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 Correos: Espíritus de América.- Gómez

010. Testimonios
gomez :

Hola, Jacinto.

Leí hace muchos años «La supresión del pudor, signo de nuestro tiempo», y desde entonces te admiro. Usé algunos de tus argumentos en varias de mis charlas y en alguno de mis artículos de prensa, por allá en los años 78 y 79.

Soy americano, de Colombia, y claro, aquí hablamos con los espíritus. ¿En Europa no? ¡Qué tristeza! Vudú En Nueva Orleans, la cuna del jazz y del blues hay vudú. Lo puedes ver en la película de dibujos animados de Disney La princesa y el sapo. En Haití hay vudú. También en su vecina República Dominicana. En alguna de las historias de los curas españoles Domingo Laín y Manuel Pérez, que luego fueron guerrilleros del ELN, se narra que cuando recién ordenados estuvieron atendiendo feligreses en alguna ciudad de La Española. Les robaron el valioso cristo del retablo de la iglesia. Ellos decidieron asustar a los feligreses haciendo voces de espíritus que instaban a los ladrones a devolver lo robado, y por supuesto los ladrones, que creían a pie juntillas en espíritus, lo devolvieron.

Mi hermano mayor es médico, y como todo médico, algo descreído. En el Hospital de San Ignacio, anexo a la Universidad Javeriana, de los padres jesuitas de Bogotá, Colombia, conoció a un paciente de cáncer, durante su residencia de oncología. Los médicos habían desahuciado a este paciente. Le dijeron que le quedaban pocos días de vida, pues el cáncer había hecho metástasis. El paciente salió del hospital para una de las casas en las que el médico venezolano José Gregorio Hernández opera. Se entiende que opera el espíritu del médico, pues el médico murió en Caracas en 1919. Los que atienden en esa casa son sus médiums. Unos meses después el paciente de cáncer pareció por los pasillos del hospital San Ignacio, donde médicos y residentes lo saludaban incrédulos. Él les contó que lo había operado José Gregorio Hernández. Los médicos lo examinaron y, en efecto, el cáncer había desaparecido por completo.  Hace poco, viajando de Madrid a Bogotá en el Airbus de Iberia, la señora que me tocó en la silla de al lado, me contó dos operaciones de José Gregorio Hernández. Una a su mamá y otra a ella misma.

Hay muchas más historias como estas, pero la más creíble es la que narra el biógrafo colombiano de José Gregorio Hernández, el historiador, miembro de las más altas academias del país, autor de numerosos libros, Antonio Cacua Prada. Cacua Prada dice que en un naufragio, al borde del desespero, le pidió a José Gregorio Hernández que lo salvara, y le ofreció escribir su historia y publicarla. El médico lo salvó. Cacua Prada investigó, escribió y publicó esa historia, que respalda con su prestigiosa firma de historiador serio. Es bien conocido el sincretismo de Cuba. Cada santo católico tiene su equivalente nativo, como los romanos copiaron y rebautizaron a cada divinidad de la Grecia antigua y mítica.

Salomón. En Colombia hay un sincretismo más sutil. O mejor, una convivencia de creencias, que no se eliminan unas a otras. La misma persona que va a la iglesia católica, y prende velas de cien pesos a santa Marta, va luego a la casa de Salomón, un adivino, tarotista y numerólogo muy cotizado, con programas diarios de radio y televisión, y le paga trescientos mil pesos por una consulta en la que tiene derecho a tres preguntas. De la casa del brujo sale de nuevo para la iglesia de Santa Marta, le prende otra vela y oye misa.

Los rezos. En la Violencia de los años 50 hubo bandoleros indoblegables, como Sangrenegra, Tarzán, Desquite…. Se dice que estaban rezados. Nunca las balas los alcanzaban. En 1964 después de tres días de asedio de fuerzas combinada del Ejército y la Policía, murió Sangrenegra, por suicidio. Luego, en las guerras recientes, los paramilitares y guerrilleros también han sido rezados, y han sobrevivido a persecuciones y bombardeos. Sobre eso de los rezos, hay algo muy simpático. Los agregados de los años 70 iban de excursión a los Llanos Orientales, donde los espíritus y los rezos son parte del paisaje. Llegaban a un potrero lleno de vacas y veían cómo el rezador, ante los agregados y su capellán, un sacerdote numerario, rezaba el ganado y les salían los nuches y las garrapatas. Luego, llegaban a un río al que había que meterse para salir al otro lado. Entonces, el agregado llanero llamaba a su amigo rezador, le pedía que rezara el río para que los bagres no los atacaran, el rezador lo hacía, y así sacerdote numerario y agregados pasaban sin peligro alguno de una orilla a la otra.

