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 Correos: Observaciones varias, y de qué sea una conciencia recta.- Flavia

125. Iglesia y Opus Dei
Flavia :

observaciones varias, y de qué sea una conciencia recta

Queridos amigos:

Deseaba acercar algunas ideas en torno a unos cuantos correos de los últimos días.

En primera instancia quisiera detenerme en la idea de que el Opus Dei y los católicos en general, estamos en el mismo "equipo", expuesta por Jacobo en su mensaje del 19/5.

Ya se ha contestado a esto en otros correos, pero me parece importante destacar que ni la Iglesia ni el cristianismo son un "equipo", y que no creo que se pueda frivolizar el problema de las incompatibilidades entre la doctrina y la praxis de la Obra y el mensaje cristiano, bajo la forma de la pertenencia o no al mismo "equipo", o a la misma "tribu". Yo no sé si hay dificultades para comprender que las cuestiones que en esta WEB se ventilan son graves, reiteradas, numéricamente significativas, y, lo peor, impunes. Así que, un poco más de seriedad en el análisis, no vendría mal.

Luego, Ludovicus, en su correo del 20/05, señala un tema complicado, a saber: ¿conoce o no la Santa Sede los tejes y manejes institucionales de la Obra?, y si es así, ¿cómo puede explicarse la actitud de aprobación jurídica de la Obra, la canonización de Escrivá, en fin, la relevancia que hoy el Opus Dei tiene en el Vaticano?.

Entiendo que hallar una respuesta exacta a esa pregunta es extremadamente difícil, lo es respecto del Opus Dei, y también de muchas otras situaciones justificadas "en nombre de Dios", y también "de la santa Iglesia". Sí creo que, más allá de que se conozcan o no los "detalles" de la vida en la Obra, sí hay una percepción de las ideas y estrategias generales de esta institución, y que el diseño vaticano actual las aprueba y potencia, dada la fisonomía que ha tomado la política eclesial en las últimas décadas.

En lo personal, yo lamento esta situación pero no me extraña particularmente, pues no considero que la Iglesia como institución sea una isla, al contrario, creo que en su devenir histórico se encuentra tomada por los desafíos del momento, y que los modos de respuesta a tales desafíos son los caminos a través de los cuales se configura como realidad temporal. Esa dimensión temporal, que no puede ser ignorada, no es definitiva, ni está exenta de contradicciones: consecuencias inevitables de la "finitud" de lo que está hecho por seres humanos, por simples mortales, sí debe ser puesta en perspectiva, en su lugar adecuado, por la naturaleza y misión de la Iglesia como realidad sobrenatural. Y ahí estamos...

Entonces, entiendo que es necesario evitar la ingenuidad de suponer que la Santa Sede nada sabe del diseño institucional de la Obra, y por eso la apoya; y también la asunción de este estado de cosas como definitivo, o siquiera como inmodificable, simplemente porque hoy es así. En la actualidad la actitud de la Santa Sede hacia la Obra es la que "se ve", pero eso no significa que sea la mejor, o la más justa. Hay que seguir echando luz, con rectitud de conciencia, y "no poner la confianza en los magnates", como dice el salmista.

Luego, en su mail del 21/5, Zuri realiza una serie de considerandos centrados en rescatar nuestra experiencia en la Obra, en fin, en valorizar nuestro pasado, en que la cosa no fue tan mala, sino que nos encontramos con algunos desgraciados, que nos "desgraciaron", para hablar en criollo. Del pasado personal de quienes frecuentamos esta WEB, de su balance, de sus riquezas y pobrezas, de sus heridas y sus curaciones, ha de ocuparse cada uno de nosotros, según entienda y desea. Pero, la naturaleza de la experiencia general de haber sido miembros de la Obra, amerita otros considerandos, y la verdad es que el contenido del correo me parece muy poco serio.

