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 Correos: El espejismo reaccionario.- FletcherChristian

115. Aspectos históricos
FletcherChristian :

Estimados amigos, hace mucho, mucho tiempo que no escribo aquí. Necesitaba tomar distancia y así lo hice. Me vino muy bien. Si hoy lo hago es para compartir con vosotros una conclusión a la que llegué recientemente, tras largas horas de trabajo y estudio, y que espero que os pueda ayudar a algunos, si bien sé que no convencerá (al menos de momento) a otros.

Primero deciros que yo tuve mi propio recorrido espiritual dentro y fuera de la Cosa. Unos cuatro años o así antes de no renovar decidí vivir por mí mismo y tomar las riendas de mi espiritualidad, aprovechando de los círculos y retiros lo que me interesara (que cada vez era menos, dejando soserías y tonterías de lado). Alteré el plan de vida como vi que me venía bien, añadí el rezo de la liturgia de las horas estrictamente vivido y dejé otras tonterías que consideré cosecha propia de la Cosa. La oración la convertí en meditación, etc. Cantalamessa, la Madre Teresa y von Balthasar eran mis directores espirituales por entonces...

Cuando mi espiritualidad creció y comenzaba a ser adulta, dejé la Cosa, por inútil y porque estorbaba en mi crecimiento. Recuperé cosas esenciales de otras teologías, especialmente la de la liberación (que fue en versión moderada la de mi juventud, a través de mi colegio) y la de Carlo María Martini y la de Albert Nolan. Me mostraron otra realidad que estuvo siempre ahí. También viví de otras tradiciones espirituales no cristianas, me acerqué a la mística, al zen; sigo meditando, lejos de las ñoñerías y de las tonterías, pero enriquecido por las grandes tradiciones y desembarazado de cargas decimonónicas.

Fui hace unos años a Roma en un viaje de placer. Dentro del palacio vaticano me di cuenta de todo. Fue como una iluminación. Todo aquello se me ofrecía como una gran mentira; comprendí al instante la reacción de Lutero en iguales circunstancias, muy similar. La espiritualidad tenía que vivirla desinstitucionalizada. Y ahí estoy.

Pero no es esto lo que os quería contar. Esto es solo para que me situéis, los que me recordáis de antes.

¿Hemos pertenecido a una organización estrictamente religiosa? Me pregunté un día tras terminar un artículo sobre el franquismo. La respuesta fue que creo que no. Y me explico.

Como algunos sabéis, me dedico a la historia de la filosofía y el pensamiento, especialmente el español. Eso me ha dado la oportunidad de estudiar aspectos relacionados con la Cosa, por su influencia en algunos años tenebrosos de nuestra historia.

Hace un tiempo, con motivo de la publicación de un artículo en una revista académica sobre algo que tiene que ver indirectamente con la Cosa (lo siento, voy a mantener mi anonimato) me encontré un artículo de un autor especializado en el pensamiento reaccionario español del siglo XIX y XX. En él resumía las tres ideas fuerza de esta ideología, que copio:

1) Se entiende el catolicismo como “factor socializador” que explica la unidad de España y por extensión la de Europa. Conlleva una defensa a ultranza de las instituciones y de la presencia de la Iglesia católica en la vida pública mientras la exige en la esfera privada.
2) Defensa de la monarquía. Es en el monarca donde reside la auténtica soberanía y en él converge la unidad de lo español.
3) La política tiene un carácter “misional y apologético”.

Si no seguís leyendo y reflexionáis un poco, os daréis cuenta de que estos tres puntos están en las biografías del santo marqués de una manera u otra, particularmente en el apologético Vázquez de Prada. La defensa de la Europa cristiana, rescatando libros desde Rialp, como los de Dawson, está presente en la Cosa desde los años 50. Dedicarse a la política para “darle la vuelta como un calcetín” siempre ha sido un objetivo claro, originalmente el único y prioritario.

Aunque sea cierto que haya republicanos entre los miembros de la Cosa, algunos demócratas, o alguno que se definía a sí mismo como “falangista fanático” (cosa que siempre me hizo mucho gracia), lo cierto es que la ideología reaccionaria está presente, y mucho, en la fundación de la Cosa. No hace falta que os explique por qué el primer objetivo es contactar con los que mandan, con las clases altas.

Amigos míos, lo que os quiero decir es que hemos militado más en un movimiento político que en uno estrictamente religioso.

