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 Tus escritos: Me alegró sobremanera. (Quién me ha visto... Cap.7).- Satur

040. Después de marcharse
Satur :

Me alegró sobremanera encontrar la cita textual de San Josemaría, esa que dice "No encontraréis la felicidad fuera de vuestro camino, hijos. Si alguien se descaminara, le quedaría un remordimiento tremendo: sería un desgraciado. Hasta esas cosas que dan a la gente una relativa felicidad, en una persona que abandona su vocación se hacen amargas como la hiel, agrias como el vinagre, repugnantes como el rejalgar." Y menos de mal que acaba allí porque si llega a tener el día "la Maldición de Damian" hubiera seguido con cosas como... y repulsivas como las heces, desagradables como el gómito, inmundas como la regurgitación, mugrientas hasta la arcada, hediondas hasta la fetidez, infectas como gusanas, pútridas como la cloaca, nauseabundas como la mismísima mierda. Con perdón.

Pero me ha hecho reflexionar. ¿Soy feliz fuera de la obra del Creador?, ¿poseo un remordimiento tremendo?. Más aún, ¿soy un desgraciado?. Otrora más: las cosas que dan a la gente una relativa felicidad a mí, ¿qué me dan?.Por cierto, ¿qué es el rejalgar?.

- Margarita preciosísima - le digo a la Piedra mientras ella se dispone a bajar las persianas del despacho donde tenemos el ordenador, como cada día, para enseñarme a distinguir el día de la noche-, margarita preciosísima, ¿sabes qué significa "rejalgar".

- Claro, ciruelín, fue una batalla que hubo allá, en Rejalgar; creo que Benito Pérez Galdós escribió algo sobre ella.

- Vale. Gracias, petunia delicada.

- De nada, Goma Rota.

¿Cuáles son las cosas que a los demás les dan una relativa felicidad?. ¿Cuáles eran las que a mí me daban antes una relativa felicidad?. ¿Me las dan ahora?. Es una buena hora esta tarde de domingo para hacerse preguntas.

A mí antes me gustaban cosas que tenían que ver con lo que Antonio Ruiz Retegui llama "El Pulchrum". La Belleza. Gozaba leyendo, contemplando la naturaleza, cantando, componiendo canciones, escribiendo poesías -las tengo muy buenas, modestia aparte... allá va una, no me resisto a que conozcáis nuevas sensibilidades en mi interior.

Piedra, Piedra,¡cuánto te de quiero!
Cada vez que me acuérdote de ti
Me subo por las paredes,
y no sé cómo no me mato.


Y no es la mejor.

Me gustaba la tertulia, la conversación pausada y serena, la que comunica. Las miradas, los gestos, los silencios. El cine me chiflaba, y lo rumiaba, lo reinventaba. Hacer reír a mis alumnos era una pasión. Andaba mucho, largas excursiones donde me diluía en paisajes de inviernos, primaveras, veranos y otoños con sus olores, sus colores, su nieve, su niebla...

La comida nunca ha sido para mí algo que esperara con placer. Para mí comer es echar cosas por el agujero de la cara. Y punto. No distingo carne de perro de una ternera, o de un buñuelo. O sea que eso nada. Por allí no me pillarán. La concupiscencia de la canne ya sí, de esa ya escribí en su día y no me extenderé más porque es materia más pegajosa que el rejalgar (¿o era la miel?). Aunque últimamente notaba que la Piedra no me daba el ósculo antes de dormir; quizás, -pensaba- ya no me quiere, y éste no es más que un primer signo de indiferencia, de aburrimiento, de un futuro de tristeza y separación. Se lo dije un día en el que ella se había quedado dormida sobre mi brazo viendo un flim y yo, por no despertarla, aguanté como un machote las dos horas y media de película con el brazo hecho un hormiguero de tortura insufrible desde la punta del dedo meñique hasta la punta del hombro, pasando por la punta del codo. Algo horrible. Despertó.

- Zafiro de mi vida, ¿me sigues queriendo?.

- Pues claro, rubí encendido, ¿porqué lo preguntas?.

- No sé esmeralda sin tallar,últimamente me rehuyes el beso cuando me acerco a ti in the night tonight.

- Ya, diamantín, pero es que últimamente te ha dado el puntazo de prepararte tus tres tostadas con aceite y ajo, y tienes un aliento que dispara el aire acondicionado, por si no te habías dado cuenta. Y besarte es lo mismo que besar a un australopiteco, por si no lo sabías.

- Así que era eso,¿eh?. ¡Las tostadas!.

- No, las tostadas no, el ajo. El mucho ajo.

Quizás esas cosas que a los demás les dan gustirrinín a mi ya no me lo da. Ya no leo ni la mitad de lo que leía en el opus, ni voy de excursión con la frecuencia de entonces, canto solo en Misa eso de " Mis manos pueden ser palomas de la paz"... ya nada es igual. Las cosas han cambiado, sobretodo la gente. Antes tenía un público, espectadores, y ahora vivo con personas que apenas tienen tiempo más que para desayunar, comer cenar, currar y hacer lo poco que el tiempo, las ganas y los demás te dejan. No hay lugar para grandes expansiones, ni tiempo para meterte entre pecho y espalda " Grandes esperanzas" de Dickens, ni sensibilidad en los demás para entender que " Ser y tener" es una gran película, cuando les parece un puro infumable.

Y es que lo que Escrivá no olía, ni con tres tostadas ni con veinte -de ajo-, es que cuando uno deja la opus, que no su vocación, tiene que cambiar de paisaje, de gente, de tatuajes, y descubre el Pulchrum, el de verdad, en la vida propia y de esas personas.Y eso necesita un tiempo, a veces duro, sangrante y dramático, de soledad. Descubre no un Pulchrum de contemplativo barato, que dispone de su tiempo a su antojo con afanes de tipo espiritual, literario, filosófico, ascético y religioso de pacotilla, lejos del mundo que se dice amar. No, Escrivá, no.

Claro que dan gustico las cosas que dan a los demás gustico Pero no es eso. No es el gustico. Es algo muy difícil de explicar a alguien que llama a la gente de la calle "tropa". Y es que el amor normalito tiene unas facetas insospechadas, pequeñas todas, pero estupendas, maravillosas, que dan más gustico que el sexo, la comida, y todas las concupiscencias juntas. Por ejemplo, estar viendo una película con una mujer dormida sobre tu hombro por el cansancio del día , mirarla, y descubrir que el hormigueo del brazo también dormido, a lo mejor es también amor. Y, entonces, sientes un gustico interior muy majo. Y de esos gusticos, en la opus, pocos. Te lo digo yo.


Publicado el Domingo, 18 enero 2004



 
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