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 Tus escritos: La carta de Javier Echevarría a Carmen Tapia.- Gervasio

070. Costumbres y Praxis
gervasio :

La carta de Javier Echevarría a Carmen Tapia

Gervasio, 24/03/2017

 

 

Al llegar ayer de viaje y leer OpusLibros, me encontré con varios artículos a propósito de un intercambio de cartas entre Javier y Carmen, desconocidas por el gran público hasta su publicación en 2016 en la edición francesa del libro de Carmen Tapia Tras el umbral, que pasó a titularse en la edición francesa Au coeur de l’Opus Dei.

 

En su libro Carmen narra pormenorizadamente cómo Sanjosemaría la tuvo secuestrada en Roma allá por los años sesenta, como consecuencia de los cual adelgazó del orden de los quince kilos y su pelo se encaneció por completo. En 23-VIII-2010 escribí...



El secuestro de persona es constitutivo de delito tanto en la legislación canónica como en la legislación italiana. Digo legislación italiana por ser en Italia donde acontecieron los hechos delictivos.

            En situación de secuestro, le hacían confesarse con Carlos Cardona (q.e.p.d.), Director Espiritual Central, que comenzó a maltratarla en confesión a partir de un determinado momento, según instrucciones precisas tiránicamente recibidas del Presidente General del Opus Dei. Después de confesarse, se le negó la comunión sacramental en presencia de sus hermanas. Cuando pudo liberarse del secuestro, acudió al Padre Todolí, un sacerdote dominico, catedrático de Ética de la Universidad de Valencia, que quedó asombrado de que hubiese recibido semejante trato y preocupado por la institución llamada Opus Dei (Cfr. Dirección espiritual y tareas de la prelatura).

 

            No es la enormidad del delito de secuestro de persona lo que causa preocupación a Javier —San Javier “obispo madrileño”, dentro de poco, a la que nos descuidemos—, sino nimiedades tales como si Sanjosemaría tenía o no modales afeminados, sobre si las mujeres del Opus Dei pueden o no confesarse con jesuitas en su lecho de muerte y cosas así. Me parece que con estos ejemplos —concluye— puedes hacerte cargo de la trascendencia de la falsedad de lo que has escrito, y es lógico que intentes de alguna manera dar a conocer que aquellas pobres páginas no concuerdan con lo que has vivido. A juicio del fallecido “obispo madrileño” lo del secuestro carece de importancia. A lo que da importancia es a afirmar que Escrivá tenía modales afeminados, que el Opus Dei es calificado de secta y otras cuestiones marginales, distintas de la del delito de secuestro de persona, que es lo central y que se narra con pelos y señales. Qué despistado andaba el pobre Javier Echevarría acerca del impacto del libro y de por qué causa tanto impacto.

 

            El Parlamento Europeo se ocupó de las sectas en 22-V-1984, en 29-II-1996 y en otras ocasiones. En un informe de 11-XII-1997 aparecen entre los Métodos de Trabajo y Comportamiento de las Sectas elementos tales como “agresividad en el reclutamiento de miembros”, “infracción de los derechos laborales y sociales de los colaboradores”, “relaciones laborales no remuneradas o infra-remuneradas”, “encuadramiento en sus propias guarderías y escuelas de los niños y los jóvenes”, “ infiltración en las estructuras estatales”, “infiltración e influencia en las empresas”, “persecución de los que se marchan y de los críticos”, etc. En algunos casos, en las listas de sectas enumeradas figura el Opus Dei. No es cosa de Carmen Tapia. Lo que hace Carmen Tapia es narrar lo que ella vivió. Y eso el lector lo toma cómo narración de lo que es haber vivido en una secta.

 

La problema no es que Carmen haya calificado o dejado de calificar al Opus Dei de secta en su libro. Su testimonio vale más que una calificación. Por mi parte no recuerdo que haya efectuado tal calificación. Quizá lo hizo. En cualquier caso eso es lo de menos. Tampoco recuerdo que tildase a Escrivá de tener modales afeminados. Personalmente a mí no me parecía afeminado. En cualquier caso ni eso es lo importante del libro, ni se trata de una falsedad, sino de una apreciación personal.

