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MANUAL PARA PADRES DE NUMERARI@S JÓVENES

EMEVE, 17 de septiembre de 2004

 

 

                                   Una especie de introducción

 

Inspirada en el amor de mis padres, y en lo comentado en esta web, me atrevo a hacer este pequeño escrito que pomposamente llamo manual. La palabra clave es atreverse, porque hay que ser muy atrevida para meterse a  dar consejos, pero quizá servirá para darles ideas a los padres de jóvenes numerarios y numerarias sobre cómo actuar con sus hijos, tanto si ingresan como si salen del Opus Dei. Hablo de esta realidad porque es la que yo conozco, espero que se vaya enriqueciendo con los comentarios de otros cybernautas que visitan y aportan en esta web, y si es una gran tontería, pues no la lean y punto.

 

I.                     Si su hijo se hace del Opus Dei:

 

1.      Esté alerta, porque detectarlo es lo más difícil del mundo, aquí le doy algunos de los síntomas:

 

-         El chico o chica empieza a frecuentar un centro del opus dei (en adelante "centro") todos los días con diferentes excusas, por lo general es a estudiar (la gente que no es de la obra solo va una vez a la semana o cada 15 días y son muy renuentes a ir a estudiar todos los días, salvo que sea época de exámenes).

-         Va a “retiros mensuales” todos los meses, y en días domingos (los sábados suelen ser para las personas fuera de la obra, como jóvenes universitarios).

-         Empieza a usar una agenda donde anota todo, y no deja que nadie vea lo que tiene dentro (suelen tener folletos de las oraciones “internas”, en realidad la preces son la oración oficial, pero hay folletos del Trium Puerorum, del Salmo II, y de alguna otra oración en latín).

-         Deja de ver televisión, al menos no lo disfruta como antes, y hay películas o programas que le parecen “inmorales” (se dan casos de gente que le grita al televisor, o que pelea con sus padres por las películas que mira)

-        Intenta convencer a otros miembros de la familia a asistir a centros del opus dei, les empieza a hablar de anécdotas del fundador, y de la gente de la Obra, con mucho entusiasmo, y a repartir estampas del Santo o de su sucesor.

-         Deja de frecuentar amistades del sexo opuesto y de ir a fiestas, incluso fiestas familiares.

-         Empieza a ser más pudoroso de lo acostumbrado (se viste en el baño o en su habitación, siempre solo o sola sin que nadie lo vea) y a vestirse con mucho recato (suele ser por pudor y porque no le vean las marcas que el cilicio deja en las piernas)

    y hay días en que va a misa de una manera más elegante de lo habitual (días de fiesta, no solo las fiestas de la Iglesia, sino fiestas internas).

 

2.      Una vez detectado o con sospecha fundada, usted le preguntará, y él o ella lo negarán al menos hasta que haga la Admisión (6 meses después de pedida la admisión mediante carta al prelado) y en otros casos la oblación (1 año después de la Admisión, es decir un año y medio después de escrita la famosa carta), depende de la restricción mental que se imponga para no “mentir”, porque en estricto antes de la Admisión no son miembros, y los compromisos (contrato por un año, renovable) se asumen recién con la Oblación. Pero sepa usted que su hijo o hija vive como miembro desde el día en que escribe la carta pidiendo la admisión.

 

3.      Cuando lo consideren conveniente (por lo general, para pedirle dinero para una convivencia en verano o un curso de retiro: ojo, las convivencias para no miembros no duran más que un fin de semana, en cambio los miembros célibes acuden a convivencias de entre 1 mes y 15 días y a retiros de 5 a 7 días) le dirán que son miembros o que quieren serlo. Es muy raro que quien se lo plantee lo comente con su familia, así que si le comenta algo es para ir preparándolo para el “notición”.

 

4.      Una vez que se lo dice, es que ya se va a vivir a un centro o que ya hizo un compromiso definitivo (Oblación) o que usted ya lo notó por las señales y no puede seguir negándolo.

 

5.      La única reacción posible de una familia, es no oponerse, si usted se opone, simplemente le confirmará lo que le han dicho en el “centro”. Sepa usted que a su hijo le han dicho que usted (su padre o su madre) es, sin quererlo, el mayor enemigo de su vocación (llamada divina), y como enemigo que es, huirá de usted y nada de lo que le diga le hará cambiar de opinión, al contrario, lo reafirmará en que eso es lo que Dios quiere, porque están preparados para las “contradicciones” (les encanta contar cómo se fueron dejando novios plantados y en contra de la voluntad de sus padres, adquieren una especie de “aureola” que les hace sentirse felices, a pesar que les duela estar lejos de usted)

 

6.      El consejo es: no se oponga, escúchelo, pregunte, dígale que quiere conocer lo que es el Opus Dei, y que pase lo que pase usted es su padre o su madre, y lo querrá siempre, y estará siempre para ayudarlo y apoyarlo, y que si ese es el camino que ha elegido, pues que sea feliz, aunque a usted no le guste y no sea lo que usted quería para él, ya sabe que los hijos son “prestados” y es su deber respetar su decisión, haga de cuenta que su hijo o hija se casó con alguien que a usted no le gusta, pero sin embargo usted lo tiene que respetar y hacerse a la idea, pero siempre esté alerta.

 

7.      Una cosa importante es que sea como sea, no le facilite el dinero. Si su hijo quiere ir a una convivencia o a un retiro, que consiga el dinero, dígale algo así como “te he tratado como un adulto al respetar tu decisión, asume tú como adulto las responsabilidades que tu decisión implica, consigue un empleo y paga tus actividades”. No se haga ilusiones, él o ella conseguirán el trabajo, e irán a la actividad planeada, pero ya usted le ha metido el bicho de asumir su propia “responsabilidad económica” y de no depender de los padres, esa idea será vital en su relación con el Opus Dei, y puede que incluso ya no lo vean como un “ingreso” sino como una “carga” y lo dejen ir (salir de la Obra) con más facilidad que si usted es quien solventa los gastos del Centro.

