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 Tus escritos: Nada ha cambiado.- Novaliolapena

020. Irse de la Obra
no_valio_la_pena :

Leí con gran interés el artículo de Gervasio del pasado viernes y tengo que reconocer que como siempre, da en el clavo. Gracias por tus aportaciones, son muy buenas. La lectura de las cartas entre Carmen Tapia y Javier Echevarría y todos los comentarios de Gervasio, me volvieron a situar en Villa Tevere, cuando en 2010 viví una experiencia, cuanto menos, parecida. Dejadme que me explique…



A mí no me confiscaron el pasaporte en Villa Tevere ni me tuvieron encerrado en un cuarto, pero en el fondo, me trataron como a ella. En mi testimonio ya expliqué cómo, tras 7 meses de Defensor y una crisis de conciencia importante al descubrir que hay un mundo entre lo que se hace y lo que se dice que se hace o lo que se supone que se debería hacer, me decidí a hablarlo en la charla fraterna, es decir, con el vicario regional. Siempre nos enseñaron en la obra que la sinceridad salvaje era necesaria para la perseverancia. De ahí mi voluntad de contarlo todo al vicario regional. Lo cierto es que no supo darme respuesta. Normal por otra parte. ¿Qué podía decir? Así que me decidí a escribir al Padre. Y tampoco hubo respuesta de Roma.

Yo, en mi inocencia supina, pensé que no había sabido expresar bien lo que me preocupaba. Y escribí una segunda carta mucho más detallada en la que decía que tenía una crisis de conciencia importante porque pensaba que algún día Dios me pediría cuentas por mi responsabilidad como Defensor. Que cada vez que firmaba papeles en los que no creía, me sentía mal. Que estaba cansado de ver cómo se utilizaba a las personas para fines corporativos. Y pedía que me quitaran los cargos que tenía hasta que me viera en condiciones de asumir cualquier puesto. En ese momento, era Defensor y director de un centro. Además, un mes más tarde iba a ser el Congreso General Ordinario y los miembros de las comisiones está previsto que hablen entre ellos y manden sugerencias a Roma con los nombres de las personas que piensan que deberían ocupar los cargos de la Comisión Regional en la nueva Comisión que aprobaría el padre después del Congreso General.

Según nuestras listas, estaba previsto que yo, un mes más tarde, además de ser el Defensor fuera el Vocal de San Miguel de la comisión, a saber, el que se encarga de los numerarios y agregados. Junto con esa sugerencia, se recomendaba que me nombraran Inscrito. En pocas palabras: seguía subiendo en el escalafón. Lógicamente, ante mí, se abrían dos panoramas:

A. Ver mi "ascendente carrera" dentro de la obra y decirme: "ahora que llegan las "medallas" es momento de mirar para un lado y hacer como si nada". Dejarse llevar, seguir subiendo y recibir aplausos.

B. Seguir a mi conciencia hasta el final, pasara lo que pasara. Como sabéis, gracias a Dios, opté por B.

Pero hoy quería centrarme en lo que pasó después de haber escrito esa segunda carta. Ese mismo día el vicario regional me llamó para decirme que había llegado un fax de Roma urgente en el que se me decía que tomara el primer vuelo disponible y me fuera a Villa Tevere. Y así lo hice. En esa segunda carta mi mensaje era que estaba en crisis y que como no quería afectar a terceras personas, prefería no tener cargos. Y declarándome abiertamente en crisis sin haber faltado a la unidad ni haber hablado con nadie más que mi director, quedaba claro que, a pesar de mis dudas, estaba "en buen plan", abierto, escuchando a mis directores, etc. Con buena voluntad.

Cuando pasé por la comisión para confirmar los detalles del vuelo, le comenté al vicario regional que después de haber escrito la segunda carta lógicamente había empezado a tener ciertas dudas sobre mi futuro en la obra. Pero que sin embargo, las rechacé como una tentación. Digo esto porque en esos momentos, hay altibajos constantes y recuerdo cómo el día antes de volar hacia Roma, se lo comenté al consiliario porque es cómo me sentía. Y allí salió algo que no es de poca importancia. Me dijo: "De Roma me han dicho que te lleves tu maleta y vayas allí lo antes posible y que ya se verá si regresas o no, pero esto último (regresar) me dijeron que no te lo comentara. Sin embargo, como ya estás mejor y la tentación ha pasado, supongo que podrás volver." He de reconocer que eso me dejó tocado porque no me esperaba esa respuesta. Primero porque mi problema no era un problema relacionado con mi ciudad: yo era y soy feliz aquí. Tampoco estaba enamorado de nadie ni había tenido problemas con los numerarios de la región (por eso contaban conmigo para esos futuros cargos en la comisión).

