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 Recortes de prensa: Un Camino de poder y gloria.- Casimiro

100. Aspectos sociológicos
Casimiro :

Un Camino de poder y gloria

 

 

El Plural.com 21/02/2009

Braulio Hernández Martínez

 

Estos días el alcalde de Zaragoza suscitó una polémica al pretender rebautizar una calle, dedicada a un general golpista, para dedicársela a “San Josemaría Escrivá de Balaguer”, fundador del Opus Dei. Daba cumplimiento a la LRMH que establece que los símbolos franquistas deben desaparecer de los espacios públicos. En su propio partido instaron al alcalde a “recapacitar y rectificar” su iniciativa: era “improcedente e inoportuna” declaró el secretario general del PSOE-Zaragoza. “Suprimir una calle con nombre franquista y dársela a Escrivá de Balaguer, era sustituir al cómplice de un genocidio por alguien que dio cobertura al régimen”. El alcalde, sin pretenderlo, dio pié a que algunos medios refrescaran la relación del Opus con el franquismo...



En Camino, libro fundacional del Opus, Escrivá justifica la guerra: “La guerra tiene una finalidad sobrenatural… Es el obstáculo máximo del camino fácil. Pero tendremos, al final, que amarla, como el religioso debe amar sus disciplinas”. El libro lo terminó en el Hotel Sabadell, de Burgos, sede del cuartel general de las tropas franquistas; Escrivá pasó los últimos coletazos de la Guerra. 

 

El Opus Dei (la obra de Dios) fue fundado en 1928. Se inspira en varios modelos, entre ellos la Liga de San Pío V (Sodalitium pianum), fundada durante el pontificado de Pío X por monseñor Umberto Benigni: “una especie de policía secreta eclesiástica” contra los católicos progresistas. “Benigni y sus colaboradores acechaban y calumniaban a sus adversarios dentro de la Iglesia” (H. Jedin, Manual Historia de la Iglesia). Los primeros extranjeros que entraron en el Opus fueron croatas refugiados en España huyendo de su país donde fueron perseguidos por colaborar con los nazis (L. Carandell, Vida y milagros de monseñor Escrivá de Balaguer).

 

En los años treinta la Obra tenía 20 miembros. En 1940 Escrivá entró en el Consejo Nacional de Educación. A través del CSIC, donde trabajan miembros de la Obra, el Opus se introduce en la enseñanza superior, especialmente a través de lo que se ha conocido como “el asalto a las cátedras universitarias”. “Los fusilamientos, la cárcel, la depuración, fue el precio que pagaron en España quienes habían luchado contra todo lo que Franco representaba. El panorama de las cátedras era desolador, principalmente en Madrid y en Barcelona, donde enseñaban los hombres más valiosos, y sus cátedras eran las más preciadas” (L. Carandell). A finales de los 50 Franco había nombrado a dos ministros de la Obra. Diez años después la mayoría de las carteras ministeriales estaban en manos de miembros del Opus.

 

En su libro El día de la cuenta. Juan Pablo II a examen, el sacerdote Jesús López Sáez recuerda que El Opus fue uno de los grandes “beneficiarios de la Guerra Civil” (Cap. 13, El gran asalto). El concordato entre España y la Santa sede (1953) favorece el despegue espectacular del Opus, consagra el nacional–catolicismo: el entramado religioso y político basado en la vieja alianza entre el trono y el altar. Un sistema de vieja cristiandad en el que se daba un “culto cuasi religioso a la patria católica y tradicional”, esquema superado por el Concilio Vaticano II, éste “insiste en el concepto de pueblo de Dios en marcha y en diáspora. Ese pueblo de Dios ha de encontrar la voluntad de Dios en un discernimiento ininterrumpido y frecuentemente discontinuo, de los signos de los tiempos” (A. Álvarez Bolado, jesuita). 