 

Otra cosa que preocupa al “obispo madrileño” en su carta es que Carmen pone en boca de Escrivá refiriéndose a una numeraria jovencita:

 

A ésa cójanla, levántenle las faldas, bájenle las bragas y denla en el culo, -¡¡en el culo!!, hasta que hable. ¡¡¡Háganla hablar!!!".

 

Con Carmen hicieron barrabasadas mayores que darle azotes en el culo. Lo de mandar azotar el culo de una jovencita puede interpretarse como una fantasía erótica no realizable más que vicariamente o yo que sé. Quizá el “obispo madrileño” tenía miedo a posibles interpretaciones malévolas o eróticas de esa frase. Afirma que es mentira que el fundador indicó que trataran a Gladys como si fuese una niña pequeña, dándole azotes sin que tuviera cubiertas las nalgas (no pongo las palabras que tú anotas). Me parece que no se atreve a utilizar la palabra “culo”, por demasiado subida de tono. En fin, por eso mismo el que parece erotizar la anécdota es el propio “obispo madrileño”. Lo central, lo nuclear es el delito de secuestro de persona; no los azotitos en las sonrosadas nalgas de Gladys, que supongo no hayan sido ni siquiera dados.

 

¿Qué es lo que motivó el secuestro Carmen? Ciertamente no sus actividades sexuales. Para eso no hace falta llamar a capítulo a alguien a Roma.

 

Para descalificarla, con la finalidad de que no testimoniase en la causa de beatificación de Escrivá, el futuro “obispo madrileño” se expresó en estos términos en la causa de canonización en su declaración verbal (Ref 2347, p 769): al cabo de los años intentó la perversión de unas cuantas mujeres con las peores aberraciones. El Siervo de Dios, apenas tuvo conocimiento de algunos hechos, llamó a Carmen Tapia —que estaba en Venezuela— a Roma; aquí le anunció que no volvería a este país, y por su reacción dedujo que había cuestiones más importantes que las ya conocidas en las cuales había involucrado a varias personas. Ante tan horrenda depravación que costó mucho llanto al Siervo de Dios por las gravísimas ofensas al Señor, y que trató de reparar con una constante oración y penitencia dijo a esa mujer que tenía dos soluciones: pedir la dispensa, que se le concedería inmediatamente, o no pedirla y entonces, habría de someterse a un proceso, que sería enviado a la Santa Sede, quedando —como se merecía— completamente deshonrada por su extraviada vida.

 

El pobre Echevarría vuelve a no percatarse de la inmoralidad de semejante actuación. Es inmoral forzar a una dimisión —o a otra cosa— bajo amenaza de deshonrar a quien no se aviene a hacerlo. A eso se le llama chantaje. Se prevale además de su situación de falta de libertad, como consecuencia del secuestro. Y Echevarría, el pobrín, lo suelta como si ná.

 

            Y aquí empiezan las contradicciones y las incongruencias. Si las “peores aberraciones” y “horrendas depravaciones” hubiesen tenido naturaleza sexual, lo procedente hubiese sido, tras alejarla de los cargos de gobierno que hasta entonces había tenido, invitarla a llevar una vida de penitencia y reparación. ¿Por qué fuera del Opus? No concreta el “obispo madrileño” en qué hayan podido consistir las aberraciones ni las horrendas depravaciones. Lo más que se me ocurre en materia sexual es que mantuviese relaciones sexuales con uno o varios caballos y quizá con algún que otro asno.

 

El Presidente General del Opus Dei le hizo las admoniciones previstas por las constituciones del Opus Dei (Arts. 107 a 125). En esos preceptos se establece, entre otras cosas, que para infligir el despido se requiere la falta de enmienda. Se considera que no se ha enmendado el que, después de la segunda advertencia, cometiere un nuevo delito o persistiere permanentemente en el mismo; después de la última advertencia, habrá de esperarse al menos seis días antes dar el paso hacia el despido (art.  117).  Desde luego, mientras estuvo secuestrada en Roma no tuvo oportunidad de fornicar ni con caballos ni con seres humanos. No parece, pues, que haya dado muestras de reincidencia.