Me podéis argumentar que lo de la monarquía contradiría la expansión por el mundo (en esto se sorprenderían nuestros amigos americanos) y suena anticuado, y es cierto, pero eso es porque todavía veis la política separada de la institución eclesial. Sois hijos (menos mal) del pensamiento liberal.

Tened en cuenta que esa monarquía reaccionaria es tanto la “jefatura del Estado” como la “jefatura eclesial”. La Cosa es un “partido político” dentro también de la institución eclesial. En el pensamiento reaccionario no hay distinción entre esfera pública y religiosa. Ambas se necesitan y no son independientes.

Como decía el archiconocido n Rafa XX con sonrisa socarrona y altivez engolada en una reunión de profesores, “bueno, es que para los italianos el verdadero jefe del Estado es el Papa, quizá en el papel no, pero en la realidad sí”. Esa tontería dejaré que la contesten los italianos, pero en ella se reconcilia esta típica visión reaccionaria de la convivencia entre la política y la Iglesia (no voy a decir religión, y menos aún vida espiritual). En resumen, si no hay rey católico a mano, puede que haya un presidente de la república, pero quien manda es el Papa, el verdadero rey de reyes y rey de presidentes. Algo así como aquel gesto polémico de Juan Pablo II a Ernesto Cardenal en su visita a Nicaragua.

Recordad también que Federico Suárez fue capellán de la Casa del Rey durante décadas. Y eso no fue casualidad, os lo aseguro.

El punto 3 es el más significativo y el que me hizo darme cuenta de todo este tema. Si conocéis a gente muy de derechas en España, enseguida veréis que defienden que la moral católica siempre tiene que tener correlación en la Ley, a todos los niveles. Y no es negociable. Y si uno está en política es para hacer que la política integre todos cuantos puntos defienda la Iglesia, más allá del partido en el que uno milite. Es un “apostolado legislativo”. (El revuelo que se armó en la Cosa y sus adláteres con que el rey sancionara, en su obligatorio papel constitucional, leyes “anti-católicas”…)

Si eres mujer la que me estás leyendo y dudas de lo que te cuento, te puede interesar especialmente leer el libro de Carmen Martín Gaite “Usos amorosos de la posguerra española” (muy fácil de encontrar, publicado por Anagrama) que, a pesar de ser un estudio general (muy ameno, eso sí) sobre las relaciones entre hombres y mujeres durante la época del franquismo más reaccionario, encontrarás toda una magnífica descripción (¡oh, casualidad!) de qué se esperaba del papel de la mujer en la sociedad, especialmente en los capítulos “El legado de José Antonio” y “Entre santa y santo, pared de cal y canto”. Veréis, tal vez con tristeza, que no hay mucha diferencia entre lo que imponía el Estado totalitario y nuestra “madre guapa”.

La Cosa cambió bastante sus objetivos tras el Vaticano II, forzada por las circunstancias. En algún estudio que tengo sobre los católicos en esa época se ve claramente. Algunos, como Antonio Fontán, eran demócratas sinceros tras una serena evolución, otros fueron radicales como Calvo Serer, que pasó de ser el ideólogo oficial del pensamiento reaccionario “made in Opus” a militar en la socialdemocracia republicana, restringiendo su conservadurismo al ámbito eclesial.

La conocida tensión entre el falangismo y los “tecnócratas del Opus Dei” no era entre fascismo y libertad como a veces se nos ha querido presentar (mayormente desde dentro de la Cosa), sino entre fascismo (republicano por definición y a veces ateo, que también se dio en el falangismo, por ejemplo, con Antonio Tovar y sus seguidores) y monarquismo reaccionario (católico confesional).

La Cosa no hay que verla en su nacimiento como una orden, organización religiosa o lo que fuera de carácter espiritual. Es una organización creada en el ámbito eclesial, con vocación transversal, que nace como propuesta de síntesis de lo que la Ilustración y el liberalismo lograron separar: la política y la religión. Es hija de un tiempo donde nacieron los totalitarismos, y como tal hay que verla.

Recordad las dudas sobre su fundamentación legal. Si lo que más atraía al santo marqués era la solución del ordinariato militar era porque este es transversal institucionalmente hablando: es político/institucional y es religioso, sin distinción. Os recuerdo que la figura de la prelatura personal se inventó no para la Cosa, sino para dar acogida a las organizaciones de curas-obreros franceses (o sea, para hacer posible el activismo sociopolítico con la religión), oportunamente aprovechada por el santo marqués para sus intereses. Todo cuadra.

