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 Correos: Pillería y Paciencia. Sobre Gervasio.- Munruhig

125. Iglesia y Opus Dei
munruhig :

La correspondencia publicada el día 9 de abril nos regala dos perlas de Gervasio que he leído con interés porque son amenas y tienen contenido. Bien es cierto que la segunda de ellas me parece estar necesitada de un comentario, de una ampliación. En ella nos exhorta a que no perdamos el buen espíritu, a que huyamos de ingenuidad de algunas actuaciones, a que rescatemos la (santa) pillería. Esa pillería que, al decir de Oráculo, ya no está presente en alguno de los directores mediocres actuales.

 

El hilo argumental, si lo he entendido bien, quizá se deje reducir a lo siguiente: no hay que pensar que la Iglesia ignora las malas prácticas del Opus Dei, ni hay que ignorar que la propia Iglesia ha llevado a cabo prácticas similares; por tanto, sería ingenuo pensar que lo que nosotros hagamos va a producir el efecto de que la Iglesia tome cartas en el asunto y “sanee” el Opus Dei.

 

Nada que objetar. Absolutamente de acuerdo.

 

De verdad. Estoy de acuerdo. Pero sólo en relación con un aspecto de la cuestión.

 

Es que hay más. No se trata (sólo) de la prelatura Opus Dei y su actuación institucional, ni de la dimensión institucional de la Iglesia. Se trata también del (lento) funcionamiento de todas las burocracias al servicio de una institución que, en el caso de la Iglesia no sólo es lento sino que parece, como la ciudad que la centraliza, eterno. Se trata también de la vida de las personas que hemos tenido contacto con el Opus.

 

Por una parte está el funcionamiento de la burocracia eclesiástica. Está bien que señales (y, en mi opinión, está bien que así sea) que la Iglesia no va a tomar una decisión de hoy para mañana apoyándose en lo que yo (y algunos más como yo) hemos denunciado frente a lo que dice gente como Alvaro del Portillo, Javier Echevarría, que son gente que lleva al sacerdocio a unos cuantos hombres todos los años. Su fuerza es mucho mayor que la nuestra. No obstante, es sabido que la gota de agua perfora la piedra no por su fuerza, sino por caer con frecuencia.

 

Un ejemplo. Recientemente S.E.R. Mons. Francesco Monteresi tuvo una intervención que omito relatar. Es posible que su excelencia sepa qué pasa con el Opus Dei y, por tanto, pertenezca al lado oscuro de la fuerza; también es posible que fuese engañado y no lo supiera. No lo sé. Pero algunos le escribimos una carta. Si él sabía lo que era el Opus, ahora sabe también que nosotros lo sabemos y que protestamos, en definitiva, que el Opus Dei no es “popular” entre algunos (al menos entre los que escribimos). Si no lo sabía, si fue engañado, pues ahora ya tiene un motivo más para ser pillo. Y así va espabilando la burocracia, lentamente.

 

Yo no sé cómo de colmado está el vaso de infamias del Opus Dei. No sé si lo que vertimos será la gota que colme el vaso o habrá que vertir durante siglos. Por eso está muy bien que Gervasio diga lo que dice. Porque, además de la llamada a la pillería, hace entre líneas una llamada a la paciencia. Conocer la realidad del funcionamiento de las instituciones ha de llevarnos, pienso yo, a comprender que la Iglesia no puede actuar inmediatamente, que tiene las manos atadas en muchos casos. Yo soy profesor, estoy dentro del sistema educativo de mi país, que tiene una burocracia, unos procedimientos. Y no puedo hacer lo que me de la gana, aunque yo vea que está clarísimo lo que hay que hacer. No perdamos la paciencia.

 

La Iglesia, por tanto, irá a su ritmo. Y hará lo que tenga que hacer cuando la gota colme el vaso.

Y, en relación con este aspecto de la cuestión, a nosotros lo que nos toca es hacer sólo lo que podamos hacer. En caso contrario nos quedará un justificado cargo de conciencia. Lo que podemos hacer es decir la verdad en un foro como opuslibros, escribir a S.E.R. Mons. Francesco Monteresi, etc. Y quien pueda hacer más, que lo haga.

 

Digamos que hasta aquí el aspecto objetivo, que atañe a lo institucional (del Opus Dei y la Iglesia) y lo que los individuos (aislada o cooperativamente) podemos hacer para que las instituciones se muevan. Falta la dimensión subjetiva. Muy brevemente, para no alargarme.

 

No son pocas las intervenciones en opuslibros que cuentan que su lectura les han ayudado mucho personalmente a reconocer la realidad de su propia vida al verse como en un espejo en lo que otros contaban. El Opus Dei introdujo en nuestra conciencia al Dios-tiquismiquis, a una serie de “mediaciones” (criterios, ideas fijas, etc) que aún hoy siguen dificultando la paz interior de muchos. Resulta que contar y oír contar tiene unos efectos balsámicos para el alma que no necesitan ser explicados en este foro.

 

De manera que, con pillería, sabiendo qué estamos haciendo y cuál puede ser el alcance de nuestra acción, pienso que hay que seguir en esta línea.

 

Gervasio, muchas gracias, porque es verdad que por falta de pillería y de paciencia puede ocurrir que alguien, a veces, pierda de vista que estamos empeñados en una tarea de largo alcance: objetivamente, que la Iglesia mejore expulsando de su seno lo que es fuente de corrupción; subjetivamente, lograr construir con éxito nuestra propia vida.

 

Munruhig




Publicado el Miércoles, 11 abril 2007



 
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