Cartas María del Carmen Tapia / Javier Echevarría.- Ioannes
Fecha Miércoles, 19 abril 2017
Tema 070. Costumbres y Praxis


Estimados:

 

Leyendo el intercambio de cartas entre los difuntos María del Carmen Tapia y Javier Echevarría, creo importante puntualizar algunas cuestiones.

 

En efecto, resulta esencial abstraer del texto aquello que se quiere mostrar como un simple intercambio –confidencial e íntimo- de cartas, de lo que siempre la Obra ha sido: un montaje de engaños y de imagen “hacia afuera”.

 

Ahora lo hace simulando un intercambio epistolar entre ancianos supuestamente amigos; pero la Obra vuelve a ser lo que siempre fue, una cuidadosa muestra de “imagen institucional” donde nada de lo que hizo mal –y muy mal- se desmiente o corrige, sino que se mantienen inflexible para que “todo cierre por todos lados”, aunque sea mentira.

 

Porque, menos la verdad, “todo tiene que cerrar”. Un rasgo de perversidad es el momento elegido para esta estrategia de “cartas íntimas” diseñada por la Obra, un momento cercano a la muerte de María del Carmen y del propio Prelado que, en este episodio, ha hecho un papel inmoral y tristísimo de inventor de calumnias sexuales insinuadas y fabricador de realidades inexistentes.

 

Basta destacar lo siguiente...



(1)   En ningún momento el Padre desmiente las afirmaciones de Carmen Tapia –sobre los encuentros personales que tuvieron- respecto a la falsedad de sus declaraciones testimoniales en relación a María del Carmen en el proceso de beatificación y canonización del Fundador.

Hecho gravísimo que sí, admitido en privado por el difunto Padre ante la propia implicada –María del Carmen Tapia-, esperamos (rogamos) que, al menos, lo haya desmentido también -antes de morir- ante su propio confesor, porque ¡Sí que son calumnias graves, sin pruebas, que lo llevarían al infierno! –el mismo infierno con el que luego amenaza a María del Carmen por sus propias supuestas calumnias, olvidando el Padre las suyas-. Máxime cuando es obvio que esa eventual desmentida del Padre ante su confesor –si es que existió- no fue pública, como lo fue su testimonio mentiroso o falaz en un proceso de canonización de la Santa Madre Iglesia.  

(2)   Dicho eso, la carta del Prelado -que es obvio no fue escrita por él- no es más que una desmentida institucional de la Obra al libro de Carmen Tapia en aquellos puntos –cuidadosamente seleccionados y analizados previamente- que se ha detectado más daño han provocado a la Institución y la figura de San Josemaría en todos estos años, mezclándolos hábilmente con otros puntos “flojos” del libro de María del Carmen para dar la apariencia de que todo lo que escribió es “flojo”.

De ahí también que, en medio de tanta dulzura y cuidado hacia María del Carmen, el difunto Prelado le hablara de sus “pobres páginas”. Si hubiera sido tan “pobres” no estaría Monseñor Echevarría –e institucionalmente la Obra- ocupándose de ellas unos meses antes de pasar a mejor (o peor) vida.

(3)    Por eso, no es extraño ni mucho menos casual, que el primer punto que señala esta carta institucional del Opus Dei a los efectos de desmentirlo como hecho real, señalando incluso que existen testimonios en contrario -que convertirían entonces en una mentira de María del Carmen Tapia lo por ella escrito-, sea justamente el pasaje del libro “Tras el Umbral” en que San Josemaría aparece en primer plano y primera persona, insultando de modo soez a María del Carmen Tapia en el mismo momento en que la echa de la Obra, gritándole y tratándola como si fuera una basura humana, de modo contrario a la más elemental caridad y, por supuesto, de modo antitético a cualquier imagen de santidad, negándole incluso su bendición sacerdotal.

Este pasaje muestra además al Fundador del Opus Dei en dos de sus rasgos de personalidad más negativos, que siempre cuidó de disimular: su iracundia y su ordinariez humana, tan lejana esta última del supuesto aire aristocrático o noble (marquesado de Peralta mediante) que siempre quiso asignarse y que nunca tuvo -ni él ni su familia, y lo digo sin agravio-.

(4)   No me cabe duda que esa única página de libro de Carmen Tapia, contada en primera persona y donde aparece un líder religioso iracundo, grosero, carente de toda caridad, amenazante en su poder, padeciendo un autoritarismo desenfrenado –propio de un dictador- para anular a las personas y no manchar el “buen nombre” de su Obra -tal cual fue y era el Fundador en ese momento- constituyó el peor daño realizado a la Obra y a su Fundador en toda su historia. De ahí la necesidad de desmentirlo en primer lugar y afirmando que existen testimonios en contrario.

Máxime porque ese momento culmen del libro de María del Carmen se articula perfectamente y de modo consistente con todo el proceso previo sufrido por la autora.

Esa página de “Tras el Umbral” ha hecho más daño a la figura del Fundador del Opus Dei y a la Institución en sí, que los cientos de testimonios parciales y dramáticos que uno puede encontrar en la WEB de ex miembros –incluidos sacerdotes-. Es indudable que el fin de esta carta del difunto Prelado a María del Carmen Tapia –carta escrita y analizada al máximo nivel institucional de la Obra y sabiendo que María del Carmen Tapia iba a hacerla pública- era tratar de lavar la imagen del Fundador y de la institución en ese puntual episodio, con apariencia de desmentida por confesión íntima de la propia “calumniadora”, y así se escribió con el máximo de los cuidados indicando la existencia de testimonios notariales en contrario.

María del Carmen Tapia, afortunadamente, jamás admitió –todo lo contrario, lo ratificó- que ese episodio fuera falso, dejando expuesta en toda su verdad una parte del verdadero rostro de San Josemaría –que la Obra siempre quiso ocultar-, rostro de un episodio más que verosímil -por demás- para aquellos que conocimos el carácter del Fundador del Opus Dei y que hemos pasado “por su cabeza y su corazón” y conocido los mecanismos institucionales que encarnaron esa “cabeza y ese corazón”.

(5)   El resto de los puntos de la carta son los que, cuidadosamente, la Obra detectó hacían a su credibilidad, incluyendo el carácter pecaminoso de Raimundo Panikkar durante toda su vida y el carácter supuestamente herético de su obra escrita que, mal que le pese al Opus Dei, no ha sido declarado así por la única autoridad competente en la materia: la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Como en el caso de María del Carmen Tapia, la Obra no perdonó nunca a Panikkar (¡Ayy de esta institución que no perdona, cuando Dios todo lo perdona!) ser más que la Obra o situarse más allá de sus estrechísimos límites mentales, sociales y religiosos.

Es evidente para cualquiera que, estos puntos verdaderos relatados por Carmen Tapia y que la carta del Padre trata de desmentir, aún a un devoto católico lo ponen (sin juzgar sobre la infalibilidad de la Iglesia en canonizar a San Josemaría, que es simplemente decir que está en el cielo) ante una realidad institucional del Opus Dei, encarnada en la misma figura de su propio Fundador, que llevan a alejarse lo máximo posible de cualquier devoción a él o acercamiento a su Obra.

 

Y eso es lo único que les preocupa a los directores del Opus Dei, pues la Obra de Dios languidece.

 

María del Carmen, requiescant in pace! que Javier Echevarría, con todo el pecaminoso daño institucional y personal que hizo a tantos numerarios –algunos sacerdotes de Cristo- y numerarias jamás podrá hacerlo! Hasta el último de sus días fue no más que una pobre marioneta inhumana de un monstruoso rostro institucional.

 

Saludos,

 

Ioannes







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