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 Tus escritos: ¡Nunca pité, gracias a Dios!.- CSA

050. Proselitismo, vocación
CSA :

¡Nunca pité, gracias a Dios!

CSA, 12/07/2017

 

Hace seis años leo OpusLibros y no dejo de agradecerle a Dios el nunca pitar. Decidí escribir estas líneas tras terminar el libro de Maricarmen Tapia. Confieso que el relato de Tapia dejó una gran tristeza en mi corazón, ya que muchas de mis más queridas amigas y ex compañeras de colegio y universidad continúan en el Opus Dei como numerarias y me pregunto si son felices o viven algo parecido a lo que sufrió Maricarmen. Por tal razón os escribo. Guardo la esperanza de que muchas de ellas os leen y eso me da cierta tranquilidad porque sé que en el momento que les hable algo negativo de la obra perdería la poca comunicación que tengo con ellas...



Respecto a cómo escapé de la trampa de la vocación, sencillo, el miedo. Miedo a perder mi libertad. Miedo a ver mis sueños y metas personales a merced de otros. Miedo a perder a mi familia de sangre, puesto fui testigo que en la Obra tanto las numerarias como los numerarios abandonan a sus padres y prácticamente desaparecen del entorno familiar. Soy la única hija en la familia y sabía que no podía hacerle eso a mis progenitores.

 

Conocí al Opus Dei en una residencia universitaria mientras cursaba mi licenciatura en finanzas. Desde que puse el pie en el centro mi madre y yo quedamos maravilladas con la limpieza, decoración y orden. Esa pulcritud opusina que le fascina y encanta a muchos. De inmediato conocí a la directora y a algunas de las chicas residentes. Nos invitaron un café e informaron que había plazas disponibles. Me mudé a la residencia en el verano y me hice muy amiga de una de las numeraria con quien compartía cuarto. Cabe señalar que no sabía que era numeraria y por muchos años fue mi amiga, confidente y apoyo en todo. Un día la enviaron a otra ciudad y nunca más supe de ella. Me dolió su partida. Hace poco me enteré que se fue del Opus Dei. Nunca me he atrevido a escribirle, ni ella a mí. Me gustaría contactarla, pero creo prudente respetar su decisión de alejarse de todos. Imagino que las razones de su salida fueron de peso porque de todas las numerarias que traté y que me quisieron presionar para que pitara ella era la que con más convicción me hablaba de su vocación.

 

Viví cinco años en aquella residencia. No todo fue color de rosa. Durante el primer año tuve varias discusiones con la directora por su cerrada manera de ver el mundo. Pero ella no se metía mucho conmigo porque mis padres eran muy generosos con el centro y aportaban lo que fuera necesario. Luego de dos años en la residencia, hubo cambio de directora y llegó una numeraria a quien llamaré Teresita. Teresita se ganó mi corazón. Era alegre, divertida, comprensiva, noble. Todas las residentes la queríamos muchísimo y varias pitaron cuando ella llegó. Teresita era como una tía y comenzó a plantearme muy sutilmente la vocación porque mis padres, aunque les encantaba el ambiente del Opus Dei, no se fiaban totalmente de ellos ni les tenían confianza porque habían escuchado que las numerarias se alejaban completamente de la familia de sangre. Fue muy difícil combatir la presión y las largas conversaciones sobre la vocación con Teresita y el sacerdote encargado de la formación de las residentes del centro. Por ambos sentía un profundo cariño y respeto. En ese momento salía con un chico de la facultad de Economía, pero repentinamente terminó conmigo y comencé a pensar seriamente si Dios quería que fuera numeraria.

 

Otro factor que trató de influir mi decisión de pitar o no pitar fue que en el Opus Dei encontré un círculo de personas brillantes que me abrieron muchísimas puertas durante mis años de estudio. Una profesora supernumeraria me contrató como su asistente y me invitaban frecuentemente a conferencias en otras universidades, cenas y tertulias en su casa. Me sentía comprometida con la obra porque todas mis amistades pertenecían a ese círculo. En la residencia era muy querida por todas. Ayudaba a organizar las cenas de navidad, la noche de padres y eventos de recaudación de fondos.

 

No obstante, como mencioné al principio, no pité por miedo. Algunas no se atreven a salir por miedo, pero a mí el miedo de renunciar a mi libertad, miedo a caer en el sectarismo y fanatismo, miedo a que a los superiores les diera la gana de dejarme trabajando en una administración y cortarme las alas y destruir mis sueños me detuvo a escribir la famosa carta. Yo quería ser numeraria, pero sin renunciar a mi vida común y corriente. ¿Contradictorio verdad?

 

Quiero dejar claro que nunca me creí el cuento de que en la Obra había libertad y eso fue lo que me salvó. La falta de libertad lo supe desde el principio porque era testigo que para cada movida había que pedir permiso. También me salvó el conocerles. Una chica que vivía en la residencia y que luego expulsaron porque no encajaba para nada, me habló de OpusLibros y comencé a leerles. Cada entrada, testimonio y relato quitaron la venda de mis ojos. Pobrecita de Teresita. Cuando finalmente le dejé claro que no creía que tenía vocación, se le llenaron los ojos de lágrimas, pero nunca, nunca, dejó de tratarme ni de hablarme. Tampoco me salió con el cuento me iba a ir al infierno por no hacer la "voluntad de Dios". Y eso se lo agradezco. Todavía nos escribimos y me trata con la amabilidad y cariño de siempre.

 

Salí de la residencia en mi último año de licenciatura porque me ofrecieron una beca para estudiar en Inglaterra. Insistieron que buscara un colegio mayor de la obra en la ciudad donde estaba la universidad, pero entendí que necesitaba tener contacto con el mundo real y que era necesario alejarme de la Obra. Finalmente no iba a pitar y para qué seguir ilusionando a esas pobres mujeres que tanto se esforzaron para que lo hiciera. Además, a casi todas mis amigas, que sí habían pitado, las trasladaron a otros centros y sentí que no encajaba con la nueva prole de jóvenes. Teresita me ofreció la oportunidad de ser cooperadora y acepté. Aún lo soy y no sé si hago bien o mal, aunque no voy con frecuencia a los retiros y actividades por diversos compromisos laborales. 

 

Si bien es cierto que en la Obra no existen amistades y todo gira en torno al proselitismo, mi caso fue la excepción porque a pesar de que no pité y que mis padres dejaron de aportar económicamente al centro, nunca dudé de la amistad de las numerarias a quien llamo amigas. ¿Se puede fingir una amistad? Tal vez. Pero les doy el beneficio de la duda.

CSA




Publicado el Miércoles, 12 julio 2017



 
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