Caracol. En los estudios antiguos de la prestigiosa Cadena Radial Caracol, filial de la SER en Bogotá, los operarios y locutores nocturnos hablaban del espíritu de uno de los locutores (ya muerto) que andaba por ahí.

Ejército. En la Oficina de Prensa del Ejército, donde trabaja mi esposa, uno de los empleados es asustado frecuentemente por los espíritus, que le desordenan sus papeles. Durante su trabajo de patrullero en la selva, hace años, fue embrujado. Mi esposa tiene en su celular los videos de algunas de esas pesadas bromas.

Evangelina. En la convivencia de recién pitados de diciembre de 1968, en La Casona, de Chía, un pueblito cercano a Bogotá, don Eugenio Fenoy, sacerdote numerario granadino, nos leyó y glosó durante las tertulias nocturnas a la luz de la chimenea, una carta en la que una monja le contaba a su hermano sacerdote, supernumerario de la SSS+, la historia de Evangelina la Endemoniada. Los más de veinte numerarios recién pitados oíamos con fascinación el relato. Una niña de cinco años es robada por dos espiritistas, en zona rural de Morcá, en el departamento de Boyacá. Los espiritistas ven en ella mucho potencial. La preparan, haciendo que no se apegue a nada y que no aprenda a leer ni a escribir. Llega el día del pacto. Un viernes a las tres de la tarde la acuestan en un ataúd, que es bajado a un hueco de metro y medio de profundidad, el cielo se oscurece durante el rito lleno de invocaciones y cantos. La respuesta del demonio es que la niña levita, con todo y ataúd. El ataúd sale a la superficie. La tapa del ataúd se abre, y se ve el cuerpo de la niña dormida dentro de él, pero su espíritu ya ha salido a su primer encuentro con el diablo, con su novio, con quien irá volando por las copas de los árboles en un coloquio amoroso digno de diálogos de Shakespeare. Esta ceremonia se repetirá cada martes y cada viernes a las tres de la tarde, y la niña y su novio infernal encontrarán las vacas robadas y las devolverán a sus corrales. Así los espiritistas les cobrarán a sus dueños la recompensa acordada. El negocio funciona de maravilla, hasta cuando la niña comienza a aprender a leer y escribir. El abigeo crece, y los espiritistas son menos efectivos porque su médium falla. Viene el maltrato. La niña decide huir. Ya tiene doce años. No se ha desarrollado. No sangra. En su huida se encuentra con la imagen de la Virgen de Morcá, patrona de los ciclistas, y se da cuenta de que ella la sigue con la mirada hacia donde se mueva. Luego ve una iglesia, a donde su novio demonio le había dicho que no entrara nunca, y ella entra. Ahí la encuentra, más perdida que el hijo de Lindbergh, la hermana Evangelina, la autora de la carta que nos lee el don Eugenio, y la lleva al orfanato que las hermanas de la Presentación tienen al lado de la iglesia. La catequizan, la exorcizan y al cabo de muchos meses se rompe el pacto. Y la niña, que ahora sí sangra, se va siendo ya cristiana. La carta narra en detalle varios de los exorcismos. El padre Cohen, francés afincado en Tunja, es el exorcista, pero a cada exorcismo lleva dos acólitos diferentes. Y para rematar, uno de los recién pitados, hoy capellán de la Universidad de la Sabana, dice que él conoce a la exorcizada en cuestión, pues fue empleada en su casa de Medellín.

Yo, muchos años después, ya casado y padre de dos hijos, fui con un amigo exagregado al ancianato de las hermana de la Presentación en Facatativá, conocí a la hermana Evangelina, le pregunté por la exorcizada, que al final de los exorcismos se bautizó y se hizo llamar Evangelina como su catequista, le pregunté por ella, y me dijo que, en efecto, todo había sido así. Mi amigo exagregado logró contactar a los acólitos que habían asistido a los exorcismos. Algunos eran sacerdotes en ejercicio, y otros, reducidos al estado laical. Unos y otros coincidieron en que todo era verdad. Un exnumerario médico, que no estaba en esa convivencia de 1968, pero conoció la carta en otro momento, usó esta historia para su tesis de Psiquiatría. Les siguió la pista a todos los involucrados y llegó a hablar con los espiritistas que habían robado y convertido en médium a la niña. Fueron los únicos que no contestaron, pero tampoco negaron los hechos.

Ahí te aporto, Jacinto, esos recuerdos, a propósito de los espíritus en América. Nunca había escrito tan largo para Opuslibros, pero este tema lo amerita.

Un abrazo, Gómez




Publicado el Jueves, 23 noviembre 2017



 
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