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CORRESPONDENCIA

 

Lunes, 07 de Junio de 2021



Tenía su corazón en la mano.- misita


TENÍA SU CORAZÓN EN LA MANO

misita, 7/06/2021

Era una niña preciosa, alegre, guapa, buena, inteligente. Lo malo es que era ingenua e inocente. Demasiado. Desde niña iba por el club. Allí era feliz, tenía amigas, le encantaban las actividades, las colonias de verano, los festivales. Todo. Quería mucho a las monitoras, jóvenes y alegres. Con una de ellas tenía una afinidad especial. Pronto le tomó cariño. Hablaba con ella, le confiaba sus temores, alegrías, tristezas, problemas con amigas, familia, estudios. La monitora la entendía, la quería, era su amiga. Podía confiar plenamente en ella.

La maquinaria se puso en marcha de forma implacable. A partir de los doce años, ya en la Eso, fue escogida para tareas especiales: ¿nos ayudas en esta actividad?, ¿puedes ayudar a esta niña a estudiar?, ¿quieres venir a una meditación especial y después tendremos un super plan? ¿quieres ayudarnos a ser monitora con las pequeñas? Ella estaba feliz, claro que sí. Era carne de cañón, la pobrecilla. Habían decidido que sería numeraria, sí o también. Durante años se le marcó el camino con un plan perfectísimamente trazado y pautado: todas las piezas estaban engrasadas y en marcha: la monitora, la directora, el consejo local, el cura del club y, en el escalafón más alto, la Delegación. Todos cariñosos, acogedores. La monitora reportaba, cada vez más frecuentemente, las charlas e intimidades de la niña: Ya hace oración diaria, ya se está planteando darse completamente a Dios, reza frecuentemente, no piensa en los chicos, le he dicho que el matrimonio no es la donación más completa, que Dios espera algo más de ella, que lo espera todo. Sí, se le están haciendo planteamientos muy decisivos. Ahora sólo queda esperar a que tenga la edad y no soltarla.

Por fin, la niña llega a los 14 años y medio. Apenas ha salido del club. Pita. Todo el mundo está feliz, ha sido todo tan espontáneo, natural y sincero. Está feliz la monitora; feliz la directora que, al fin, puede reportar un resultado exitoso en la Delegación, que le iba pidiendo informes de la evolución; feliz el cura que ha tratado a la niña en infinidad de confesiones. También está feliz la niña, pues ve claramente que su camino en la vida es ser numeraria. Así lo ha decidido, con plena libertad, tal como le han dicho.

Empieza a vivir su vocación. Ya está dentro. Pasan los meses… ve y vive cosas que le chocan. Le encargan el cuidado de las niñas del club. Le dicen que sea alegre, simpática, moderna, atrayente. En suma, una persona “enrollada”. Le dicen que tiene que hacerse amiga de las niñas y animarlas a que confíen en ella. Luego, estas confidencias las reportará al consejo local, para que éste pueda discernir quién tiene madera vocacional y quién no, quién tiene el ambiente familiar a favor y quién no (cuestión ésta cada vez más preocupante y agotadora, pues si antes se luchaba contra los padres de fuera, ahora también contr los de dentro). Pero ella empieza a cuestionarse: ¿tengo que hacerme amiga? ¿tengo que contar lo que me cuentan las niñas? ¡pero si son sus intimidades, me lo cuentan en confianza! No le gusta traicionar a sus amigas, y menos le gusta que otros decidan cuál va a ser su futuro a tan tierna edad. Ve cálculo y cifras, ve objetivos y metas, no ve amor. Se cuestiona: ¿eso es lo que hicieron conmigo? Y cada vez le cuesta más vivir la mentira. No puede llevar una doble vida, sobre todo tratándose de la amistad. Ella es así. No puede.

Pasan un par de años. Ha madurado. Está dejando de ser aquella niña crédula e ingenua. Ve la manipulación en la infancia, en las personas y en las conciencias. Le horroriza y le asquea. Ahora ve todo el entramado- ella está formando parte de él- que hace falta para preparar una vocación. Dios mío ¡hasta el cura cuenta lo que las niñas explican en confesión! Dice que se va. Y se va.

