Por qué lo teologal y los institucional...- JUAN
Fecha Monday, 05 July 2010
Tema 010. Testimonios


Por qué lo teologal y lo institucional no se llevan bien en una estructura de pecado

 

Me gusta el escrito de Knecht: Monseñor Escrivá y el padre Maciel. Por qué lo teologal y lo institucional no se llevan bien en una estructura de pecado. Como buen y honrado polemista empieza resumiendo la posición contraria sin desfigurarla.

 

            Al parecer yo he dicho que los defectos colectivos del Opus Dei derivarían de los errores individuales de sus miembros, tales como "inexperiencia, torpeza, imprudencia, búsqueda de la eficacia a toda costa, celo excesivo, afán vanidoso por obtener frutos apostólicos, debilidad, falta de caridad, y defectos de carácter"...



             Me parecen muchas cosas para que las haya dicho yo todas, pero no me retracto. A un observador imparcial puede resultarle difícil pensar en una institución en la que sus miembros incurran en todos esos defectos y siga en pie, pero hay que considerar que sólo se relacionan los errores y se han dejado aparte los aciertos. Por último semeja imposible incluir en una relación tan exhaustiva algún defecto más, pero Knecht lo hace: cuando el error se convierta en norma nos encontraremos ante una "estructura de pecado".

 

            Estructura de pecado es aquella en la que por solo estar incluido, independientemente de la voluntad que anime al sujeto, peca. Por ejemplo es estructura de pecado la diferencia existente entre el primer y el tercer mundo. Con lo que cuesta una cajetilla de tabaco en el primero podría alimentarse una familia durante una semana en los países pobres. Dado que esto es contrario a la justicia, el fumador del primer mundo cada vez que fuma peca. Igualmente si va al cine o realiza cualquier otro gasto que no sea imprescindible. Peca igual. Es el caso de Epulón y Lázaro.

 

            Knecht considera acertadamente estructuras de pecado en la Iglesia y en el Opus Dei los atentados contra la dignidad de las personas; la explotación de unos en beneficio de otros (cita expresamente la explotación sexual) y las mentiras con las que se tratan de encubrir las anteriores. La estructura de pecado se convierte en fanatismo cuando se hace "putantes obsequium prestare Deo", pensando que se presta un servicio a Dios.

 

            Sobre las estructuras de pecado Knecht se remite a don Antonio Ruiz-Retegui en su escrito "Lo teologal y lo institucional". En éste no encuentro ninguna referencia a ellas, pero sí una frase con la que comulgo absolutamente. Dice así: "Me parece que lo importante será siempre defender el espíritu (del Opus Dei) y relativizar el estilo". Me pregunto cuántos de los que escriben en esta página apostarían por "defender el espíritu". Me imagino que muy pocos, porque para defender algo hay que amarlo.

 

            Volviendo a mi escrito anterior, pienso que los principios contenidos en la Nota de la Santa Sede sobre Marcial Maciel y los Legionarios de Cristo tienen una gran valor y que habría que profundizar en ellos, incluso para entender a Ruiz-Retegui.

 

            No creo, sin embargo, en imposiciones unilaterales como medio para corregir los supuestos excesos. Recuerdo el caso de N., sacerdote numerario que dejó la Obra y empezó a colaborar con el Obispo de Londres. Desde su posición y en la línea absolutamente correcta de favorecer la trasparencia en la Obra, obtuvo que en todos los centros del O.D. en la Diócesis se colocase un cartel informativo sobre la titularidad y naturaleza de esa obra apostólica. Está bien porque se le ocurrió a él, pero no alcanza el fondo del problema que estamos tratando, que no es otro que la veracidad como principio de la actuación apostólica y del sistema de captación y formación de socios. La medida adoptada, por el contrario, interfiere en el derecho de auto-organización y auto-presentación de una organización católica, por lo que se trata de una decisión legítima, pero abusiva.

 

            Sobre la presunta personalidad "narcisista" del fundador ¿no crees que si fuera así se hubiera dedicado a una actividad de más lucimiento? Yo no lo creo. Ni narcisista, ni megalómano, ni personalidad patológica, ni mentiroso. Nuestro Padre fue un hombre imbuido de la misión que tenía que realizar al servicio de la Iglesia y de las almas, que vivió en un tiempo de cambios en todos los sentidos; a unos se anticipó y a otros llegó con retraso. Yo lo veo así y mucha otra gente, incluidos los pontífices, lo han visto de la misma manera.

 

            ¿Qué tiene defectos el Opus Dei? Naturalmente, y estructuras de pecado y fanatismos; pero al igual que don Antonio Ruiz-Retegui me niego a incluir en los mismos las enseñanzas y la doctrina de San Josemaría. La praxis es otra cosa: hoy acierto, mañana me equivoco y así es la vida.

 

            Con admiración te saluda

 

            JUAN







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