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 Tus escritos: El hijo mío que no hace apostolado. (Alguien sabe... Cap.11).- Satur

050. Proselitismo, vocación
Satur :

Capítulo 11 de '¿Alguien sabe qué es el Opus Dei?'

(Enviado por Satur el 14-Dic-2003)

"El hijo mío que no hace apostolado está muerto, y yo a los cadáveres los entierro piadosamente"
(San Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás).

Hacer apostolado en el opus es lo fundamental. Toda la formación, desde el inicio va encaminada a hacer auténticos apóstoles Pata Negra hasta crear una segunda naturaleza, un cuerpo de élite que sólo piensa en que pite gente a troche y moche. Contri más, mejor, sean como sean, sirvan o no, porque la idea es que los que queden quedarán y las hojas caídas por el tiempo, bien caídas están. Tipos que van en plan "Born to Kill".


Se empieza, por ejemplo, jugando al "apostolín" un juego que inventó un paisano y que consistía en obtener puntos por amigos que se llevaban al centro: 1 si iba a una merienda, o a un partido, o a ver una peli; dos puntos si iba a estudiar; tres si asistía a una meditación; cuatro si hablaba con el cura; cinco si asistía a un círculo... puntuaba también las visitas de pobres, el curso de retiro y las convivencias; si iba a Misa al centro, entonces, ya era profusión planetaria de puntos. Si pitaba te caía el gordo. Un crack. Incluso te invitaban a comer en el centro. El juego servía para entender qué es eso del apostolado.

Después, ya en el centro de estudios, el juego se complicaba más. Había que saber muy bien cuales eran las condiciones para que un colegí tuviera vocación de numerario: virtud, carácter, talento y posición. Resumido es que seas un tío recio-machote, dócil, majete, empollón y con buena familia. Si es MUY BUENA la familia, suple todo lo demás. Al Señor se le arrancan las vocaciones a base de mortificaciones extraordinarias y de dar la barrila al candidato. Si no quiere, es buena señal, adelante; si está acojonadete, mejor, eso es que Dios se le está metiendo en su alma. Nada les turba, nada les espanta. Es como ese que va con la cara echa un desastre, llena de sangre, y se encuentra con un amigo que, asustado, le pregunta "pero, chico, ¿qué te ha pasado?". Y le contesta: "¿sabes al final de la calle que hay un cartel que pone "SE TRASPASA"?... ¡pues no se traspasa!". Pues eso: los chicos de Josemaría se lo llevan todo. Navega, velero mío, sin temor ...

En el centro de estudios se solían hacer campañas apostólicas motivadas por un chute psicofónico de los directores de la delegación y que venían arengadas con mandatos imperativos de Cristo: Fuego he venido a traer a la Tierra. Recuerdo una que se trataba de hablar de Dios a mil tíos de la calle en una semana. Tenían que ser nuevos, nada de payasetes, o de peña encajada. Tocaba en el reparto a unos quince por barba, aunque siempre hay alguno que quince le parecían pocos y rompían la capa del ozono apostólico proselitista: como esos que en Misa cuando dice el cura "daos fraternalmente la paz" se ponen como locos a sacudirla a todos los bancos, desde le primero hasta el último, pasando por el monaguillo, la coral y el sacerdote. Hay quien piensa que es señal de inteligencia eso de dar la paz; contri más paces repartes más tonto eres.


Se colocó un cartel con el número 1.000 en la sala de estar y, venga, a la calle, a por el sarraceno. Yo, que venía de otra ciudad y apenas conocía gente, me planté en la entrada del metro en plan "Cuarenta hemos entrado, cuarenta coronas te pedimos"; pero al quinto tío que le pregunté "oye, ¿tú crees en Dios?", y observar la reacción de la gente, muy lejos de la conversión, y muy cerca de que me dieran un bofetón que vería a Don Juan Jimenez Vargas y Tío Santiago vestidos de Primera Comunión, me dio un yuyu, un no se qué de estar haciendo el gilipollas... que decidí deambular por las calles, como un gato sin dueño hasta que se hiciera hora de cenar. Al llegar al centro el subdirector de turno, un auténtico perro de presa inasequible al desaliento, me pidió cuenta de las gestiones para rellenar en una ficha: nombre, dirección, estudios, teléfono.

