El sentido de las festividades.- Gervasio
Fecha Viernes, 29 septiembre 2017
Tema 115. Aspectos históricos


El sentido de las festividades

Gervasio, 29/09/2017

 

Escribí el pasado viernes: Oí decir al fundador en más de una ocasión que  cada vez percibía menos la diferencia entre la providencia ordinaria de Dios y su providencia extraordinaria. Pero luego, a la hora de la verdad, teníamos que aceptar que Dios había intervenido en su vida milagrosamente en diversas ocasiones. Por si se nos olvidaba o no lo teníamos en cuenta suficientemente, dentro de Opus Dei, hay varias festividades en las que se conmemoran sucesos extraordinarios de los que $anjosemaría fue protagonista. Las principales fechas que se celebran son el 2 de octubre de 1928 y los 14 de febrero de 1930 y de 1943. En esas fechas hay aperitivo, comida especialmente esmerada, café, copa, puro y no se usa cilicio. Y a lo mejor hasta se proyecta una película. Tales conmemoraciones, como es de suponer, son muy bienvenidas. Nos daban mucha devoción. Tanta devoción que don Álvaro un buen día —habiendo ya tomado posesión de su cargo de Prelado del Opus Dei— prohibió que en tales ocasiones se sirviesen bebidas alcohólicas de alta graduación...



        

            En el calendario litúrgico de la Iglesia católica los milagros no son por sí mismos objeto de celebración. No se celebra la resurrección de la hija de Jairo, ni la curación de la suegra de San Pedro, ni tantos otros milagros. Se conmemoran, en cambio, determinados acontecimientos, como la Anunciación del Ángel a María, la Natividad del Señor, la institución de la Eucaristía, la pasión y muerte del Señor —que dura toda una semana—, su resurrección, etc. Se explica, a propósito de la Anunciación, qué es la encarnación, qué significa ser madre de Dios, etc. Esos acontecimientos son objeto de contemplación, de estudio, de especulación teológica y hasta de representación pictórica realizada por maestros de la pintura. En la resurrección de Jesús se narra cómo las mujeres y luego los apóstoles llegaron al sepulcro y se convencieron de que Jesús había resucitado. Etc. Esas celebraciones versan sobre algo que es mucho más que un milagro. Lo portentoso no es que nazca un niño —niños nacen continuamente­— sino que el niño nacido sea y haya de ser considerado, además de hombre, Dios. Esa es la gran maravilla, propuesta a nuestra consideración. Lo importante no es el milagro —que María reciba la visita de un ángel—, sino el contenido del mensaje y la respuesta de María.

            Los 14 de febrero y 2 de octubre, que como fiesta grande se celebran en el Opus Dei, no tienen ni chicha ni limoná, que diría un castizo. El 14 de febrero de 1930 tuvo lugar el nacimiento —o como quiera que deba ser dicho— de la sección de mujeres del Opus Dei. Que en el Opus Dei haya una sección de varones y otra de mujeres nada tiene de particular. En casi todas las órdenes y congregaciones religiosas hay una rama masculina y otra femenina. Hay dominicos y dominicas, franciscanos y franciscanas, etc. En el caso de los jesuítas, no hay sección de mujeres. Generalmente nace primero la sección de varones y posteriormente —de la costilla de Adán— la de mujeres. Conocí un caso en que la hermana —o como quiera que deba ser llamada— de un instituto religioso femenino estaba empeñada en fundar o que alguien le fundase una sección de varones, con sus sacerdotes y toda la pesca. Su iniciativa no prosperó. Pero es muy posible que alguna sección de varones haya nacido con posterioridad a la de mujeres. De todo tiene que haber —nunca mejor dicho— en la viña del Señor.

En fin, que celebrar que en el Opus Dei haya mujeres me parece algo con tanto sentido como celebrar que los del Opus Dei estén dotados de dos manos y de dos pies. No pretendo quitar importancia ni a las manos ni a los pies. Para apreciarlos en su justo valor, basta pensar qué sería de nuestra vida cotidiana, si nos faltasen esas extremidades. Si se diese a elegir, todos preferirían quedarse sin sección femenina que sin manos y pies. Yo, al menos.

Las instituciones eclesiásticas con rama masculina y femenina, se dividen en dos categorías: aquellas en las que la sección femenina es consecuencia de una providencia divina extraordinaria y aquellas otras en las que la presencia de mujeres en la institución no se considera fruto de una intervención extraordinaria de la divina providencia. El Opus Dei pertenece al primer grupo. Sin embargo, la estructura es la misma en ambos grupos. Las mujeres mandan poco. También es común que sean ellas las que se ocupen —entre otras cosas, por supuesto— de las tareas domésticas. ¿Por qué se conmemoran como día festivo los 14 de febrero de 1930? ¿Por la originalidad de que nosotros tenemos una sección femenina? No. Sobre lo que se desea llamar la atención es sobre la manera milagrosa en que la sección de mujeres nace. Nace como consecuencia de una visión de €scrivá. Tal milagro avala el origen divino de la fundación de €scrivá.

