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 Tus escritos: Como relaté. (Quién me ha visto... Cap.6).- Satur

040. Después de marcharse
Satur :

Como relaté en la entrega anterior, una vez que encontré trabajo a mil kilómetros de mi chica dediqué todos mis esfuerzos en dos sentidos: currar a saco y aprender mi nuevo oficio de desgastar suelas de zapatos, y mantener encendida la llama del amor en la mujer que más veces iba a llamarme inútil, desastre y payaso en mi vida. Entre visita y visita la llamaba, con una compulsión parkinsoniana a la oficina donde trabajaba. Y tenía que oír a alguna compañera gritando:

- ¡Teléfono para La Piedra!. ¡El chico de siempre vuelve a llamar a La Piedraaaa!.
- ¿Es el coñazo de siempre? -decía otra voz.
- Sí. Es Mister Bromitas el Palizón.

Y nos decíamos esas cosas que siempre se dicen los que se quieren : Si Cristóbal Colón te viera diría "¡Santa María, pero que Pinta tiene esa Niña!". Tonterías... Aunque, ahora, si la viera Cristóbal Colón diría algo así como "¡¡¡a los tiburones!!!".

Mientras tanto en la ciudad corrían rumores en las familias de los colegios de lo más pintoresco sobre mi persona. Que si estaba arrejuntado con una ex numeraria, también profesora del colegio de ellas, que si era con una madre del colegio separada, que si en realidad vivía con una viuda Gior (un poco de pasta basta), en fin, menos con una cangura, me liaron con unas cuantas. Las lenguas se desataron. Es normal; cuando a la gente no les da explicaciones y te vas a la francesa, sin despedirte de nadie, pues la imaginación vuela y, es humano, piensa lo peor. Y es que la obra te pide que desaparezcas, que no te despidas, que abandones ambientes donde haya gente que te conoce, que no escribas. Propuse escribir en el boletín de septiembre que envía el colegio a las familias en plan despedida simpática, agradecimientos cordiales, y que cambiaba de rumbo profesional. Sería lo más normal; pues, no hubo manera y, claro, todo fue, como dicen los ingleses, "one of-taylor", un desastre. Sobretodo para las personas afectadas que sí vivían en esa ciudad.

Pero yo estaba feliz a mil kilómetros sabiendo, aunque me llegaban las noticias por algún amigo, que La Piedra era ajena a todo el follón aldeano y pueblerino de aquella tribu de maledicentes. ¡Adiós a todo!

La boda fue, ¿cómo lo diría?, fue rústica. La Iglesia de un pueblín, un cura muy mayor aerofágico y piadoso, la familia de los dos en su más mínima expresión y nosotros dos con fuegos artificiales en el corazón y en la mirada. Y punto. No quisimos hacer bodorrio por muchas razones, pero una, y no la menos importante, es que tengo una pinta de viudo en terceras nupcias que me daba no se qué casarme en una catedral de una ciudad grande y encontrarme a la salida la gente gritándome "¡¡¡Asaltacunas, lascivo, viejo verde!!!", así que decidimos una cosa más discreta.

Si alguien quiere de verdad tener una aventura y sensaciones fuertes, que se case, que viva con una mujer bajo el mismo techo. No hace falta que se monte en el Dragón Khan, se ponga de pie y alce las manos... Que se case.

En mis 27 años en el opus dei jamás, repito, jamás, tuve el más mínimo sobresalto de vida. Todo estaba tan reglado que sabías perfectamente a qué atenerte: horario de normas en familia, de comedor, te enviaban las fechas y lugar de retiros y convivencias, te hacían la reserva incluso, días para entregar la ropa a lavar, que te era devuelta planchadina y limpina a los tres días encima de tu cama, horario de limpieza de la administración... Por cierto, y perdón por la digresión: yo presencié en un comedor del centro de Estudios el cabreo espectacular de una numeraria auxiliar sirviendo la comida en una mesa porque escuchó a uno, actualmente profesor de Derecho, que decía " el problema de todo lo que pasa aquí es que la administración está prostituída". La chica, al oír semejante análisis, echa un gritito, tira la cazuela con el potaje a la mesa y sale, ofendidísima del comedor. Nos quedamos todos perplejos. Al poco llaman al director por el telefonillo. Sale. Regresa con la cara mudada, tipex total. Y a la salida nos llama y nos pide explicaciones sobre el asunto... Y es que el tipo estaba hablando de política y coincidió la frase de la Administración Política de Estado, la Prostituída, con que nos estaba sirviendo la Administración. No sé que le diría la directora al director, pero debió de ser de temblar el misterio.

A lo que iba. En la opus del Único Opaco todo estaba perfectamente señalizado. No sorpresas, no sustos. Y si estás en un centro de mayores, más. Allí ni si quiera puedes hacer labor externa. Paz, amor y socorrismo. Silencio, quietud, flor de loto, Chapala rinconcito de amor donde las almas pueden hablarse de tú con Dios.