Me avergüenza reconocer que jamás he mentido tanto como esa semana, incluso le cogí gustillo al asunto, y rellené 25 fichas como 25 soles: Luis Mernabo , Carlos Botieso, Alfredo Próstratos... y así hasta 25. No fui el único, me consta. Llegamos a mil y lo celebramos, era la Inmaculada, con una supercena, tertulia musical y dos películas de Don Álvaro seguidas. ¡Ole!.

El UNIV era el doctorado en Proselitismo y Altas Presiones. Asistí a unos cuantos bastantes y aquello era ir a saco de verdad. Nada más montar en el autobús, ¡cañaaaaa!. Los chóferes normalmente ya estaban amaestrados y sabían que también a ellos se les repartía sesión espirituosa, aunque algún viejo zorro decía "prefiero ir con vosotros, porque el chófer ideal de las chicas tendría que ser ciego, mudo y de doscientos setenta y tres años de edad". No le faltaba razón. A los diez primeros kilómetros del largo viaje el cura de turno -los sacerdotes del UNIV eran lo más selecto y granado de la delegación, killers totales, Viernes 13 the return- se amarraba al micro, daba tres golpecitos -TOC;TOC;TOC- "A ver, comenzamos la meditación...". Y te enchufaba una de vocación directamente en vena que hasta el espejo retrovisor se planteaba si de verdad estaba realizando lo que Dios le pedía en ese momento.

El UNIV da para muchos capítulos. Allí no se escapaba ni Mac Gyber. Y si algún chaval se cambiaba de autobús huyendo del amigo psicoproselitista, no pasaba nada, aparecía otro y otro y otro, como el conejo de Duracel. Y cuando parecía que ya no había nada que hacer, ¡patapúm!, un Cavabianco que le torra. Y tertulias, y tertulias piratas, y más meditaciones, y vas a visitar Roma con un guía y, mira que casualidad, es supernumerario croata, y te endilga otra de vocación aprovechando que te explica la Capilla Sixtina, o la Columnata dil Pepino, o il Fontanone de María Fontaneda. Y a la cripta a saludar a nuestro amadísimo fundador. Y, ¿al día siguiente?, otra vez a la cripta, a estar un rato con nuestro amadísimo fundador; al tercer día, venga, vamos a Vila Tévere y hacemos la oración en la cripta, con nuestro amadísimo fundador, ¿te parece? (y el otro, como Alejandro Sanz " bueeeno, veeeenga, vaaaale"). ¿Y el jueves santo?, ¡qué suerte, nos han invitado a los oficios en Vila Tévere, junto a los restos de nuestro amadísimo fundador. El viernes tertulia con el Padre -¡¡¡BIEEEEEEEEEN!!!- y después, si podemos, pasamos con el autobús por Vila Tévere, a ver si podemos entrar en la Cripta y estamos un rato con nuestro santo fundador (qué casualidad, siempre se podía). El sábado, ¡carambola!, hay tertulia del Padre sólo para los de casa, pero si quieres puedes venir y te cuelo. Y el Padre, "ya sé que aquí os habéis colado unos pocos... pillines, mentirosotes". Termina la tertulia y, hala, a Vila Tévere, a dar gracias a nuestro amadísimo fundador por tu vocación y escribes la carta. Y, por fin, el domingo. Tertulia con el Santo Padre, y de paso que nos vamos, nos despedimos de nuestro santo fundador en la cripta.

A mi no me extraña que hubiese gente que saliera confundida. Recuerdo un japonudo que en medio de la Plaza de San Pedro, esperando a entrar para estar con el Papa, dirigiéndose a la tuna desde lo alto de una farola gritó: ¡¡¡QUE CANTE LA TUMBAAAAA!!!. Y es que el tío ya no distinguía tuna de tumba ni ná de ná.

Al Regreso del UNIV, de los pitados a base de tomaquetomaytomaque- tomaytomaquetomayté, en unos pocos días, no quedaba ni rastro de ellos. Búscalos... aunque seguro que en la cripta no están.


Publicado el Sábado, 13 diciembre 2003



 
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