Prácticamente todos los fundadores han sido elevados a los altares, a instancia de sus seguidores. Intuyo que en la historiografía, o más bien hagiografía, sobre la vida de los fundadores no faltarán relatos en los que por aquello de que entre santa y santo pared de canto se hace constar que la presencia de mujeres en la institución —si es que se compone de mujeres y hombres—, inicialmente era contraria a la idea fundacional. Otro tópico consiste en resaltar que el fundador, en su humildad, no quería fundar. Fue Dios quien se lo exigió frente a su humilde inclinación a apartarse de todo protagonismo. Parece como si $anjosemaría, antes de fundar, hubiese leído el Manual del Perfecto Fundador. En la Instrucción sobre el espíritu sobrenatural de la Obra puso por escrito: en mis conversaciones con vosotros repetidas veces he puesto de manifiesto que la empresa que estamos llevando a cabo, no es una empresa humana, sino una gran empresa sobrenatural, que comenzó cumpliéndose en ella a la letra cuanto se necesita para que se la pueda llamar sin jactancia la Obra de Dios. Subrayo lo de “cumpliéndose en ella a la letra”, porque con tal expresión $anjosemaría da a entender que él conocía bien el test relativo a los requisitos exigibles para que una empresa pueda ser calificada de sobrenatural. No somos simplemente unas almas que se unen a otras almas para hacer una cosa buena. Eso es mucho; pero es poco, decía.

En las fechas antes señaladas suele haber predicación por parte de un cura, antes de la misa. ¿Qué puede predicar un cura acerca de la fundación de la sección femenina el 14 de febrero de 1930? Más o menos lo mismo que cabría predicar en relación con la sección de mujeres de la Orden de Predicadores. Resultaría improcedente aludir a cosas tan pedestres y hasta ofensivas como que sin ellas no podríamos tener quien nos haga croquetas y nos lave la ropa.

¿Qué decir del 14 de febrero en relación con la fundación de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz? Poco. El contenido de la iluminación fue el título de ordenación de los tres primeros sacerdotes. Es un tema canónico más bien técnico y que hoy día carece de trascendencia. Recuerdo que un sacerdote numerario me preguntó en una ocasión qué era eso de los títulos de ordenación. Se lo expliqué, pero le decepcionó. Esperaba que fuese algo sublime. Con motivo de la conmemoración del 14 de febrero de 1943, la predicación del cura no puede versar sobre el contenido de la iluminación. Su prédica se convertiría en una disertación sobre los títulos de ordenación. Y como plus del contenido de la festividad, la visión  —óptica en este caso; no intelectual— de una cruz circunscrita en una esfera, igualita a la que existe en un enrejado del monasterio de El Escorial. El fundador sacaba como moraleja que la cruz había de estar presente en las entrañas del mundo. En fin, que no se puede sacar mucho partido al contenido de la iluminación —una física y otra intelectual— de ese 14 de febrero de 1943.

¿Qué puede traer a colación un cura en su prédica a propósito del 2 de octubre de 1928? Poco también, porque el $anto tuvo una iluminación divina —divina, eso sí— sobre toda la Obra, pero no conocemos ni bien ni mal el contenido de la tal iluminación. En los portales de una página web, tras la sección Quienes somos, suele aparecer la de Preguntas más frecuentes. En el caso de la visión de 2-X-1928, una de las preguntas más frecuentes  —y más ingenuas— que se hacen los del Opus Dei es: ¿Vio el fundador el 2 de octubre de 1928 la existencia de agregados? Tanto interés tiene conocer lo que ese día vio, como lo que no vio. Del Portillo ha hablado de unas “características divinas de la Obra”, amenazando a quien no las respete. Al día de hoy es difícil distinguir entre tanto bulto las características “divinas” de las “no divinas”.  ¿Por qué será?

Me da la impresión de que el fundador estuvo organizando sus fichas, diarios y demás documentos —escritos todos ellos por él mismo— no únicamente durante el famoso dos de octubre, sino durante toda su $anta vida. Releía lo que ya había escrito, lo modificaba, lo trascribía a un cuaderno, luego quemaba el cuaderno, no sin antes copiar alguno de sus párrafos. Según Stoner, hubo más de una quema. Yo mismo he asistido a la desaparición de los consejos evangélicos de todos los escritos internos, después de que hubiesen sido nada más ni nada menos que finalidad del Instituto. Sus miembros tenían que santificarse por medio del ejercicio de los consejos evangélicos (Cfr. Constituciones de 1950, n.3 § 1). No sé si la desaparición se debe a cremación o a otra modalidad de exterminio. El caso es que desaparecieron. A veces daba a la imprenta casera de Villa Tevere —no a una imprenta comercial— cosas antiguas mezcladas con apuntes modernos en forma de carta solemne con un incipit en latín, como si fuese la carta encíclica de un papa. Un buen día daba una meditación que alguien grababa o de la que alguien tomaba apuntes y luego aparecía parcialmente publicada en forma de carta o en la sección “Del Padre”, de Crónica, donde firmaba como Mariano. De todo.

