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 Correos: Los números de vocaciones.- José Carlos

050. Proselitismo, vocación
José_Carlos :

Los números de vocaciones

En esta web ya he negado varias veces que al consejo local de mi centro se nos exigiera desde "la alta dirección" un cupo específico de vocaciones anuales. Parece ser, por lo que cuentan algunos, que así fue en otros lugares hace mucho tiempo. Con mi versión simplemente quiero constatar que en este tema se puede vivir el espíritu del Opus Dei sin llenar esa fichita que describe Galileo, a no ser que en mi región ninguno tuviéramos "buen espíritu".

Para contestarme, Satur nos dice que el Padre ha pedido quinientas vocaciones a las mujeres, otros conjeturan que a lo mejor otras quinientas para los varones, y ahora resulta que son quinientas por cada región pero de aquí a varios años... y los cálculos se han disparado y, a decir verdad, me he perdido con lo del promedio de vida en la Obra y los que salen y los que entran y los que se mueren y los que no siguen y los que se publican en Romana y los del anuario pontificio. Por otra parte, Claudia además comenta que ella recuerda cómo se le decía cuántas amigas tenía que tener y cuáles eran las "metas apostólicas" para su región.

Recordando, si bien es verdad que a mí nunca se me exigió que mi centro "produjera" tal número de vocaciones, también es cierto que cuando vino Don Álvaro a mi región se nos pidió "doscientas vocaciones de numerarios en este país", y yo también he oído muchas veces que debía tener "unos quince amigos, de los cuales cuatro o cinco puedan estar en medios de formación y uno o dos puedan recibir la vocación". Creo recordar una cita del fundador (a ver Orejas, ahora en negrita y en cursiva, por aquello de los viejos tiempos, aunque no es textual): "ningún hijo mío puede estar tranquilo si no trae al año dos vocaciones que sean fieles"... o algo por el estilo.

¿Cómo me tomaba yo todo eso? Para comprenderlo, asumo las siguientes premisas:

1) Dios interviene en la vida de sus criaturas racionales; 2) por tanto, cada persona tiene una misión, una llamada específica de Dios; 3) Dios suele obrar a través de causas segundas, generalmente otras personas. Corolario: LAS VOCACIONES LAS DA DIOS. Creo que estas premisas están en consonancia con lo que se entiende por el fenómeno vocacional en la Iglesia; los que no compartan esa visión teológica, tendrán difícil aceptar lo que sigue.

Sabiendo que las vocaciones las da Dios y que muchas veces se sirve d instrumentos humanos, cuando el Padre u otro director salía con alguna cifra -pongamos por ejemplo los doscientos numerarios de mi región- yo entendía lo siguiente: "si Dios quiere otorgar la vocación de numerario a doscientas personas, nosotros hemos de poner todos los medios posibles para que, humanamente, existan las condiciones para que eso ocurra". Como San Pablo: "¿Cómo van a creer, si no se les evangeliza?" O sea, para que puedan pitar doscientos, si Dios quiere que piten, yo tengo que intentar ser santo, alegre y buen amigo, para que vean en mí una imagen de Jesucristo; yo tengo que saber explicar la fe y el espíritu de la Obra; yo tengo que animar a mis amigos a que se acerquen a Dios; yo tengo que conocer a más gente... En otras palabras, para mí esos mensajes no eran "tienen que pitar doscientos pase lo que pase y caiga quien caiga", como insinúan algunos, sino "tenéis que poner los medios para que si Dios quiere que doscientas almas le sigan en este camino, puedan hacerlo."

Eran un acicate para la mejora personal, no para "captar" o "agarrar" a cualquiera que se cruzase en nuestro paso. Claro que esa última forma de decirlo no tiene tanto gancho, y que otros con menos sentido pueden interpretar la arenga en plan "Santa Cruzada, ¡a por el sarraceno!". Admito que puede haber mejores formas de transmitir un mensaje de mayor dedicación, que no se preste a malinterpretaciones, y a lo mejor con otras personalidades y otros modos de estimular al personal así se hará.

¿A qué me llevaba eso? Para empezar, en vez de contentarme con sólo los tres o cuatro amigos íntimos que tuve durante mi infancia, a salir de mi caparazón y tener por lo menos quince amigos: cosa que me ha ayudado muchísimo, me ha hecho ser más gregario y expansivo, y me ha llevado a preocuparme de la gente que tengo a mi alrededor.