Afortunadamente, el tiempo que ha estado es relativamente breve, con lo cual no ha acabado rota, como otras jóvenes. De vez en cuando se encuentra por la calle con su monitora favorita. Sigue con niñas, tiene gancho. Pero… percibe que está siempre demasiado alegre, una sonrisa forzada, continua, un continuo jajaja, un querer demostrar que es tan feliz, un necesitar transmitirlo con fotos maravillosas y divertidas en Instagram y demás. Que se vea bien que somos felicísimos. A veces (no muchas) le da pena, pobrecilla, y adivina que no es tan feliz como quiere demostrar, adivina que querría ser libre pero ya no puede serlo. La monitora ve que sus niñas (ella ni fue ni será la única) han ido creciendo y desligándose- cada vez más gente y más temprano- y vuelan por el mundo a su antojo, sin que nadie las dirija ni les arrebate la vida. Ella, sin embargo, está dentro. No tiene dónde ir. Sigue en el sistema.

Años después, feliz en medio del mundo, pero el de verdad, no el otro, cuando recuerda aquellos tiempos y a su monitora favorita dice: “tuvo el corazón de una niña en su mano y lo rompió”. Que Dios les perdone. Las víctimas no sé si lo harán. Pero eso al Opus Dei le da igual.

misita





Al Capone, el fin del Opus Dei y las numerarias auxiliares.- Jval

Al Capone, el famoso mafioso, no fue condenado por sus 400 asesinatos -directos o indirectos- ni por todo su entramado de crímenes y corrupción, lo que lo llevo a la cárcel fue evasión de impuestos. Al opus posiblemente lo podemos ver caer por como trataron y tratan a las auxiliares.

Desde los 17 años hasta los 34 fui numerario. ¿17 años perdidos? Definitivamente. Solo agradezco el haber conocido a algunas personas buenas, y a un par de santos, personas a las que también el Opus Dei manipuló y uso como lo hicieron conmigo. Claramente me sigue doliendo haber gastado la juventud en esa ilusión, pero también soy consciente de que yo fui culpable de mi propia ceguera. En esa época yo tenía la ilusión absurda de que era inteligente -lo pensaba porque los test de IQ decían que estaba por encima de lo esperado-. La verdad era otra: fui un completo idiota, ciertamente útil y, para completar bien comportado, que pasó gran parte de esos 17 años en consejos locales -solo subdirector, porque soy poco ordenado para secretario y muy “buena gente” para ser director-. Pero ese dolor de haber perdido 17 años ya es capítulo cerrado.

En cambio, el dolor que no logro superar, el que me hace hervir la sangre, el que me hace saltar lágrimas que no me dejan escribir esta nota es la injusticia con las auxiliares.

Claro que me duelo por mis amigos, por mis compañeros de centro de estudios que terminaron con profundas depresiones y con exageradas dependencias a drogas psiquiátricas que nunca logré entender, claro que me duele ese desperdicio de buenas personas -We few, we happy few, we band of brothers-, pero algo nos cabe de culpa: Entre al opus con 17 años, claramente sin tener aún desarrollado mi lóbulo frontal, a los 21 ya lo tenía pero completamente lavado y como explica Stanley Milgram entre la teoría de conformismo y la teoría de cosificación ya estaba perfectamente listo como soldado bien entrenado para obedecer a los directores. Pero también fui a una universidad, conversaba con personas fuera del opus, podía abrir los ojos y no los abría, podía salir a trabajar -bueno, realmente no siempre y no tanto como hubiese querido- pero en cambio, mis compañeras lejanas de infortunios, las auxiliares, no solo estaban a 100 mil kilómetros -ya no recuerdo el kilometraje-, estaban metidas dentro de las cuatro paredes de esos espacios minúsculos en donde el opus las guardaba encerradas. ¿Qué interacción externa podrían tener?, ¿Qué herramienta les podría haber servido para entender que vivían una esclavitud?, ¿Cómo podían captar la estructura de gobierno y manipulación que las tenía más apresadas que las camarillas que nos cuentan? ¡Y además no les pagaban lo justo!

Siempre idealicé que las escuelas de formación eran realmente eso, que nuestras “hermanas pequeñas” realmente las tratábamos como se trata a una hermana menor, con mayor cuidado y cariño que a cualquiera. Descubrir que no se les pagaba bien, que no se hicieron las aportaciones justas a seguridad social y jubilación -que creíamos que estábamos pagando-, que trabajaban 15 horas para atendernos como señoritos, no es aceptable.