$anjosemaría me recuerda al personaje —personaje central— Mr Casaubon de la novela Middlemarch, de George Eliot. Mr Casaubon pasa toda su vida escribiendo y reelaborando un libro importantísimo que versa sobre La llave de todas las mitologías. El no va más. La repera limonera. Encandilada por su talento, Dorothea desprecia a un buen partido y se casa con Casaubon, pese a que tenía un lunar del que le salían dos pelos, con la única finalidad de ayudarlo en su grandioso trabajo. Casaubon muere sin haber acabado su gigantesca tarea, tras encargarle a su esposa que la complete. Cuando afirmo que deja inacabado su libro, no digo inacabado en el mismo sentido en que se dice de la séptima sinfonía de Schubert que ha quedado inacabada. Esa sinfonía se considera inacabada porque sólo contiene dos tiempos. Se echa en falta, al menos, un tercer tiempo; pero los dos primeros tiempos están perfectamente acabados y rematados. Digo inacabado en el sentido en que esta palabra se aplica a un embrión humano. El  “no acabamiento” hace referencia al conjunto del embrión, en todos y cada uno de sus elementos.  

El contenido del dos de octubre viene a ser un conjunto de ideas embrionarias, que continuamente se reelaboran y complementan. Y ese conjunto crece, y crece, y crece, hasta llegar a lo que Agustina ha archivado como: Documentos internos del Opus Dei. Un espíritu del Opus Dei “esculpido”, de modo que no os podáis equivocar. Lo peor no es que por orden judicial del Estado español se hayan retirado de esta página web las Experiencias sobre el modo de llevar charlas fraternas, sino que haya habido que retirarlas y rehacerlas por ser reprobables a juicio de la autoridad eclesiástica. A diferencia de lo que sucedió con Camino, que se ha procurado difundir lo más posible, los documentos internos del Opus Dei se procuran ocultar lo más posible. Es un contrasentido pretender difundir el espíritu del Opus Dei y, al mismo tiempo, ocultar su contenido no vaya a ser que no todos lo entiendan.

A propósito de Camino y lo que representó, tengo una anécdota significativa. Estando un español de paso por Alemania cuando todavía no se había publicado Camino en alemán, le proporcionaron como primicia, llenos de satisfacción, las pruebas de imprenta de su futura e inminente aparición. Con Camino en alemán —tal era la mentalidad de aquellos primeros— sería muy fácil transmitir el mensaje del Opus Dei en Alemania, Austria, Suiza… El interfecto, tras ojear las pruebas de imprenta, las tiró en una papelera que encontró en la calle. La que se armó. Hubo que recorrer todas las papeleras hasta dar con ellas. Eran su tesoro. Tenían que darlo a conocer a cuantos más, mejor y cuanto antes, mejor.

Camino, a mi modo de ver, representa bien el mensaje del Opus Dei en un determinado momento: 1939. Personalmente nunca me resultó atractivo, salvo su punto primero que considero magistral, tanto por su contenido, como por su lirismo, como por sus metáforas, como por su claridad y hasta por su musicalidad.

El mensaje del Opus Dei no puede consistir en ocultar lo que el Opus Dei es, tal como hace, por ejemplo, la Oficina de Prensa del Opus Dei (a.o.p.). No sé hasta qué punto Camino resulta o no obsoleto al día de hoy; pero no se puede negar que tenía un contenido. El mensaje se fue desplazando hacia la figura de $anjosemaría, sacerdote ejemplar y ejemplo para los laicos. Carece de garra —hasta para los miembros del Opus Dei— ir canonizando a fulanito o a menganito; ir coleccionando milagritos —con cuatro basta para cada canonización—, como el de sor Genoveva de la  Genuflexión —una parienta lejana de Manolo Caballero— que se vio curada milagrosamente de sus varices, tras encomendarse  al siervo de Dios. Una doctrina o un mensaje son efectivos  por razón de su contenido intrínseco, en sí mismo considerado; no porque el mensaje o la doctrina estén avalados por la milagrosa curación de las varices de sor Genoveva de la Genuflexión o por otros milagros como las visiones del fundador.

Gervasio

PD.  Hola Stoner. Aporto que, en el año de la pera, el oratorio-biblioteca del que escribes no era un cul de sac, como al parecer es ahora, sino que daba paso a la piscina, de modo que el padre y don Álvaro pudiesen chapuzarse y/o usar algún aparato gimnástico. Según me han contado, posteriormente la piscina —que apenas se usaba— fue sustituida por un comedor, que hacía mucha más falta.







Este artículo proviene de Opuslibros
http://www.opuslibros.org/nuevaweb

La dirección de esta noticia es:
http://www.opuslibros.org/nuevaweb/modules.php?name=News&file=article&sid=24887