APARTADO III Charla nº 43
Desprendimiento (II)
"De
la pobreza te diré que
cuando tú, en cualquier circunstancias, vaciles y no tengas con quien consultar, no olvides el criterio claro que os he dado: nosotros somos
padres de familia numerosa y pobre. Verás cómo aciertas" (De nuestro Padre).
Un
padre de familia numerosa y pobre, no estira el brazo más que la manga; no se concede gastos que supongan lujo, capricho, vanidad; no se crea necesidades; mide,
calcula, programa sus gastos; estudia
la manera de gastar menos, cuando es posible.
Pero también pone los medios a su alcance para ganar más, buscar el máximo rendimiento económico de su trabajo
profesional, para sacar adelante a la
familia.
"La
Obra ha sido pobre desde sus comienzos, y lo será siempre, ya que el Señor no
dejará nunca de pedirnos más labores apostólicas, más iniciativas, mas gastos
de dinero y de personas en su
servicio" (De nuestro Padre).
El
amor a Dios, a la Obra, a las almas, nos
lleva a procurar la indispensable
rentabilidad personal. Cada uno ha de cubrir
gastos, sostenerse económicamente y ayudar a las necesidades -sostenimiento y desarrollo- de las labores
apostólicas. Ninguno puede vivir a costa
de los demás.
5.
Además, cada uno personalmente, consigue los medios económicos
para costearse a sí mismo los gastos de su formación profesional. Los
Numerarios también han de lograr, con cariño y pillería -sin que los Directores intervengan en modo alguno- que sus
padres hagan por ellos lo mismo que por los demás hijos: es de justicia. Pueden
contar también -según los casos- con becas, préstamos
-con el oportuno permiso-, donativos, o trabajos remunerados compatibles con
sus estudios: clases particulares, enseñanza
de idiomas, colaboraciones en revistas o periódicos, representaciones comerciales,
etc.
6. Nuestro Padre nos
ha enseñado a aborrecer el señoritismo: en
Casa no caben los "señoritos". Hemos de tener, en cambio, el
señorío del trabajo responsable, de la pobreza vivida dignamente para mejor servir a las almas.
7.
Sería incomprensible que una vez terminada la carrera, algún miembro de la Obra no sintiese -como sus iguales-
la necesidad de pasar cuanto
antes al pleno ejercicio de su profesión. Y habrá de cobrar siempre lo justo
por su trabajo, no menos que los demás; para obrar de otro modo, en algún caso
extraordinario -por ejemplo, trabajando en algún establecimiento benéfico- se
necesita la autorización de los Directores.
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8.
El amor a Dios y a las almas, el sentido de responsabilidad y de justicia, nos llevará también a buscar toda
la ayuda posible para nuestros apostolados, no sólo de organizaciones privadas, sino también del Estado: "Debemos procurar
también que el Estado subvencione económicamente nuestras obras corporativas,
porque de ningún modo es contrario a la justicia ni al recto orden. Todos los Estados suelen subvencionar a los
ciudadanos que dirigen obras docentes o de beneficencia, etc.: por eso, si nos ayudan, no puede decirse que sea un privilegio para
nosotros -del que aborrecemos-, sino,
por el contrario, un derecho razonable: porque con esas labores apostólicas
formamos a la juventud, ayudamos a los
necesitados, preparamos buenos ciudadanos, y llevamos a cabo otras tareas
semejantes que redundan en servicio y en bien de toda la
sociedad" (De nuestro Padre; cfr. Conversaciones, n. 121). Consultar cuando se
ve la posibilidad de conseguir tales ayudas.
9.
La aportación mensual de los Supernumerarios no es una cuota fija: depende de las circunstancias personales; y
cada uno obra con libertad. Pero no
puede ser algo de "lo que sobra"; debe suponer un verdadero sacrificio, que se hace alegre y silenciosamente:
"Os digo esto: el que siembra escasamente, escasamente cosecha; y el que siembra a manos llenas, a manos llenas
cosecha. Cada cual de según el
dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado. Dios ama al
que da con alegría" (2 Cor 9,6).
Son
muchas las necesidades económicas de las labores apostólicas y han de salir adelante, en primer lugar, con el trabajo profesional de los miembros: los Numerarios y Agregados
lo dan todo; los Supernumerarios en
apariencia aportan solo una parte, pero en realidad el Señor les llama a una
entrega que de alguna manera es total, y
que tiene claras manifestaciones prácticas.
Un índice de esta entrega es, por ejemplo, el esfuerzo que supone la aportación mensual.
También
conviene hacer aportaciones extraordinarias, cuando se
consiguen ingresos extraordinarios, o cuando se realizan determinados gastos (para cambiar de coche o de piso, para ayudar
a alguno de los hijos que se va a casar, etc.): es lógico que en estos casos se piense en el bien de los
suyos, pero al mismo tiempo, con
espontaneidad y en la medida de las posibilidades de cada uno, se deben atender las necesidades de la Obra.
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