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Cuando éramos santos.- Armando

Hola a todos!

 

El título de una película me ha inspirado el de esta carta aunque modificado porque refleja, en cierto sentido, aquel ideal de santidad en medio del mundo, sin dejar ese mundo, siendo del mundo, pero que al “regresar” a él no se le reconoce, porque el mundo del cual me decían que seguía siendo parte en aquel proyecto de santidad y el mundo al cual volví cuando dejé ese “ideal” no eran el mismo. No corrían ni siquiera paralelamente.

 

En mi carta anterior comentaba el bien que me ha hecho esta web, he conocido personas excelentes y de gran valía, de forma muy concreta quiero agradecer a Yasel quien tuvo el detalle de llamarme a casa, con lo que supone una llamada telefónica de un extremo al otro del charco, dicho en términos históricos “allende la mar océana”. Asimismo a Agustina a quien yo en lo personal, le doy las gracias de todo corazón por el bien que hace a través de esta web.

 

Lo que deseo comentaros en esta ocasión es el reencuentro con dos amigos, para los entendidos, dos motivos de corrección fraterna constante; dos causantes de tristeza al enterarme de su salida de la Obra, aunque uno de disgusto en su momento porque me dejó solo en un curso anual con lo que eso suponía al no tener compañero de “calaveradas”. Ambos se fueron antes que yo obviamente y aunque con uno de ellos me comuniqué posteriormente para continuar con nuestra amistad, ya no recibí noticia alguna de su parte.

 

Son de esas personas que te dejan huella, que lo pasas muy bien con ellos, que sus virtudes, cualidades, gustos etc., son de admirar y sobre todo, porque te brindaron una amistad sin traba alguna. Muchas cosas fueron las que vivimos juntos en aquellos cursos anuales. Cuántas excursiones, cuántas correcciones fraternas vividas juntos debido a esa amistad que era catalogada como “particular” y por tanto peligrosa al atentar contra la unidad de la Obra.

 

Tengo muy presente el momento de la partida de cada uno de ellos. El primero en irse se despidió de mí sin saber ambos que sería la última vez que nos veríamos. El otro salió posteriormente y tuvo el detalle de comunicarme su decisión por medio de un mail. Al leer aquello le respondí que para mí no había cambiado nada, que seguía siendo mi hermano, mi amigo y que no había motivo alguno para suspender la comunicación, ya no recibí respuesta y me quedó nada más el recuerdo de los días vividos juntos.

 

Al irme yo, pensé en recuperar la amistad de esas personas y me dedique afanosamente a encontrarlos, en mi lista habían tres nombres, a uno lo encontré pero le perdí la pista y lo cual lamento muchísimo, pero me faltaban dos. Un año y pico pasé en esa búsqueda y al encontrar esta web no sabía que llevaba más de la mitad del camino recorrido. Tres semanas llevaba leyendo lo publicado en “Opuslibros” cuando decido entrar al chat y siete días después de frecuentar asiduamente el chat, encuentro la pista que me llevó directamente a ellos. Demás está decir que ese reencuentro fue motivo de inmensa alegría para todos los implicados. Han sido horas de conversación telefónica para recordar anécdotas, para ponernos al día en lo que han sido nuestras respectivas vidas y sobre todo, para darme consejos y palabras de aliento en mí proceso de adaptación a la realidad. Me ha hecho gracia el símil que ha utilizado uno de ellos para referirse a esta etapa de mi vida, me ha dicho “es como en la película Matrix, te has desenganchado del ordenador que te hacia ver una realidad falsa, ahora estás viendo y viviendo en la verdadera realidad”.

 

La conclusión de estos días intensos de información y de reencuentros es: la vida sigue, hay que afrontarla tal cual es, con alegría, con optimismo y sobre todo, sin rencores, solo así se logra alcanzar la felicidad plena. Igual puedo estar equivocado en mi apreciación, pero por ahora me quedo con eso. Me fui después de casi 19 años y lo hice aún con todos los temores a la conciencia que me dejaron y todavía persisten, pero fue un acto libre y deliberado de mi parte, eso es lo más importante. Y claro, aprender de la experiencia pero sobre todo, estar dispuesto a ayudar a aquel que lo necesite.

 

He encontrado nuevamente a dos amigos que hice “cuando éramos santos” pero que ahora son seres humanos como yo, como todos, a quienes siempre he tenido muy presentes. Ahora la búsqueda sigue, hubo más personas que dejaron su impronta en mí al poder convivir con ellos. Personas que emprendieron el camino antes que yo, dejaron un vació inmenso en mi corazón, quedó sin ocupante un espacio especial y el cual, al verlo desolado, me hace recordar que están por este mundo, que en algún lugar sus vidas están tomando un nuevo cauce, me gustaría volver a encontrarlos, me encantaría poder estrechar nuevamente sus manos y sobre todo, hablar, comentar, reír sin restricción alguna, sin miedo a que alguien venga y nos llame la atención.

 

Aquí radica la fuerza para salir adelante, en ese deseo de recuperar lo perdido, de plantarme volver a vivir, no en las mismas circunstancias claro está, porque la adolescencia se ha ido y no se repetirá, de igual forma la juventud, no obstante, no es tarde, nunca es tarde, porque si consideramos que ya no hay solución alguna, estamos perdidos.

 

Es bueno enterarse de todo y por eso considero esencial la tarea de los autores y las autoras que publican estudios profundos y serios sobre lo que realmente es el Opus; para luego, con la información que se ha obtenido, retomar el rumbo, por muy difícil y complicado que esto pueda ser para alguna o para alguno. La clave es levantarse, con la frente en alto y vivir. Además, recordad, no estamos solos, desde el momento en que somos asiduos a esta web, la soledad ha quedado atrás.

 

Y claro, ahora que estoy haciendo nuevos amigos por el chat, espero algún día conocerlos en persona, tomarnos unas cañas por ahí, echarnos unas risas, si están en Madrid, dar un largo paseo por la Castellana, si están en Zaragoza caminar por la orilla del Ebro para internarnos en el tubo y degustar la comida aragonesa, si es en Valencia aproximarnos al mar y ver el atardecer de Levante y degustar una horchata fresca si es verano. Si es en Barcelona dirigirnos también al mar y sentir la brisa marina, respirando hondo, disfrutando de la vida, de la libertad. Ahora bien, si es en Bilbao, recorrer el Gugenhaim y hablar, disfrutar el momento y animarnos mutuamente. Pero claro, también me apetece recorrer Buenos Aires con los amigos que he ido conociendo últimamente y por qué no, también conocer Deli en India e internarme en aquella cultura exótica, en compañía de nuestra amiga que desde aquellas tierras está pendiente de cada uno de nosotros. Sea el escenario que sea, a seguir adelante, ahora si, sin temores ni complejos, porque hay una vida por delante llena de oportunidades para cada uno de nosotros.

 

Armando 




 

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