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 Tus escritos: Una historia más (y XII).- Lupe

078. Supernumerarios_as
lupe :

Una historia más (y XII)

Lupe, 16/03/2018

 

 

Reflexión final 

Yo fui hija de supernumerarios, estudié en una escuela de la Obra y participé de muchas de las actividades propuestas por el club también de la Obra; ya mayor de edad me he incorporado como supernumeraria. Es decir, mi vida transcurrió signada por “la Obra”. Al día de hoy y habiendo vivido lo que viví (y conste que fui muy discreta y me guardé bastantes cosas), me siento con autoridad para decir lo siguiente…



Bajo el manto de “organización cristiana” esta prelatura adoctrina a sus integrantes de forma sutil y constante. El Opus Dei, valiéndose de medias verdades incorpora fieles a sus filas con el único fin de lavarles el cerebro para que terminen haciendo lo que ellos deciden que deben hacer. Por ejemplo, a mí nunca me dijeron, antes de incorporarme, que yo como supernumeraria debía hacer la inmensa cantidad de normas, actos de piedad y actividades apostólicas en las que luego me vi inmersa; como tampoco me dijeron que debería entregar al Opus Dei una cantidad de dinero similar al gasto que me produce cada uno de mis hijos; ni que mi familia debería participar también de las actividades propuestas por la Obra (campamentos, retiros, charlas…) De hecho una vez el sacerdote con el que me confesaba directamente me dijo: Tú debes hacer que Eduardo sea supernumerario. Tampoco me dijeron que había infinidad de libros que no podía leer ni eventos sociales a los que no podía acudir. Es cierto lo del plano inclinado (uno va cayendo sin darse cuenta) y lo considero una canallada. No conformes con ello, en lo que respecta a los supernumerarios, no solo adoctrinan a los matrimonios sino que los usan para hacerse con el cerebro de sus hijos. Con el cerebro primero y con toda su vida después. ¿No fue al Fundador a quien le gustaba decir que a los peces se los pesca por la cabeza? En este punto es donde se me eriza la piel.

Los colegios y clubs Opus Dei complementan esta maquinaria perversa de adoctrinamiento. Yo padecí uno de estos colegios; instituciones supuestamente educativas donde a los niños, lejos de ayudarlos a pensar por sí mismos y reafirmar su personalidad, los bombardean constantemente con ideas totalitarias, unidireccionales, permitiéndoles ejercer su libertad únicamente para elegir hacer lo que está establecido. Donde se los obliga, entre otras cosas, a contarles a un tutor (y al sacerdote después) si han tenido pensamientos impuros, si han besado a un chico, si sus padres se pelean mucho o duermen separados... Este tema da para mucho más, tal vez algún día lo profundice. Pero el punto al que voy, hablando por mí y mis allegados: nosotros éramos niños y no nos podíamos defender. Los niños no tienen la capacidad de defenderse de sus padres (a quienes el Opus Dei les lava el cerebro) ni tienen la fortaleza para mandar a paseo al tutor que los saca de clases de matemáticas para preguntarles si se han masturbado la noche anterior. 

Sin embargo, la Iglesia -que como el gran hermano todo lo sabe- sí que pudo haber hecho algo, pero prefirió mirar para otro lado. Porque a esta altura de mi vida ya no creo en cuentos de hadas. En una época pensé que allá en Roma, tan lejos de mi país, las cosas que a nosotros de niños nos pasaban (tanto en casa como en los colegios y clubs) ellos las desconocían. (¡Si habré visto llorar a mis amigas por los acosos recibidos para que se hagan numerarias! Si nos habrán presionado nuestros padres para que participemos de cuanto campamento, curso de estudio o retiro que organizaba el Opus Dei). Ahora sé que estaba equivocada. Entonces los obispos sabían todo lo que sucedía tanto en los colegios como en los clubs y no hicieron nada; como tampoco hicieron nada desde el inicio para impedir que este pulpo llamado Opus Dei avance sin freno durante décadas cortando cabezas y destrozando las vidas de tanta gente buena. En lo que a mí respecta, me hace acordar al video de Pink Floyd “otro ladrillo en la pared” cuando los niños uniformados son empujados hacia la picadora de carne. Así me sentía yo entonces aunque no lo podía poner en palabras.