 

            El fundador llamaba a capítulo de vez en cuanto a Carmen. No la trataba bien. Llegó a llamarla puta y puerca, cosa que niega el “obispo madrileño”,  y añade: de esto último hay testimonios escritos —escritos entonces— de las personas que lo presenciamos. Es decir, que, al parecer, “presenciaron” que no la llamó puta. Tales testimonios escritos no son fidedignos, si se tiene en cuenta que la primera edición de Tras el umbral es 1990. El “obispo madrileño” pretende hacernos creer que por aquel entonces —un entonces que se remonta a 1965— se produjeron testimonios escritos, que eran testimonios negativos. Lo propio de los testigos es testimoniar lo que han visto o lo que han oído; no lo que no han visto o lo que no han oído, entre otras cosas porque no se puede ser testigo de lo que no ha sucedido. También habrían de haber dejado por escrito cosas tales como: tampoco la llamó “cara anchoa”, ni “pilingui”, ni “cara nuez”, ni “lagartona”..., incluidas sus traducciones al inglés, que es el libro al que Echevarría alude. Desde luego no la llamó bollera, que es lo que sugiere el intentó la perversión de unas cuantas mujeres con las peores aberraciones. Más que considerarla bollera Echevarría sugiere que se entendía con Pániker. En fin en qué quedamos en que era bollera o en que se entendía con Pániker. Echevarría en su declaración verbal aporta el dato de que, abandonado el Opus Dei, Carmen se reunió con Pániker. Ese reencuentro con Pániker es muy posterior al periodo de secuestro. El qué quedamos.

 

            Durante su secuestro el fundador de vez en cuando llamaba a Carmen y le decía “esta es la segunda advertencia” o la primera o la que tocase, pero por lo demás no le indicaba el delito por la que se la acusaba, ni por lo mismo se le daba oportunidad de enmendarse o de defenderse o de explicarse. Me recuerda a aquel marido que aconsejaba a otro: “Tú de vez en cuando pega a tu mujer. Ella sabrá hacerse cargo de por qué se merece que la maltrates”.

 

            Como ha informado la prensa estos últimos, en el caso de Romanones relativo a un sacerdote acusado de pederastia, la fiscalía ha retirado las acusaciones en razón no sólo por falta de pruebas, sino sobre todo por las incongruencias en la acusación. El “obispo de madrileño” se contradice en sus acusaciones y reproches.

           

           Las “horrendas depravaciones” de Carmen, como ella misma explica, parecen más bien haber consistido en criticar ciertas disposiciones y criterios de gobierno. Eso sí que es depravación, a juicio de Escrivá, aunque lo hiciese ante quienes debía haberlo. En el Opus Dei, a mi modo de ver, no se da el debido cauce a la crítica. Criticarle a él le parecía un horrendo crimen: por su reacción dedujo que había cuestiones más importantes que las ya conocidas afirma Javier en su declaración verbal. Doy crédito a las palabras del “obispo madrileño” cuando dijo: Ante tan horrenda depravación que costó mucho llanto al Siervo de Dios por las gravísimas ofensas al Señor, y que trató de reparar con una constante oración y penitencia... Ninguna debilidad de la carne tiene parangón con la depravación de criticar algún criterio de gobierno de Escrivá. Según él sus disposiciones deberían recibirse como venidas de Dios mismo (Cfr. Sobre el dolo en el Opus Dei). Es verosímil que pretendiese dar una lección a los del Consejo y Asesoría, con penitencias y llantos llamativos y fuera de tono, acerca de la maldad de contradecirle o criticarle. ¡A él! Le va al personaje esa teatralidad. Como diría Julio Iglesias: le va, le va, le va, le va.

 

Gervasio.




Publicado el Viernes, 24 marzo 2017



 
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