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 Tus escritos: Denunciar al Opus Dei ante la Iglesia.- Gervasio

125. Iglesia y Opus Dei
Gervasio :

Denunciar al Opus Dei ante la Iglesia

Gervasio, 9 de abril de 2007

 

            Desde hace poco leo lo que se publica en Opuslibros. Son contribuciones estupendas. Hacen mucho bien. Pero tengo también críticas. No todo va a ser piropos. He leído  muchos escritos en el que se denuncian actuaciones del Opus Dei que, en opinión de los que los suscriben, de ser conocidos por las autoridades eclesiásticas y por ese mero hecho, serían objeto de reprimendas por parte de esas autoridades. Me parece una ingenuidad.

 

            Se podría decir de otra manera, al estilo del fundador, que sería una cosa así. Desde hace poco leo lo que publicáis en Opuslibros. Dios os premiará por este servicio tan desinteresado que hacéis a la Iglesia. Son escritos estupendos y llenos de sentido sobrenatural. Que Dios os bendiga. Hacéis mucho bien a las almas, calladamente, silenciosamente, como es nuestro estilo. Yo me encomiendo todos los días a nuestros santos intercesores, especialmente a San Miguel, para que esas ideas lleguen a todos mis hijos. Pero os pido más. Sois estupendos, pero os pido más. He leído muchos escritos en el que se denuncian actuaciones del Opus Dei que, en opinión de los que los suscriben, de ser conocidos por las autoridades eclesiásticas y por ese mero hecho serían objeto de reprimendas por parte de esas autoridades. Me parece una ingenuidad. Debéis ser pillos. Se lo pido todos los días a la Santísima Virgen al rezar el tercer misterio de gozo del rosario, cuando Jesús habla en medio de los doctores. Yo perdí la ingenuidad, al llegar a Roma. Tras instalarme en Città Leonina y rezar toda la noche ante la luz encendida de la estancia del Santo Padre, perdí la inocencia  al saber los comentarios que mi reverente actitud suscitó en la Curia Romana. Vosotros no la perdáis y hacedme caso a mí...



            1º. Buscar vocaciones entre adolescentes, que pueden pedir la admisión en la Obra a los catorce años y medio. Es muy criticado y con razón. Cuando yo pedí la admisión en la Obra eso se criticaba. Recuerdo al fundador ridiculizando al llamado “padre recojón”, que iba por  las montañas y aldeas reclutando niños que compraban a bajo precio con la promesa de un futuro mejor para toda la familia, porque tener un hijo sacerdote o fraile en definitiva representaba algo. Ahí están los seminarios menores.

            Ante la dificultad de captar a universitarios, se capta a adolescentes. La Curia Romana quizá esté contenta con el perfil de los captados, que, si bien no son universitarios, lo acaban siendo y luego se ordenan. Los numerarios y los curas numerarios no desdicen ni mucho menos de otras extracciones sociales de la clerecía. Ya no estamos en épocas antiguas en que el segundón de una familia noble ingresaba en la clerecía.

 

            2º. La vocación en general. Un amigo mío ahora ex numerario, descarnadamente, descarriadamente, me dijo que no “creía” en la vocación, entendiendo por tal esa que dicen que tienes y en la que se insiste especialmente durante el primer día de un curso de retiro. Lo que pasa, decía, es que hay muchas personas que quieren ser buenas. Y si uno/a quiere ser bueno, le agarra el primero que lo encuentra: las clarisas, las endomingas, los dominicos, los jesuitas, los hermanos de la caridad redonda, etc. Se dedican a convencerte de que tienes vocación, Los del Opus Dei, por supuesto,  a que la tienes para el OD.

 

            — ¿Te gustan la patatas fritas?

            — Sí, bastante.

            — ¡Clarísimo! Tienes vocación al OD.