Lo que quiero decir, sin lograrlo realmente, es que necesito pedir perdón. Perdón a todas las auxiliares que nunca miré a los ojos para agradecerles, para decirles que estaba convencido de que ellas eran las verdaderas santas del opus. Perdón por no enterarme de lo que sufrían, perdón por haber sido parte del problema no de la solución. De hecho, no creo que exista solución, me parece que lo que han hecho contra las auxiliares merece que la iglesia acabe de una vez esa estructura de gloria humana que se inventó Escrivá.

Ultimo comentario, mi salida del opus fue dolorosa y muy larga -me dejé manipular más de la cuenta-. Pero llegó el momento en que ya no me importaba lo que me dijeran el vocal de san miguel o a quien me enviaran de la comisión a convencerme. Sólo me dolía por la auxiliar que me abría la puerta en la comisión: nunca la miré directamente, pero la conocía de años y pensaba que la estaba escandalizando. Hoy, veinte años después quisiera decirle a las auxiliares y a todos los numerarios, agregados y supernumerarios -que soportaron este texto largo y llegaron hasta acá- que recuerden por qué entraron al Opus y evalúen si realmente creen que algo santo puede maltratar a buenas personas, no hay explicación ni disculpa para la forma en que el opus ha usado a las auxiliares.

Jval





Varias cosas.- Antonio Moya Somolinos

El otro día recibí un whatsapp de una amiga mía, exnumeraria como yo, en el que me preguntaba si seguía vivo, ya que hace unas cuantas semanas que no sabe de mí en OpusLibros. Le aclaré que sigo vivo y además en este planeta, lo que pasa es que la vida de jubilado, hoy día, es de todo menos ociosa, y no solo porque me dedique a las labores propias de mi sexo (bricolage del hogar, llevar la basura, tener a punto todos los artilugios electrónicos que hoy día tienen las casas, gestionar un nuevo contrato de electricidad, habida cuenta del revuelo ocasionado por las tarifas eléctricas, etc.), sino porque estar jubilado permite una mayor disponibilidad para la vida social y familiar, que por supuesto tiene prioridad. Una de las cosas que hemos hecho últimamente es ir a Roma a la ordenación sacerdotal de un sobrino numerario, de la que os voy a contar algo. Por otra parte, aunque no he publicado, sí he leído, y con atención, lo relativo al nuevo frente de problemas que el propio Opus se ha buscado (se viene buscando desde siempre) de esas 43 chicas extraordinarias argentinas que han tenido el coraje de plantarle cara a esa injusticia y a ese trato degradante que como numerarias auxiliares han padecido desde hace tanto tiempo. También he leído en OpusLibros alguna colaboración de quien no sabe cómo hacer para tener un trato normal con familiares suyos del Opus totalmente fanáticos y cegados por el fanatismo. Algo diré también sobre esto. Es más, voy a empezar por ahí, y lo voy a relacionar con los días pasados en Roma...



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Piden informes al Opus Dei.- Carmen Charo


Del Frade pide informes por las mujeres que sirvieron al Opus Dei en Rosario

El diputado provincial del Frente Social y Popular es el primero en Santa Fe en recoger el guante de la denuncia pública de las exnumerarias

 

Laura Vilche

Sábado 05 de Junio de 2021

 

"La Cámara de Diputados y Diputadas de la Provincia de Santa Fe vería con agrado que el Poder Ejecutivo, a través del Ministerio Público de la Acusación y del Ministerio de Trabajo, informe si existen denuncias realizadas contra la prelatura personal del Opus Dei en el ámbito de la provincia de Santa Fe en los últimos diez años y en caso afirmativo cuáles fueron los resultados de esas investigaciones". El pedido de informe es reciente y está firmado por el diputado provincial del Frente Social y Popular Carlos Del Frade. Es la primera reacción del Estado en Santa Fe ante una denuncia pública de 43 mujeres que trabajaron en estado de servidumbre, privadas de la libertad, sin salario ni aportes durante años para el Opus Dei: 7 de ellas en Rosario.

 

Del Frade ancla sus fundamentos en las notas publicadas por La Capital a partir del 30 de mayo pasado donde se denuncia este reclamo colectivo, además de la historia de la institución y se suma la entrevista a una investigadora que sigue los oscuros pasos del Opus Dei en Argentina desde hace diez años.

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