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 Correos: Captados por narices.- Fede

050. Proselitismo, vocación
Fede :

Captados por narices

En "¿No somos todos responsables de nuestros actos?" (15.12.2003), dice José G. que le habría "gustado ver algún escrito en el que se pidiera perdón por el daño que consciente o inconscientemente se ha producido". José G., no sé si tienes derecho a pedir que alguien en concreto o quienes gracias a Dios nos fuimos en general, pidan perdón, pero sí lo tienes, desde luego, a expresar que te satisfaría que alguien lo hiciese. Creo que, en lo que cuentas, tienes bastante razón y, en todo caso, al margen de las palabras que utilizas, lo que quieres expresar está claro y, además, me parece razonable.

En respuesta a tu pregunta de si somos responsables de nuestros actos, sólo puedo hablar por mí mismo y no sé si soy representativo de muchos o pocos. Por quienes pueda serlo, espero que esto te deje algo más tranquilo. En mi caso, fui miembro de la Obra casi 14 años y en ese tiempo no ocupé cargos de dirección (ni los busqué ni, gracias a Dios, me los "propusieron"). Pues bien, pido públicamente perdón por todo el mal que hice mientras fui miembro numerario del Opus Dei y en calidad de tal, de forma matizada en los casos en los que no fui plenamente consciente de todas las consecuencias razonablemente previsibles de mis actos y, en relación con aquellos otros en los que pude haber sido consciente de ellas, pido perdón sin salvedad ni matiz algunos.

¿Esto te tranquiliza? Porque yo preferiría con mucho que tu "petición" se dirigiese hacia otro sitio en primer lugar, y que fuese alguien con cargos de dirección en la Obra, muy alto, quien, en su calidad de alto capitoste (sin ánimo de ofender; aquí sigo la escuela del capitán Haddock en "Tintín en el Tíbet"), pidiese públicamente perdón por lo que todos sabemos.

Respecto al daño hecho a "los chicos y chicas que tenían que ser captados por NARICES", como dices, creo que efectivamente participé en un "gran engaño". Gracias a Dios, he tenido ocasión de pedir perdón también personalmente a algunos, pocos, de los que "hablé para pitar". E, incluso, a tres "numeraritos" que convencí en su día, como antes hicieran conmigo, para que estudiasen la carrera de Filosofía (los tres la terminaron; uno además cursó Derecho y "ha prosperado" en la Universidad; otro, es catedrático de Instituto y, el tercero, hizo además un MBA y no he vuelto a saber de él. Los dos primeros dejaron la Obra y no me guardan rencor, gracias a Dios, y mantenemos un trato muy amistoso.)

Pondré dos ejemplos de "captados por narices". En el primero, yo hice de "captador"; en el segundo, el "captado" fue uno de mis hermanos, y me tocó sufrir en su persona los efectos de la captación.

Recuerdo perfectamente la primera vez que hablé a alguien para "pitar". En contra de mi conciencia, y presionado de forma absolutamente inmoral por la persona con quien hacía la "charla fraterna" semanal y el director del centro del Opus Dei, porque ya entonces dije que yo no veía que ese amigo mío tuviera vocación al Opus Dei, hablé para que se hiciera de la Obra a J.C.G.P., un compañero de clase, con quien me entendía estupendamente y con quien jugaba mucho al baloncesto (además de haber comprado con él a medias el primer y único disco que compraría en 15 años). Se lo expuse lo mejor que supe, considerando que yo no tendría entonces ni 16 años, pero recuerdo que le dije, en este aspecto, lo que me dijeron que dijese: que si veía que tenía vocación al Opus Dei y decía que no a Dios, ponía en peligro su salvación. Así, literalmente. A la semana fui a hablar con sus padres, porque lógicamente mi amigo se lo comentó a sus padres. Yo le había dicho, en contra de lo que me dijeron los directores, que podía decírselo a quien creyese que podía ayudarle; expresamente, porque me lo preguntó, le dije que se lo podía decir a sus padres. Lo hice así porque tenía muy reciente la ocultación de mi propio "pitaje" a mis padres y lo mal que lo pasé, y la lección que entonces me dio mi madre. Aunque añadí, porque así me lo habían dicho, que creía que no le iban a ayudar y que, antes bien, le podrían "pegas" que podrían dar al traste con la "semilla de su vocación". Mantuve una conversación de un par de horas con los padres de mi amigo y me pareció, en su transcurso y al terminar, que yo era idiota perdido y un inconsciente. Y eso que me trataron con mucho cariño, por conocernos de antes y por conocer ellos bien a mis padres de cuando ocuparon, unos y otros, cargos de responsabilidad en movimientos apostólicos (en Cursillos de Cristiandad y Acción Católica, respectivamente).

