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 Recortes de prensa: Un altar para Escrivá. (El País 22/4/1990).- Brian

125. Iglesia y Opus Dei
Brian :

Un altar para Escrivá

 

 

 

 

La inminente canonización del fundador del Opus cierra un capítulo de desencuentros con el Vaticano

 

JUAN ARIAS

El País, 22 de abril de 1990

 

El Opus Dei está a punto de realizar su sueño dorado: la canonización de su fundador, José María Escrivá de Balaguer, un paso que supondría, a nivel de imagen, la consagración, en clave de santidad, de una Obra que ha tenido tanto acérrimos defensores como enemigos enconados, incluso dentro de la misma jerarquía eclesiástica, sin excluir a más de un Papa.

Por ello, para el Opus el colofón feliz de una larga historia de desencuentros debía ser la canonización del fundador, que es en realidad el sueño de todas las órdenes, congregaciones e institutos religiosos que aspiran a la bendición oficial del Vaticano.

Y así ha empezado a ocurrir con Juan Pablo II, quien días atrás le ha dado el primero y más importante empujón a dicha causa de canonización de Escrivá de Balaguer. Se trata de la firma solemne del decreto con el que se declara venerable al fundador del Opus, es decir, la antesala de la beatificación, la cual a su vez normalmente culmina en la canonización, el último eslabón con el que el Papa declara dogmáticamente que un cristiano está ya en el cielo. Ya que teóricamente, según la vieja teología, un beato, aunque es seguro que se ha salvado, podría aún estar en el purgatorio y no en la gloria definitiva de los cielos...



Con mayor razón se puede decir esto del venerable. Pero dicho decreto es muy importante porque supone que el Papa acepta, tras el primer proceso (en el caso de Escrivá de Balaguer, al parecer, se ha tratado de 6.000 páginas de documentos), que el candidato a santo ha profesado en vida "las virtudes heroicas" y que por tanto puede ya ser invocado como uno llamado a la santidad suprema.

Ahora, para superar el segundo escollo, el de la beatificación, una ceremonia que se celebra ya con gran pompa y en público en la basílica de San Pedro, al padre Escrivá le falta sólo hacer un milagro reconocido por la autoridad eclesiástica.

Hasta Juan Pablo II los milagros necesarios para una beatificación eran dos, y otros tantos para la canonización. Pero el papa Wojtyla, que es proporcionalmente el Papa que ha llevado más santos a los altares, ha preferido rebajar la cuota. Más aún, ahora los milagros son más fáciles de aceptar, porque se ha introducido el elemento psicológico.

En realidad, y como había ya explicado tiempo atrás a EL PAÍS el postulador de los padres agustinos, el padre español Balbino Ran, la comisión de médicos encargados por el Vaticano de examinar los llamados milagros no puede determinar si una cierta curación es milagrosa, pero sí confirmar que se trata de algo "inexplicable para la ciencia de su tiempo".

 

Milagros difíciles

 

Según el padre agustino, los más difíciles son los de "crecimiento de huesos". Y añade que en las mismas situaciones de un cuerpo "incorrupto" lo importante es que "la sangre quede intacta dentro de las venas", porque de lo contrario se trataría de una simple "momia" y nada más.

Curiosamente, los candidatos a santos que provienen de familias religiosas suelen hacer más milagros que los seglares. La explicación, afirman los postuladores, está en que para que los candidatos a santos hagan este tipo de actos extraordinarios debe haber quien les rece, y sólo se reza a aquellos religiosos que son conocidos, lo que sólo sucede cuando hay una orden detrás que se ocupa de popularizarlos.

De ahí el que se afirme que el fundador del Opus Dei ha hecho ya "miles y miles de gracias".

Conseguir que un candidato llegue a los altares cuesta, por tanto, mucho dinero. Según el padre Balbino, es más caro si el futuro beato ha sido escritor, porque hay que analizar palabra por palabra todos y cada uno de sus escritos, y para ello hay que publicarlo todo. Y los que los analizan deben ser pagados. También los médicos que se dedican a estudiar los posibles milagros cuestan mucho, porque suelen ser especialistas de fama.

Y, por último, es carísima la ceremonia final de la beatificación o de la canonización en San Pedro, con toda la movilización que ello supone. "Es como una boda de lujo", se dice en Roma, y por ello sólo los ricos, es decir, las congregaciones religiosas o las grandes diócesis, pueden permitírselo. Eso explica el que la mayoría de los santos oficiales en la Iglesia sean religiosos o sacerdotes y no seglares, ya que una simple familia, por rica que sea, no podría nunca permitirse el dispendio que supone empujar a alguien hacia los altares.

A no ser que dicha causa sea adoptada por una institución religiosa, como ocurrió con la pequeña María Goretti, la muchacha italiana mártir de la pureza, por la que se interesaron los padres pasionistas, quienes se encargaron de dar a conocer su caso en el mundo. Además, cuando se trata de supuestos mártires todo es más fácil porque los reglamentos de la Iglesia les perdonan los milagros. Es lo que ocurre, por ejemplo, con los llamados mártires de la cruzada española, que es fácil beatificarlos porque no se les exige ese delicado requisito.

