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 Tus escritos: Caminaba yo por la calle. (Quién me ha visto... Cap.5).- Satur

040. Después de marcharse
Satur :

Caminaba yo por la calle erguido y engallado el cuerpo pensando si sería verdad lo que me habían comentado de Don Federico Trillo-Figueroa, ministro de Defensa, minutos antes: que usaba calzas postizas en los zapatos para parecer más alto. El que me lo comentó lo conoce muy bien por razón de su profesión y rango. En fin...en esas estaba cuando me topo con un supernumerario que me saluda efusivamente.


- ¡Hombre, qué tal!.
- Pues muy bien.
- Me dijeron que te habías casado.
- Pues sí, me casé.
- Y, qué, ¿tienes hijos?.
- Pues no, parece que no vienen.
- ¡Anda!, ¡mira que si después de dar el paso resulta que no sirves para esto del matrimonio!

En ese momento no llevaba el bazoka plegable en la cartera, eso le salvó de no lanzarle un obús directamente al cráneo microcefálico del miembro de la prelatura. Pero recordé la pregunta del examen de José Carlos que nos propuso "con ánimo de que mejoráramos todos": ¿Es apropiado, partiendo de una situación puntual que le ocurrió a una persona una vez, hacer una generalización sobre cómo se viven las cosas en todo el Opus Dei?. Y recapacité en mi mismidad y me contesté que no, que esto no era más que un hecho aislado de un tío de la prelatura de la obra de Yawéh que si llega a nacer en verano nace botijo.

Y recordé ese otro punto de José Carlos de mejora personal: Los que nos sentimos heridos por algo que haya hecho o dicho un miembro, sacerdote o director-a del Opus Dei, ¿sabemos perdonar? ¿De verdad, de corazón?. Y cerrando los ojos recé "Señor, perdona a éste supernumerario imbécil. Amén. Amén". Y seguí mi camino, ya menos engallado el cuerpo.

Unos meses antes encontré por la calle al sacerdote que durante mis últimos tres años en la obra de Jehová vivió, me dirigió, y supo de mis confidencias. Fue una sorpresa para los dos. Me acerqué a saludarle con cariño, y con ganas de que supiera de mi.


- ¡Don Peich Brawenauer!, ¿cómo está?.
Don Peich se me queda mirando fijamente, como de hito en hito, muy serio. Parecía intentar leer mi alma toda, y me dice:
- ¿ Todavía crees en Dios?.
- ¿Lo cualo?, ¿qué si qué?.


Me esperaba cualquier comentario menos esa pregunta. La preguntita se las trae, amigos, no es nada fácil contestarla.
- Pues, sí... sí creo en Dios - respondo.
- Muy bien - me dice dándome una palmadita en el moflete y largándose entre la muchedumbre.

Y yo, allá en medio, clavado, con sensación de payaso. Quizás esperaba la misma alegría, el tomar un café y charlar... No sé. Y ahora recuerdo el punto del examen de José Carlos: ¿Qué nos une a los que aquí escribimos, algo predominantemente negativo -resentimiento, dolor, pena- o algo positivo -ganas de hacer el bien, de conocer la verdad, de ayudar a la gente?. Y eso es lo que hice, Josecar: escribí una carta a Don Peich, que ya que tenía los santos para preguntar si uno todavía creía en Dios se iba a enterar como estaba por dentro y por fuera. ¿Te ha contestado a ti?, pues a moi tampoco. Le perdono. Cierro los ojos y rezo: Señor, perdona a Don Peich Brawenauer por siempre, aunque en el Purgatorio tres chispitas para él por preguntar gilipolleces.

Un mes antes de ese encuentro me cruzo, tiene el despacho cerca de mi hogar, con un arquitecto que también vivió conmigo. Es el arquitecto de la prelatura, sino fuera por eso estaría haciendo Exin Castillos. Le saludo con jovialidad. El tipo no se encuentra como muy suelto. Charlamos un poco en plan que tal, como te va, esas cosas.


-¿Oye,en qué trabajas? - pregunta.

La verdad es que soy un comercial puro y duro, de los que gastan suelas de zapatos. Y se lo explico. Y va el aristócrata del amor y me dice


- Ya ves, a tu edad y vendiendo escobas...

Y me deja con dos palmos de narices el titi. No le partí la columna vertebral porque no sé cómo se hace que si nooooo... Pero, como muy bien refleja en su examen José Carlos... Si realmente deseamos hacer el bien, ¿nos motiva el amor y la caridad en todas nuestras intervenciones?. Así que, nada, a cerrar otra vez los globos oculares y a rezar: Señor, perdóname por haber querido matar con mis propias manos a ese arquitecto putrefacto e incorrupto... Y dame otro trabajo, jolines, que con éste se me ríe hasta el urco que pide en la puerta de Franciscanos, que ni me abre la puerta, ni me saluda en plan pelota, ni ná de ná.


Hay más. Un día, paseando con La Piedra de mi vida y de mi corazón, veo acercarse al que fue subdirector conmigo del colegio. El encuentro era irremediable.


- ¡Hombre, Mernabo!- le saludo.
- ¡Hombre, Satur!.


Le presento a mi mujer. Qué tal, qué cual. ¿Tomamos un un café?. Pues venga. Tertulieta. Y en esto la Piedra va y le sugiere que por qué no adquieren en el colegio los servicios de la empresa que tan dignamente represento. Yo jamás hubiese ofrecido nada de mi empresa a ese colegio, entre otras cosas, porque sabía la contestación. Pero my husband desconoce totalmente qué es eso de la opus. Es más, la primera vez que le hablé del Opus Dei me dijo "¡ay, sí, ese es el nombre que le pusieron los romanos al mar Mediterráneo, ¿verdad?!". Le tuve que aclarar lo del Mare Nostrum y, de paso, dejé para otro día lo del Opus Dei. Así que ella preguntó llevada de su inocencia y candidez. Y el tipo, sin cortarse un pelo va y contesta.


-Imposible. Lo de Satur en el colegio es lo mismo que si el sacerdote de mi parroquia se lía y se casa con una catequista y luego viene pidiendo que le dejen dar catequesis, o leer las lecturas en Misa.

Auténtico, que nadie se pellizqe. Es la versión en plan Novia de Chuki más alucinante que he oído nunca sobre la vocación de un numerario. Y lo bueno es que hay muchos en la obra que piensan exactamente eso: que es como dejar de ser sacerdote o monja. Explica luego a tu cuñado que tú de cura nada. Si no se enteran ni los de dentro...

Lo sé, Josecar, lo sé. También le perdono. Sé que es un caso aislado. Sólo piensan así 70.000 casos aislados y, encima, me los encuentro yo todos.

¡¡¡Ayyyyy,quién me ha visto y quién me veeeeeeee!!!


Publicado el Miércoles, 07 enero 2004



 
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