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 Tus escritos: SUPERNUMERARIOS: Vivir en la calle de la amargura (III).- Salypimienta

078. Supernumerarios_as
salypimienta :

SUPERNUMERARIOS: Vivir en la calle de la amargura (III)

 

En el escrito anterior hablaba de los supernumerarios que pitan siendo solteros y así se quedan para siempre. En el texto me refería específicamente a los supernumerarios jóvenes. Hace unos días Nachof nos contó una anécdota de un supernumerario soltero ya mayor, y tomaré esa historia prestada como entrada  para seguir con mi relato.

No es nada extraordinario que piten supernumerarios solteros ya mayores que ya nadie espera que se casen, es más, se hace todo cuanto se puede (rezos, mortificaciones y demás) para que permanezcan así hasta que Dios los llame a su compañía y la madreguapa herede todos sus bienes...



Estas personas suelen ser o muy ricas o le pueden aportar influencia por los cargos que tienen u otras cosas valiosas a la Obra. O sea, no es lo ordinario que dejen pitar de numerario a un soltero que no amortice lo que se invierte en él en todos los sentidos.

Recuerdo en especial a una supernumeraria soltera ya muy mayor que había sido una médico con bastante prestigio. Era muy rica y no tenía familiares cercanos ni amigos. Era una amargada con un genio del demonio y déspota como no he conocido otra igual. Trataba a todo el mundo con una altanería insufrible, también a las numerarias e incluso a las directoras del consejo local que le tenían una cantidad de contemplaciones increíble. Cuando la beatificación del fundador tuvo un accidente en Roma y prácticamente obligaron a una supernumeraria mexicana que vivía allí a que la recibiera en su casa durante la convalecencia que fue una verdadera tortura para la supernumeraria que la recibió como para toda su familia. Falleció unos años después dejándole todo a la Obra. O sea, si tienes suficiente dinero puedes esperar el mejor trato aunque seas una majadera. A las que no aportan tanto (lo que sea) no se les trata con tanta condescendencia.

 

Los supernumerarios que pitan casados.

Estos son la mayoría. Casi siempre uno de la pareja es el que se cruza con el Opus Dei y arrastra, jala, coacciona, empuja (o como se le quiera ver) al otro. El que pita primero suele ser el instigador del otro. Me consta que la mayoría de las esposas de supernumerario pidieron la admisión más por llevar la fiesta en paz que por otra cosa. No sé si en la sección de varones sea lo mismo. Lo que es muy de notarse es la enjundia con las que les agarra la vocación. No sé si porque cuando pitas de muy joven como que creces y maduras con eso y lo tomas más natural, pero las supernumerarias, mientras más grandes les entra lo opusino con mucha más potencia. En lo primero que se nota es que al principio todas están como arrobadas. De verdad que hasta ponen cara de llamada a la santidad. Casi inmediatamente comienza una metamorfosis en su persona, en su casa y en su familia. Lo primero es que intentan vestirse de numerarias. Esto quiere decir muy formales y muy monas, ya hablaremos de eso más tarde.

Decía más arriba que la metamorfosis alcanza todos los aspectos de la vida de las supernumerarias. La casa es casi lo primero que cambia. De ser una casa normal, en pocos días adquiere aspecto de centro de la Obra (¡con lo horrendos que son la mayoría!). Aparecen de inmediato patos, algún burro y sobre todo Vírgenes por todos lados para no descuidar nunca las miradas a la Virgen. Lo malo es que algunas de estas almas de Dios tienen un gusto de lo más extravagante y poco sentido común. Me tocó ir a casa de una recién pitada y tuve que pasar al baño. Me quedé bastante sorprendida cuando veo en el lavabo junto al w.c. una estatuilla de la Virgen de esas que venden en los bazares. O sea, a cualquiera le tiene que resultar perturbador hacer pipí con la Virgen delante aunque sea una estatuilla de pasta. Tuve que decirle a la nueva que por caridad sacara todas las imágenes religiosas de los baños porque además de ser de muy mal gusto era muy inquietante.

En la casa de otra, una numeraria y yo nos quedamos verdaderamente sobrecogidas al ver colgado de la pared de la sala un crucifijo enorme con un Cristo tamaño natural tan ensangrentado y tan flagelado que nos dieron ganas de llorar. Tenía una corona de espinas de verdad encajada en una peluca toda desgreñada. Yo no pude ni tragarme el café que nos sirvió la piadosa supernumeraria, todavía cierro los ojos y siento angustia al recordar esa imagen tan tétrica, y encima la supernumeraria nos contaba que había adquirido semejante adefesio para agradecerle todos los días por su vocación (yo creo que ahí fue cuando me comenzaron las ganas de despitar). Ese Cristo más que invitarte al recogimiento y a la contemplación, te invitaba a salir corriendo al diván del psiquiatra. Con el tiempo se van haciendo con cuadros de familia, como copias del Niño Peinadico y así.