 

            Denunciar esto ante la Santa Sede, donde ya están al cabo de lo que es ese tipo de vocación, no logra estremecerlos. A lo más los felicitarán por lograr convencer a alguien de que debe hacer votos —o lo que proceda según la situación jurídica— de pobreza, castidad y obediencia como consecuencia de que le gustan las patatas fritas.

 

            El fundador era franquista. A veces se pide un excesivo número de peras al olmo, unas poquitas más de las que el olmo puede dar. Mataban curas, quemaban conventos, etc. ¿Es tan raro que a los curas eso les desagrade? A muy pocos les gusta ser asesinado. Es una tendencia sociológicamente constatada con datos fidedignos que aquellas personas que fueron objeto de persecución hasta el exterminio no acostumbran a mostrar excesivas simpatías por aquellos que pretendieron exterminarlos, ni aun en el caso de que los exterminadores preconizasen ideas tan loables como “hermandad”, “república”, “comunismo”, “modernidad”, “igualdad”, etc. Su orgullo les lleva a no reconocer la necesidad de su propio exterminio.  Es verdad que los curas que sufrieron persecución durante la  república y la posterior guerra civil no han tendido a de solidarizarse con los enemigos de Franco. ¡Que mezquindad la suya! ¡Solidarizarse con un dictador!

 

            4º. Fuero externo e interno. Es asunto más complejo del que parece a primera vista eso de que en el Opus Dei no se respeta la distinción entre fuero externo e interno. También es complejo lo de que la dirección espiritual no es personal sino que corresponde a la Obra. Ahí tenemos el Tribunal de la Sagrada Penitenciaría Apostólica que se ocupa exclusivamente de cuestiones de fuero interno, de conciencia. Y lo hace, como en el caso del Opus Dei, en definitiva a través de una burocracia. El fundador del OD pretendió cargarse —creo que con toda razón— esos personalismos a los que se presta la llamada dirección espiritual personal, generalmente a cargo de un sacerdote. Parece que Oráculo los añora. Yo la considero detestable. Esos maestros espirituales suelen ser deformantes y absurdos.

            Es un tópico en las constituciones de religiosos y religiosas el tema de la cuenta de conciencia. En la Obra se habla de confidencia y de charla fraterna. No es algo peculiar del Opus Dei. El tema debería ser estudiado más en general. Es cierto que existe el c. 630 y el decreto Quemandomun; pero la cosa  tiene más tela que el denunciar: eso en el OD no se cumple.

            No estoy de acuerdo con Oráculo cuando en su escrito sobre “La libertad de las conciencias en el Opus Dei” dice: “De entrada, en el Opus Dei no se respeta la obligada separación entre fuero externo y fuero interno, entre los ámbitos del régimen y de la legítima autonomía de las conciencias, por más que esto sea el abecé en la vida de la Iglesia”. Yo no diría que eso es el abcé. Esa distinción aparece en el siglo XVI; y es discutible. No es ningún abecé, sino más bien una corruptela.

            Dice en otro lugar y con el mismo aplomo, un aplomo que asombra: “¿No es sorprendente que, en materia de santificación, el ejercicio del ministerio sacerdotal haya de someterse a las directrices de unos “Directores laicos” que, según las normas del derecho canónico, ni siquiera pueden detentar la sacra potestas ni del Prelado ni de sus Vicarios o, como mucho, sólo cooperari possunt: cf. CIC-83 c.129?”. Me parece que Oráculo no comprende bien el alcance de la llamada sacra potestas, ni otras muchas cosas especialmente lo que es fuero interno y lo que es fuero externo. Son dos modos de tratar o tramitar algo distintos. Pero no hay cosas de fuero externo y cosas de fuero interno. Un mismo hecho —por ejemplo un concreto delito o una concreta irregularidad— puede ser tratada tanto en el fuero externo como en el interno.