Y no conformes con los estragos que causó y causa el Opus Dei, ahora en Roma siguen aplaudiendo de pie a cuanto iluminado aparece a ofrecerles un puñado de sacerdotes y muchas familias numerosas dispuestas a ofrendarse ellos y ofrendar a sus hijos para mayor gloria de Dios. Digo esto porque he estado hace poco de visita en mi país y me ha sorprendido la cantidad de iglesias y parroquias que los obispos han dejado prácticamente en manos de un grupo de laicos, pertenecientes a un movimiento de origen español, que hacen sus reuniones los sábados, juntan el dinero de la gente humilde en bolsas de basura y mandan a las familias a que vendan sus casas, abandonen sus empleos y se vayan a misionar a un sitio del mundo elegido por sorteo. ¡Y el Papa Francisco bendiciendo esta locura! ESTE es el verdadero pecado por el que deberán responder los obispos ante el Señor. Ordenar sacerdotes y bendecir familias misioneras provenientes de estas organizaciones –que son varias- a sabiendas de que el proceso de discernimiento es cuanto menos dudoso, a mí me parece inmoral. Lo planteo específicamente porque cuando yo pertenecía al Opus Dei hubiera sido capaz de cualquier cosa, apuntarme como familia misionera y arrastrar a mi familia a vivir en la jungla amazónica inclusive si me lo hubieran pedido. Al día de hoy sé que mi voluntad estaba viciada. Ya es hora de que allí en Roma se enteren que esa gente, tal vez, toman algunas decisiones vitales sin encontrarse en pleno uso de sus facultades, presionadas psicológicamente y sin medir las consecuencias. Sobre todo cuando hay niños involucrados es cuando más cuidado deberían tener. 

Por lo demás, puede que alguien me diga que tuvo padres supernumerarios y jamás se sintieron presionados para acercarse al Opus Dei. Quizá alguien fue a un colegio de la Obra y también su experiencia fue diferente y hasta gratificante. Yo no intento generalizar. Aquí cuento lo que me sucedió a mí y lo que he vivido con mis hermanos y amigas. Quien vivió algo diferente ya puede agradecer que no le haya sucedido igual.

Puede también que haya alguien que me diga: la Iglesia no tiene la culpa; no se puede adjudicar a la Iglesia los errores del Opus Dei. En tal caso disentimos. Yo creo que la Iglesia Católica Apostólica Romana es la principal responsable de que el Opus Dei sea lo que es hoy. La Obra no es más que una partecica de la Iglesia, decía el Fundador, y es verdad. La Obra es hija de la Iglesia. Si la Iglesia permite lo que permite es tan responsable de los actos del Opus Dei como el Opus Dei mismo. Y les aseguro que se me parte el corazón al escribir esto. Yo he confiado en el Santo Padre; he besado el anillo de Juan Pablo II y de Benedicto XVI con verdadera devoción; he cenado con Jorge Mario Bergoglio cuando era Arzobispo de Buenos Aires; los he admirado y respetado como si verdaderamente fueran los mismísimos representantes de Cristo. Hasta hace pocos años hubiera dado la vida –lo digo en serio- por defender esta Iglesia. Me han defraudado y aún sangro por la herida. Agradezco que no he perdido la fe y que mi amor por Jesucristo sigue intacto, aunque temo que ese Jesucristo que habla en mi corazón no sea el mismo que esta Iglesia predica. 

El día después

Como les conté, la internación duró 3 semanas. Fue positiva y me ayudó muchísimo. El tratamiento continuó luego en mi ciudad. Debo reconocer que la terapia fue determinante. Sola jamás hubiera podido resolver el problema; no contaba con las herramientas.

En lo que respecta al Opus Dei la ruptura fue prácticamente inmediata. No bien regresar de la clínica he dejado de aparecer por el centro. Me hubiera gustado explicarles lo que me sucedía pero habría resultado inútil. Sabía que si iba les diría la verdad y sabía que si les decía la verdad no lo entenderían y justificarían mi ausencia frente a las demás diciendo que me había vuelto loca. No quise abrir un nuevo frente de batalla, bastante mal la estaba pasando como para tener encima que limpiar mi nombre. Así que simplemente dije que no me encontraba bien de salud y que dejaría de ir. Me he recluido en mi casa y he luchado por no atender el teléfono a la numeraria que llevaba mi charla y no se creía que estuviera mala (pese a las innumerables conversaciones que habíamos tenido al respecto). Han venido otras supernumerarias a buscarme pero me he negado. Me han buscado y han insistido pese a que les pedí que no lo hicieran. Hasta el sacerdote del centro me enviaba mensajes por Facebook; llegó un momento en que cada vez que me conectaba para distraerme, generalmente por la noche, estaba también conectado y me escribía un mensaje; finalmente he borrado mi cuenta. Han hablado con mis padres, con mis hermanos, con mis amigas. Me costó mucho que me dejaran en paz. Pero lo he logrado. El 19.03 siguiente no renové y ya no pudieron hacer nada. Más tarde me invitaron a ser cooperadora; me he negado. 

