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 Tus escritos: EN CUATRO DÍAS MORIRÁS. Tercera parte.- Josefina Hurtado

010. Testimonios
Josefina Hurtado :

EN CUATRO DÍAS MORIRÁS. Tercera parte

Josefina Hurtado, 4/12/2017

 

Regresamos a la casa tres meses después. Esta vez mi hija nos acompañaba. Entramos en la casa y nos conducimos por ella con las lámparas de los móviles. La electricidad ya había sido cortada. Quería echarle una foto a las cajas de sedantes en el lugar en el que las había encontrado, aunque legalmente no sirviera para nada.

 

Aquello era siniestro…



Era una tarde noche de Octubre, así que no había luz interior ni exterior. Las puertas estaban todas cerradas. Nos fuimos directamente a la habitación de mi padre, abrimos la puerta y entramos en ella. Mi hermano miró en el armario. Se lo habían llevado todo, todas las ropas de mi padre, sus piezas más íntimas, su pequeña caja donde guardaba sus tesoros.

 

Mi hija y yo nos dispusimos a tomar las fotos por las que habíamos ido. Colocamos las cajas en el cajón de la mesilla de noche de mi padre, donde las habíamos encontrado tres meses antes. Mi hija me enfocaba desde arriba con la linterna del móvil, mientras yo tomaba la foto. ‘¡Mamá mira en el suelo!’ Me dijo alarmada ‘¿Qué pasa?’ le respondí ‘¡Mira las pastillas del suelo!’. Enfocamos las linternas de los móviles a aquel suelo de terrazo que no habría dejado verlas si no hubiera sido con la luz que las enfocara directamente. En total encontramos cuatro medias pastillas de Valium 5 y el polvo de otras dos o tres, pisadas, probablemente por nosotros.

 

Seguimos enfocando debajo de la cama. Alrededor de la pata de ésta, había múltiples fracciones de cristal compatibles con el gotero de un suero. También encontramos entre los restos de las pastillas de Valium 5, un pequeño sello de calidad correspondiente a otro fármaco sedante (Rivotril).

 

Como del suero solo quedaban los restos pequeños de alrededor de la pata de la cama, supusimos que debió de ser lo primero que usaron. Por las circunstancias que fueran, se rompería, y al quedarse sin suero, usarían las medias pastillas del Valium 5.

 

Cogimos los restos grandes de cristales y los de las pastillas y revisamos la casa.

 

En el salón ya no estaba el enorme ordenador Apple de pantalla gigante que mi padre tenía. Ya la semana antes de morir me había dado una clave de quién se lo llevaría. ‘Ha venido alguien del Opus, a quién le gustan mucho los ordenadores y lo ha estado revisando’. ‘¿Entiendes?’. Esta era la palabra clave que usaba cuando quería comunicarme algo que solo sabíamos los dos. Las fotos de mi hija que adornaban sus mesas se las habían llevado también. Las joyas de mi madre, las mantelerías bordadas a mano por ella, todos los recuerdos de familia y hasta el enorme calentador habían desaparecido.

 

Vaciaron la casa, se lo habían llevado todo, todo menos las fotos de Escrivá y Álvaro del Portillo. ¡Eso para que supiésemos quién mandaba allí! Cogimos las fotos, las tiramos al contenedor de la basura y nos fuimos.

 

La muerte de mi padre, el saqueo de sus cosas, de su intimidad y de la nuestra me llenó de coraje e impotencia. Ya en el hotel me agarré la cabeza con las manos, me llené de fuerza y planeé la estrategia que llevaría a cabo. Respiré profundo, me armé de todo el valor moral y físico que tenía, e inicié mi camino hacia el infierno.

 

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Publicado el Lunes, 04 diciembre 2017



 
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