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 Recortes de prensa: La Argentina está necesitando una revolución moral.- pablo_iru

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Pablo_iru :

“La Argentina está necesitando una revolución moral”

 

Lo afirma el sacerdote Mariano Fazio

 

La Nación

Por Elisabetta Piqué

Corresponsal en Italia

 

ROMA. “En la Argentina están las materias primas, está la capacidad intelectual, están todas las circunstancias para que podamos crecer, pero es necesaria una revolución moral.”

Monseñor Mariano Fazio, el primer argentino que llegó a ser presidente de la conferencia de rectores de las Universidades Pontificias, así como rector magnífico de la Pontificia Universidad de la Santa Croce, del Opus Dei, tiene ideas claras: piensa que, además de la revolución ética, el país “debe crecer en una cultura del trabajo y volver a sus valores tradicionales”...



Nacido en Buenos Aires hace 48 años y ordenado sacerdote a los 31 por Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro, Fazio es historiador y filósofo y ha escrito una docena de libros. Después de vivir siete años en Ecuador y 17 años en Roma, en los que también se convirtió en el primer decano de la Facultad de Comunicación Social Institucional, está por volver a su país para dedicarse a tareas menos académicas y más pastorales en la Prelatura Opus Dei.

En una larga entrevista con LA NACION en su despacho del cuarto piso de la Universidad de la Santa Croce, un edificio recientemente restaurado en el corazón de esta capital, este intelectual abierto y sonriente no sólo habló del país, sino también de la controvertida imagen del Opus Dei, de la política comunicacional de la Iglesia y del Papa.

-¿Cómo ve a la Argentina?

-Creo que la Argentina es un país que tiene muchísimas potencialidades (esto lo venimos diciendo desde hace dos siglos) y que estamos en una situación crítica, pero las crisis nos pueden ayudar para crecer. Comparto plenamente la llamada de la Conferencia Episcopal a tener una visión de grandeza. Me parece que hay mucha mediocridad y que tenemos los instrumentos para salir de esta mediocridad. Hay que tener más capacidad de diálogo, entender los distintos puntos de vista, y creo que tenemos que crecer en una cultura del trabajo. Están las materias primas, está la capacidad intelectual, están todas las circunstancias para que podamos crecer, pero es necesaria una revolución moral y de espíritu de servicio.

-¿Por qué una revolución moral?

-Porque en las últimas generaciones hemos perdido lo que hizo grande a la Argentina, que eran los valores del trabajo, de la honestidad, de la familia, de la solidaridad, y por eso se han producido tantos desencuentros sociales. Creo que están en el ADN de la Argentina la familia, el espíritu de servicio, el trabajo esforzado, que es lo que hace que se vivan las virtudes humanas, las virtudes morales y que la sociedad crezca sana. Muchas veces hemos vivido de la corrupción, de manejos financieros, de poca transparencia en las instituciones, y por eso creo que se trata de volver a aprender una serie de tradiciones que hemos dejado.

-¿Por qué cree que el Opus Dei tiene una imagen controvertida, de grupo tradicionalista de derecha?

-Yo creo que el Opus Dei es una de las instituciones más queridas en la Iglesia y que va, muy directamente, a abordar temas de nuestro tiempo. Es decir: en medio de una sociedad secularizada, Dios puede llamar a personas para que se santifiquen sin necesidad de abandonar el mundo ni de irse a un convento. Este mensaje, que es muy fuerte, puede provocar reacciones de gente que no quiere una recristianización de la sociedad. Por otro lado, a lo largo de la historia de la Iglesia todas las instituciones que han querido seguir muy de cerca al Señor han sufrido persecuciones.

-¿En el Opus Dei se sienten perseguidos?

-¡No! Pero ante algunas calumnias que han surgido, como por ejemplo El código Da Vinci , de Dan Brown, comprendemos, perdonamos, rezamos y sonreímos.

-¿Leyó El código Da Vinci ?

-Lo leí en diagonal para enterarme un poco de qué iba. Me parece que es tan caricaturesca la imagen que da del Opus Dei que, en definitiva, nos hizo bien. También hubo toda una estrategia de comunicación que dio su resultado, porque optamos por la transparencia.

-¿Para usted la Iglesia se comunica bien con los medios?

-Creo que en todos los temas siempre se puede mejorar. Me parece que hay una sensibilidad muy distinta por parte de la Iglesia con respecto a los medios de comunicación. Nos hemos dado cuenta de que el mundo en gran parte es el que presentan los medios de comunicación, y si uno no está presente ahí, prácticamente no existe.

-Ultimamente el Vaticano le prohibió a Ron Howard, director de Angeles y demonios , película basada en otro libro de Dan Brown, filmar en dos iglesias de Roma. ¿Para usted fue una decisión correcta?

-Si me pidieran que abriera mi casa para hacer una película en la que se va a hablar mal de mi propia familia, no abriría mi casa. De manera que me parece perfectamente razonable que el vicariato de Roma haya negado el acceso a estas iglesias, aunque luego pueda tener un efecto contrario, porque hay que conservar una especie de dignidad y de identidad propia.

-¿Cuál es el hilo conductor de los doce libros que escribió?

-La secularización que caracteriza a la época moderna, que yo distingo en dos procesos. Uno -desde el punto de vista cristiano, negativo- es la absolutización del hombre, de lo humano, de lo terreno y el dejar de lado a Dios. Y el otro aspecto de la secularización, que me parece muy positivo, que es lo que yo llamo desclericalización, es decir, vivir con más coherencia, en la época moderna mucho mejor que en el medioevo, el dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

-Se refiere al poder temporal de la Iglesia...

-Sí, a la distinción entre poder temporal y poder espiritual, porque el clericalismo es una deformación del cristianismo, como el laicismo es una deformación de la buena secularidad.

-¿Debilidades y fortalezas de Benedicto XVI?

-No hablaría de debilidades, sino circunstancias que han podido jugar en contra de Benedicto XVI. La principal es ser sucesor de Juan Pablo II. Todos, cuando Juan Pablo II se iba a morir, pensábamos quién podría reemplazar a ese papa. Benedicto XVI ha sido una sorpresa, porque, en primer lugar, no ha querido imitar a Juan Pablo II, lo que hubiera sido un error de comunicación. Es totalmente auténtico: es él. Creo que ha logrado cambiar una imagen que traía, que era la del Gran Inquisidor, la de una persona fría y distante. No es así. Yo lo he podido tratar personalmente y él es una persona tremendamente cercana, tierna y muy delicada. En los países a los que ha ido se ha mostrado muy cercano a la gente, muy sonriente, sin los gestos espectaculares de Juan Pablo II.

-¿Los puntos fuertes?

-Su claridad de ideas y de mensaje. Me parece que es más fácil para una persona sin formación cristiana entender las homilías de Benedicto XVI que las de Juan Pablo II, que eran más filosóficas.

-¿Para usted fue un error el famoso discurso de Ratisbona, que, de hecho, provocó una ruptura en el diálogo con el islam?

-Creo que no hay mal que por bien no venga. El discurso del Papa puso el dedo en la llaga. Ha dicho verdades que a veces pueden parecer políticamente incorrectas. Por eso suscitó un gran debate, también en el mundo musulmán. Y a pesar de que hubo rupturas, también hubo diálogo y mayor acercamiento con el concepto del islam. Fue un episodio doloroso para la política de comunicación de la Santa Sede, pero a veces hay que pasar por dolores necesarios.

 




Publicado el Miércoles, 06 agosto 2008



 
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