APARTADO III Charla nº 5
Historia de la Obra
Dios Nuestro Señor escogió
a nuestro Padre y le dotó de eminentes condiciones humanas y de todas las
gracias necesarias y de los dones del Espíritu Santo. Nuestro Padre
correspondió con singular heroísmo y fidelidad a la gracia de
Dios.
"Desde los quince o
dieciséis años, nuestro Padre barruntaba que Dios quería
algo de él, pero no sabía qué era. Por
eso comenzó a rezar: Domine, ut
videam! Domina, ut sit! Y vino la Voluntad de Dios el 2
de octubre de 1928" (Del Padre).
3. "Si antes se
preparó con toda su alma para cumplir el querer de Dios, que no conocía, desde
ese momento se entregó con todas sus fuerzas a sacar adelante lo
que el Señor le pedía, que era, por entonces, la Sección de varones: Dios
Nuestro Señor actuó con nuestro Padre -lo comentó muchas veces- como un
padre con su hijo pequeño. El niño trata de levantar un castillo
con infinidad de piezas de colores, y el papá le va diciendo: pon
eso aquí, y aquello allá... El niño obedece y, al final aparece el castillo"
(Del Padre).
4. El 14-II-1930 fundó la
Sección de mujeres. "Nuestro Padre afirmaba que la
Sección de varones nació sin su voluntad, y la Sección de mujeres
contra su opinión personal, pues la Voluntad de Dios que conocía
era, (...) trabajar sólo con hombres" (Del Padre).
5. "El 14 de febrero
de 1943, después de buscar y de no encontrar la solución jurídica, el Señor
quiso dármela, precisa, clara. Al acabar de celebrar la Santa Misa en un Centro
de la Sección femenina (...), pude hablar de la Sociedad
Sacerdotal de la Santa Cruz" (De nuestro Padre).
6. Desde el primer momento nuestro Padre contó con la bendición y la aprobación del Obispo de Madrid.
Pero enseguida comenzaron también las
contradicciones: "Me puse a trabajar, y no era fácil (...) Además, había
la incomprensión más brutal: porque lo
que hoy es doctrina corriente en el mundo, entonces no lo era. Y si alguno afirma lo contrario, desconoce la
verdad (...).
Me encontré con una
solución de continuidad de siglos: no había nada. La Obra entera,
a los ojos humanos, era un disparaten. Por eso, algunos
decían que yo estaba loco y que era un hereje, y tantas cosas
más" (De nuestro Padre, Apuntes, p. 114)). Y para
sacar la Obra adelante, nuestro Padre fue en busca del tesoro
del dolor y de la oración de los enfermos y desvalidos. Por esto
repetía siempre que el Opus Dei nació entre los pobres y los enfermos de los
hospitales de Madrid.
7.
"Sólo yo sé cómo hemos empezado. Sin
nada humano. No
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había
más que gracia de Dios, veintiséis años, y buen humor" (De nuestro
Padre); y lo que nuestro Padre no decía: su correspondencia heroica al querer de Dios, que se
manifestó también en su tenacidad para ganar la "batalla
jurídica" del Opus Dei.
8. En el año 1946, por
encargo de nuestro Padre, don Álvaro fue a Roma, para gestionar la aprobación de
la Obra por la Santa Sede. "¿Qué es lo
que yo quería?: un lugar para la Obra en el derecho de la Iglesia, de acuerdo con la
naturaleza de nuestra vocación y con las exigencias de la expansión de nuestros
apostolados; una sanción plena del Magisterio a nuestro camino sobrenatural,
donde quedaran, claros y nítidos, los rasgos de nuestra fisonomía espiritual. El crecimiento de la Obra, la. multitud
de vocaciones de personas de toda clase y condición, todo esto que era bendición de Dios, me urgía, a tratar de
obtener -de la Santa Sede- la plena
aprobación jurídica del camino que el Señor había abierto" (De nuestro Padre).
9. Pero el cauce jurídico
que nuestro Padre había visto entonces para la Obra, no cabía en los
moldes del derecho canónico entonces vigente. "La Obra aparecía, al mundo y a
la Iglesia, como una novedad. La solución Jurídica que buscaba, como
imposible. Pero, hijas e hijos míos, no podía esperar a que
las cosas fueran posibles. Ustedes han llegado —dijo un alto
personaje de la Curia Romana- con un siglo de anticipación. Y, no
obstante, había que tentar lo imposible. He urgían millares de
almas que se entregaban a Dios en su Obra, con esa plenitud de nuestra dedicación, para hacer
apostolado en medio del mundo" (De nuestro Padre).
