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 Tus escritos: Otro Testimonio.- Molines

010. Testimonios
molines :

Después de haber dejado el Opus Dei en el año 1986, creo que ya es el momento de contar mi experiencia. No puedo decir que fuera dramática en los hechos, pero si dolorosa en las consecuencias.

Desde la edad de nueve o diez años acudía al “Club” que había en mi barrio. Mi padre con “buen criterio” le gustaba que su hijo acudiera al “club” en el que sabía que había gente con prestigio de la provincia, entendía mi padre que no me enseñarían nada malo. Yo desde muy chaval participaba en la misa dominical del pueblo, era un chaval con el sentimiento religioso que formaba parte de la vida de mi familia y de mi entorno. Estudiaba en un colegio de religiosos en mi ciudad...

Recuerdo que para nuestros padres realizaban actividades culturales, conferencias, tertulias de actualidad política y religiosa, en la que participaban ciertos personajes famosos de aquella época y que tenían cierta relación con el Opus Dei, Pilar Urbano por ejemplo, periodistas relacionados con la obra que de vez en cuando llegaban al club y que servían como forma de enganchar a más gente.

Todos los fines de semana participaba en las actividades del club. Teníamos dos karts con los que nos íbamos a los polígonos industriales, también actividades de aeromodelismo. Eran actividades de “cierto nivel”, no todos los chavales de la ciudad podían disfrutar de ese tipo de entretenimientos. Cada fin de semana teníamos una meditación para los del club, un sacerdote “mayor” nos impartía la meditación con sus chascarrillos y con grandes risas.

Me llamaba la atención que los fines de semana venían unos jóvenes desde la capital, bien vestidos con mucha gracia y arte, que eran los que movían todo el cotarro del club. Yo tenía un “preceptor” que me preguntaba cosas de mi familia, que me animaba a que fuera buena gente y que más o menos me hacía un seguimiento de mis estudios, de mi vida de piedad y de si había visto al sacerdote. A mi aquello me parecía “normal” pues consideraba que era una manera de estar pendiente de nosotros, yo no le daba la mayor importancia.

Todo lo que fue mi segunda etapa de la antigua EGB pasé los fines de semana participando en las actividades del club, cuando no iba al pueblo de mi familia me pasaba allí los sábados y domingos. Poco a poco aquel ambiente fue formando parte de mi vida, con total normalidad, mis padres estaban contentos pues su hijo estaba “controlado”.

Tengo que decir que durante ese tiempo nadie me habló del Opus Dei. Simplemente yo estaba en un ambiente de chavales donde lo religioso formaba parte de las actividades, algo que no me resultaba extraño. Todo lo que fue el final de la EGB la pasé prácticamente a diario en el club estudiando. Yo vivía a tan solo cinco minutos del club, por lo cual el centro era como parte de mi casa. Hasta ese momento todo con normalidad. Yo no notaba nada raro, yo estudiaba en un colegio que en aquellos años solo era para chicos, yo estaba en un centro solo para chicos, que era lo que formaba parte de mi vida y mi crecimiento. Todavía en aquellos años era normal que los colegios no fueran mixtos, solamente algunos públicos.

Yo veía que en todas las salas había una imagen de la Virgen María y algunas fotos de un sacerdote vestido con sotana que tenía una cara simpática y que podías leer que era el fundador del Opus Dei.

Llegó el año 1982, y desde comienzo de curso, ya en bachillerato, se comenzó a preparar la visita de Juan Pablo II a España, era un acontecimiento histórico para España y para la Iglesia. Era inimaginable que un Papa nos visitara. Desde el club se organizaron toda una serie de actividades de preparación de la visita y como no podía ser de otra manera se organizó un viaje peregrinando y siguiendo todo el viaje del Papa. En el centro la gente estaba como loca, la gente que venía desde la capital nos iban ilusionando más y más pues aquello era un acontecimiento histórico, comprobaba como conseguían lo que no conseguía nadie, los mejores sitios en los diferentes actos de la visita. Luego se pudo comprobar que el Opus Dei intentó monopolizar toda la organización de los actos con el Papa, pues no se nos puede olvidar que en el Opus Dei están los “mejores” cristianos, los más “santos” y los que más quieren al Papa.

Recuerdo el día del Encuentro con Juan Pablo II en el Bernabéu como uno de los días más importantes en mi camino religioso. Recuerdo la emoción que se vivió cuando el Papa entró en el estadio y dio la vuelta con el Papa Móvil. Ese día comprendí en cierta medida que lo religioso en lo que había crecido tenía un sentido.