Una vez en Roma, los que hayáis leído mi historia recordaréis que lo primero que se me hizo fue mandarme a pasear, a descansar, a jugar a fútbol, etc. Hasta que dije que había tomado el primer avión para estar allí y que había cancelado cosas de trabajo para irme sobre la marcha, pero que esperaba que habláramos de lo que había escrito. Allí me dijeron que no hablaríamos de lo que había escrito, que tenía que hacer una revisión médica en villa tevere con un sacerdote que trabajaba para la misma persona que me decía esto y que había ejercido de médico. Y allí, cuando insistí un poco más en hablar de esos temas me dijo: "si estás así (en este plan de preguntar cosas) lo mejor es que no regreses a tu ciudad." Y en ese momento entendí que desde Roma tomaban decisiones con el vicario regional a mis espaldas. Porque nadie me mostró ningún aviso o papel de Roma ni me preguntó qué me parecía volver a Roma para quedarme o no etc. Me dijeron que fuera a Roma unos días. Pero la verdad es que una vez allí, controlado en villa tevere, decidirían si podría regresar o no. En el fondo, es la misma encerrona que le hicieron a Carmen Tapia pero con formas diferentes.

La otra diferencia es que yo estaba en actitud de dialogar y de ser el último de la región para hacer la obra. Mi actitud era de docilidad, por eso me fui a hacer la revisión médica en villa tevere, por eso cuando se me dijo que tenía que confesarme por haber escrito esas cartas y haber dudado me fui a confesar (a pesar de que le dije al confesor que venía por obediencia pero que en conciencia no creía que hubiera actuado mal), por eso me empecé a tomar las medicinas que me dieron sin leer el prospecto (como me ordenó el sacerdote médico que me vio), a pesar de que me daban náuseas. Y a pesar de que nunca antes ni después he tomado medicinas de ese tipo. Yo creía ciegamente en ellos, a pesar de los pesares, y estaba dispuesto a recomenzar como me dijeran. Pero a la vez, tenía muy claro que no era justo pedirme que dejara la ciudad por la que tanto había luchado para adaptarme.

Me pidieron que aprendiera el idioma, que hiciera amigos, que no fuera un extranjero sino uno más del lugar. Y lo hice. Y era feliz. Soy feliz aquí. ¿Por qué entonces mezclar mis problemas de conciencia en la obra con la ciudad en la que vivía? Porque pensaban que estando en villa tevere una temporada larga podrían controlarme mejor, o dicho más claro: manipularme. Y de hecho lo consiguieron. En villa tevere me manipularon. Estaba empastillado y eso ayudó mucho. Ellos lo saben y por eso te fuerzan a que las tomes. Me manipularon mandándome a confesar, a hablar con el director de tesis (para darme a entender que la ordenación seguía abierta si me portaba bien), a hablar con el padre, a almorzar con los del consejo general, a asistir a la tertulia con el padre, etc. Es una manipulación bestial. No existen otras palabras. Aparte, recuerdo la famosa frase del que hablaba conmigo en Roma diciéndome: ¿qué vas a hacer por ahí? Solo faltaba que añadiera la palabra "pringao". Y es que en ese momento, él sabía que yo ya llevaba varios días empastillado y era el momento de meterme la banderilla: el miedo a ser un desgraciado. Un miedo que se ha demostrado falso.

Con todo esto no quiero comparar mi caso con el de Carmen. Ojalá yo hubiera sido un 1% lo valiente que ella fue. La admiro por todo lo que hizo antes, durante y después de estar en Roma. Solo he querido compartir mi caso para que se entienda que aunque las formas hayan podido cambiar en algo, el fondo es el mismo. Es más, en cierto modo es peor, porque ahora se aprovechan de las medicinas para manipular mejor a la gente. Gracias a Dios la Iglesia es muy grande y un buen amigo sacerdote me animó a no perder la fe y a no tomar ni una sola pastilla más. Y así hasta hoy. Deo gratias! Un fuerte abrazo a todos,

Novaliolapena

Ps: sí, chicos, ya lo sé, publicar este escrito ahora significa que en pocos días me volverán a escribir varios numerarios majos para preguntarme qué tal estoy y qué tal todo y sinceramente, me da bastante palo, pero en fin, es la vida. Es el precio de escribir en opuslibros ;-)




Publicado el Lunes, 27 marzo 2017



 
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