            Yo diría que lo que debe suprimirse o reducir al mínimo es la existencia de ese llamado fuero interno. Todo a la luz del día. Todo fuero externo. El problema del Opus Dei es más bien que todo lo convierte en fuero interno. El fuero interno, como ya dije, es compatible con que un asunto sea tratado por escrito en un expediente y enviado a Roma —a la Sagrada Penitenciaría o a un casa central generalicia— para su resolución. El fuero externo no existe apenas en el Opus Dei. De ahí vienen los secretismos. Todo es secreto de oficio. Por eso se dan arbitrariedades. Contra la arbitrariedad, fuero externo. Contra personalismos, fuero externo.  Contra abusos, fuero externo. Nada de ex informata conscienctia.

            Otra cosa que ha degenerado como consecuencia de situarla exclusivamente en el fuero interno es la administración del sacramento de la penitencia. Inicialmente, en la Historia de la Iglesia, ese sacramento se administraba generalmente en el fuero externo, con pruebas y publicidad. Reducir la administración del sacramento  del perdón al fuero interno ha llevado a la confesión semanal de monjas y beatas —qué hermoso— pero también a la no confesión de los cristianos que atentan gravemente contra la moral, porque no tienen quién les llame la atención por su conducta. ¿Cómo va a resolver adecuadamente un confesor un asunto de herencia o de estafa o de pagar impuestos con los datos que le proporciona el penitente? El secretismo que rodea las conductas sexuales florece bien en los confesionarios. La moralidad que obliga a restituir florece mal en los confesionarios.Y menos aun una encíclica social.

 

            5º. Era un poco snob, un poco hortera. Tampoco es para tanto. Es verdad que su padre era un hortera en el más estricto sentido de la palabra; es decir, dependiente de comercio. Concretamente en una tienda de telas y con anterioridad comerciante de telas. Había que taparlo con un marquesado, que subraya más ese “quiero y no puedo”. Ciertamente ese tufillo hortera no es equivalente a olor a santidad, pero no excluye la santidad. Es una circunstancia más. Un santo snob y con un poco de complejillo ... ¿por qué no?

 

            6º. El santo oficio de la inquisición. Tenía sus métodos. Perseguían la herejía y las doctrinas dañinas. Carecían de escrúpulos para conseguir sus objetivos. Estableció un índice de libros prohibidos, que, al desaparecer —más que nada como consecuencia de su inutilidad—,  el santo fundador lo restableció para su institución.

            ¿Desapareció la Inquisición? No del todo. Quedan rastros. San Pedro Mártir es un inquisidor elevado a los altares. Y elevado a los altares no a pesar de ser inquisidor, sino precisamente por su celo en su actividad inquisitorial. No es el único inquisidor elevado a los altares.

            No creo que en la Curia Romana les impresione demasiado la persistencia de  procedimientos inquisitoriales en un a institución eclesiástica.

 

            7º. La pobreza del fundador. Le llevó a construir una casa central en Roma, por encima de sus posibilidades, pour épater le bougeois. Cardenales o cosa así eran su principal objetivo, así como “generosos” que al ver la casa central se daban cuenta que no podían contribuir a la institución con calderilla. Tenía al consiliario de España frito. Lo único que se le exigía en función de su cargo era conseguir más y más dinero. Y a sus hijos en general, lo mismo: sacar dinero de debajo de las piedras.

            A la construcción de la casa central el fundador le dedicaba horas y horas. ¿No podía aprovechar el tiempo mejor en otras cosas?  Y al final: ¡¡Ooooh! ¡¡Uuuuuh! ¡Aaaah! ¿No podía haber confiado esas obras a alguien más capacitado? Podía haber dedicado más tiempo a cosas más útiles o simplemente dormir.

            Pero, en fin, ¡hay tanto cardenal y papa renacentista! Algunos son muy respetables. El fundador tenía además a su favor que usaba de vez en cuando una sotana vieja muy remendada, lo cual resultaba muy edificante. Eso le permitía ser simultáneamente cardenal renacentista y San Franciso de Asís.

 

Gervasio




Publicado el Lunes, 09 abril 2007



 
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