Recuerdo el éxito arrollador que tuvieron unas monedas enormes que se vendieron en todos los centros con motivo de la beatificación (¿o habrá sido la canonización?) que tenían en relieve la cara del fundador y estaban en un estuchito muy mono. Todas las supernumerarias compraron la suya para ponerla en la sala bien a la vista de todos. Lo bueno es que en la mayoría de las casas de los supernumerarios no hay oratorio… no me quiero imaginar lo que sería aquello.

Las recién pitadas nos veían (a las que llevábamos años con la vocación a cuestas) como si de verdad fuésemos hermanas mayores y nos acribillaban a preguntas: -Pax, oye, ¿tengo que estar hincada todo el tiempo en el oratorio?

-No, sólo haces genuflexión sencilla cuando estas delante del altar a menos que el Santísimo esté expuesto que tienes que hacer genuflexión doble (otras cosas no, pero la urbanidad de la piedad la dominamos todos quienes hemos pasado por la Obra).

-Pax, ¿Qué es genuflexión doble?

- Cuando doblas las dos rodillas, o sea, primero pones una y después la otra en el suelo (no fuera a ser que se aventaran a clavar las dos rodillas la mismo tiempo, algunas eran capaces), y sólo tienes que decir Pax cuando saludas a alguien de Casa. No tienes que decirlo en cada pregunta que haces.

- ¡Ah! Creí que se decía cada vez que hablabas con alguien de la Obra…

Y así las cosas mientras aprendían y se les acomodaba la vocación en el cuerpo y podían ser más normales.

Si querías observar las nuevas vocaciones de supernumerarios, el mejor lugar para hacerlo eran las Misas del 26 de junio en la Basílica. Creo que en la Obra todos éramos perfectamente identificables según nuestro status. Yo personalmente era capaz de identificar y diferenciar a numerarios de agregados, de numerarias auxiliares, de supernumerarias de la vieja escuela, vocaciones recientes, miembros de 1ª, 2ª y hasta 3ª clase que por desgracia e injustamente los hay.

Los supernumerarios recién pitados se distinguían de los demás porque iban arreglados como para boda, llevaban a toda la familia. TODA es con abuelitos, tíos, primos y demás parentela incluida porque se estaba estrenando el “ser del Opus”. Había que presumirles la familia a unos y la nueva familia a los otros. Además están más atentos a lo que pasa  en la Nave Central que lo que pasa en el Altar. Cuando identificaban a una de Casa le presentaban a la familia muy ceremoniosamente. Una atarantada como yo, siempre se sentía agobiada con esas presentaciones. Me sentía tan fuera de lugar. Creo que nunca llevé a nadie de mi familia a esas Misas.

Las supernumerarias recién pitadas de verdad se esmeran en ser merecedoras de tan grande y santo privilegio (así lo sienten). Son las más entregadas, las más entusiastas, las más felices… y me da mucha pena pensar que al cabo de unos años la gran mayoría termina hasta la coronilla del Opus Dei.

A este tipo de supernumerarias la Obra las camela de lo lindo para cuidarles la vocación hasta que queden bien enroladas (una práctica del más puro estilo secta). Casi casi después de la Admisión les dan un encargo apostólico de cierto rango. Ahora sí que según el sapo es la pedrada, porque a una medio insignificante no la van a poner de presidenta de un patronato. En Casa se domina el arte de hacer sentir a los nuevos como si ellos fueran el eslabón de la cadena que faltaba, y las vocaciones recientes se sienten realmente conmovidas ante semejante confianza y es algo que engancha mucho.

Cuando salí del Opus Dei, las prácticas eran un poco diferentes. Casi que ya dejaban pitar a cualquiera. Recuerdo a una que había sido Hija de María, señora del Reino, de los Legionarios de Cristo -son el equivalente a nuestras cooperadoras-, Catequista de su Parroquia y Ministro de la Eucaristía (todo junto en la misma persona)… y con todo eso la dejaron pitar y la pusieron de presidenta de la Asociación de Padres de Familia de una Obra Corporativa. Era del estilo más monjil que yo haya visto y así pitó. Lo más extraño es que ni la Oblación había hecho y quería venir a darnos instrucciones a las supernumerarias antiguas que ya teníamos más colmillo que un elefante africano con los exabruptos  apostólicos de las recién iluminadas y ni caso le hacíamos. Y varias veces hubo que ponerla en su sitio, como una vez que la encontramos rezando el Rosario en las gradas durante un partido de fútbol de los niños. Traía un Rosario enorme lleno de colorines. Cuando otra supernumeraria se acercó a decirle que podía rezar tranquilamente en el Oratorio del colegio, esta le contestó que lo hacía en público para dar testimonio de que se debía rezar el Rosario (sic) y nos dejó con el ojo cuadrado y con la boca cerrada… ¿Qué le dices a una tan demente? En los últimos años que pertenecí a la institución ya a cualquiera que estuviera dispuesto a soltarles dinero o trabajar gratis en lo que fuera le dejaban pedir la admisión. En muchos casos se trataba de personas trepadoras a quienes les interesaba “ser del Opus” por el prestigio social que pensaban que eso les iba a traer.

Nos queda mucha tela para cortar sobre el tema este. Por el momento, les dejo besos con cariño.

Salypimienta.

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Publicado el Lunes, 05 febrero 2018



 
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