Se organizó un viaje a Zaragoza, Torreciudad y Valencia. Un ambiente festivo fue el que se vivió durante esos días. Yo recuerdo esos días como muy importantes, llenos de alegría, espiritualidad, vida de piedad y donde yo me iba fijando en el estilo de vida de personas con alegría, que rezaban y vivían con gran naturalidad. En esos días yo tenía catorce años.

A la vuelta del viaje yo seguía acudiendo al centro, hasta que al final de ese mes preguntando preguntando escribí mi carta de admisión al Opus Dei. El director del centro me dijo que en la carta pusiera que solicitaba la admisión como miembro numerario del Opus Dei. Yo estaba encantado, pues me incorporaba a un estilo de vida que me llamaba la atención, un estilo de vida de piedad, con personas responsables en el estudio, inteligentes y formadas.

Me había convertido en NUMERARIO. ¿Eso qué es? Yo con mis catorce años y medio era numerario del Opus Dei sin saber lo que eso significaba. En esas fechas, el 28 de noviembre de 1982, el Vaticano había reconocido el Opus Dei como Prelatura Personal. El que llamaban el Padre, que yo no sabía quién era, llevaba mucho tiempo según contaban, pidiendo a sus “hijos” que encomendaran todas sus oraciones y mortificaciones por una gran intención del Padre, esa gran intención era conseguir el estatus jurídico conveniente para el Opus Dei.

Al día siguiente de escribir mi carta de admisión me empezaron a contar en qué consistía eso de ser numerario del Opus Dei, de la noche a la mañana descubro que soy célibe, que en un futuro tengo que vivir en un centro de numerarios, que voy a tener que dejar a mi familia, a la vez que mi familia me mantiene. Mi padre un trabajador de sol a sol iba a tener que trabajar más para mantenerme hasta que yo acabase mis estudios mientras mi familia real iba a ser el Opus Dei.

Cada día que iba pasando iba descubriendo cosas que no me cuadraban, pero la ilusión que tenía no me hacía pararme a pensar en lo que estaba yo haciendo con mis catorce años.

Sin pensarlo estoy metido con un grupo de gente que dicen que son de “Casa” que cuando se saludan te dicen PAX, y tú debes contestar In Aeternum, etc etc etc. Yo seguía con mis estudios, mi bachillerato. En mi casa notaban que era retraído, que estaba todo el día metido en el centro.

En nuestra ciudad no había un centro con numerarios, era un centro que era atendido a diario desde otra ciudad. Cada día venían numerarios para atender tanto la labor de San Rafael como la de San Gabriel y San Miguel. Yo me pasaba todos los días metido en centro. Del colegio, al centro, iba a mi casa a comer y a dormir, mi casa parecía una pensión.

Poco a poco iba dándome cuenta que mi vida estaba totalmente controlada por los numerarios del centro, cada día tenía más exigencias, más normas, más obligación de buscar “amigos” a los que invitar a las actividades y meditaciones del centro. Cada día te lanzaban más manipulaciones afectivas con el Señor. “De lo que tu hagas dependen muchas cosas buenas, de la gente que puedas invitar al centro dependen la felicidad futura de miles y miles de personas”.

Palabras como generosidad, cumplir la voluntad de Dios, obediencia, contradecirse a sí mismo, mortificación, criterios, buen espíritu, buen plan, palabras que te van moldeando y que te van convirtiendo en alguien que no tiene criterio.

Para mí se fue convirtiendo poco a poco el día a día más y más cargante, además de mis obligaciones de estudio, tenía que estar buscando gente a la que invitar al Club. Cada día que tenía la charla y la confesión se convertía en un suplicio. Yo era un adolescente sin adolescencia, las chicas pasaron a convertirse en mi mente como elementos de pecado, como causantes de mi condenación. Mis hormonas iban por un lado y mis obligaciones en la Obra por otro. Yo veía a mis compañeros de curso y sentía cierta envidia, pues crecían con normalidad, con sus juegos, su vida, su pandilla. Yo tenía un grupo de gente que se limitaba a rezar, a reír todos por igual en las tertulias. Esas risas pegadizas en las tertulias, uno cuenta una anécdota y todos se ríen sin tener ni pizca de gracia.

Me llamaba la atención como me manipulaban para que pidiera a mi familia dinero para la obra, como me programaban cursos de retiro y cursos anuales que mis padres debían pagar. Para mi familia era un esfuerzo innecesario el tener que financiar actividades que estaban fuera de mis actividades de estudio.

