opus Dei es buena en muchos aspectos, e incluso admito que pueda hacerle bien a determinadas personas (sobre todo a supernumerarios con determinado temperamento, siempre y cuando entren ya maduros). Sin embargo, aparte de otras matizaciones y consideraciones que no vienen al caso, creo que a la Obra le pierde la praxis. Y no sólo por el contenido concreto de esa praxis, sino porque la praxis llega a convertirse "de facto" en la suprema pauta de actuación, incluso aunque vaya en contra de la teoría o de la doctrina.

A mí me parece estupendo ser "los demás" y "cristianos corrientes", pero los numerarios no lo son. Por lo tanto, si se quiere que los numerarios sean cristianos corrientes hay que dar la vuelta a los planteamientos prácticos como a un calcetín. Y si no, no pasa nada, pero cambiemos las frases, y cuando le ofrezcamos a un chico de catorce años que se incorpore al Opus Dei, no le engañemos diciéndole que va a ser lo que no va a ser.

Si un numerario es libérrimo, que lo sea de verdad, y si está sujeto al criterio de los superiores en casi todo que se diga así, simplemente. Pero lo que no se puede es convencer a uno de que es libérrimo cuando al mismo tiempo le estás diciendo que tiene que hacer lo que tú le dices, pero (eso sí) libérrimamente y además con naturalidad.

Y lo que, sobre todo, no se puede hacer, es marcar los ritmos de las vocaciones según la cadencia de las fiestas internas, porque eso supone llevarse a las personas por delante. Y menos todavía si después le pones de director a un chico de 19 años o lo encomiendas a un sacerdote sin experiencia para que sean sus guías espirituales. Dice San Juan de la Cruz que "muchos maestros espirituales causan mucho daños a muchas almas" (nótese el tres veces mucho) por falta de experiencia. Pues si esto lo dice de "maestros espirituales", qué habrá que decir de gente muy joven que está en un cargo en el que dirige y guía, a veces, por simple docilidad a la praxis interna.

Y luego, ¿por qué esa manía en ir explicando al aspirante a lo que se compromete poco a poco?. ¿Por qué no se espera, antes de escribir la carta, a que el pitable tenga TODA la información de lo que su entrega al Opus Dei le va a significar?. ¿Por qué aparece tan frecuentemente en los relatos la ignorancia?. Si se explicase todo, no sería necesario contestar cada dos por tres "ya lo entenderás" o "¿no te has entregado por entero?, entonces ¿qué mas te da esto o lo otro?". Es como si a una persona se le dice que va a entrar en un convento según la regla de San Benito, pero luego cada dos meses se le va explicando que, bueno, era la regla de San Benito pero con revisiones, y siempre hay alguna revisión más que conocer.

En la Iglesia, que es santa, se han reformado a lo largo de la historia muchas cosas, porque también es institución humana, y por ello reconoce que siempre estará necesitada de reforma. Igual ha ocurrido en muchas congregaciones religiosas. En el Opus Dei, en cambio, es muy difícil que nadie pueda nunca reformar nada, porque no se reconoce que, como institución humana, pueda estar necesitada de reforma, sino que todo es inatacable y todo, hasta el más mínimo detalle, pertenece al espíritu de la obra y por tanto es "obra de Dios". Y así resulta que los simples gustos del fundador, o incluso malos hábitos de dirección, se convierten en criterios, y los criterios en espíritu de la Obra y, como tal, proveniente de Dios. Y se hace de la anéctoda categoría. Y al final resulta que alguien llegará a dudar, de buena fe, de que un numerario pueda llegar a ser santo según el espíritu del Opus Dei si, pese a santificar el trabajo y ser contemplativo en la vida ordinaria, no le gustan los crespillos. Eso sí, libérrimamente.

 

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