Lo diré de otra manera, la Cosa quiso ser la solución político-religiosa (en términos filosóficos, la síntesis dialéctica) entre el “pernicioso e inmoral” régimen liberal nacido en la Restauración y el tradicionalismo integrista de origen carlista. En los años cincuenta era lo que se llamaba “la tercera vía”, donde militaban algunos, como Pérez Embid, Rodríguez Casado o Lopez Rodó (todos “hermanos nuestros”), abrazando y viviendo del franquismo institucional, haciendo propaganda desde dentro de su “régimen alternativo” para después de Franco. Todos publicaron abundantemente sobre el tema.

La Cosa no tiene origen carlista ni el santo marqués lo fue. No obstante sí se convirtió en un arma del pensamiento reaccionario del siglo XX, que se había desarrollado con Donoso Cortés y Jaime Balmes, y en la práctica política con Vázquez de Mella, en el XIX. La diferencia con el integrismo es que el reaccionario admite aspectos de la modernidad pero siempre que se esté bajo la batuta vigilante de la moral católica, cosa que solo se consigue con un Estado autoritario.

A efectos prácticos, amigos míos, lo que sucede es que tardamos en darnos cuenta de que lo espiritual en la Cosa no existe. Existe lo moral y la práctica religiosa, que es adonde va dirigido el esfuerzo de “formación”, pero la espiritualidad, como tal, vive castrada bajo esa trampa dialéctica de “lo nuestro es…” que permite arrancar de raíz cualquier evolución o desviación puramente espiritual. Y, ¿por qué? Porque el objetivo no es el crecimiento espiritual, así de simple. (La santidad se reduce a la mera obediencia). El objetivo es y será crear un movimiento con ambición de poder (real, efectivo) paralelo y simultáneo, en la Iglesia y en los Estados en los que esté presente, con un programa político muy concreto.

Entonces, ¿por qué el plan de vida y todas esas cosas? Porque de lo contrario no tendría autoridad ad intra en la Iglesia. Si actúa en los planos sociopolítico y religioso, este último requiere unos mínimos para poder hablar de tú a tú con miembros de otras órdenes e instituciones y, sobre todo, con la Jerarquía. Y en la Cosa solo son mínimos, espiritualmente hablando, no se os olvide.

Si todavía vivís obsesionados con vuestra espiritualidad o receláis de ella o la echáis de menos pero tenéis miedo de volver a esos ambientes, os diría una cosa. Buscadla en otras partes, desde cero, donde la dejasteis al entrar en la Cosa, porque lo que allí aprendisteis no tiene nada que ver con la espiritualidad verdadera. La Cosa es un quiste decimonónico en la realidad eclesial y social. Y desaparecerá. Todos los totalitarismos de esa época pensaron que durarían mil años.

No os puedo decir nada a los que tenéis la sensación de pérdida de tiempo, porque la comparto. Sin embargo, darme cuenta de que el santo marqués fue hijo de un movimiento social y político del que solo fue una marioneta más, me dio mucha tranquilidad. Ni fue santo (tampoco creo que nadie merezca ese nombre), ni fue un hombre espiritual, solo un líder carismático y narcisista de una organización político-religiosa que supo acoger la inquietud de una parte de la población, de “gente bien”, “de buenas costumbres”, que veían peligrar sus privilegios en una supuesta civilización cristiana que no existía nada más que en sus sueños.

En este sentido, no sufras más, cambia “de partido”, o no sigas ninguno, y listo. Pasa página.

No digo que en la iglesia católica no haya espiritualidad. Alguna queda, la puedes buscar ahí, o fuera, tanto da, porque si lo que buscas es tu propio yo espiritual, si buscas de verdad, lo encontrarás. Pero no te engañes, creíste ver espiritualidad en la Cosa, pero eso, precisamente eso que defienden, no es espiritualidad. Tampoco es culpa tuya que te hubiera engañado el espejismo.

Lleva su tiempo darse cuenta, pero cuando uno ve las cosas iluminado por otras tradiciones, por otros pensamientos, por otras ideas, donde se relativiza la carga infame de la historia y de la política, entonces es cuando llega la paz. Y llega.

FletcherChristian




Publicado el Lunes, 14 agosto 2017



 
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