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 Tus escritos: Historias de Terror y de Dolor (I).- Salypimienta

078. Supernumerarios_as
salypimienta :

Historias de Terror y de Dolor (I)

 

Cuando comencé a escribir la serie “Supernumerarios: Vivir en la Calle de la Amargura” ni sabía en dónde iba a terminar y mucho menos pensaba que esa serie destaparía la caja de Pandora. A lo largo de este tiempo me han llegado algunas historias cuyos protagonistas me han pedido o que las cuente o que las publique en su nombre.

Los relatos que me han enviado son historias espeluznantes, por lo dramáticas. Es increíble que en la era de los derechos humanos y la lucha por la equidad pasen estas cosas.

Desde luego que me presto a contar o publicar esas historias, nadie debería de pasar por lo que pasamos. ¡¡¡NADIE!!!

Evidentemente el nombre de todas las personas que aparecen en los relatos ha sido cambiado al igual que sus países de origen (para confundir un poco y que no quieran tomar represalias).

 

LORENA

Me hice supernumeraria porque no pude seguir aguantando la presión por parte de mi esposo. Él se había hecho supernumerario pocos años atrás, cuando comenzó a trabajar de maestro en una escuela de la Obra...



Nosotros siempre hemos sido una familia humilde. Mi esposo maestro y yo siempre trabajé en el gobierno en puestos de burócrata. No nos faltaba lo indispensable para vivir dignamente, tampoco podíamos permitirnos muchos lujos.

Cuando él comenzó a trabajar en esa escuela teníamos dos hijos, porque siempre pensamos que “la familia pequeña vive mejor”. Somos una familia católica, íbamos a Misa los domingos y en las fiestas de guardar pero nunca fuimos demasiado mochos (mojigatos).

Poco a poco mi esposo se fue volviendo más religioso, insistía en que rezáramos el Rosario y me decía que debería de ir diario a Misa. Un día me dijo que lo que estábamos haciendo con nuestra vida íntima era pecado porque no estábamos abiertos a la vida. Que a partir de ese momento, dejaríamos de utilizar métodos anticonceptivos y que tendríamos todos los hijos que Dios tuviera destinados para nosotros. A mí me educaron para obedecer a mi marido. Y así fue como me quité el DIU y comencé a tener hijos año tras año hasta que en el octavo parto, en el que casi pierdo la vida por las complicaciones que tuve y el médico me dijo que mi matriz no daba para más, que había que sacarla. Para mí fue un alivio.

Vivimos en un departamento muy pequeño de 80 m2 con tres recámaras, yo trabajo a jornada completa de 9 a 5 y los sueldos de los dos apenas nos alcanzan para lo más básico.  Siempre estoy cansada, entre el trabajo y atender a mi familia no me queda energía para nada más. Y los sábados, que podía tomarme un tiempo para descansar y estar con mis hijos, tengo que ir a círculo y a todas las actividades del centro. Además, habiendo uno muy cerca de mi casa, me mandan a otro centro que me queda muy lejos. Yo pienso que es porque en el centro que queda cerca de mi casa van puras supernumerarias ricas, y les dará vergüenza que vaya yo que no tengo nada que ver con ellas. Nosotros como ya dije, somos una familia más bien humilde.

Mi esposo me presionó durante mucho tiempo para que asistiera a medios de formación y después para que fuera supernumeraria. Yo la verdad que lo hice para darle gusto, pero siento que no tengo la vocación, aunque las directoras dicen que mi vocación es clarísima. Cuando escribí la carta, mi esposo estaba feliz. Hace poco le comenté que yo no entendía como era que ellos veían en mí una vocación que yo no podía sentir y se puso como loco. Yo hasta pensé que me iba a pegar. Me dijo que eso lo tenían que ver las directoras que tenían estado de gracia y que las obedeciera. Ahora no sé cómo decirle que yo me quiero salir. Yo creo que se lo imagina porque me dijo que él se iba a encargar de recordarme  renovar el 19 de marzo, y como que no quiere la cosa, me hizo saber que si yo me salía del Opus Dei él no volvería a tener vida íntima conmigo.

Ya no aguanto. Mi esposo se ha vuelto un fanático, los vecinos ya no quieren ni encontrárselo porque todo el tiempo quiere hacer proselitismo con ellos. Oí sin querer que una vecina le decía a otra que mi esposo era peor que los testigos de Jehová con los temas de Dios y la verdad es que sí es cierto. Yo me siento incómoda con un esposo que parece un fraile. Para él, todo nuestro tiempo libre debemos de dedicárselo a la Iglesia. Hace mucho que no vamos al cine ni a un parque con los hijos.

En el centro al que asisto trato de pasar lo más desapercibida posible para que no me den encargos ni nada. Ahora mi esposo insiste en que nos apuntemos en la Parroquia para ayudar a acercar almas a Dios dando catecismo y cursos para matrimonios y yo no quiero porque necesito tiempo para descansar. Tanta es la influencia, que uno de mis hijos pequeños juega a ser sacerdote, y tiene una bolsita con lo que él dice que son las cosas de Misa y hace hasta que consagra con un platito blanco.

Ya no sé qué hacer.  Ya no quiero vivir en esta locura, pero sé que es imposible convencer a mi esposo de que lo que hacemos y como vivimos está muy mal. Yo creo que si dejo de ser supernumeraria él me abandonaría. A él lo único que le importa es el Opus Dei, le dedica todo su tiempo libre, le da dinero que tanta falta que nos hace. Tiene poco que una de mis hijas necesitaba zapatos y se lo dije, me dijo que debía de esperar hasta la quincena y yo le dije que podíamos usar el dinero de las aportaciones. Me gritó muy feo y hasta me zarandeó de los hombros diciéndome que ese dinero era sagrado. El Opus Dei le importa más que sus hijos.

He pensado en agarrar a los niños e irme a mi pueblo y no verlo nunca más, pero pienso que puede ir por mí y obligarme a regresar.

No sé qué hacer, sólo quería contarlo para ver si tú o alguien me puede aconsejar.

Hasta aquí la historia de Lorena, ella es asidua lectora de la web y nos conocemos personalmente hace años. Hace poco nos volvimos a encontrar y me platicó su historia. La escribió y me pidió que la publicara. A ver si se le puede aconsejar.

Besos

Salypimienta salypimientalaencomendada@hotmail.com

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Publicado el Viernes, 23 marzo 2018



 
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