Te casas y comienza la verdadera historia escrita por un idiota, que diría alguien. Los primeros días, vale, chachi. Pero llega uno de los primeros fines de semana y aparece, de improviso, el cuñado. Mi cuñado es buen chico y, en lo suyo, sabe mucho. Hay tres temas que posiblemente sea la persona que mejor los conoce en el Hemisferio Norte: De fúrbol, del Real Madrid de fúrbol, y de la siembra y cosecha del máiz. Y yo no tengo ni pajolera idea de esos temas. Luego está la lengua; por más que lo intento no consigo descifrar el código y me paso las tertulias con él o asintiendo como uno de esos perritos que se llevaban antes en la parte posterior de los coches, o diciéndole "¿lo qué?, ¿cómo?, ¿qué has dicho"?. Y así no se va a ninguna parte. Bueno, pues se planta un fin de semana en casa, es el soltero de oro del maíz, y yo en el ordenata, o leyendo un libro de Jacinto Choza sobre Antropología Equidistante en Peich Brawoenauer, o viendo una penícula de Francois Ozon, y el tío se planta delante.

-¿Qué haces?.
- Nada, leyendo. -contestó sin mostrar mucho interés y con voz de "me estás tocando el trigémino, cuñado de las narices".
- ¿De deportes, o qué?.
- No, no es de deportes.
- Pues en el Marca dice que el Barca igual echa a Reijar
- Ya -ése " ya", cualquier homo sapiens sapiens sabe que significa " lárgate".

Pero el tío ni se inmuta. Nada.

- ¿Y de qué es libro?.
- De Antropología.
- ¿Mariconadas?
La Piedra está escuchando la altura y profundidad de la conversación y teme lo peor. Me llama a solas (menos mal que no me dijo "¿tienes un momento?").
- Oye, sé amable, con él, porfa. ¿Por qué no le acompañas a tomar un aperitivo y le conoces más?.
- ¿¿¿¿MÁSSSSSSSSSSSS???.

Pues, hala, a tomar el aperitivo.


Y así un día es el cuñado, otro es que hay que visitar a una amiga de la infancia que ha tenido un niño, otro es que hay que ir al mercadillo a comprar ropa, cuando no es que te devuelve la visita una que se parece un pasote a Madeleine Albrigt y que tuesta cosa mala. Una semana hay que acompañar a la suegra al médico, otra aparece un urco con pinta de haber sido lobotomizado que dice que es primo, que viene a ver el fúrbol y que pasará la noche en casa... Y así hasta el infinito y más allá.

Eso es el amor, qué caray. Lo demás son mindangas.

En el viaje de novios fuimos a visitar a unos amigos de la Piedra. Preguntó por una de las hijas. Se echaron a llorar y nos contaron que la chica, 18 años, estaba en el pozo de la droga, vivía en un barrio de miseria, tenía una hija recién nacida que estaba en custodia de el Estado, y que no tenían absolutamente ninguna relación con ella. La Piedra insistió en verla y nos fuimos para allá. Encontramos un despojo. Estuvimos tres días visitándola y en la despedida -mi chica le había dado mucha caña, es su madrina y, además, de pequeña, su segunda madre- le comentamos que si quería salir de la droga nos avisara, que contara con nosotros.

A los tres días nos llamó. A los cuatro estaba ingresada en un centro. Año y medio después sale rehabilitada. ¿Qué hacemos con ella?. Ahora venía lo más duro; ¿la dejábamos regresar a su ciudad?. Ni hablar.

Una noche en la que estaba pensando por qué si las bailarinas de ballet tienen que andar de puntillas no las contratan más altas, La Piedra me da un golpecito. Mala señal. Ya no duermo.

- Oye, Menganita tiene que quedarse con nosotros hasta que se asiente en esta nueva vida. ¿Verdad, reyecín mío?
- Vale, pichurrinitina
- No tiene trabajo, no tiene estudios...
- Ya, y cavar no puede, mendigar le da vergüenza.
- ¿A qué viene eso?
- Nada, cosas mías.

Y a casa que se vino. ¿Vino sola?. No; ha conseguido la custodia de la niña, una maravillosa personita de dos años que cuando llora, los abuelos de la zona, recordando tiempos de guerra y toques de queda, corren asustados buscando refugios antiaéreos.

Y mi cuñada, recién separada, pues también se ha unido a la República. Y si alguien se quiere apuntar, pues que venga, hombre, que hay para todos.

O sea, que he pasado de vivir sólo con hombres, aristócratas, ordenados, intelectuales, a vivir con cuatro mujeres, cuatro: una de dos, otra de veinte, otra de treinta y cuatro y, por último, ¡¡La Piedraaaaaa!!, con cuarenta y dos. O sea, nos falta la franja de sesenta ¿Os animáis, chicas?.

Aquí sí que se puede decir lo de ¡¡¡quién me ha visto y quién me ve!!!


Publicado el Domingo, 11 enero 2004



 
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