APARTADO III Charla nº 41
Formación profesional
"Oras,
te mortificas, trabajas en mil cosas de apostolado, pero no estudias. -No
sirves entonces si no cambias. El estudio,
la formación profesional que sea, es obligación grave entre nosotros" (Camino, n. 334), porque "hay
que santificar la profesión, santificarse en la profesión y santificar con la
profesión" (De nuestro Padre).
Como
es lógico, los miembros de la Obra adquieren su formación profesional, de acuerdo con sus
personales preferencias, en los mismos
centros, oficiales o privados, que los demás ciudadanos. Esa formación tiene
enorme importancia tanto para la santidad
personal como para el apostolado. Todo el mundo valora el trabajo bien hecho, y el que trabaja bien -como el
Señor, que omnia bene fecit- atrae,
arrastra. La obra bien hecha por Amor es parte
del bonus odor Christi (2 Cor 2,15) que ha de exhalar nuestra vida (cfr. Es
Cristo que pasa, n. 105).
3. "Cuando
bullen, 'haciendo cabeza' de manifestaciones exteriores
de religiosidad, gentes profesionalmente mal conceptuadas, de seguro que sentís
ganas de decirles al oído: ¡Por favor, tengan la bondad de ser menos
católicos!" (Camino, n. 371). Por esto "-Te apartas de tu camino de
apóstol, si, con ocasión -o con
excusa- de una obra de celo, dejas incumplidos los deberes del cargo. Porque me perderás el prestigio
profesional, que es precisamente tu
'anzuelo de pescador de hombres'" (Camino, n. 372).
4.
"Hemos de evitar el error de considerar que el apostolado se reduce al testimonio de unas prácticas piadosas.
Tú y yo somos cristianos, pero a la vez, y, sin solución
de continuidad, ciudadanos y trabajadores,
con unas obligaciones claras que hemos de
cumplir de un modo ejemplar, si de veras queremos santificarnos. Es Jesucristo el que nos apremia: vosotros
sois la luz del mundo (...); brille
así vuestra luz delante" de los hombres, de manera que vean vuestras
buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mt 5,14-16).
El
trabajo profesional -sea el que sea- se convierte en un candelero que ilumina a vuestros colegas y
amigos" (Amigos de Dios, n. 61).
5.
De ahí que "al que pueda
ser sabio no le perdonamos que no lo sea; pero no es
preciso, ni necesario, que todos lo seáis. En cambio es necesario que todos los socios del Opus Dei sean doctos, competentes en su labor profesional, con prestigio de rectitud y de ciencia o de arte entre sus colegas" (De nuestro Padre).
6. Cada uno, con afán
continuo de superación, ha de ir en
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busca
de "toda la ciencia humana que su capacidad le permita adquirir" (Camino, n. 857). "Hay sitio para
todos: para intelectuales, para
empleados, para obreros, para campesinos: para todos aquellos -hombres y mujeres- que, en las circunstancias
ordinarias de su vida, se esfuerzan en adquirir la santidad. Y todos, cada uno a su modo, necesitan
tener ciencia: es decir, el conocimiento de lo que constituye su profesión u oficio, para
hacer dignamente la faena
habitual de cada día" (De nuestro Padre). Por su parte, "los
estudiantes, deben sacar buenas notas: si no, ¿cómo van a atraer a sus compañeros?" (De nuestro Padre). Pero el estudio es Horma de
siempre para todos; para ser "docto entre los de tu clase y categoría: labriego, obrero, médico,
diplomático" (De nuestro Padre).
Cuando
ponemos ilusión -por motivos sobrenaturales y humanos- en nuestra formación profesional, resulta siempre una tarea apasionante, y se comprende que no ha de acabar
nunca: exige tener cierto
conocimiento de los avances en los principales campos del saber, sobre todo en
la especialidad profesional de cada uno, y según
lo requerido por las circunstancias de su trabajo. "Así, una persona que ejercite una profesión de carácter más práctico, no tiene por que estar tan al día .como un
profesor, que debe poner los últimos
conocimientos de su materia especializada
al alcance de sus alumnos" (De nuestro Padre).
Además
de la doctrina de la fe y la formación profesional, hemos de ser también
personas "con una fuerte cultura" (De nuestro Padre); con ese cúmulo
de conocimientos básicos que ha ido adquiriendo
la humanidad que, debidamente ordenados, configuran
la personalidad intelectual. La formación humanística tiene una gran proyección humana, social y apostólica,
que sirve eficazmente al don de
lenguas.
Si
se aprovecha bien, "hay tiempo para todo: tempus tacendi, tempus loquendi,
tempus ludendi. Para lo que no hay tiempo es para leer esa literatura repugnante que circula
por ahí (...) No entiendo que pueda
haber un solo hijo mío, ni joven ni mayor,
que sea capaz de perder él tiempo con ese género de porquería que algunos llaman literatura. Leed literatura,
pero de la buena, que hay tanta en el
mundo" (De nuestro Padre).
En el terreno
profesional, cada uno de nosotros es libre
y personalmente responsable, para escoger su trabajo y el modo de realizarlo. Como es lógico, el afán de
almas, llevará, en cuanto sea posible, a elegir el puesto de trabajo que
mayores posibilidades ofrezca para
la amplitud del apostolado y del proselitismo.
"La
profesión es parte de nuestra vocación divina" (De nuestro Padre)
y también la entregamos a Dios. De modo que "cuando hay conflicto entre las dos, de momento la
vocación profesional la echamos por la
borda y nos quedamos con la vocación divina.
Si en algún momento nuestra labor profesional pone obstáculos entonces se echa a rodar, porque ha dejado de ser
medio; porque, si no es anzuelo
con la carnaza para pescar peces, no me interesa
y no es parte de la vocación divina, porque ya no es vo-
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cación
profesional, es vocación diabólica" (De nuestro padre).
"Y no se pierde la vocación
profesional, porque una vez purificada vuelve
en un orden superior, ¡mejor que nunca! Es siempre áncora, siempre
anzuelo, medio de santificación personal y medio de apostolado. ¡Qué bonita la vocación!" (De nuestro Padre). Esta disposición nuestra no es otra que la que
tiene cualquier padre de familia
responsable, para defender su propia integridad moral o el bien espiritual o material de los suyos.
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