Ese amigo, por supuesto, no se hizo de la Obra. Al año siguiente sus padres lo cambiaron de colegio. Íbamos ambos al Colegio Guadalete, en El Puerto de Santa María (Cádiz); por lo demás, un excelente colegio en lo académico y como escuela de virtudes. En él se hacía un intensísimo proselitismo, al menos en los primeros años, del que salieron muchas "vocaciones de numerario", llegando a haber algunos cursos, como el mío, en los que el 25% de la clase eran numerarios (de los 14-15 que pidieron la admisión en la Obra, hoy creo que sólo queda uno, y digo creo porque del único del que tengo dudas he perdido por completo el rastro; de los dos cursos superiores al mío, en los que la proporción de "pitajes" era algo inferior, sólo quedan, en total, seis, incluyendo dos que ahora son sacerdotes numerarios).

Siempre lamenté la forma en la que J.C. y yo nos distanciamos. Afortunadamente para mi, porque me quedó un tremendo cargo de conciencia, volví a coincidir con él varios años después en un partido de un campeonato universitario de baloncesto en Sevilla y, después de un fuerte abrazo, le pedí perdón por todo. Él me dijo que hacía mucho que me había perdonado y que sus padres le habían explicado que yo era un buen chico y un "mandao", y que la culpa la tenían los que mandaban.

Lo mismo me dirían después mis padres, cuando, en contra de la voluntad expresa de éstos, hablaron a uno de mis hermanos para que se hiciera de la Obra. Creo que es un caso ejemplar de alguien "captado por narices", porque la oposición paterna fue previa y expresa, manifestada en el propio centro del Opus Dei de mi ciudad, de manera formal, al director y subdirector del centro. Mi hermano se hizo numerario y "duró" un par de años mal contados, en los que alguna persona (como G. A.) llegó a hacer piruetas en tierra inglesa para atender esa "vocación reciente" lo mejor que supo, y se lo agradezco porque lo hizo bien. Pero puedo afirmar que en ese tiempo, entre unos y otros, se cargaron su conciencia moral, porque su carácter no era el que los directores pensaban, sino muy distinto. Como bien sabían mis padres y yo mismo, que siempre me rebelé contra el hecho de que le hablasen para "pitar" (porque, para entonces, algo más de sentido común ya tenía; de hecho, sólo volví a colaborar en "gestionar crisis vocacionales" en muy contadas ocasiones, siempre a mayores de edad y planteando las cosas de forma muy diferente a la primera). Mi hermano acabó convertido en un "viva la vida" difícil de imaginar para quien no vivió la derrota que tomó su trayectoria vital, gracias en parte a los chanchullos y trapicheos para engañar y engañarse, para ocultar la verdad y tergiversar la realidad, que aprendió de "adscrito". (¿Que también aprendió cosas buenas? Pocas o ninguna que no hubiese podido aprender en el colegio o en casa.) Ahora, unos 15 años después de que él dejase la Obra, creo que su compleja situación personal no es ajena a lo que vivió y "aprendió" en ese tiempo. Aunque lo mismo podría decirse de mí, matizado en función de mis circunstancias.

Con esto, escrito casi a vuelapluma para responder a José G., no pretendo escabullir el bulto ni hurtar mi responsabilidad. Todo lo contrario. Me gustaría que se apreciase, con todo, que no todos entran a saco ni a degüello, que con el tiempo también se aprende y se vuelve uno más prudente. Y que, precisamente por eso, se acaba dejando de hacer proselitismo como quieren los directores y acaba uno por hacerse "inútil" y un estorbo para la Obra y sus fines. Unos lo ven antes, otros después, y, ¡vaya!, parece que algunos no lo verían nunca (o lo verían pero consentirían, en cuyo caso huelga decir el juicio moral que merecerían).

No quiero extenderme más ahora, que tengo otras cosas que hacer. Creo haber respondido a José G., con estos dos ejemplos, a su pregunta. Me parece evidente que hay una "geometría variable", un alcance muy variable en la responsabilidad que cada cual puede tener en el daño que ha hecho la Obra a través de él. Si no, pues que lo diga y seguimos en otro momento.

fede


Publicado el Jueves, 18 diciembre 2003



 
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