En esta WEB se han vertido ríos de tinta (cibernética), describiendo, analizando, mostrando, cómo el problema con la Obra no es la existencia de "malas personas", con las que nos hubiera tocado en suerte lidiar a los ex que frecuentamos esta WEB, a otros ex, o a otras personas que han tenido malas experiencias con el Opus Dei. El problema de la Obra es estructural, tiene que ver con que sostiene ciertos valores, los lleva adelante de cierto modo, los concreta internamente en determinadas estrategias, que afectan específicas dimensiones de la vida de las personas y los grupos.

Después está el problema de si el Opus Dei es reformable o no, si hay carisma fundacional al cual "volver", respecto de lo cual ya me he expedido en sentido negativo, por motivos concretos, que expuse en su momento.

Aún en el supuesto de que yo, en particular, hubiese vivido con gente "santa" y realizado acciones loables en general, cosa que no descarto per se, permanece un problema, grande no "pequeño", y es que, desde mi óptica, la dificultad fundamental con la Obra no son los "peores" de sus miembros, sino los "mejores", los "santos": el hecho de que una institución logre automatizar y despersonalizar a sus miembros hasta tal punto que, aún los más virtuosos cierren los ojos a situaciones, doctrinas, prácticas, de índole manifiestamente negativa, y, a menudo, de efectos destructivos.

Hace muchos años, luego de mi salida, me encontré con una de las "mayores" del que fue mi centro, a quien siempre consideré, hoy en día también, muy buena persona. Cuando le pregunté porqué no había dicho ni hecho nada, durante la larga agonía que fue mi proceso de salida (quiero destacar que esta persona, por su rol interno, debía estar en conocimiento de lo delicado de mi situación), me respondió que ya había quien se ocupara de eso, que la directora a cargo era la que sabía qué era lo mejor para mí. Hete aquí que "el saber" de la directora a cargo, "el saber" de cualquier persona que hubiera sido directora en ese momento, y hubiera aplicado los criterios previstos, con el condimento del "buen espíritu" correspondiente, podría haberme mandado a la tumba o al psiquiátrico, de no mediar la intervención de mi familia, y luego, mi partida.

Reitero, el centro de la cuestión no es la "bondad o maldad" de los individuos (en caso de que pudiera "medirse" tan fácilmente), sino los modos de funcionamiento y legitimación del Opus Dei, de una institución que produce los efectos nefastos que produce en su esfera más íntima y propia: sus miembros. Por lo cual, entiendo que no pueden banalizarse las consecuencias de la experiencia de haber sido miembros de la Obra para la vida de las personas, ni el espacio de la WEB, sea como lugar para compartir experiencias, para analizar, para debatir, en fin, para tomar la palabra, después de un prolongado e injusto silencio.

En relación a lo que comenta Miss Led, en su mensaje del 21/5, acerca de los movimientos laicales en la Iglesia, y del proceso de composición de la Exhortación Christifideles Laici, he de decir que, según comenté antes, ciertamente estamos en una época eclesial muy particular, en la que se respira un aire autoproclamatorio, en la que se observa una tendencia marcada a la vigilancia, al rigorismo, etc. Pero, sin conocer a los "kikos", que no han llegado, al menos no masivamente, al Sur del Sur del Río Grande, he de decir que tanto Comunión y Liberación, como el Movimiento de Focolares, como otros movimientos por el estilo, no pueden ser comparados con justicia al Opus Dei, pues, por más que participen, algunos con mucha energía, de este "elán vital" eclesial, no responden al diseño de "institución total" que tiene la Obra.

Otra discusión puede ser, en el momento actual, cómo las líneas vaticanas se llevan adelante a través de estos movimientos, cómo hace rato que la vida religiosa apostólica ha entrado en crisis, respecto de su identidad y relevancia eclesial, cómo "la hora de los laicos" ha sido interpretada y llevada adelante por este pontificado en relación a estos grupos, pero, estas son discusiones específicas en las que habrá que hacer la diferenciaciones que correspondan, para no quedarse sin comprender lo medular de las cuestiones en juego.

Finalmente, diré algo más en función de la remanida discusión acerca de la canonización de Escrivá, y si eso hace al Opus Dei incuestionable, y si, en general, la aprobación eclesial hace al Opus Dei intocable, etc.