Por último, para conseguir que alguien entre en el engranaje de una canonización cuentan no poco -como han explicado a este corresponsal algunos postuladores- las llamadas recomendaciones. Afirma uno de ellos que la primera y más eficaz es la de un Papa. Si él quiere y así lo hace saber al prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, es evidente que el recomendado tendrá preferencia.

Cuando se introdujo la causa de beatificación del padre Escrivá de Balaguer se especuló en la Prensa con el hecho de que el papa Wojtyla, para favorecer a la Obra en dicho camino, había nombrado prefecto para los Santos al anciano cardenal Pietro Palazzini a quien Pablo VI había arrinconado en la Curia, al parecer por sus excesivos entusiasmos por la Obra.

También suelen ser mimados en estos casos los llamados antiguamente abogados del diablo, es decir, los encargados de poner pegas a las virtudes del futuro santo. En el Vaticano se solía bromear diciendo que los postuladores de las causas de los santos y los abogados del diablo tenían que abrir la puerta de sus despachos "con los pies", porque las manos las tenían siempre cargadas de regalos.

Aunque había modos más sutiles de congraciarse con estos personajes. Uno de esos modos sutiles de ganarse a estos eclesiásticos encargados de empujar un proceso es el de hacerles saber que algún cardenal importante se interesa "por su carrera". Una tentación, se dice en Roma, a la que suelen ser muy sensibles todos, con pocas excepciones.

Las intercesiones de monseñor

 

La publicación Hoja Informativa, que periódicamente edita el Opus Dei con censura eclesiástica de la Congregación para las Causas de los Santos, recoge las intercesiones que, previa oración, ha realizado el probeato José María Escrivá de Balaguer. Entre estas actuaciones, figuran:

- Recuperó la vista. "Una amiga mía tenía una empleada de hogar cuya madre estaba muy enferma, y una de las consecuencias más dolorosas es que casi no veía nada. La señora dio una estampa de monseñor Escrivá a la empleada (...). Ya en su casa, la empleada dejó que su madre se durmiese, y sin que nadie la viera pasó la estampa por los ojos de la madre. Cuando la madre se despertó dio un grito porque veía". M. C., Lisboa.

- Un nuevo trabajo. "Para Semana Santa fui a un retiro espiritual y a rogar por la pronta solución de mi problema. Me encomendé a monseñor Josemaría y en forma bastante jocosa le solicité: `Mi amigo, nuestro lema es la santidad en el trabajo. ¿Cómo puedo yo tratar de ser santo si no tengo trabajo?'. A la salida me encontré a un amigo (...). Al día siguiente, este amigo me llamó para indicarme que me había propuesto como director gerente de un medio de difusión, lo cual acepté y estoy feliz". P. U. B., Concepción (Chile).

- El camión no volcó. "Un domingo de diciembre llegó mi papá al internado donde estudio, y lo primero que hizo -antes de saludarme- fue preguntar si podría confesarse. Ante mi asombro me contó que iba conduciendo un camión de carga y en una bajada perdió el control, sintió que se volcaba y en ese momento se acordó de la estampa con la oración para la devoción privada a monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer que traía en su bolsillo, y se encomendó a él. En ese momento sintió una gran paz interior y una fuerza que empujaba el camión, le ayudaba a controlarlo y a salir del peligro". E. E. C., Tlaxcala (México).

- Recibió el bautismo. "La mujer de mi sobrino iba a tener un hijo, y el padre decía que no le bautizaba. Nació una preciosa niña y nada de hablarle de bautismo. Decía que cuando la niña fuese mayor, si quería bautizarse que se bautizara, pero que ahora no. Cuando la niña cumplió un año le dije a monseñor Escrivá: 'Por favor, escúchame, ¿qué tengo que hacer yo, cómo te lo tengo que pedir?'. A los 13 meses, el padre de la niña dio el consentimiento para que la bautizaran". R. M. H., Almería.

- Encontró piso. "Por otra parte, recientemente se me planteó el problema de buscar un piso porque me echaban del que tenía, porque iban a derribar la casa. También hice la novena al padre [Escrivá], y me salió todo que ha sido una gran suerte". M. M., Madrid.

- Infidelidad conyugal. "Con oración y el buen consejo, el marido se arrepintió, y volvió la paz al hogar después de que la esposa rezara ardientemente a Dios por mediación de Josemaría Escrivá". J. A. M. P., Leme (Brasil).

- Años perdidos. El segundo de mis hermanos, A., pidió permiso a mi papá para ir a trabajar lejos de casa. Tenía 16 años, y el sitio donde se dirigía era peligroso por ser zona de guerrillas. (...) Durante casi dos años mi hermano escribió con regularidad, pero luego no se volvió a saber nada de él. Al cabo del tiempo vino un amigo suyo diciendo a mis papás que mi hermano estaba bien de salud, pero que no quería volver a casa. Contó que se estaba metiendo en un grupo extraño. Pasaron dos años en los que yo pedía a monseñor Escrivá por ellos, aunque no había noticias. (...) Sólo quedaba la posibilidad de encomendar a monseñor que los rescatara. (...) Llevan dos años [J. y A.] en la casa y trabajan con papá en la finca". M. B., Bogotá (Colombia).




Publicado el Miércoles, 10 diciembre 2008



 
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