No te permitían regalos, recuerdo como me regalaron una calculadora científica necesaria para para el BUP, y como me la quisieron quitar pues no podía aceptar regalos de la familia, mis padres me regalan una calculadora y la debía entregar en el centro. ¡¡¡Qué cosas!!!!

Para mí fue un gran suplicio la manipulación constante con la virtud de la pureza. El sentimiento de culpa con el cual he vivido gran parte de mi adolescencia, pensando en la condenación eterna por tener la indecencia de que me gustasen las chicas, la inclinación antinatural de que me fijase más en la belleza femenina que en el amor que Dios nos da.

Durante aquellos años conocí a gente estupenda, mucha gente buena, con entrega con ganas de estar cerca del Señor, todavía recuerdo como los fines de semana íbamos a primera hora a misa a una Iglesia con nuestro misal, para seguir la eucaristía y no perder la atención.

En mi centro había muchos agregados, mucha gente de aquella generación llegó a pitar, pero en poco tiempo gran parte de los que éramos lo fuimos dejando. La mayoría de los numerarios que salieron de aquel centro lo han dejado. Solo recuerdo a dos que sigan como numerarios y de los cuales hace mucho que no tengo noticias. De los agregados de entonces creo que solo quedan dos. Era increíble cómo te preocupabas por aquellos que dejaban de ir al centro y no te contestaban, que rezase por ellos era lo mas que te decían. Era muy gracioso como del álbum del centro iban quitando las fotos en las que salían alguno de los que había dejado la obra. Era increíble. Como “limpiaban” los periódicos (ABC) y quitaban las fotos en las que saliera alguna mujer vestida pero con menos ropa de lo normal. (Estoy hablando del año 82). Como olvidar como cerraban el armario de la televisión cuando algún besito salía en alguna película.

Hice mi admisión oficial a la obra seis meses después de pitar, pues yo todavía podía ser numerario sin ser aspirante, como creo que se hace ahora. También hice la Oblación hasta que cuando estaba en COU, no renové mi compromiso el día de San José como se hacía cada año. En aquellos años el director del centro era una buena persona, me insistió que no lo dejara, pero al final hice lo que me dio la gana, deje de ir y en mi casa dejaron de atender el teléfono, pues se pusieron un poco pesados. Hubo un sacerdote, del cual no recuerdo el nombre, que sí sentenció mi vida de una manera que hasta nuestros días colea. “Nunca serás feliz con una mujer, nunca serás feliz”. Creo que Dios le pedirá explicaciones de dicha sentencia.

Al cabo de los años ha quedado un poso en mi mente que cuando menos te lo esperas sale, y te recuerda aquellas obligaciones, imposiciones, sentencias y sentimientos de culpa.

En decisiones importantes en mi vida las vivencias y enseñanzas del Opus y la manipulación afectiva y el sentimiento de culpa han estado presente y están presentes.

Un religioso amigo siempre me dice: “El Opus se te ha clavado a fuego en tu mente. Es como un sello de fuego que toda tu vida vas a tener y que tienes que aprender a vivir con ello, debes liberarte”.

Desde que salí del Opus Dei y según ha ido pasando el tiempo he intentado liberarme de aquella experiencia. Estando en la Obra me leí toda la bibliografía pro Opus Dei, ya imagino que todos sabéis a la que me refiero. Crónica, Homilías, Biografías etc. Después he leído toda la bibliografía crítica con la Obra. Reconozco que mi lectura de Tras el Umbral de María del Carmen Tapia, me generó mucho dolor y muchas lágrimas, pues me costaba creer lo que leía, pero también tuvo una parte liberadora, cuando en la conversación de María Carmen Tapia con un religioso manifiesta que Dios no tiene nada que ver con el Opus Dei.

Para mí el Opus Dei en esencia es algo bueno, la santificación del trabajo y de la vida es algo vital y positivo, pero utilizan la bondad del mensaje para manipular a las personas, para convertirlas en escrupulosas, utilizan medios donde no hay libertad, donde no hay sentido crítico, donde no hay crecimiento personal. Dentro del Opus Dei todo lo eclesial que no nazca de ellos es motivo de risa, de desprecio, sólo en el Opus Dei se puede encontrar la salvación según creen.

En el Opus Dei el inseguro encuentra seguridad, es como una cárcel afectiva donde haciendo y cumpliendo no tienes ningún problema. Pero en el Opus Dei te falta lo fundamental, LA LIBERTAD. La relación con el Señor es personal, libre, la entrega nace de uno mismo, la entrega es un quiero estar con el Señor, no un debo estar con el Señor.

Molines




Publicado el Viernes, 24 febrero 2017



 
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