Ojo: "de esos quince, cuatro o cinco en medios de formación" -no sólo me parece una proporción bastante adecuada a mi ambiente, en el que un tercio de mis conocidos podría tener inquietudes religiosas y quisiera recibir más formación; además, la frase da por entendido que la mayoría de nuestros amigos NO estará en medios de formación. O sea, que nuestra amistad no está condicionada por que vengan al centro o no vengan, y se entiende que tendremos amigos por ahí fuera, más de la mitad de ellos, que no supongan ningún beneficio para la Prelatura: eso, para los que acusan a la Obra de actuar siempre por su propio interés y ganancia. Siendo numerario, yo tenía amigos judíos, hindúes, protestantes, Baha'i...(y los sigo teniendo); y nadie me dijo nunca que dejara de tratarlos o de hacer planes con ellos.

Y si Dios quiere conceder la vocación a uno o dos de mis amigos, que no sea yo el obstáculo que le aparte: que vea en mí a un amigo fiel, contento, servicial, buen estudiante, leal, alegre, piadoso, con corazón, sincero... Y si no vienen, pues a "no estar tranquilo": a ser más santo, a seguir intentando evangelizar mi ambiente, que siempre puedo mejorar. No me parece, este modo de comportarse, perverso o nocivo o enrevesado; más bien, idealista y entregado a la felicidad de los demás. Reconozco que puede haber abusos, sobre todo si no se tiene muy claro Quién concede la vocación; pero no tiene por qué haberlos.

Postdata a Mr. Proper:

Me has hecho reír con tu mensaje de ayer, en el que me acusas de "hacer judo con trampas" por no responder a todos y cada uno de los argumentos que se me lanzan. Vamos hombre, si el baremo es ése que tú das, responder a todos y cada uno de los argumentos que pululan por la web, entonces aquí "hacen judo con trampas" desde el primer Oreja que me respondió (el que tuvo que ponerse a leer Surco) hasta la buena de Rulo Loco -no se escapa ni Claudia, que aunque siempre me contesta con mucho detalle no termina de llegar al 100 por 100. Venga colega, no me exijas a mí lo que no se les exige a los demás, que además estoy bastante solo contra muchos y mis mensajes ya se alargan demasiado.

Y por cierto, aunque te hayas equivocado estrepitosamente en tus dos especulaciones públicas sobre mi persona (si dejé la Obra por que se me exigió el sacerdocio, hace unas semanas; y ahora, si soy una construcción dialéctica de la Prelatura), no me parece procedente que te erijas en juez de quién tiene derecho a intervenir y quién no, a no ser que seas el "Auriculum Maximum" de la web y a esta web le dé por lo que en mi país llamamos la censura.

Pero te preguntas por qué no respondo a todo, y te mereces una contestación: sí que respondo a muchas cosas, que me vienen de incontables direcciones; pero a otras no respondo o porque no tengo tiempo, o porque ya las he respondido en correos anteriores, o porque no son dignas de respuesta, o porque estoy de acuerdo con mi interlocutor y no hay motivo de discusión, o porque estoy preparando una respuesta futura, o porque -aunque no te lo parezca- no tengo respuestas para todo.

Tú quieres condenarme por mi silencio: si lees o ves "Un hombre para la eternidad", ahí tienes la gran defensa legal de Tomás Moro, al que no se le pudo condenar por haberse callado (antes de su condena, él nunca había criticado en público el divorcio de Enrique VIII y su rebelión contra Roma) sino por el perjurio de un oportunista. Hace una gran defensa de la santidad de la conciencia, arguyendo que a un hombre no se le pueda condenar por lo que piensa.

Mira: en algunos de mis correos sí que he mostrado cómo no me parecía bien cierto modo de proceder, cuando alguien relataba alguna acción reprobable de algún miembro concreto. También he dejado bien sentado cómo creo yo que se debían hacer algunas cosas: de ahí un lector perspicaz puede deducir lo que pienso si en algún caso particular no se vive algo como me parece que se debía vivir. Pero en lo que a mí respecta, consciente de mis propias limitaciones, prefiero no juzgar ni condenar a nadie abiertamente, y menos a una institución de la Iglesia ni a un fundador que pertenece a su santoral. Me merecen mucho respeto.

En un largo escrito intenté con más o menos fortuna discernir entre 1) las líneas maestras del espíritu de la Obra, 2) las prácticas fundamentales, 3) los criterios variables y 4) la aplicación puntual en momentos o circunstancias específicas. Entiendo que pueda haber críticas contra las dos últimas; pero en general, yo respeto, acepto y admiro las dos primeras, que no me parecen dañadas por los errores que puedan cometer criaturas débiles y falibles, a pesar del mucho dolor que pueden causar cuando por su condición de criaturas imperfectas manosean almas o cosas divinas. Pero de mi silencio, no has de asumir nada más que eso: silencio, la incógnita, no sabes lo que pienso, ni otorgo ni dejo de otorgar. Cuando mi conciencia me pida que defienda algo en público -como hice el otro día con lo que entiendo por la verdadera amistad -, lo haré. ¿Te parece?

Un abrazo,
José Carlos


Publicado el Miércoles, 14 enero 2004



 
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