 

Von Balthasar, reconocido teólogo (nombrado cardenal al final de su vida), publicó en 1963 dos artículos sobre el integrismo, así opina de la Obra: “La más fuerte manifestación integrista de poder en la Iglesia es, sin duda, el Opus Dei”; “tiene gran número de cátedras universitarias en España y recientemente ha abierto una universidad propia en Pamplona; está íntimamente ligado con el régimen de Franco, posee altos puestos en el gobierno, bancos, editoriales, revistas, periódicos”.

 

Erigirse en “prelatura personal con propio pueblo”, es decir, tener gran autonomía frente a los obispos, se convirtió en uno de los objetivos de la Obra. Pablo VI nunca lo aceptó. Con Juan Pablo II, en contra de muchos obispos y creyentes, el Opus consigue la ansiada prelatura; y, con rapidez inusual, Juan Pablo II beatificará y canonizará a su fundador. Lo primero que hizo Wojtyla al ser elegido papa fue visitar la tumba de Escrivá de Balaguer. Un santo anti Concilio que “siguió pensando la afirmación del evangelio mediante el poder y la extensión de la Iglesia por los caminos del Estado” (Olegario González de Cardenal, teólogo).

 

“La quiebra del Banco Ambrosiano, en junio de 1982, fue la gran ocasión para el Opus”, señala el sacerdote Jesús López Sáez. El Banco Vaticano era el principal accionista del Ambrosiano. Fue un escándalo. Meses después, en noviembre, Juan Pablo II concedió al Opus la prelatura personal. En abril de 1984 el papa sustituyó a Casaroli de la presidencia del gobierno vaticano, puso al frente al cardenal Baggio, un hombre del Opus; también la Presidencia de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica pasó de Casaroli al cardenal Rossi, otro hombre del Opus. A finales de ese año un miembro numerario del Opus, Joaquín Navarro Valls, fue nombrado Portavoz del Vaticano. “No es posible entender el pontificado de Wojtyla sin tener en cuenta el papel que tiene el Opus Dei dentro del mismo”, dice el cura Jesús.

 

El prestigioso arquitecto Miguel Fisac, uno de los socios fundadores, abandonó la Obra tras veinte años de permanencia: aquello que nació pareciendo una obra cristiana vio que se convirtió en “una estructura de poder contraria al espíritu evangélico” dijo. Su salida le supuso marginación socio-profesional: tuvo que cerrar su estudio, nadie se atrevía a hacerle encargos, confesó. Fisac intentó testificar en el proceso de canonización de Escrivá. Pero fue en vano: “Creí que podría aportar bastantes datos de primerísima mano, pero no lo conseguí”. Tampoco dejaron testificar a otros ex miembros que tuvieron cargos relevantes. “No es cristiano que para evitar que una persona pueda testimoniar en el proceso de monseñor Escrivá, se valgan de la calumnia y la difamación” (Carmen Tapia, ex secretaria personal de Escrivá).

 

Conocida es la nula sintonía de Escrivá con las propuestas de apertura y renovación de Juan XXIII, que desembocaron en el Concilio Vaticano II. Pablo VI “le sacaba de quicio”. La Conferencia de Medellín (1968), donde los obispos latinoamericanos habían sido críticos con la posición de la Iglesia ante las flagrantes violaciones de los derechos humanos y ante la injusticia social, era un tema del que no se podía hablar en la Obra. En un viaje a Chile en 1974 –estaba en su apogeo el Régimen de Pinochet- Escrivá pronunció una conferencia en la que se trató de la sangre derramada por el país: “Yo os digo que aquella sangre es necesaria”. Pinochet era un admirador de Franco. Como él: “Escrivá entró en el recién conquistado Madrid el 28 de marzo de 1939, a bordo de un camión militar con la primera columna de avituallamiento de las tropas de Franco”. 

 

¿Propondrá también el Sr. Alcalde dedicarle una calle a Fray Gumersindo de Estella, el capellán compasivo que asistió a cientos de presos, fusilados por el franquismo en la tapia del cementerio de Torrero?




Publicado el Lunes, 23 febrero 2009



 
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