APARTADO III Charla nº 40
Formación apostólica
Tanto
para la santidad personal como para el apostolado -inseparablemente unidos en un sólo fin- necesitamos formación, con los medios oportunos.
El
Señor formó directamente a los Apóstoles para que realizaran muy bien la labor de almas: "No necesito
muchas palabras para evocaros el
detalle con que Jesús desmenuzaba a los Doce
el sentido más profundo de sus parábolas (cfr. Mt 13,9-23; 36-43), el cuidado con que rectificaba la reacción demasiado, humana con que acogían las primicias de
la siembra apostólica (cfr. Lc 17,20), la
constancia con que repetía las mismas enseñanzas (cfr. Mt 6,9-13; 7,7-11; Lc 11,1-13),
la fortaleza con qué corregía sus ambiciones y su visión chata del
Reino de Dios (cfr. Mt 16,21-23; 20,20-28;
Lc 12,24-28), la delicadeza con que –para animarles- solicitaba su pequeña colaboración a la hora de realizar los grandes milagros (cfr. Ion 6,5-10), o la
ternura con que se preocupaba de su descanso (cfr. Mc 6,31)" (De nuestro
Padre). Él Señor hace también ahora esta tarea
en nosotros, a través de los Directores.
3.
En rigor, toda la formación que recibimos en Casa es formación para el apostolado, que ha de ser "una
superabundancia de tu vida para
adentro" (Camino, n. 961), consecuencia de la unidad de vida. Al estudiar las verdades de la fe, al
hacer los estudios internos, al
luchar por adquirir las diversas virtudes cristianas
y mejorar la formación profesional, nos preparamos también para ser más eficaces apostólicamente.
En
el apostolado, es particularmente importante ejercitar la
prudencia y la audacia; la comprensión y la fortaleza; la paciencia y la exigencia. Virtudes que hay que aprender a vivir
armónicamente, con esfuerzo, con docilidad a la gracia. "Los instrumentos no pueden estar mohosos" (Camino,
n. 486); han de estar bien
dispuestos.
Es
Dios quien da eficacia al apostolado; por esto, la "técnica"
que requiere se reduce a saber secundar la acción del Espíritu Santo.
"Eres lo que el pincel en manos del artista. –Y nada más" (Camino, n.
612). No somos más que instrumentos, pero no inertes sino inteligentes,
que han de poner de su parte el esfuerzo necesario para ser instrumentos
dóciles y eficaces.
Somos instrumentos que
utilizan a su vez -además del ejemplo- un
instrumento poderoso y delicado: la palabra, para, expresar las verdades
que han de llenar de luz las inteligencias. "Cuando
pongas por obra tu ‘apostolado de discreción y de confidencia’, no me digas que no sabes qué decir.
-Porque -te diré con el salmo-
‘Dominus dabit verbum evangelizantibus virtute multa’ -el Señor pone en boca de sus apóstoles
palabras llenas de
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eficacia"
(Camino, n. 972). Pero no podemos tentar a Dios: debemos aprender a decir -cada uno a su modo, sin perder
espontaneidad, con garbo- la palabra certera, convincente, que remueva el entendimiento y el corazón de las personas que tratamos.
7.
Es pues importante consultar con el
Director sobre el modo de hacer apostolado: para aprender a practicar las
virtudes correspondientes, corregir defectos y atinar en los modos de decir. Especialmente por cuanto se refiere a los
términos para explicar la naturaleza
de la Obra y de sus labores apostólicas; a la manera de realizar las obras de San Rafael y de San Gabriel (con sus medios tradicionales y características
perfectamente definidas por nuestro Padre), y los demás apostolados
corporativos, para que conserven con
plenitud su divina eficacia.
Podemos
aplicarnos las palabras del mismo Jesucristo: "Yo no he hablado por Mí mismo, sino que el Padre que me
envió, El me ha ordenado lo que he
de decir y hablar. Y sé que su mandato es vida
eterna; por tanto, lo que Yo hablo, según me lo ha dicho el Padre, así lo hablo" (Ioh 12,49-50).
8.
"Al apostolado vas a someterte, a
anonadarte: no a imponer tu criterio personal" (Camino, n. 956). Siguiendo fielmente las indicaciones de los Directores,
se repetirán los milagros del Evangelio: aquella pesca abundante, después de
trabajar una noche en balde (cfr. Ioh
21,4-6), porque los Apóstoles echaron la red "a la derecha", como el Señor les había dicho. "Obedeced,
como en manos del artista obedece un
instrumento -que no se para a considerar
por qué hace esto o lo otro-, seguros de que nunca se os mandará cosa que no sea buena y para toda la
gloria de Dios" (Camino, n. 617).
9. Nos urgen las
almas. No hay tiempo que perder. Hemos de
trabajar apostólicamente con la mayor eficacia posible. Por eso todo el apostolado es dirigido. No podemos ser
apóstoles de pata libre.
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