Don Álvaro pidió a nuestro
Padre que acudiese personalmente a la Ciudad Eterna. Nuestro Padre se encontraba
entonces enfermo de gravedad; pero, de acuerdo con el Consejo General, desoyendo
el parecer del médico que declaraba no responder de su vida
si realizaba ese viaje, emprendió el camino a Roma, después de visitar -el 21
de junio de 1946- en Barcelona, a la Virgen de la Merced y poner
todo en manos de Nuestra Madre.
Nuestro Padre, sin ceder
en lo esencial, tuvo que admitir una solución (concediendo sin
ceder, con animo de recuperar): la proporcionada por la
Constitución Apostólica Provida Mater Ecclesia,
que creaba la figura jurídica de los Institutos Seculares.
En la preparación de este documento intervinieron quienes
deseaban configurar los nuevos Institutos como estados de perfección
y se llegó a un resultado de compromiso. Se promulgó el 2 de febrero de 1947; y
unos días después -el 24 de febrero- se aplicaba esa nueva
legislación al Opus Dei mediante el Decretum laudis. El 16 de junio dé 1950, por el Decreto Primum ínter, se aprobó definitivamente
la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y
Opus Dei.
12. Como ese cauce jurídico no se ajustaba al espíritu y a la vida de la Obra, nuestro Fundador lo
consideró desde el primer momento como provisional. Por eso, con sobrenatural
prudencia hacía rezar por la solución
jurídica definitiva: "Seguid rezando por aquella cosa, que ya os he pedido que encomendarais otras ve-
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ces. Yo llevo muchos años
encomendándola: desde el veintiocho o veintinueve; fijaos si hace
años que yo rezo por eso" (De nuestro Padre).
13. Por otra parte, a los
Institutos Seculares aprobados después de la Obra, se les aplicó en buena medida la
doctrina teológica y la legislación de los
religiosos, de modo que, pronto, el
concepto de Instituto Secular evolucionó hacia el estado religioso. La Obra, de facto no era un Instituto
Secular.
14. Después de largos años
de oración incesante, intensa, unánime, paciente e impaciente, de
nuestro Padre y del Padre, de toda la Obra, de nuestros Cooperadores,
de tantos amigos, parientes, conocidos, sanos y enfermos,
encomendando aquella intención especial de nuestro queridísimo
Fundador, llegó la solución jurídica definitiva, tal como nuestro Padre la
había querido. El "soñad y os quedaréis
cortos", se ha cumplido una vez más. Con la perspectiva del tiempo que ha pasado, cada día se hace más patente que "toda la historia de la Obra es una
historia de las misericordias de
Dios" (De nuestro Padre).
La situación canónica
definitiva de la Obra es la de una Prelatura personal, con Estatutos propios,
de ámbito universal, erigida por Juan Pablo II el 28-XI-1982, con la
Constitución Apostólica Ut sit.
15. Tras aquellos primerísimos años en que "se escapaban las
almas como se escapan las anguilas en el agua" (De nuestro Padre), el Señor fue
enviando vocaciones firmes, seguras, entre las
que se cuenta la del Padre, que pidió la admisión el 7 de julio de 1935.
Nuestro Fundador pensaba ya de manera inmediata no sólo en la expansión por toda España, sino también más allá de las
fronteras. La guerra civil española y la inmediata guerra mundial impidieron de momento la realización de
aquellos proyectos. Pero ya en 1940
algunos miembros fueron a Portugal; en 1942, dos se trasladaron a Italia, para cursar estudios de especialización.
16. En 1945 en España
existían ya Centros en Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao,
Valladolid. Apenas comenzaba a vislumbrarse el fin de la guerra mundial, nuestro Padre, en
ese mismo año, hizo tres viajes a Portugal;
en 1946 hubo ya allí permanentemente
miembros de la Obra. También en 1946, se comenzó de manera estable la labor en Inglaterra e Italia; y
en 1947, en Francia y en Irlanda.
17- Nuestros hermanos
fueron marchando a otros lugares con una imagen de la Virgen, la bendición del
Padre y nada más. En
1982, la Obra desarrolla su labor en gran cantidad de países de los cinco continentes, acogiendo a miembros de
80 nacionalidades.
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