Ya se ha dicho que las canonizaciones no son dogmas de la fe, además, las canonizaciones son fruto de un proceso judicial canónico, por el que se concluye que alguien vivió la vida cristiana ejemplarmente, y en el cual los milagros, (que realiza Dios, supongo que está claro), lo muestran como intercesor ante Dios, en virtud de la fe de aquella persona que se confía a dicha intercesión.

Los dogmas de la fe son aquellas verdades reveladas por Dios, conservadas y custodiadas por la Iglesia: el depósito de la fe. Cuando la Iglesia proclama estas verdades, se apoya, como dice la constitución conciliar Dei Verbum, en lo revelado por Dios en la Sagrada Escritura, en la tradición de la Iglesia, en las definiciones dogmáticas del Magisterio.

No creo que la canonización de Escrivá, ni la de nadie, sea una verdad revelada por Dios, y reafirmada por la Tradición y el Magisterio ex cathedra. Recordemos que en las canonizaciones, se canoniza a una persona en particular, cuya vida ha sido examinada en el proceso correspondiente, así como los milagros atribuidos a su intercesión, a fin de inscribirla en el catálogo de los santos, no para incorporarla al Credo, como un artículo de la fe. Lo que se juega en la canonización es la autoridad de la Iglesia para realizar tal afirmación, y para proponer el culto público del santo en cuestión.

Para tranquilidad de los Torquemadas que se han dado cita en la WEB últimamente, no creo que aquí esté surgiendo la nueva "herejía" de los "contracanonizantes", o "retrocanonizantes", o cosas así: puede haber quien cuestione la autoridad de la Iglesia que canoniza: no es mi caso, ni el de unos cuantos aquí, por lo que he leído; y puede haber quienes, como es mi caso, cuestionemos este proceso de canonización en particular, aceptando la autoridad de la Iglesia, y esperando que en algún momento esta situación se aclare. En todos los casos, como no ha sido revelado en la Sagrada Escritura que que Escrivá sea santo, y no existe ninguna enseñanza de los Padres de la Iglesia al respecto, ni su carácter de bienaventurado ha sido proclamado como el décimotercer artículo del Credo, simplemente, no es santo de mi devoción, ni de la de muchos, y puede uno discutir lo que hizo y lo que dijo, sin caer en la herejía, ni provocar un cisma... ¿OK?.

Finalmente, está claro que, tanto la canonización, como la aprobación jurídica de la Obra por parte de la Santa Sede (todo ocurrido en las últimas décadas, por lo tanto, muy reciente, aunque a veces parezca definitivo e inapelable), implican una reafirmación del lugar que el Opus Dei ocupa en la Iglesia, manifestando su relevancia eclesial. Esta es una cuestión de hecho, y la pregunta, la de fondo, es: ¿basta con que algo sea un hecho, o con que esos hechos sean convalidados por una autoridad (legítima, incluso) para que sean justos, o verdaderos, o buenos? (recordemos que no hablamos de verdades de la fe). No, no basta. La fuente de la verdad, de la justicia, de la bondad, de "los hechos", no se puede determinar por ningún acto de la voluntad, sino que los actos de la voluntad han de ajustarse a esos principios, evaluándose desde ellos.

No hay "obediencia debida" que valga cuando uno advierte, en conciencia, que en una institución se actúa y se adoctrina contra los mandamientos de la Ley de Dios, contra los preceptos más elementales de la moral natural, manipulando, incluso, la doctrina de la Iglesia; cuando, además, se toma nota de que esa praxis y esa doctrina no son accidentales, sino constitutivas de la identidad de tal institución, en este caso, del Opus Dei, y que esa identidad, en su despliegue, vulnera, destruye y daña la vida y la dignidad de las personas.

Decir estas cosas no es fácil, no es agradable, no es cómodo, de hecho, nadie está obligado a hacerlo, pero es urgente, es necesario, y es un derecho que no puede negarse a quienes conocen, conocemos, de qué hablamos, cuando hablamos del Opus Dei.

Perdón por alargarme, y saludos cordiales
Flavia


Publicado el Lunes, 24 mayo 2004



 
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