Del trabajo en las comisiones y delegaciones.- E.B.E.
Fecha Viernes, 16 julio 2004
Tema 070. Costumbres y Praxis


Quería agradecer a H.A. por su testimonio. Esa historia ya la había oído de otro testigo, no recuerdo cuándo. Pero era sabido que esos congresos no tomaban en cuenta ninguna propuesta que no fuera obsecuente con la ideología de los mandos superiores y particularmente del fundador.

Del trabajo en las comisiones y delegaciones, una fuente muy cercana a ese ambiente me ha contado algunas cosas vividas personalmente.

Al principio, esta persona no quería contar nada porque como supuestamente la Obra era algo serio y "de Dios", lo vivido dentro de la comisión o delegación era como "sancta sanctorum" que no debía ser revelado a "los niños". Pero desde el momento en que la Obra se le volvió "irreconocible" -porque su fondo no tenía ya nada que ver con su apariencia original- también le perdió el respeto a todo ese "secreto de oficio" (como sería guardar cualquier secreto de oficio referido a un gobierno totalitario), salvo en relación a personas concretas y sus vidas privadas. Pero a lo que hace a la institución y sus lógica de funcionamiento, al contrario, que se supiera bien lo que allí sucedía y sucede.

Según esta persona, de vital importancia era no aparecer en ningún expediente. Salvo excepciones, como permiso para viajar o algún trámite de permiso de lo que fuera -estos eran generalmente los expedientes "positivos"- aparecer en un expediente era signo de problema y de estar en la mira de los directores. El que no hacía ruido y disimulaba, no aparecía, porque no se hacía notar, podía vivir tranquilo, como quien se hace el muerto. Dicho de otra forma, en los expedientes se llevaban problemas, con nombre y apellido e historial. Y el objetivo era claro: terminar con el problema o con la persona.

Lo terrible -me decía- era saber que la persona interesada no tenía ni idea de que circulaba en la comisión o delegación un expediente donde se hablaba de ella, sin que la persona interesada pudiera intervenir para nada. Una forma de hablar a sus espaldas. Y de hecho -concluía- el gobierno todo de la Obra funciona de esta manera: a puertas cerradas, sin darle la oportunidad al interesado.

La idea, en definitiva, era que los organismos de gobierno, más que promover e impulsar el mejoramiento de las personas e interactuar con ellas ("servir", en última instancia), eran "controleitors" y lo mejor para uno era pasar desapercibido (adiós la confianza en los directores, por supuesto, pero sin que se dieran cuenta, porque ahí entonces se inauguraba un nuevo expediente, o sea, lo que se quería evitar). La comisiones y delegaciones exigían respuestas y el resto sólo podía obedecer y jamás cuestionar nada: esto quedaba claro en la redacción de las notas, quién era el que "miraba desde arriba" y quién "hacia arriba" (me recuerda a la lógica del pensamiento esquizofrénico de la Obra cuando argumentaban lo del "derecho a obedecer" y el "deber de descansar", por dar ejemplos).

Otra de las cosas que impresionaban al entrar a trabajar por primera vez en una comisión o delegación era ver y contrastar que lo de "organización desorganizada" debía ser respecto de otra institución, porque en la Obra estaba/está todo escrito y todo normatizado (sólo lo que a la Obra le interesa, claro), de una manera tal que casi no había que pensar nada sino buscar la respuesta en el vademecum correspondiente -están los vademecum de comisiones y delegaciones, esos seguramente serán más difíciles de llegar a conocer-. Mientras tanto, el resto de los legos -que jamás pisaban una comisión o delegación- creían que allí se llevaba a cabo un trabajo "más espiritual" aunque no se les pasaba mínimamente por la cabeza lo concreto, burocrático y de "analítico" que era y es la labor que se lleva en esas oficinas. Para hacerse una idea -me concluía esta persona- bastaba ver la lógica de las famosas "Práxis" (con un detallismo que llegaba al ridículo), ahora desaparecidas, para ver cómo funciona una comisión o una delegación.

Saludos,

E.B.E.







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