El Opus Dei era más un proyecto cultural que uno espiritual.- Salvador
Fecha Lunes, 13 noviembre 2017
Tema 100. Aspectos sociológicos


El Opus Dei no es consciente de aquello que podemos llamar el “problema cultural”, tan embebido como está de un determinado marco cultural que es completamente marginal en esta post-modernidad.

Los jesuitas, con Arrupe al frente fueron conscientes, en tiempos del Concilio, de la revolución cultural en marcha y cambiaron de rumbo. Hoy en día, dentro de la pluralidad jesuítica, es posible encontrar espiritualidad verdadera. Y mi recomendación es “volver a los jesuitas”.

Jacinto Choza trata de los condicionamientos culturales en relación a la religión y a lo eclesiástico, dos cosas diferentes que en sus trabajos –serios y muy elaborados- parece identificar, como lo hace el Opus Dei. O, por lo menos, no diferencia suficientemente.

Como dice Choza, hoy en día no hay una identidad cristiana; es decir, no hay una referencia cultural cristiana. Esto es dejar al Opus Dei sin contexto porque el suyo cultural es de un pasado que ya no tiene vida; y ajeno al mundo actual. Mi tesis es que el Opus Dei era más un proyecto cultural que uno espiritual.

El Opus Dei originario era una mezcla de intuiciones profundas y aspectos lamentables. Estos últimos, de principio y de detalle, han sido exhibidos en esta web.

Escrivá era como un empresario lleno de energía e ímpetu que percibe una necesidad importante en el mercado, formula la idea… pero no es capaz de traducirla en un producto adecuado o solvente.

Una de las ideas  era la de la secularidad. El producto resultante lo confeccionó a base de una espiritualidad reducida a un ascetismo férreo de una “orden (sumisión de observancias) laical” que se puede sintetizar en la fórmula de “religiosos sin papeles”. De una religiosidad de prácticas conventuales a compaginar con el trabajo normal. El público eran las clases dirigentes. Primero fueron los intelectuales, y fracasada la misión, la empresa, los altos funcionarios y la educación. Finalmente, el ámbito eclesiástico.

Su oferta consistía en la “selección de los selectos”, siguiendo el patrón jesuítico de entonces. Su finalidad, la reivindicación de un marco cultural cristiano –una identidad concreta- que la modernidad secular englobaba dentro de la “contrarevolución”. Su innovación fue ser modernos antimodernos. También innovó en política comunicativa. Nunca hubo espiritualidad, pero sí mucho marco cultural o identidad. En realidad, un proyecto eclesiástico- cultural.

¿Las pruebas de ello? Su historia. Me permito lanzar un esbozo ideológico y estratégico que me gustaría que fuera revisado y completado (hay blancos por falta de información que pongo en verde) por vosotros.

Cordialmente, Salvador.









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