 

8.      Quítese la idea de que dándole dinero lo va a retener o va a hacer que lo quiera más, igual se va a alejar de usted, y le pedirá dinero para su manutención y para cualquier gasto, por eso le repito que es importante que en su centro sepan que usted no regala dinero, que lo trata como un hijo adulto con sus propias responsabilidades, y que ya no es un hijo dependiente y menor de edad. En su centro le dirán que le diga que así como usted mantiene a sus otros hijos, deberá mantenerlo a él, es una táctica común, pero usted manténgase firme. Probablemente podrá transar en pagarle los estudios, pero no suelte más dinero. Eso sí, todo dentro de un clima cordial, no haga nada por pelearse con él o ella, aunque él o ella lo intentará, usted manténgase firme en lo de la decisión adulta y la responsabilidad.

 

9.      Haga lo posible por conocer a los de su centro, al director o directora, y a los que viven allí, pero no les cuente todo, y no se haga ni cooperador ni supernumerario, ni nada, a menos que le convenzan a usted, o que su hijo ya lleve años de felicidad y esté usted convencido de que eso es lo mejor. No ingrese al Opus Dei por ganarse a su hijo, definitivamente le apreciará mucho, le dará gusto haber conseguido que usted se haga miembro, pero no por eso lo verá más, ni conversará cosas íntimas con usted. Acéptelo, lo ha perdido, hágase la idea de que se ha casado con una mujer celosa, posesiva y que no quiere a los suegros en su casa, lo verá cada cierto tiempo (poco) y si se va fuera de la ciudad, menos aún, y quizá escribirá poco y lo que le escriba estará “editado” por lo que su director le diga.

 

10. ¿Qué hacer? Quiéralo mucho, mucho, mucho, si no llama, llámelo usted, escríbale usted, visítelo usted, pregúntele siempre por su salud (invariablemente parecerá feliz), sáquelo a comer fuera (haga de todo porque salga solo) y pregunte por su “labor apostólica”, interésese en lo que a él le interesa, porque allí podrá usted detectar si es feliz o no. Si es feliz, alégrese, porque su hijo o hija ha encontrado su camino y ha sido lo mejor para él. Si no es feliz, o está mal de salud, ofrézcale atención médica (en médicos que no sean de la Obra y que sean de su confianza), y si se niega, si a pesar de decir que está bien, usted detecta que no lo está, dígale que recuerde que pase lo que pase usted es su padre, y estará allí, a una llamada telefónica o a un e-mail de distancia.

 

II.                   Si su hijo le dice que salió de la obra:

 

1.      Este suele ser un paso muy difícil si los padres son supernumerarios, porque en esos casos, el primer apartado de este “Manual” es inoperante. Estos padres suelen ser los más felices con la nueva “vocación”, se sienten realizados. Eso hace que los hijos se lo pasen peor de lo que ya es, y sientan que defraudan a sus padres, y probablemente resistan dentro más de lo que pueden, solo por evitarles el disgusto. Y lo más probable es que el sentido de la vergüenza que tienen haga que no les pidan ayuda a los padres.

 

2.      Es muy raro que un padre supernumerario pida consejo a esta web, o a alguien fuera de la Obra, pero si su amor paternal es más fuerte que el fanatismo en la obra, podrá leer estos consejos y tal vez le sirvan.

 

3.      En todos los casos, recíbalo con cariño, mucho amor, y no haga preguntas, acepte que él o ella hablen cuando estén listos. Pero que sepan que independientemente de lo que haya sucedido, son sus hijos que vienen heridos de una guerra y que lo van a ayudar a curarse, y a seguir vivo.

 

4.      Probablemente su hijo o hija salga con actitudes raras, costumbres que usted no tenía ni le conocía, no le haga hincapié en eso, simplemente asúmalo. No le hable de la Obra, ni bien ni mal, que sea él o ella quien inicie la conversación, y cuando lo haga, escuche, eso es lo único que necesita, ser escuchado y amado.

 

5.      Si su hijo o hija no tiene trabajo, o ha ejercido labores internas, probablemente necesitará un curso de actualización profesional antes de poder buscar trabajo, si usted tiene las posibilidades, facilíteselo, el tener una ocupación le ayudará a evitarse la depresión, y conocerá gente nueva, nuevas amistades, quizás alguna novia o novio. Recuerde que su hijo o hija, así tenga 40 años, es emocionalmente muy chico aún.

 

6.      Si es usted de la Obra, o si tiene amigos allí, sea como sea, no les cuente nada de su hijo o hija, dígales invariablemente que “todo bien” cuando le pregunten, y no dé más datos ni lo comente con nadie, si tiene otro hijo en la obra, no le cuente nada de su hermano, sólo dígale que está bien y que le ayude a rezar por él. Lo que sucede es que con la información que usted dé a miembros de la Obra (así sean otros hijos suyos) les ayudará a enterarse de su vida y tenerlo indirectamente controlado, y probablemente lo que menos necesite su hijo es que sepan todo de él.

 

7.      Rece por él o ella, siempre, y pídale fuerzas a Dios, porque lo que le toca al rescatar a un hijo herido de la guerra no es fácil, pero viene en parte con ser padre, y juntos saldrán adelante, “el amor todo lo puede”, no lo dude.

 

 

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