Ahora vivo una vida más tranquila y aunque me cuesta estarme quieta, estoy en paz. Tengo paz conmigo misma. Cada mañana acompaño a mis hijos pequeños al autobús escolar y los puedo besar sin problema pues ya no me maquillo a las 7:30 h. Tengo tiempo para sentarme con ellos a leer un libro, los ayudo con las tareas escolares y los puedo llevar yo misma a cortarse el pelo. Acomodo mi día como a mí me parece y nadie me dice lo que tengo que hacer a cada minuto. Puedo disfrutar de las cosas pequeñas; cosas simples para las que siempre me había faltado el tiempo. Mi marido volvió a dormir conmigo y llevamos una vida íntima normal. Eso mismo, ni más ni menos: normal. Llevo una vida normal y se siente muy bien. 

Con mis hijos mayores, los que ya no viven en casa, hemos tenido innumerables conversaciones y siento que poco a poco van entendiendo lo que me ha sucedido (gracias a mi hija A., he conocido Opuslibros). Preguntan mucho y me alegra poder darles una respuesta. Les he pedido disculpas por mi ausencia cuando eran pequeños y aunque ellos dicen que no es necesario me he sentido aliviada. No me guardan rencor lo cual es una bendición. En el fondo una cosa sí hice bien: nunca los obligué a que frecuentaran ningún club ni los he apuntado en un colegio del Opus Dei; los he mantenido al margen de mi “vocación” y los he protegido. Me quieren a pesar de todo y lo agradezco a Dios todos los días. Y como si la vida me estuviera probando, esta última semana mi hijo más grande me ha contado que tiene una novia y que la quiere invitar a pasar unos días a la casa durante las Pascuas; quiere que la conozcamos. ¿Y cómo van a dormir? Me salió preguntarle. Pero su cara y posterior comentario lo dejaron claro. Si se pone usted fastidiosa con ese tema no la invito y punto. Yo no soy del Opus Dei mamá. ¡Qué fuerte! Me tendré que acostumbrar. Es el riesgo de la libertad y este hijo mío ha elegido un camino diferente al de su padre. ¿Tú sabes lo que es un condón?... y me empecé a reír sola. No se lo podía creer : - )

Un pedido

Mientras escribía para Opuslibros, dejando también mi testimonio, me he dado cuenta de que me gusta escribir. Nunca lo había hecho antes; no hubo necesidad ni tiempo. Gracias a esta web entre otras cosas he descubierto que tengo muchas cosas para contar y me gustaría hacerlo. No se relacionan con el Opus Dei. Me gustaría contar algunas cosas que he vivido; mis experiencias en diferentes países, la gente que he conocido, sus culturas, etc. Aquí mi pedido. ¿Alguien me podría ayudar con este proyecto? Me gustaría publicar en internet mis cosas, algo así como un blog –o similar- donde pueda poner texto y pegar algunas fotos y no sé por dónde empezar. Le he preguntado a uno de mis hijos, el que mejor se mueve en el ciberespacio, pero al poco tiempo me lanzó: ya te expliqué lo mismo dos veces, es que tienes problemas de concentración? No señor, es que tu madre recién pasados los 40 está intentando tener un hobby por primera vez en su vida ¡y no sé cómo empezar! Si alguien me pudiera orientar para que pueda dar los primeros pasos se lo agradecería infinitamente. Hay muchas opciones y me encuentro algo perdida. Muchas gracias de antemano. 

Au revoir

Aquí termina mi historia. Tal vez no sea una gran historia pero me apetecía contarla –y me hizo muy bien. Pienso que tal vez alguien de los que la lea puede sentir que su historia tiene puntos en común con la mía y verá que no está solo. Abajo les dejo mi correo por si acaso me quieren contactar. 

Les agradezco muchísimo la atención que me prestaron. Especialmente quiero agradecer a Agustina por haberme brindado su apoyo, comprensión y por supuesto el lugar para expresarme. Te estaré siempre agradecida.

Y como me encuentro muy feliz les regalo “el arrepentido”, una canción que esta mañana me ha hecho bailar mientras preparaba el desayuno. El video está bien bonito

Hasta siempre,

María Guadalupe

guadalupe.maria1717@gmail.com

 

F I N

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Publicado el Viernes, 16 marzo 2018



 
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